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Historia

Las latas de conservas

Los alimentos por lo general son perecederos, lo cual implica que para poder conservarlos sea necesario cumplir ciertas condiciones de tratamiento, conservación y manipulación. 

El deterioro de los alimentos es causado por diferentes tipos de microorganismos. Esto implica que tanto los fabricantes, como así los revendedores, distribuidores y consumidores, sufran este inconveniente, y muchas veces padezcan el deterioro de los productos adquiridos, aun antes de comenzar a consumirlos. 

Se estima que al menos el 20% de los alimentos producidos se estropean por el ataque de los citados microorganismos.

Asimismo, el consumo de un alimento en mal estado, puede dañar considerablemente la salud. Por ejemplo, la bacteria llamada Clostridium botulinum produce la toxina botulínica, que afecta a las conservas mal esterilizadas y también a los embutidos. Este tipo de toxina es una de las más tóxicas que se conocen, y puede poner en serio riesgo a la vida de la persona.

Es por esta razón, que se realizan los mayores esfuerzos para evitar la alteración de los alimentos. Esto se consigue procesandolos a través de acciones físicas, tales como la deshidratación, calentamiento o congelado. Aunque para un mayor resultado, se adicionan también procesos químicos para que eviten el desarrollo de los microorganismos, o directamente que los maten.

Además de conservar a los alimentos perecederos por más tiempo, las modernas técnicas descubiertas y aplicadas para la conservación de alimentos han permitido que alimentos que son propios de una estación específica puedan ser consumidos en forma permanente. 

La historia de la conservación de los alimentos

A través de la historia encontramos intentos de los distintos pueblos o imperios para conservar alimentos por más tiempo, para prevenir la escacez en caso de necesidad (guerras, epidemias, etc.). Pero los únicos medios que pudieron utilizarse en ese entonces fueron el salado, conservas puestas en aceite, en salmuera, o el sistema de ahumado.

Aunque también encontramos hurgando en la historia, que los griegos solían untar con resina a sus odres para tornarlos impermeables. Y los romanos, pese a no poseer conocimientos de esterilización, lograban conservar vino durante décadas en ánforas herméticamente cerradas. 

Los mismos romanos intentaron conservar también alimentos en ánforas, pero no lograron los resultados esperados.

Recién en el año 1795, el francés Nicolas Appert inventa los frascos de conservas. El proceso por él utilizado consistía en colocar  los alimentos en jarras herméticamente cerradas y calentadas para eliminar las bacterias que luego tapaba con corchos encerados. 

En 1812 el método de Appert es perfeccionado por una empresa inglesa, Donkin, Hall and Gamble, perteneciente a Bryan, que sustituyó las jarras por latas metálicas. 

Bryan Donkin utilizó envases de hojalata en lugar de los frascos de vidrio. A partir de 1818, las latas de Donkin adoptaron un aspecto similar al de las actuales, pero recubiertas por un barniz interior protector. 

Desde ese momento, los alimentos podían quedar guardados dentro de las latas por mucho tiempo, hasta que sean consumidos. Este hecho produjo una verdadera revolución en el campo alimentario.

En la actualidad

El sistema de conservación de alimentos desde el momento de su descubrimiento fue perfeccionándose más y más, hasta llegar al día de hoy.

Hoy en día contamos con sofisticadas técnicas industriales que permiten abastecer a la población mundial de múltiples variedades de alimentos envasados listos para su consumo. Con solo abrir la delgada tapa de la lata que los contiene es posible disfrutar de un buen desayuno almuerzo, o cena. 

La revelación del Talmud 

Esta tecnología que nos permite disfrutar de alimentos listos para su consumo en cualquier lugar, descubierta oficialmente  hace menos de dos siglos, consta en forma explícita en el Talmud, obra escrita hace aproximadamente 2000 años. 

En el tratado de Taanit, pag. 23a, consta que en tiempos de Rabí Shimon ben Shataj, los cereales y las legumbres tenían un tamaño enrome, mucho más grande que el que hoy en día presentan. 

Allí se explica, que la gente de esa época conservó trigo, cebada y lentejas para que quede como muestra para las generaciones posteriores y vean que si se hace la voluntad del Todopoderoso, el tamaño de los cereales, legumbres, y demás es mucho mayor.

Vemos claramente, como en ese entonces, sabían perfectamente como envasar alimentos para que conserven su estado intacto a través del tiempo, sin ser afectados en absoluto.

Y también hallamos esta información en el Pentateuco, ya que en el mismo se anuncia que Moshé guardó una porción del alimento que caía del cielo llamado maná, para que lo vean las generaciones posteriores. "Dijo Moshé esta es la cosa que ordenó el Eterno: "llena una medida (omer), de él (de maná) para vuestras generaciones, para que vean el alimento que suministré a vosotros en el desierto cuando os saqué de la tierra de Egipto" (Éxodo 16: 32)   

A continuación el versículo declara: "Dijo Moshé a Aharón, toma un recipiente, y coloca allí la medida de un omer de maná, y déjalo delante de Di-s para que se conserve para vuestras generaciones".

Vemos claramente que inclusive hace más de 3300 años, cuando el pueblo judío se encontraba en el desierto, por el que vagaron durante 40 años, sabían como conservar los alimentos para que se mantengan frescos durante mucho tiempo. 

Por eso, el descubrimiento científico de hace dos siglos, es en realidad un descubrimiento, pero no un invento nuevo, ya que este sistema, como así todos los demás que son descubiertos en todos los campos y rubros, eran ya sabidos por el pueblo judío desde el momento en el que recibieron la Torá en el desierto, en el monte Sinaí. 

Todo lo que hace falta saber consta en la Torá, y también todos los descubrimientos que acontecieron, y los que acontecerán. Por eso, estudiando la Torá, uno tiene la posibilidad de saber cosas que parecen novedosas a los hombres de ciencia de la actualidad, pero que en realidad ya estaban programadas desde un principio

R’ David ben Israel  

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