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¿Quién
puede
elevar
al cerdo?
¿Quién
puede
elevar
al cerdo?
La
sección
de la
Torá
Sheminí
enumera
un amplio
detalle
de las
especies
vivientes
que
son
permitidas
para
los
hijos
de Israel
ingerir,
y las
que
son
prohibidas.
Entre
las
vetadas,
hallamos
al mono,
y al
cerdo.
El mono es considerado por muchos decanos, el antecesor del hombre. Ellos
pretenden
que
estos
especímenes
fueron
evolucionando
hasta
convertirse
en seres
humanos,
dando
así,
origen
a toda
la humanidad.
Es por
esta
razón,
que
mucha
gente
se siente
vinculada
en muchos
aspectos
con
el mono,
producto
de esta
información
suministrada
y publicitada
por
los
científicos
evolucionistas,
cuya
teoría
se ve
fortalecida,
por
la aparente
semejanza
física
de estos
animales
a las
personas.
El
cerdo,
es un
mamífero
totalmente
diferente
al antes
nombrado.
Es común
en las
personas
considerarlo
un animal
detestable,
sucio
y que
trae
enfermedades.
En la
jerga
callejera,
es común
escuchar
de boca
de aquellos
que
ofenden
inescrupulosamente
a su
prójimo,
términos
como:
“¡Eres
un cerdo!”.
“¡Cochino!”.
“¡Chancho!”.
“¡Puerco!”.
Informes de expertos declaran, que la composición de la carne de
cerdo,
es realmente
perjudicial
para
la persona,
pues,
en este
animal,
la grasa
se encuentra
intra-celular,
mientras
que
en otras
especies
(res,
carnero)
está
fuera
de la
célula,
en el
tejido
conectivo.
Existe
la posibilidad
de hallar
en algunas
reses
muy
viejas,
pequeñas
cantidades
de grasa
dentro
de la
célula,
pero
en el
cerdo
el porcentaje
es bien
alto.
Esto
se puede
apreciar
realizando
un experimento
muy
sencillo,
colocando
un trozo
de carne
magra
de cerdo
en una
sartén
caliente.
De inmediato
la grasa
saldrá
despedida
de la
carne
y esta
comenzará
a fritarse
“en
su propia
salsa”.
Puesto que la grasa de puerco contiene el doble de calorías que
los
hidratos
de carbono
y las
proteínas,
lo primero
que
el cuerpo
hace
con
ella
es almacenarla
en el
tejido
conectivo.
Esto
explica
la gran
cantidad
de obesos
entre
los
comedores
de cerdo.
La de
ellos,
es una
grasa
firme
y dura,
difícil
de desmontar.
La
grasa
siempre
está
asociada
al colesterol.
Las
macro-moléculas
están
cargadas
de colesterol
y juegan
un papel
importante
en la
hipertensión
y en
la arteriosclerosis.
Se las
considera
factores
adicionales
en el
infarto
del
miocardio
y en
las
coronariopatías,
en las
afecciones
circulatorias
de la
periferia
especialmente
en combinación
con
nicotina.
El
grueso
de la
gente
sabe,
que
el cerdo
es un
animal
capaz
de comer
basura
y revolcarse
en el
barro,
pues
lo han
podido
observar
en sus
visitas
a granjas,
jardines
zoológicos,
o viendo
documentales.
Por
esta
razón,
aunque
desconozcan
los
efectos
que
ocasiona
la carne
porcina
a la
salud,
de todos
modos,
consideran
al puerco,
un ser
detestable,
y abominable
por
su conducta.
Existen,
no obstante,
aquellos
que
pese
a este
cuadro
expuesto,
consumen
carne
porcina.
Ello
se debe
a que
son
personas
poco
reflexivas,
y no
piensan
en el
origen
y procedencia
de lo
que
llevan
a su
boca,
ni en
las
consecuencias
para
la salud
que
ello
puede
acarrear.
Es algo
similar
a lo
que
acontece
con
el fumador,
quien
cuando
se inicia
en este
hábito,
seguramente
ya ha
escuchado
lo que
sucede
finalmente
a los
fumadores.
Pero
en ese
momento,
no considera
nada
de esos
informes
y sugerencias,
prefiriendo
disfrutar
de la
vida,
sin
pensar
en lo
que
puede
ocurrir
en el
futuro.
El
individuo
que
come
cerdo,
demuestra
una
gran
falta
de responsabilidad
en el
cuidado
de su
propia
salud,
al ingresar
las
carnes
porcinas
a su
organismo.
Además,
deja
al descubierto
su total
falta
de coherencia,
en el
momento
en que
le surge
insultar
a sus
semejantes,
pues
en esa
oportunidad
les
dice:
“¡Eres
un cochino!”.
¡Cerdo!.
¡Puerco!.
Desprecia
a los
otros,
utilizando
lo que
él
mismo
lleva
a su
boca.
El
cuadro
descrito
permite
vaticinar
que
nadie
desea
compararse
ni asemejarse
a este
tipo
de animales.
Sería
una
verdadera
hipocresía
pretender,
tal
como
se dijo
del
mono,
que
los
seres
humanos
provienen
del
cerdo,
dadas
las
enormes
e insalvables
diferencias
entre
ambas
especies.
El
informe
que
presentaremos
a continuación,
seguramente
provocará
un marcado
cambio
con
respecto
a este
enfoque
popularizado.
Los
seres
humanos,
como
es sabido,
comúnmente
sufren
enfermedades.
Muchas
veces,
los
médicos
comprueban
que
ya nada
se puede
hacer
por
el paciente,
dado
que
su hígado
se encuentra
destruido,
o las
válvulas
cardíacas
ya no
pueden
seguir
funcionando,
por
lo que
las
horas
del
afectado
están
contadas,
a menos
que
se realice
un transplante
urgente.
Pero
para
que
esto
pueda
hacerse,
deberá
aparecer
algún
donante,
que
suministre
el órgano
necesario.
Las
grandes
eminencias
en el
campo
de la
medicina,
lograron
realizar
con
éxito
sustituciones
de órganos,
reemplazándolos
por
el de
un donante
humano
Desde
que
el Doctor
Christiaan
Barnard
hiciera
su primer
trasplante
de corazón,
la técnica
de trasplante
de órganos
se ha
generalizado
en la
práctica
médica,
habiendo
alcanzado
altísimos
niveles
de perfección.
El
problema
que
comenzó
a suscitarse
es,
que
la demanda
de órganos
comenzó
a crecer,
y los
donantes
en existencia
no eran
suficientes
para
cubrir
el cupo
solicitado.
Los
médicos
pensaron
en la
posibilidad
de recurrir
a especies
animales
como
donantes
de órganos
(xenotransplantes).
La
utilización
de órganos
procedentes
de monos
tenía
la lógica
de su
proximidad
evolutiva
con
la especie
humana.
Por
eso,
se pensó
en ellos
como
potenciales
abastecedores,
pero
la diferencia
de tamaños
de los
órganos
entre
las
especies
era
un serio
inconveniente.
De todos
modos,
ante
la ausencia
de otra
alternativa,
se han
llegado
a realizar
muchos
xenotrasplantes
de riñón,
corazón,
hígado
y médula
ósea
procedentes
mayoritariamente
de chimpancé
y mandril
con
un resultado
negativo
en la
mayoría
de los
casos.
No existió
compatibilidad,
y además
fue
absoluto
el rechazo
provocado
por
el organismo
humano.
Además,
estaban
las
innumerables
enfermedades
transmitidas
a través
de los
órganos
procedentes
de los
simios,
las
cuales
resultaban
letales
para
el paciente
trasplantado.
Esto
provocó
que
se deje
de lado
esta
hipótesis,
basada
en una
fantasía
evolucionista
de parentezco
entre
el hombre
y el
mono,
y se
comience
a buscar
algún
animal,
cuya
fisonomía
se asemeje
más
al hombre,
para
poder
proveerle
de órganos
sustitutos.
Los
investigadores
sabían
que
la demanda
de órganos
es cada
vez
mayor,
por
lo que
urgía
encontrar
una
solución
a este
tema.
Se pensó
en el
cerdo.
Sólo
para
tener
una
idea
de la
importancia
que
el cerdo
puede
asumir
en la
área
de donación
de órganos
para
el hombre,
presentamos
las
estadísticas
de EE.UU.
las
cuales
muestran
que
en el
año
2000,
había
67.000
pacientes
esperando
por
los
trasplantes
en ese
país
(44.000
para
el Hígado,
4.000
para
el corazón
y 3.600
para
los
pulmones).
Infelizmente,
sólo
20 mil
trasplantes
fueron
realizados.
La investigación
mostró
que
más
de 100.000
personas,
ni entraron
en esta
"
línea
de espera"
y que
miles
se mueren
todos
los
días
por
la falta
de donadores.
Las
cifras
expuestas
son
aterradoras,
por
eso,
los
científicos,
buscando
una
solución
al dilema,
estudiaron
el desarrollo
y estructura
del
cerdo,
y quedaron
sorprendidos
por
la enorme
similitud
que
presenta
con
la raza
humana.
Se ha
podido
apreciar
claramente,
que
en la
fase
fetal,
un porcino
de 21
días,
es sorprendentemente
similar
a un
feto
humano
de 31
días.
También
se pudo
contemplar
la enorme
similitud
entre
un embrión
humano
de 9
semanas,
a uno
de cerdo
de 8
semanas.
Los
cuerpos
de expertos
en el
campo
de la
medicina,
decidieron
que
el cerdo
puede
ayudar
a vivir
a mucha
gente
que
se halla
en lista
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