Cuándo
uno juzga a otro, en realidad se está juzgando a
uno mismo?
En el libro de Samuel consta que el profeta Natán
presentó a David el caso de un hombre rico que tenía
numerosas ovejas y vacas y un hombre pobre no tenía
más que una sola corderita. Y vino un huésped
al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas
y de sus vacas, para guisar para el caminante que había
venido a él, sino que tomó la oveja de aquel
hombre pobre, y la preparó para aquel que había
venido a él. (II Samuel 3-4)
A continuación está escrito: “Entonces
se encendió el furor de David en gran manera contra
aquel hombre, y dijo a Natán: Vive El Eterno, que
el que obró de ese modo es digno de muerte”.
(II Samuel 5)
En
ese momento el profeta Natán reveló a David
que él mismo es el hombre rico de la alegoría.
David, al sentenciar sobre aquel individuo sin saber que
se trataba de él mismo, sentenció su propia
suerte. Y si bien luego se arrepintió y pidió
perdón a Dios, igualmente debió soportar numerosos
flagelos.
Esto
acontece con cada uno de nosotros, Dios nos hace ver constantemente
escenas, a las que juzgamos. Ya sea para bien, o para mal,
en caso de parecernos injusta la acción avistada.
Pero hemos de saber que siempre debemos de tratar de juzgar
para el lado meritorio, pues lo que vimos se trata de una
alegoría que representa lo que nosotros mismos hemos
hecho, y de acuerdo a como juzguemos, esa será nuestra
propia sentencia que se aplicará a nuestro caso.
(Maianá shel Torá Kedoshim, pag. 4, Baal Shem
Tov, parashá Kedoshim)
Fuentes:
Aquí
está la cita completa en la que se aprecia el suceso
de David (II Samuel Cáp. 11 y 12):
Aconteció al año siguiente, en el tiempo que
salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab,
y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron
a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se
quedó en Jerusalén.
Y sucedió un día, al caer la tarde, que se
levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado
de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que
se estaba bañando, la cual era muy hermosa.
Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron:
Aquella es Bat Sheva hija de Eliam, mujer de Uria el jeteo.
Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino
a él, y él durmió con ella. Luego ella
se purificó de su inmundicia, y se volvió
a su casa.
Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber
a David, diciendo: Estoy encinta.
Entonces David envió a decir a Joab: Envíame
a Uria el jeteo. Y Joab envió a Uria a David.
Cuando Uria vino a él, David le preguntó por
la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado
de la guerra.
Después dijo David a Uria: Desciende a tu casa, y
lava tus pies. Y saliendo Uria de la casa del rey, le fue
enviado presente de la mesa real.
Mas Uria durmió a la puerta de la casa del rey con
todos los siervos de su señor, y no descendió
a su casa.
E hicieron saber esto a David, diciendo: Uria no ha descendido
a su casa. Y dijo David a Uria: ¿No has venido de
camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu
casa?
Y Uria respondió a David: El arca e Israel y Judá
están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los
siervos de mi señor, en el campo; ¿y había
yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con
mi mujer? Por tu vida, y por tu alma, que yo no haré
tal cosa.
Y David dijo a Uria: Quédate aquí aún
hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó
Uria en Jerusalén aquel día y el siguiente.
Y David lo convidó a comer y a beber con él,
hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a
dormir en su cama con los siervos de su señor; mas
no descendió a su casa.
Venida la mañana, escribió David a Joab una
carta, la cual envió en manos de Uria.
Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Uria al
frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos
de él, para que sea herido y muera.
Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso
a Uria en el lugar donde sabía que estaban los hombres
más valientes.
Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab,
y cayeron algunos del ejército de los siervos de
David; y murió también Uria el jeteo.
Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los
asuntos de la guerra.
Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabes de
contar al rey todos los asuntos de la guerra,
si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por
qué os acercasteis demasiado a la ciudad para combatir?
¿No sabíais lo que suelen arrojar desde el
muro?
¿Quién hirió a Abimelej hijo de Jerobaal?
¿No echó una mujer del muro un pedazo de una
rueda de molino, y murió en Tebetz? ¿Por qué
os acercasteis tanto al muro? Entonces tú le dirás:
También tu siervo Uria el jeteo es muerto.
Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo
aquello a que Joab le había enviado.
Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros
los hombres que salieron contra nosotros al campo, bien
que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de
la puerta;
pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro,
y murieron algunos de los siervos del rey; y murió
también tu siervo Uria el jeteo.
Y David dijo al mensajero: Así dirás a Joab:
No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora
a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad,
hasta que la rindas. Y tú aliéntale.
Oyendo la mujer de Uria que su marido Uria era muerto, hizo
duelo por su marido.
Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa;
y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que
David había hecho, fue desagradable ante los ojos
de El Eterno.
El Eterno envió a Natán a David;y viniendo
a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad,
el uno rico, y el otro pobre.
El rico tenía numerosas ovejas y vacas;
pero el pobre no tenía más que una sola corderita,
que él había comprado y criado, y que había
crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo
de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno;
y la tenía como a una hija.
Y vino un huésped al hombre rico; y éste no
quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para
el caminante que había venido a él, sino que
tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó
para aquel que había venido a él.
Entonces se encendió el furor de David en gran manera
contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive El Eterno,
que el que tal hizo es digno de muerte.
Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal
cosa, y no tuvo misericordia.
Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel
hombre. Así ha dicho El Eterno, Dios de Israel: Yo
te ungí por rey sobre Israel, y te libré de
la mano de Saúl,
y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu
señor en tu seno; además te di la casa de
Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría
añadido mucho más.
¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra
de El Eterno, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uria
el jeteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer,
y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.
Por lo cual ahora no se apartará jamás de
tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste
la mujer de Uria el jeteo para que fuese tu mujer.
Así ha dicho El Eterno: He aquí yo haré
levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré
tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu
prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a
la vista del sol.
Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré
esto delante de todo Israel y a pleno sol.
Entonces dijo David a Natán: Pequé contra
El Eterno. Y Natán dijo a David: También El
Eterno ha remitido tu pecado; no morirás.
Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos
de El Eterno, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
Y Natán se volvió a su casa. Y El Eterno hirió
al niño que la mujer de Uria había dado a
David, y enfermó gravemente.
Entonces David rogó a Dios por el niño; y
ayunó David, y entró, y pasó la noche
acostado en tierra.
Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él
para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso,
ni comió con ellos pan.
Y al séptimo día murió el niño;
y temían los siervos de David hacerle saber que el
niño había muerto, diciendo entre sí:
Cuando el niño aún vivía, le hablábamos,
y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto
más se afligirá si le decimos que el niño
ha muerto?
Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí,
entendió que el niño había muerto;
por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el
niño? Y ellos respondieron: Ha muerto.
Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó
y se ungió, y cambió sus ropas, y entró
a la casa de El Eterno, y adoró. Después vino
a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió.
Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que
has hecho? Por el niño, mientras vivía, ayunabas
y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste
pan.
Y él respondió: Mientras vivía el niño,
yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe
si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá
el niño?
Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar?
¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él,
mas él no volverá a mí.
Y consoló David a Bat Sheva su mujer, y llegándose
a ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo,
y llamó su nombre Salomón, al cual amó
El Eterno.
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