Dijo
Rabí Itzjak: ¿Quién los incitó
a los individuos de la generación del Diluvio para
que se rebelasen contra mi? ¿Acaso no fue la enorme
abundancia que poseían, ya que sembraban la tierra
una vez y la producción era tan abundante que no
recogían el producto durante varios años?
Pues así dijo Rabí Itzjak: ellos sembraban
una vez cada cuarenta años, y marchaban de un confín
del mundo al otro confín en un breve instante, y
arrancaban al pasar los cedros del Líbano. Pues eran
hombres gigantes y poderosos, y cual persona que pisa el
pasto al caminar por sobre el mismo y lo arranca involuntariamente,
así acontecía con los individuos de la generación
del Diluvio respecto a los cedros del Líbano. Asimismo,
durante la marcha que emprendían por los bosques
y descampados, eran mordidos por leones y panteras, y esto
era considerado por ellos como si un simple cabello se hubiere
desprendido de su carne. ¿Y cómo era el clima
en ese entonces, durante todo el año? Poseían
un clima placentero y agradable, como el que hay desde la
festividad de Pesaj hasta la festividad de Hatzeret -Shavuot-,
tiempo en el que la temperatura es sumamente agradable y
la abundancia colma la tierra.
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