En
el libro de Génesis, está escrito: "La
serpiente macho era más astuta que cualquier otro
animal salvaje que El Eterno Dios había hecho. Ella
le dijo a la mujer: «¿Acaso Dios dijo “No
comeréis de ningún árbol del jardín”?».
La mujer le dijo a la serpiente: «Del fruto de cualquier
árbol del jardín podemos comer. 3 Del fruto
del árbol que está en el centro del jardín,
Dios ha dicho: “No comeréis de él y
no lo tocaréis, para que no muráis”».
La serpiente le dijo a la mujer: «Ciertamente que
no moriréis; pues Dios sabe que el día que
de él comáis, vuestros ojos se abrirán,
y seréis como Dios; conocedores del bien y del mal».
Y la mujer percibió que el árbol era bueno
como alimento, y que era un deleite para los ojos, y que
el árbol era deseable como un medio para alcanzar
la sabiduría, y ella tomó de su fruto y comió;
y también le dio a su marido junto a ella y él
comió. Entonces los ojos de ambos se abrieron y se
dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosieron una hoja
de higuera y se hicieron faldillas". (Génesis
3: 1-7)
A
continuación está escrito: “Oyeron -vaishmeú-
la voz de El Eterno Dios que andaba en el jardín
en dirección hacia el anochecer (oeste); y el hombre
y su mujer se escondieron de El Eterno Dios en el árbol
del jardín”. (Génesis 3: 8)
Los
sabios del Midrash explican: No leas las vocales de “Oyeron
–vaishmeú” en referencia a Adán
y Eva sino “hicieron oír -vaiashmiu”,
en referencia a los árboles del bosque, que hicieron
oír su voz, y Adán y Eva escucharon la voz
de los árboles que decían: "He aquí
el ladrón, que robó la sabiduría de
su Creador”. (Midrash Rabá 19: 8)
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