Relatos

Hagamos la voluntad de Hashem y nos ayudará en el momento de necesidad

Shimón y Reubén viajaron en barco con destino a la tierra donde vivían sus familias.

Durante la travesía se desató una fuerte tormenta en alta mar. Los tripulantes de la nave se esforzaron en llegar a la costa de España en tiempos donde existían las persecuciones.

Luego de atravesar la calamidad, se hizo presa de los hombres una manía de desesperación por comer, y se acercó Reubén a una casa que estaba pasando la muralla de la ciudad en la tierra de las persecuciones, resultando que se apiadaron de él y le dieron carne para saciar su hambre y se le iluminaron los ojos.

También Shimón fue a una casa que había en la ciudad, y pusieron delante suyo alimentos para que sacie su hambre, y los comió. 

Y hallándose cansados, débiles y con dolor de pies, residieron allí algunos días sin revelar que son judíos por causa del decreto. Y fue cuando sus espíritus estabas reconfortados y vieron que cuentan con fuerzas para irse, bendijeron a los dueños de casa por obrar con tanta generosidad con ellos y se fueron, solo que antes de retirarse, el anfitrión de Reubén que se portó tan bien con él, le informa que reconoció en sus rostro que era de origen judío, y le revela que también él es de esa misma procedencia, confesándole que es de los judíos marranos, y le hace saber que él y toda su familia  son observantes de los preceptos de Hashem en secreto, y en la bodega, que está bajo tierra, allí degüello las aves según la tradición y las reviso conforme manda la ley de la Torá. Además me cuido de no mezclar carne con leche, y ahora, tú no te aflijas por haber estado en mi casa, puesto que carne prohibida no ingresó a tu boca.

Pero Shimón supo que residió en casa de un no judío, ya que vio con sus propios ojos carne no apta según las leyes de la Torá  y apreciaba como mezclaban leche y carne, y él comió allí por causa de peligro de vida, ya que si no lo hacía no podría subsistir. Y fue cuando llegaron a su ciudad, fue Shimón hacia el Rabino de su ciudad, y le preguntó qué significa esto que hizo Hashem con él de hacerlo residir en casa de un no judío, y que tenga que comer carne impura y prohibida, y a mi compañero, Hashem le tuvo piedad y lo hizo residir en casa de un judío.

El Rabino le pide que le conteste lo que le formulará de inmediato, sin faltar a la verdad en lo más mínimo, le pregunta "Dime, ¿Jamás haz probado carne prohibida en tu vida sin haber sido forzado a ello?".

Responde: "Es verdad, cierta vez fui con los muchachos al bosque y vi que comían pan, queso y vino de no judíos, y sentí un tremendo deseo sobre el queso y el vino y probé un poco de ellos, y dije ‘Perdona Hashem a Tu siervo en esta cuestión". Contestó el Rabino y dijo "Recto es Hashem en todos Sus caminos".

Y he aquí, tu amigo es mejor que tu, ya que jamás entró a su boca un alimento prohibido, y lo cuidó Hashem del tropiezo, también en momentos de aflicción y pena, pero tú ya transgrediste la voluntad de Hashem sin ser forzado, no eras digno de que se te haga un milagro tal que se te presente delante una casa judía en medio de las numerosas viviendas gentiles. 

Debemos rescatar de aquí que todo aquel  que es generoso y fiel con su Creador, Este hará a él maravillosas bondades. Y quién viene a purificarse de propia voluntad, lo ayudan a él de manera auténtica, y a la inversa, quién viene a hundirse, le abren la puerta delante suyo para que haga según su voluntad. Esto para otorgar maravillosos premios a quién hace la voluntad de Hashem por propia voluntad, sin ser presionado en absoluto.

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