Relatos

Constancia y pasión por el estudio de la Torá

Había un erudito que era un apasionado por el estudio de la Torá, y no despegaba su vista de los libros siquiera por unos instantes. 

Solo que cierta vez, se encontró con la noticia que un familiar suyo devolvió su alma a Hashem, motivo que lo convierte en “persona en estado de duelo” y alguien en esta condición debe guardar ciertas leyes al respecto, entre ellas, la de no estudiar Torá, ya que esto provoca alegría, y tras la pérdida de un familiar cercano uno no debe estar alegre, sino por el contrario, mostrar signos de tristeza y además sentirla verdaderamente. 

Solo que este hombre no podía resistir la tentación y se ocultaba en una habitación interna que estaba bastante aislada de los demás compartimentos de la vivienda y allí estudiaba Torá. 

Aconteció que mientras se hallaba inmerso en el estudio, en ese lugar escondido, repentinamente irrumpen en la pieza sus compañeros quienes ven lo que el gran erudito estaba haciendo. 

Le reclaman de inmediato ¿Qué es lo que haces, un enlutado tiene prohibido el estudio de la Torá?!.

Les responde: “Ya se que estoy transgrediendo ese decreto rabínico decretado por los sabios, y también se la reprenda que me aguarda por tal profanación en el Día del Juicio, cuando tenga que presentarme, luego que me toque devolver mi alma a Hashem, a rendir cuentas delante Suyo. 

De todos modos, estoy dispuesto a soportar todos los castigos que me sobrevengan, con la mayor voluntad y que sea lo que tiene que ser, puesto que yo no me puedo aguantar el terrible sufrimiento que me provoca dejar de estudiar las palabras de la Torá, eso para mi es equivalente al perecimiento. 

Importantísimo mensaje nos deja este relato, ya que hemos visto como una persona sentía tanta pasión por el estudio del legado de Hashem, o sea, Su Sagrada Torá, a tal punto que cuando tenía por voluntad del mismísimo Creador de la Torá prohibido seguir estudiándola por el momento, de todos modos prefirió recibir la penalidad que corresponde por tal infracción en vez de suspender por unos días esa gran pasión; y nosotros que no recibiremos ningún castigo por estudiar la Torá, sino por el contrario, espléndidos premios que jamás hemos soñado, como versa en las palabras de los sabios3: Hashem perdonó todas las gravísimas transgresiones que fueron cometidas y provocaron la destrucción del Templo Sagrado, excepto la anulación del estudio de la Torá, sobre esto no perdonó en absoluto y es muy riguroso al respecto. Debemos entonces aprender de este gran erudito a mantener esa gran pasión que tenía por la Torá, ya que hay que rescatar lo bueno de cada uno, y esa constancia y abocación es digna de ser copiada por nosotros y llevada a la práctica. 

Solo debemos suspender el estudio en casos excepcionales, como ser en el día en el que se recuerda la destrucción del Templo Sagrado de Jerusalem, ya que es ese un día de duelo para nosotros y no se puede estar alegre en tales ocasiones, en eso no debemos copiar la actitud del protagonista de nuestro relato, pero si no acontece una situación similar en la que somos considerados enlutados, ahí si tengamos presentes permanentemente el ejemplo que nos dio este sabio que dijimos.

3- Ver en Mishná Berurá, capítulo 155, en la explicación Biur Halajá, párrafo que comienza con las palabras “Momento para estudiar”.

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