Había
un hombre muy rico, que tenía un único hijo. Y cuando este
tenía dieciocho años, antes que contraiga enlace, su padre
quiso enseñarle un oficio, y eligió el de joyero.
Para
tal fin, contrató a un joyero profesional, cuyos trabajos
se cotizaban el triple que los de sus colegas por la belleza
de sus creaciones.
Pero
el hijo no quiso aprender, dado que esto requería esfuerzo
y no estaba dispuesto a realizar ese sacrificio, y dijo
a su padre: “¿Acaso necesito de este trabajo, en nuestra
casa hay una gran riqueza, y hay muchas personas que son
sustentadas gratuitamente, por qué yo tengo que padecer
esta aflicción y debo esforzarme en aprender este oficio
tan duro?".
Contestó
a él su padre: “Hijo mío, es mi deseo que aprendas este
trabajo".
El
muchacho se negó nuevamente, viéndose su progenitor forzado
a sobornarlo con dinero, ofreciéndole por cada día que cumpla
con el requisito de asistir a clase, la suma de cinco monedas
de oro con el fin que se siente y estudie, y por cuanto
que este profesional conocía muy bien su trabajo, debió
esforzarseen
transmitirle todos los conceptos sobre la materia al joven,
quién tras un año de estudio logró cumplir con la misión
encomendada por el padre.
Y
en esos días que duró esto, el progenitor del chico daba
a su hijo la suma de cinco monedas de oro por día y al maestro
abonaba dos monedas de oro, y el joven pensaba en su corazón
¡Qué tonto es mi padre, que despilfarra el dinero por este
oficio en forma vana, por la sencilla razón que no hay ninguna
necesidad de él!.
Tiempo
más tarde el padre realizó la boda de su hijo, y posteriormente,
al cabo de cierto tiempo, fallace.
Entonces
el muchacho ingresa al tesoro de su padre y abre las cajas
llenas de bolsas repletas de oro. Las quitó de allí y las
llevó a su habitación, y su mujer estaba con él.
Pasó
el tiempo, y al cabo de algunos años, el muchacho pierde
su fortuna, y también las propiedades fueron vendidas quedando
él, su mujer y sus hijos carentes de todo.
Fue
entonces cuando recordó a su padre que le enseñó el trabajo
de joyero, y que los elementos para tal profesión estaban
guardados en una habitación.
Abrió
el joven la puerta de ese cuarto y extrajo los elementos
con gran alegría, pues con ellos se sustentaría ahora en
forma digna, y cuando sacó las herramientas, bendijo a su
padre y dijo“Sea su descanso con honor y su alma por la
eternidad". Y en esta ocasión también su mujer estaba
con él y escuchó sus palabras.
Luego
se sentó y comenzó a ocuparse en su labor, y cada vez que
golpeaba con el martillo sobre el yunque, solía decir refiriéndose
a su padre: “Sea su descanso con honor y su alma por la
eternidad en el 11Gan Eden".
La
mujer escuchaba todo eso, y un día dijo a él: “Hay algo
que me sorprende en gran manera, ¿Por qué en el momento
en el que ingresaste al tesoro de tu padre que te dejó por
herencia, y tomaste toda la fortuna que este te dejó, y
estabamos tu y yo, y no escuché que bendijereas a tu padre,
y ahora que tomaste herramientas que requieren esfuerzo
y sudor del cuarto donde estaban guardadas, bendijiste a
tu padre y a cada momento que te ocupas en la labor con
esfuerzo, bendices a tu padre?¿A qué se debe?".
Contesta
a su esposa: “Cuando era corto en edad, vino mi padre a
enseñarme este oficio, y para eso contrató a un famoso profesional.
Yo
me rehusé y él se vio obligado a derrochar mucho dinero
para sobornarme hasta que aprendí.
Y
cada día pensaba en mi corazón, que era una tontería de
su parte, pues ¿Para qué necesito de tal profesión?.
Y
ahora la rueda giró, y todo aquel dinero que dejó se perdió,
y no me quedó ninguna forma de lograr sustento, solamente
este oficio que me enseñó mi padre por la fuerza.
He
aquí, que ahora se que mi padre era sabio, y me hizo un
gran bien enseñándome esta profesión, pues es este un capital
que se mantendrá por siempre para que pueda a través de
él lograr todo lo necesario para nuestra manutención, y
si no fuera por él, todos hubiéramos perecido de hambre,
es por eso que yo lo recuerdo para elogio y lo bendigo y
honro cada día, en compensación por todo lo que lo desprecié
en mi corazón en momentos en que estudié el oficio pensando
que es una tontería, Dio’s libre.
Vemos
de aquí cuan sabias son las palabras de nuestros sabios,
quienes dijeron: 12Está obligado el
padre a enseñar a su hijo Torá y un oficio (además de circuncidarlo
y rescatarlo según la ley si es primogénito), y aclara Rabí
Iehuda, quién no enseña a su hijo una profesión, le está
enseñando a delinquir, pues si no tiene como lograr una
manutención digna de su hogar, ya que ningún trabajo sabe
hacer, entonces se convertirá en un asaltante13.
Y
sobre el final, la Mishná explica cuales son los trabajos
que le debe enseñar el padre a su hijo, los cuales deben
ser limpios y no que provoquen un desgaste físico excesivo,
y además le debe enseñar a que no depende de él lo que va
a ganar, sino que debe hacer el esfuerzo en su trabajo y
pedir a Hashem que le envíe retribución por el mismo.
Fuentes
11
– Es el Jardín del Eden, o sea, donde descansan y disfrutan
las almas cuando parten de este mundo si resultron merecedoras
de recibir este premio por haberse desenvuelto acorde a
las espectativas en este mundo material.
12
– Talmud Babli, tratado de Kidushim, pagina 29, lado uno.
13
– esto último es un comentario de Rashi en el citado tratado
del Talmud.
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