Relatos

Debemos siempre actuar con entrega y dedicación basándonos en la Torá

Había un hombre que se dedicaba al estudio de la Torá con santidad y pureza, día y noche sin interrupción.

Y en su ciudad había gente incircuncisa de mal proceder que venían en mitad de la noche e irrumpían en las calles donde se hallaban las viviendas judías, y el mal viviente solía golpear la puerta del judío, para que sienta temor por su vida a causa del arma de fuego que portaba en su mano, el intruso ingresaba y no salía de allí hasta que no le daban dinero u objetos de valor, según se presente la ocasión.

Y era costumbre del hombre que estudiaba Torá por las noches, tener una palanca, y cuando venía uno de los malandras a golpear la puerta, daba un golpe a la palanca y esta se introducía en la tierra, provocando que se active el mecanismo para hacer que el malhechor se hunda hasta la cintura, y cuando daba el segundo golpe a la palanca, el intruso se hundía todo el cuerpo del que golpeaba  a la puerta, y desaparecía del mundo sin que queden rastros de él.

Cierta vez informaron al rey que un judío estudia toda la noche  a la luz de la vela, sin colocar en el recipiente aceite (las velas de antes eran mechas que se encendían en un recipiente con aceite).

Decidió entonces el rey que iría en persona, y junto a su auxiliar emprendieron el camino en medio de la noche.

Golpeó el rey la puerta del que estudiaba Torá, y éste creyó que se trataba de uno de los malandras, entonces golpeó una vez sobre la palanca, y el rey se hundió en la tierra hasta la cintura, y cuando se dispone a dar el segundo golpe, salta la palanca y sube, entonces también el cuerpo del rey también ascendió completamente, y consecuentemente comprendió el hombre que estudiaba que es el rey el que golpea a la puerta, entonces se levantó al instante, abrió la puerta y se prosternó al rey.

Entonces le manifiesta: "¿Has venido hasta aquí?".

Has de saber que hay un espíritu que se para en la puerta, y todo aquel que me viene a dañar, lo sumerge en la tierra, y sentí desde adentro que te hundió medio cuerpo, y de inmediato decreté sobre él que te suba.

Le dijo el rey: "Es cierto, que la tierra me tragó hasta la mitad de mi cuerpo, y si no fuera por tu decreto que ordenaste sobre el espíritu, me hubiera tragado completamente hasta desaparecer del mundo, por eso mil gracias te daré!". 

Vemos como al que estudia Torá con entrega y dedicación, Hashem ilumina siempre su vida y lo ayuda a salir airoso de las circunstancias adversas aun cuando las consecuencias pueden ser graves, como en este caso, ya que si el rey se enteraba que en verdad fue el hombre que estudiaba Torá el que generó que se hunda en la tierra, el desenlace de esta historia seguramente hubiera sido muy distinto.

Debemos siempre actuar con rectitud y sinceridad delante de Hashem basándonos en las enseñanzas que Nos legó a través de Su sagrada Torá, que es la guía para que nuestras vidas sean acorde a Su voluntad y podamos heredar todas Sus bendiciones que tiene para nosotros.

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