Trabajar
creando y con fe, pero sin quitarle al otro
Había
un hombre que tenía la concesión de toda la pesca que se
realizaba en las dependencias dominadas por el rey, y la
suma que pagaba el concesionario era bastante alta, por
lo que ningún otro postulante ofrecía superar la oferta,
sino que directamente, cada año, este individuo tomaba la
concesión.
Solo
que una temporada fue un señor y tomó de manos del rey la
concesión de la pesca por todo ese año, y el rey le extendió
el certificado correspondiente que lo habilita como tal
para obrar con absoluta libertad en la explotación de ese
rubro.
Pero
cuando el que tomaba la concesión cada año.
Se
enteró de esto, fue a lo del rey y le planteó su malestar
por el asunto, mencionándole que cada año, él tomaba la
concesión, le pidió explicaciones por qué esta vez ni siquiera
le consultó antes de tomar la determinación final, dándole
la concesión a alguien que se presentó en forma espontánea,
puesto que no es correcto dar la consignación a una persona
que aparece en esas condiciones.
El
rey le responde: "Ya le he extendido el certificado,
y lo que el rey escribe no tiene vuelta atrás, pero tú puedes
elegir otros rubros para tomar en consignación y te extenderé
el certificado correspondiente".
El
individuo le informa que no desea sacar por la fuerza la
fuente de alimentación de otros como lo hizo este sujeto
conmigo, por eso pido que me otorgues en consignación una
cosa nueva que aun no has dado a ninguna persona en toda
la historia, no tu, ni los reyes que te antecedieron.
Elrey le pregunta: ¿Cómo es esa cosa?.
Entonces
el hombre le explica su intención: "Concédeme la explotación
del aire, ya que después de todo, eres el rey y esta tierra
te pertenece y todo el aire que hay en ella y todo lo que
reside en ella también es tuyo".
El
rey exclama: ¿Qué piensas hacer con el aire?, además ¿Cómo
lo atraparás y a quién se lo venderás?, y en caso que lo
logres agarrar ¿Cómo lo podrás mantener guardado en tu propiedad?.
El
hombre le contesta: "Yo se lo que hacer con él!, solo
tu, mi señor rey, toma el dinero correspondiente por el
aire y guárdalo con el tesoro del rey y extiéndeme el certificado
correspondiente, y yo haré lo que haré con él.
Solo
que por ser esta una cosa nueva, es necesario proceder como
con todas las concesiones de cosas nuevas que el rey otorga,
o sea, es necesario escribir el nombre de la cosa y el valor
que yo abono por la misma en carta pública, y el encargado
de esta sección mostrará la carta a cada uno de los habitantes
de la ciudad, ya que si hay alguien que agrega sobre el
monto que yo ofrezco, será escrito ese valor en la carta,
y darás en ella un tiempo de diez días o más, y al finalizar
el tiempo estipulado, se le otorgará la concesión al mejor
postor".
Así
hicieron, y se escribió la carta correspondiente, y el individuo
escribió en la misma que ofrece diez mil monedas de oro,
y el encargado llevó esta carta a los habitantes del lugar,
y fue motivo de burla ante los ojos de ellos, y dijeron
¿Qué vaa hacer
con el aire?, además ¿Cómo lo agarrará, y a quién se lo
va a vender?.
Consideraron
entonces al hombre como insano mentalmente al ofrecer por
el asunto la suma de diez mil monedas de oro. Y luego de
finiquitado el tiempo otorgado para aumentar las propuestas,
y no se encontró nadie que ofrezca superar la suma, se otorgó
al individuo la concesión del aire y se le extendió el certificado
correspondiente que lo habilita para hacer uso del mismo
por el lapso de un año.
He
aquí que la primer semana fuea lo de todos los trabajadores que tenían un oficio
relacionado con el hierro y el cobre, y a lo de los refinadores
de oro y plata, cuyo trabajo es hecho a través de fuelles
que funcionan expulsando aire al fuego, para avivarlo.
Entonces
les preguntó: ¿Cómo ustedes hacen para encender el fuego
y realizar vuestra labor?.
Ellos
le respondieron: "A través de estos fuelles, en los
que el aire ingresa, y sale con fuerza para avivar el fuego
y así se realiza nuestro trabajo".
Al
instante les informa: "Ese aire es mio, ya que lo adquirí
de manos del rey como consta en este certificado.
Abónenme
el dinero correspondiente al aire que utilizan".
Les
estableció a cada uno una suma fija a pagar semanalmente
de acuerdo al aire que cada cual utilizaba hasta la finalización
del año.
A
la semana siguiente se dirigió a lo de los dueños de veleros,
los cuales gracias a las velas de las que están provistos,
las embarcaciones se desplazan impulsadas por el viento
marítimo.
Les
comunica. "El viento es mío, como lo indica este certificado
otorgado por el rey!, denme el importe correspondiente por
el aire que usan!".
Les
estipuló una suma fija de acuerdo a lo que cada uno utiliza
a abonar cada mes hasta la finalización del año.
A
la tercer semana se dirigió a todos los dueños de casa que
tienen ventanas en sus viviendas que abren para ventilar
la casa o para que entre aire.
Les
pregunta: "¿Para qué tienen ustedes esa ventanas?",
ellos le manifiestan: "Para que entre aire al interior
de la casa".
Les
hace saber: "El aire es mío, páguenme por el uso del
mismo!". Y les fijó una cuota a abonar hasta finalizar
el año.
A
la cuarta semana reclamó de cada uno delante de las autoridades
gubernamentales, haciendo alusión a que si cada persona
obstruiría sus fosas nasales, esto provocaría que no ingrese
ni salga aire, terminando en poco tiempo con el fallecimiento
del individuo.
Entonces
le fijó una cuota fija a cada persona hasta fin de año.
Todos
se fueron a quejar delante del rey por esta cosa, la cual
es nueva y jamás se escuchó sobre algo semejante, haciendo
alusión a que este hombre reunió gracias a este nuevo impuesto
muchísimo dinero.
El
rey les respondió "¿Qué puedo hacer?, ya le escribí
el certificado, y la palabra del rey no vuelve atrás!.
Aprendemos
con este relato la importancia de no quitar a los otros
de su fuente de ingresos, si alguien tiene un negocio de
artículos de bebés, no vayamos a ponerle uno justo al lado
y hacerle una propuesta mejor al proveedor de pañales para
vender más barato.
Pensemos
en hacer cosas nuevas, abramos una farmacia, un puesto de
venta de golosinas, o lo que sea, pero sin sacarle a otro
de su pan. Si así procedemos, seguro que Hashem contestará
nuestras plegarias y nos mandará todo lo que necesitamos.
Pero
debemos cuidar además, de ser superiores al protagonista
de nuestro relato, ya que él provocó una nueva carga a toda
la población, aplicándole nuevos impuestos que jamás habían
existido.
Hay
muchos medios para lograr nuestro pan de cada día sin necesidad
de molestar a los demás, solo debemos buscar de no meternos
en el terreno de los otros, buscar un rubro que todavía
no se instaló en la zona, y que Hashem nos bendiga por obrar
con fe en nuestra labor para traer el alimento a casa.
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