Prácticamente
todos los padres del mundo, envían a sus
niños al colegio, cuando estos están en
condiciones de poder captar las
enseñanzas de un maestro.
Los
distintos colegios tienen cada uno su
propio sistema de enseñanza , pues siguen
una línea que se adapta al acervo
cultural al que pertenecen. Nosotros, que
pertenecemos al pueblo judío, nos
abocaremos a explicar el sistema de
enseñanza de tales colegios.
El
niño llega al jardín de infantes por lo
general a la edad de tres años. Desde ese
momento, comienza a recibir las primeras
enseñanzas de sus maestros. Luego, a la
edad de cinco años, o en otros casos
seis, el chico pasa a la escuela primaria,
y estudia allí hasta alcanzar los trece
años de edad. Posteriormente ingresa a la
escuela secundaria, llamada Yeshivá.
Los
primeros años de aprendizaje, aun en el
jardín de infantes, el niño aprende
versículos de memoria, y recibe
instrucción sobre la pronunciación y
vocalización de todo el alfabeto Hebreo.
Posteriormente, aprende gradualmente los
cinco libros de Moshé, o sea el
Pentateuco, y también los profetas. El
primer libro que estudian es el tomo de
"Vaykrá". La razón es, porque
los infantes que se inician son puros, y
el citado libro habla sobre las ofrendas,
las cuales también son puras, entonces:
"que vengan los puros y se ocupen de
los puros".
Cuando
ya adquirieron bases sustanciales, los
jóvenes pasan a estudiar la Mishná, y
luego, ya en la Yeshivá, aprenden el
Talmud. Éste último es un compendio de
enseñanzas elaborado por nuestros sabios,
que contiene el caudal más completo que
existe de explicaciones sobre la Torá
escrita.
El
Talmud es una obra monumental, que fue
compilada por Rabina y Rab Ashe, a la cual
culminaron en el año 4265 desde la
creación del mundo (año 505 de la era
común). Los textos que estos dos sabios
han ingresado en la obra, no fueron
escritos por ellos de acuerdo a sus
propias interpretaciones, o ideas, sino
que antes de colocar cada sentencia
debían asistir al "Beit Din Hagadol"
(Tribunal Supremo), y allí recibían las
instrucciones correspondientes. En ese
lugar los sabios más importantes de la
época discutían sobre las distintas
preguntas que se formulaban, y daban su
veredicto. (Mabó HaTalmud)
Como
se escribían los textos del Talmud:
Rab
Ashe tomaba esos veredictos y los
transcribía, siempre con la autorización
previa del Tribunal Supremo. Si los
integrantes del citado tribunal no estaban
de acuerdo en algo, él no lo podía
escribir. Y cuando a Rab Ashe le parecía
que la interpretación de tal sentencia
era de cierta manera, y la proponía
delante del Tribunal Supremo, y estos no
compartían esa idea, no podía escribir
tal cosa y debía copiar la sentencia tal
cual era dictaminada.
Esta
es la razón por la cual el Talmud es una
enciclopedia que contiene palabras medidas
y justas. Es una obra meticulosamente
precisa, que no presenta palabras de más.
Por ello, es necesario estudiarla
primeramente de un maestro, pues él será
quien disipe las dudas del alumno, y lo
conducirá por el camino acertado.
En
muchas ocasiones, se encuentran a lo largo
de las páginas, disputas entre sabios.
Uno dice que tal cosa es permitida,
mientras el otro sostiene que eso es
prohibido. Sin embargo, un tercero
pretende que no sólo es eso algo
permitido, sino que es obligación
realizarlo.
¿Cómo
puede ser que haya tanta divergencia de
opiniones en el más grande de los libros
que explican la Torá escrita, y contiene
solo sentencias minuciosamente
seleccionadas?
Lo
que ocurre es, que cada una de esas
opiniones tienen una utilidad diferente.
Es por esta razón que hace falta estudiar
de un maestro para que nos aclare las
dudas, y nos explique para que sirve cada
cosa.
Esas
tres posturas que mencionamos como
ejemplo, son parte de los extractos
sentenciados por el Tribunal Supremo, y
las tres son verdad irrefutable, pues el
tribunal jamás hubiese permitido ingresar
al Talmud conceptos erróneos.
¿Cómo
es posible afirmar eso, dado que hallamos
una clara divergencia de conceptos entre
las partes?
Sucede
que cada uno analiza y ve el estudio desde
un ángulo diferente, resultando las tres
posturas estrictamente verdaderas.
Un
ejemplo práctico
Situémonos
en una mesa, alrededor de la cual se
sientan tres jóvenes practicantes: uno en
el lado Norte, otro en el Sur, y el
tercero en el extremo Oeste. Además, es
dispuesto en el centro de la mesa un
florero de considerable tamaño, que
contiene gladiolos.
Llega
un cuarto hombre, que es el maestro, y se
sienta en el extremo Este. El docente
extrae tres hojas en blanco, también
bolígrafos y reparte el material a sus
alumnos. Les solicita que se concentren en
el florero, y lo describan en breves
palabras.
Tras
unos minutos, el maestro solicita los
trabajos, y lee lo que cada uno escribió:
El que se sentaba en el extremo Sur
destaca la hermosa flor roja tallada en la
parte central del florero, y las otras
azules, de tamaño más pequeño que se
ubican a los lados de la misma. El joven
que se situaba en el extremo Norte,
menciona que la superficie del florero es
totalmente lisa, sin ninguna decoración.
El tercer individuo, hace alusión a una
línea vertical color violeta de un
centímetro de ancho, que va desde la base
hasta el borde superior del florero.
Tres
opiniones dispares sobre el mismo florero
que tienen frente a sus propios ojos.
¿Quién dijo la verdad y quién mintió?.
¿Hay entre ellos acaso alguno que ve
alucinaciones y divaga?
Nada
de eso, los tres tienen razón y dijeron
la verdad. ¿Por qué entonces hay tres
opiniones totalmente opuestas en las
planas que presentaron? Simplemente porque
cada uno de ellos vio al florero desde un
ángulo diferente.
Inmediatamente
después, el maestro invitó a sus alumnos
a levantarse, y cambiar su asiento por el
del compañero, y fue en ese momento
cuando cada uno pudo comprender la
veracidad de lo que el vecino había
declarado haber visto.
Este
es el motivo por el cual en el Talmud
constan divergencias de opiniones entre
los sabios. Sin embargo, todos tienen
razón, y sus declaraciones pregonan la
verdad absoluta. Lo único que al momento
de establecer una ley, se optó en cada
ocasión, por la opinión que a criterio
de la junta del Tribunal Supremo era
apropiada para implantar en el grueso del
pueblo. Eso no significa que las opiniones
que fueron descartadas sean erróneas,
solo que se eligió la más indicada
acorde a la situación.
De esta manera se puede comprender la
veracidad de todas las divergencias que
constan en el Talmud. Y si no contamos con
la orientación de un maestro debidamente
capacitado, podemos caer fácilmente en el
error de pretender que alguno de los
eruditos se equivocó, descalificándolo
injustamente.
La ausencia de alguien competente para que
nos guíe y enseñe, puede llevar
fácilmente a la persona a cometer severos
errores. Por ejemplo: ¿Qué sucedería si
nos topamos con nuestro vecino, y
advertimos que está actuando exactamente
de acuerdo a la sentencia de aquel sabio
que no fue escogida por el tribunal?
Pensaremos que nuestro vecino es un
infractor.
Sin embargo, la conclusión a la que hemos
llegado no es correcta. Lo que sucede es
que él padece un problema de salud, y no
puede cumplir con la opinión que fue
elegida por ley. Éste hombre expuso su
problema a su rabino, y le preguntó si en
su caso es posible actuar acorde a la
sentencia de tal erudito que no resultó
legislada. El rabino le respondió que en
su caso la ley indica que debe actuar
acorde a tal opinión, dado que no le es
posible tomar la primera.
Este tipo de respuestas es la que pueden
aportar los maestros debidamente
preparados e instruidos, quienes han
aprendido a su vez de sus propios
maestros, y son ahora profundos
conocedores del contenido del Talmud.