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Las
Preguntas
de la gente.

Pregunta
enviada por: Antonella
Tema:
El Shabat
"Tengo que hacer un trabajo para D.P.O (desarrollo del pensamiento occidental),
y trata del judaismo.
NO TENGO NI EL MAS MINIMO CONOCIMIENTO DE ESTO!! y
desearía que me dijeran que
es el Sabbath.
Gracias.
Antonella
Respuesta
a cargo de R' Aharón David ben Israel:
Shalom
Antonella:
La importancia de honrar al Shabat.
La sección de la Torá “Emor”, declara (Vaykrá 23:1): “Habló Di-s a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles los tiempos de Di-s a los que llamarán convocaciones santas. Estos son Mis tiempos. Seis días trabajaréis, y el día séptimo es Shabat, el cual será llamado sagrado”.
Contemplaremos a continuación, acerca de la importancia y magnificencia del Shabat.
Está escrito (Iashia 58: 13): ”Llamarás al Shabat, deleite”. La explicación es, que el Shabat es el deleite de todos. Tanto del alma como del cuerpo, tanto de los de arriba, que viven en las alturas celestiales, como de los de abajo, que habitan en la tierra.
Una cosa más que aprendemos de los términos utilizados ”Llamarás al Shabat” es, que la persona debe invitar al Shabat (llamarlo), del mismo modo como se invita a un huésped a la casa, al cual se le ofrecen comidas y deleites. Del mismo modo se debe recibir al Shabat, con la mesa servida, ricos manjares dispuestos sobre ella, y buena bebida. Cada uno de acuerdo a sus posibilidades, pero siempre esforzándose en servir alimentos y bebida mejores a los que son dispuestos sobre la mesa los demás días de la semana.
También extraeremos de las palabras ”Llamarás al Shabat” la siguiente enseñanza. Es una indicación de hacerlo antes de que llegue. Pues si se lo realiza cuando ya está aquí ¿cómo la persona lo va a llamar?.
La razón expuesta, es la causa por la cual, los preparativos deben culminarse cuando aun es de día, quedando tiempo suficiente para salir a recibirlo antes de que llegue, e invitarlo a nuestro hogar.
Debido a la santidad del día, es apropiado que cada uno se esfuerce en realizar algo para su recepción. Inclusive que la persona tenga decenas de sirvientes, debe hacer personalmente alguna cosa, y participar en los preparativos para recibir al Shabat.
Por ejemplo, hallamos el caso de Rabi Abau, quien solía sentarse sobre un asiento de marfil, y echaba viento al fuego, para que se cocine la comida que él, su familia, y los convidados saborearían en Shabat.
Rab Anan, era el director y juez supremo de uno de los tribunales más importantes, y además, autor del libro Tana Dbei Eliahu, el cual es considerado una de las obras más destacadas de todos los tiempos. Pese a todos estos honores, el mentado erudito cuando llegaba el momento de realizar los preparativos para el Shabat, se quitaba su ropa, y vestía otras más simples. Actuaba así, por lo que fue enseñado en la academia de Rabí Ishmael: “Las vestimentas con las que el individuo preparó la comida a su amo, que no las utilice para servirle a su amo la copa de vino”. Debe quitarse las prendas que se llenaron de humo, u olor a comida, y vestir otras limpias y decorosas, para presentarse frente a él, en forma digna y honorable.
Rab Safra, solía cada víspera de Shabat, preparar la cabeza de un animal, tostándola al fuego, para que se torne apetitosa.
Rabáh, quien llegó a convertirse en el director de la principal academia de estudios, se abocaba a salar un tipo de pescado llamado “Shebutey”, el cual tiene un gusto muy sabroso.
6Rab Huna, era poseedor de una gran fortuna, a tal punto que compraba toda la verdura que había quedado a los quinteros sin vender en el mercado, y la arrojaba al río. El objetivo de esto era, para que a la semana siguiente vuelvan a traer buena mercadería para que la gente adquiera y prepare la comida de Shabat con las mejores hortalizas. Y cerca del atardecer, el erudito se abocaba a realizar personalmente una acción para el recibimiento del Shabat, encendía velas en honor del día.
Rab Papa, confeccionaba mechas para encender las luminarias del Shabat.
Rab Jisda, cortaba espinaca, para la comida del Shabat.
Raba y Rab Iosef, dos de los eruditos más sobresalientes de la época, cortaban leña, para los preparativos del Shabat.
Rab Zeira, preparaba pequeños trozos de madera, para encender el fuego.
Rab Najman bar Itzjak, cargaba bultos al hombro, y los sacaba, entrando a su vez, lo que se necesitaba para el Shabat. El erudito decía: “Si vinieren a visitarme Rabí Ami o Rabí Iosei, ¿no cargaría acaso por ellos bultos?. Con más razón tratándose de un huésped tan honorable como lo es el Shabat”.
Iosef Mokir Shabei (Iosef, el que honra al Shabat), se abocaba de una manera inusual a los preparativos del sagrado día. En tanto, en la vecindad donde él vivía, había un hombre que no era judío, y poseía una gran fortuna. Los astrólogos gentiles, decían a este individuo: “Iosef Mokir Shabei heredará toda tu fortuna”.
Al escuchar semejante noticia, el sujeto vendió todas sus pertenencias, adquirió con ese dinero perlas, y las adhirió a un sombrero especial que confeccionó.
Cierto día, el hombre caminaba por uno de los pasajes del lugar, y sopló un fuerte viento, el cual hizo volar el sombrero de su cabeza. El mismo llegó a las aguas del mar, se hundió allí, y fue tragado por un pez.
El día viernes, los pescadores atraparon al pez, y lo llevaron a la zona poblada para intentar venderlo. Preguntaron quien está dispuesto a comprar a esas horas, pues faltaba poco para que caiga la tarde, y llegue el Shabat, por lo que seguramente ya todos han acabado los preparativos. No obstante, les sugirieron que vayan a ver a Iosef Mokir Shabei, pues él honra de manera especial al Shabat, y siempre compra.
Los hombres hicieron como les indicaron, golpearon a la puerta de Iosef Mokir Shabei, y este adquirió la pieza. Abrió el pescado, y en su interior halló perlas. Las sacó de allí, colocándolas enseguida a resguardo, hasta después que acabe el Shabat.
Iosef Mokir Shabei finalmente vendió las perlas, y le dieron por ellas, trece recipientes llenos de monedas de oro. Luego de cerrar la operación, pasó un anciano y dijo: “El que presta al Shabat, el Shabat le retribuye”.
Rabi formuló a Rabí Ishmael, hijo de Rabí Iosei, una pregunta, que ampliará el concepto dicho por el anciano. Dijo: “Los ricos de la tierra de Israel, cuál es el mérito de su fortuna”.
Rabí Ishmael le respondió: “Se debe a que extraen el diezmo de acuerdo a lo estipulado por la Torá”.
Rabí Iosei prosiguió: “¿Y los que viven en Babilonia?”.
Rabí Ishmael contestó: “Porque honran a la Torá”.
Rabí Iosei insistió: “¿Y los que viven en las demás tierras?”.
Rabí Ishmael explicó: “Ellos logran tal riqueza, por el mérito de honrar al Shabat”. Y eso lo aprendemos de lo enseñado por Rabí Jía bar Aba, quién dijo: “Cierta vez me hospedé en una casa en Ludkia, allí, me trajeron una mesa ratona de oro, cubiertos y vajilla lujosísimos y manjares deliciosos, acompañados de bebida de la mejor calidad. Además, advertí que cuando apoyaban la mesa, decían el versículo (Salmos 24): ‘De Di-s es la tierra y todo lo que hay en ella’. Y cuando la retiraban, pronunciaban este otro “Los Cielos son para Di-s, y la tierra, la Dio para las personas”.
El sabio prosiguió diciendo – Pregunté al anfitrión: hijo mío ¿cómo obtuviste el mérito de tener todo esto?. El hombre respondió: ‘Era yo carnicero, y el mejor animal que se me presentaba, lo apartaba para Shabat’. El erudito le dijo: ‘dichoso eres, que te has acreditado todo esto, y dichoso el Todopoderoso que te lo ha adjudicado’”.
Hemos nombrado a varios de los sabios más destacados del Talmud, y lo que cada uno hacía en honor del Shabat. Las acciones que se realizan para este fin, tienen ante el Todopoderoso un valor muy grande, y el efecto que producen es tremendo. El sudor derramado para realizar las labores en honor del Shabat tiene una fuerza tal que, en mérito de ello, Di-s borra los pecados cometidos por el individuo.
Al ser el Shabat un día tan santo, debemos conducirnos en el transcurso del mismo de manera ejemplar, similar a su esencia. Más, teniendo en cuenta que todo lo que ha sido creado está en equilibrio. En el mundo hay bien, y lo opuesto, que es el mal. Existe la bondad, y también la maldad. Hay amor, y también odio. El motivo es, para que la persona tenga libre albedrío y pueda elegir el bien, para heredar el Mundo Venidero.
Por esta razón, en la víspera del Shabat, que es cuando se realizan todos los preparativos para recibirlo, y el sudor derramado para ese fin hace que los pecados sean borrados, por esa causa, en ese mismo momento, desciende al mundo una fuerza impura muy poderosa, llamada “Sitrá Ajará”. La misma se esfuerza al máximo en provocar riñas y discusiones entre las personas. Por eso es menester esforzarse mucho para hacer la paz, y no escuchar principalmente en la tarde del viernes, al instinto malo que desea hacernos perder las bondades de esos momentos.
El individuo, en el momento en que riñe o discute con sus hijos, esposa, o sirvientes, piensa que tiene la razón, y por esa causa es correcto reprenderles por lo que han hecho. Pero quien tiene cerebro en su cabeza, comprenderá, que si bien es cierto, que ocurrió un desacierto por parte de ellos, de todos modos, no fueron ellos los que lo provocaron, sino el Satá’n, con el fin de provocar riña y discusiones entre la familia, para hacerles perder la enorme retribución existente por honrar al Shabat como corresponde.
El individuo, cuando vea algún desatino, debe saber que el Satá’n se encuentra frente a la mujer, o la empleada doméstica, y es él quien las hace tropezar, haciendo algo en contra de la voluntad del dueño de casa. El individuo, debe pensar entonces: “¿Tienen acaso ellos fuerza para desplazar la acción del Satá’n?. ¿Existe alguna persona que pueda enfrentar y vencer al Satá’n?. Por eso, cada uno debe comprender, que si bien es cierto que ocurrió algún desatino de parte de su esposa o sirvientes con respecto a cuestiones de la casa, se debe a lo antes dicho. Por eso es mejor que no discuta ni riña con ellos, ni se enoje, de esa manera, será bueno para él en este mundo, y en el venidero”.
Esta necesidad de cuidar lo que se dice en el día de Shabat, ha sido anunciada por los profetas (Iashia 58: 13) “Si hicieres tornar en Shabat a tus pies, dejando de hacer tus cosas en Mi día sagrado, y llamares al Shabat deleite, para santificar al Di-s honrado, y lo honras, absteniéndote de ir por tus usuales sendas, abandonando tus asuntos, y no hablando palabras (ajenas a la santidad del día). Será entonces, que te deleitarás en Di-s, pues te enviará abundancia y deleite, y te alzará bien alto en la tierra. Entonces comerás los frutos de la heredad de Iaakov, tu padre, pues la boca de Di-s dijo esto”
La sentencia expuesta: “abandonando tus asuntos, no hablando palabras” implica que no se debe hablar durante el Shabat, de cosas pertenecientes a los demás días de la semana, en los cuales se trabaja y realizan todas las cuestiones mundanas necesarias para la supervivencia.
El motivo de esta solicitud es, porque cada vez que uno pronuncia una palabra, la misma asciende y despierta en las alturas celestiales a su equivalente espiritual. Por lo tanto, si es pronunciada una palabra mundana en Shabat, la misma sube y despierta allí arriba palabras mundanas, provocando una mella a la santidad del Shabat. Pues así debe ser también la conducta del individuo con respecto a las otras personas, donde quien invita un huésped a su casa, debe ocuparse de él y no de otra cosa.
Del mismo modo como sucede con las palabras, acontece con las acciones. Si la persona hace algo bueno en la tierra, esa acción despierta una fuerza equivalente en las alturas. Por ejemplo, si el individuo realiza un acto de bondad en el mundo, despierta bondad en los cielos, descendiendo en ese día bondad al mundo, coronándose ese día de bondad por su causa. Esto que él hizo y produjo, ocasionará que el ángel encargado de ese día, se apegue a esa persona, y la proteja y defienda en el momento en que lo necesite.
Esto mismo sucede a la inversa. Si el individuo realiza un acto de crueldad en la tierra, eso mismo despierta en las alturas, provocando una mella en ese día. Por eso, el ángel encargado de ese día, se unirá a él, y lo acompañará para suministrarle la misma cosa que hizo a su prójimo. El motivo es, porque existe una gran regla: “Con la medida que el hombre mide, con ella misma lo medirán a él”.
Debido a este enunciado, dichosa la persona que muestra buenas acciones en el mundo, ya que, de cada acto realizado abajo, depende el efecto que hará descender de arriba.
La crueldad es una cualidad de la cual la Torá ordena alejarse en forma absoluta. Para comprobarlo, situémonos en el versículo (Vaykrá 22: 28): “Bovino u ovino, a él y a su cría, no degüelles en un mismo día”.
¿Cuál es el motivo de esta prohibición?. Podríamos pensar, que es por no causar pena o angustia al animal. Ya que la cría suele ir permanentemente detrás de la madre, para que la amamante. ¿Entonces, como vamos a matar al hijo delante de los ojos de su progenitora?. O, ¿cómo vamos a matar a la madre frente a los ojos del hijo?.
Sin embargo, no es este el motivo de la prohibición, pues si así fuere, se podría llevar a la madre a un lugar donde no vea a su hijo, ni tampoco sea vista por él, y degollarla allí. Y lo mismo se haría con la cría.
Por ello, tenemos que decir, que el motivo de la prohibición es otro. Es por la persona misma, para que no permita el ingreso a su interior de la crueldad. Esta es una cualidad de la cual se debe huir y situarse en el extremo opuesto.
La razón es, porque seguramente queremos que tanto el Creador, como nuestros semejantes sean generosos con nosotros. Por eso nosotros debemos ser generosos con ellos, para no despertar crueldad en las alturas, y ser retribuidos con ella, merced a la regla: “Con la medida que el hombre mide, con ella misma lo medirán a él”.
Una conducta benébola y generosa, debe mostrar la persona todos los días. Pero en Shabat, es necesario además, separarse de las cuestiones mundanas, y abocarse a la espiritualidad.
El motivo es, porque el Shabat (y las festividades), es el día escogido por Di-s, tal como versa (Vaykrá 23:1): “Habló Di-s a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles los tiempos de Di-s a los que llamarán convocaciones santas. Estos son mis tiempos. Seis días trabajaréis, y el día séptimo es Shabat, el cual será llamado sagrado. Todo trabajo no será realizado en él, Shabat es para Di-s en todos vuestros lugares de residencia” (En los versículos subsiguientes, son enumeradas las demás festividades, que son el tiempo elegido por Di-s de entre los días del año).
La elección del día de Shabat, como Su tiempo, por parte del Todopoderoso, se asemeja a lo hecho por un rey, quien en honor de su día, en el que conmemora el asenso al trono, o su cumpleaños, u otra celebración trascendental para él, preparó todo tipo de manjares, abrió barriles de vino añejo, y dispuso todo en las mesas del palacio, para que el pueblo venga a festejar con él.
En el cielo, existen todos los manjares preparados y dispuestos por el Creador para celebrar el día de Shabat y las festividades junto a Su pueblo elegido. Solo que no son ellos elementos materiales, sino más bien se encuentran en estado espiritual, para ser atraídos por los hijos de Israel desde la tierra, a través de honrar al Shabat con manjares y delicias. De esta manera, la bendiciones de estos alimentos y bebidas espirituales, preparados por el Todopoderoso, se investirán en los alimentos y bebidas materiales dispuestos por nosotros, y ocasionarán abundancia y deleite para toda la semana en nuestros hogares y entorno.
El Rey pretende que festejemos y nos alegremos con El en su día, y abandonemos momentáneamente todas las cuestiones mundanas que realizamos durantes los seis días laborales. También debemos apartarnos de pronunciar palabras que recuerden la actividad de los días hábiles.
Rabí Iosef y Rabí Itzjak cierta vez iban por el camino. Rabí Itzjak preguntó: “¿En qué se basa la prohibición de hablar cosas mundanas en Shabat. La cuál es mencionada por el versículo (Iashia 58: 13) ‘no hablando palabras (ajenas a la santidad del día)’?. ¿Qué daño ello provoca?”.
Rabí Iosef le respondió: “Lo que sucede es, que cada palabra que sale de la boca de la persona, tiene una voz. Inclusive cuando se la pronuncia en forma silenciosa, es decir, solamente a través del movimiento de los labios, en ese caso, el aliento que se origina, es la voz de la palabra. Esta atravesará todos los cielos, ascendiendo hasta la voz de las alturas celestiales, donde despierta otra palabra que es espiritual”.
Rabí Itzak le preguntó: “¿qué es lo qué precisamente despierta?”.
Rabí Iosef le dijo: “Despierta al ángel de los días laborales. Y a pesar de que esa palabra no tenga nada de malo, de todos modos, provoca un daño. El motivo es, porque lo mundano se inviste en la santidad, durante el día de Shabat. En ese momento, el Todopoderoso y las almas de Israel preguntan: ¿quién pretende separar la unión entre nosotros?. ¿Quién desea despertar aquí lo mundano?.
El Rabí siguió explicando: En cambio, pensar palabras mundanas en Shabat, no produce esta mella, ya que no tiene voz, ni asciende a las alturas celestiales. Por eso, es permitido pensar sobre cuestiones laborales en el día de Shabat.
Respecto a lo que dijimos de las palabras pronunciadas en la tierra, las cuales se transforman en voz y ascienden, es este el motivo por el cual, hay que esforzarse en hablar sobre las enseñanzas de la Torá, y demás cuestiones de santidad, principalmente en Shabat. Así, ellas treparán a lo más alto de los cielos, y se convertirán en una corona que se posará sobre la “cabeza del Rey” (es una expresión figurativa). Esto causará alegría en los cielos, y también en la tierra”.
El descrito, es el motivo, por el cual es menester honrar al Shabat adecuadamente, esforzándonos al máximo en los preparativos para recibirlo, y en nuestra conducta durante el transcurso del mismo. Pues a través de ello, se genera una unión total y plena con el Todopoderoso en Su día, y eso provocará nuestro bienestar, abundancia, y felicidad, durante todos los días de la semana.
Shalom
y hatzalajá
R'
Aharón David ben Israel
Fuentes
utilizadas
1- Zohar Beshalaj 47a
2- Talmud, tratado de Shabat 119ª
3- Ben Ish Jai parasha Lej Lejá 4 (Año 2)
4- Ben Ish Jai parasha Vaierá 1 (Año 2)
5- Zohar Emor 92b
6- Taanit 20b
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