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Las Preguntas de la gente.


Respuesta número: 1850

Pregunta enviada por: Bubu

Tema: Influencia de Asiria en el seno del pueblo judío

Estimado Rab, le agradezco por que cada vez me despejan dudas que tengo, en su gran conocimiento que DIOS le ha dado quisiera pedirle un favor, estudio teologia en un seminario, me han dejado una monografia de 20 paginas, de sobre todo lo que tubo que ver Asiria en la historia de Israel, dígame, me la podría proporcionar usted, o me puede recomendar un sitio? 

Bubu

Respuesta a cargo de R' David ben Israel:  

Shalom Bubu:

Asiria en el lenguaje bíblico original -hebreo- es Ashur.

Ashur -Asiria- tuvo mucha influencia en el seno del pueblo judío a través de la historia.

Asiria -Ashur- fue la nación que desterró a los judíos de su tierra. Fueron también los que exiliaron a las 10 tribus de Israel, conocidas como las 10 tribus perdidas

Algunos detalles históricos

El rey Jizkiahu pidió al Todopoderoso: “Amo del universo: Yo no tengo fuerza para matar a las huestes enemigas ni para perseguirlos, y tampoco para entonar alabanza, por eso me acostaré a dormir en mi cama y Tú actuarás”.

Di-s le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.

Los versículos narran en detalle como ocurrió este último suceso que mencionamos: (Reyes B 19: 35): “Aconteció en esa noche, que salió el ángel de Di-s y aniquiló al campamento de Ashur (donde era rey Sanjeriv). Los eliminados fueron 185.000 hombres (comandantes de tropas). Por la mañana (los pocos que quedaron vivos) se levantaron y encontraron a todos los jefes muertos, y también a los soldados que estaban con ellos.

Los sobrevivientes que se salvaron fueron muy pocos, no siendo más que catorce hombres. Entre ellos se encontraban Nabucodonosor y Navuzradán.

Años después, cuando la tribu de Yehudá provocó la rebelión de Israel contra Di-s, tal como lo mencionamos arriba, en ese entonces el Todopoderoso dijo a Nebucadnetzar: “Sube y destruye el Templo Sagrado”.

Nabucodonosor pensó: “Di-s quiere arrastrarme para que haga la guerra en Jerusalén y luego hacerme lo mismo que hizo a mi abuelo Sanjeriv, el rey de Ashur, cuando pretendió guerrear con Jizkiahu”.

Nabucodonosor no creía que Di-s destruiría Jerusalén, pues ¿quién puede pensar semejante cosa después de todos los milagros que el Todopoderoso había hecho con el poderosísimo ejército de Sanjeriv?.

Lo que hizo entonces fue aguardar en Dafne, que quedaba en Antioquia, entre Babel e Israel. En tanto envió a Navuzradán, ministro de su ejército, para que destruya Jerusalén.

Navuzradán sitió a Jerusalén durante tres años y medio. Cada día, rondaba para ver si sus tropas consiguieron abrir una brecha en la muralla que protegía la ciudad. Pero pese a la insistencia no lograron hacer allí ninguna mella. Por eso Navuzradán decidió abandonar la misión, y regresar.

En ese momento, el Todopoderoso puso una idea en el corazón de Navuzradán: medir la altura de la muralla día tras día.

Al poner en práctica esta idea, comprobó que la altura de la muralla decrecía cada día dos puños y medio, eso indicaba que poco a poco se estaba hundiendo en la tierra.

Esto prosiguió así hasta que la misma desaparció por completo. En ese momento el invasor ingresó a Jerusalén, rompiendo todos los pronósticos que existían, pues ningún rey de todos los que había sobre la faz de la tierra esperaba que alguien pueda penetrar a la ciudad de Jerusalén. Solo un milagro podía hacer que eso suceda. Al ser que el pueblo judío pecó, posibilitó ese milagro, siendo los hijos de Israel enviados al exilio por esa causa.

4Nabucodonosor había ordenado a Navuzradán: El Di-s de ellos acepta a los arrepentidos, y los recibe con las manos abiertas, por eso, cuando conquistes la ciudad, no les permitas orar y pedir clemencia a su Di-s, pues si lo hacen este hombre (Nabucodonosor en referencia a él mismo) correrá la misma suerte que Sanjeriv. No desprecies la fuerza de ellos que está en sus bocas y corazones, a pesar de que estén encadenados. Has de ser cuidadoso en no dejarles ninguna opción.

Navuzradán finalmente conquistó Jerusalén y cumplió la orden del rey  azotando al pueblo judío para que marche sin detenerse. Cuando alguien desobedecía, y no podía seguir, lo tomaba, cortaba su cuerpo en pedazos y lo arrojaba delante de los hijos de Israel. Ellos, al ver esta escena, caminaban sin parar todo el tiempo que sus fuerzas les permitían hacerlo.

Recién pudieron descansar cuando llegaron al río Perat. En ese lugar Navuzradán ordenó a sus soldados dejar al pueblo judío hacer un alto “porque desde aquí en más, Di-s ya no tornará a ellos para regresarlos a su tierra”.

Los hijos de Israel se hallaban sedientos y bebieron de las aguas del río Perat. Pero ellos estaban habituados a beber aguas de lluvia y manantial, por eso, ante el brusco cambio, muchos perdieron la vida en ese lugar. Es por eso que el libro de los Salmos declara (137: 1): “Sobre los ríos de Babel, allí reposamos, y también lloramos”.

El motivo del llanto era por los que fueron matados por el ejército de Nabucadnetzar, pero también lloraban por los muertos en el camino, a quienes los soldados no permitieron dar sepultura, y ahora los que fallecieron por beber las aguas del río Perat.

Pero eso no fue todo. Nabucodonosor se encontraba allí navegando en una embarcación junto a sus ministros. Mientras los reyes de Yehudá totalmente desnudos, con sus manos sujetadas por detrás con cadenas de hierro,  caminaban por la orilla del río, formando parte de la gran caravana de judíos exiliados.

En ese momento Nabucodonosor alza sus ojos y contempla la escena. Inmediatamente después de ver eso pregunta a sus hombres: ¿Por qué esos caminan erguidos sin ninguna carga?. ¿No tienen ustedes nada para poner sobre sus cuellos?.

Los siervos de Nabucodonosor enseguida trajeron alforjas, las llenaron de arena, y las colocaron sobre los hombros de los judíos, hasta que sus cuerpos quedaron encorvados.

Además, en Babel no había molinos de piedra, pues el suelo de allí es solo de tierra blanda y arena. Cuando necesitaban moler especias, lo hacían en morteros de cobre o madera. Pero cuando Nabucodonosor conquistó Jerusalén, colocó sobre los hombros de los vigorosos jóvenes judíos piedras de molino para que las lleven a Babel. Así arruinó a los adolescentes, doblegando su fortaleza.

En ese momento de penuria, los hijos de Israel alzaron sus voces y estallaron en llanto y su clamor ascendió hasta las alturas celestiales.

Luego salieron al encuentro de ellos los pobladores de Beery y otras ciudades vecinas, quienes veían que los judíos estaban sin ropa. Pensaron que seguramente el rey Nabucodonosor ama a los desnudos. Por eso sacaron las vestimentas a sus esclavos y los llevaron al rey para ofrecérselos.

Nabucodonosor al darse cuenta de lo que pensaron de él ordenó: “Vistan a los hijos de Israel”.

Así comenzó una nueva vida para los hijos de Israel, lejos de sus casas, y sin sus pertenencias. Había comenzado el duro exilio babilónico que se prolongaría por espacio de 70 años. A partir de este momento el pueblo judío tenía la posibilidad de darse cuenta que el único que los puede ayudar es el Amo del universo, y a El concierne clamar y pedirle la salvación. Las estatuillas de piedra y demás imágenes que comenzaron a adorar, cambiándolas por el Todopoderoso, no tenían la fuerza suficiente para escuchar sus penas, solo el Di-s verdadero podía hacerlo. Por eso, pese a las aflicciones causadas por el exilio, algo bueno saldría de ello, el pueblo tenía la posibilidad de reflexionar, recapacitar, y recomponer su fe en Di-s.

5Algunos años más tarde, después de haber expulsado a los hijos de Israel de su tierra, Nabucodonosor decide enviar nuevamente a Navuzradán a Jerusalén, pero esta vez para conquistar el último bastión que quedaba en pie, el Templo Sagrado.

El jefe del ejército de Nabucodonosor tras una ardua lucha logró franquear la resistencia hasta llegar a penetrar al interior del Templo Sagrado. En ese momento comenzó a brotar en la Azará (el Atrio Sagrado), la sangre de Zejariá. La misma burbujeaba como si manara de un cuerpo recién fallecido, cuando en realidad habían transcurrido unos 250 años desde el asesinato.

Navuzradán vio esa imagen y preguntó a los Kohanim (oficiantes del Templo Sagrado), a que se debe. Ellos le respondieron: “Es sangre de los sacrificios sagrados: toros, ovejas y cabras”.

Enseguida el jefe del ejército envió a traer sangre de animales como los que mencionó el Kohen para ponerla al lado de la que emergía y burbujeaba, con el fin de compararla para ver si es igual.

Tras el examen realizado se comprobó que lo que dijo el Kohen no era cierto, pues las sangres no se parecían para nada a las recién traídas.

Navuzradán les dijo: “Si ustedes me dicen, bien, si no, peinaré la carne de ‘esta gente’ con peines de acero”.

Los Kohanim le respondieron: “¿Qué te podemos decir?. El muerto era un profeta y también Kohen, quien nos reprochaba en nombre de Di-s, y no escuchamos su reprenda. Encima nos levantamos y lo matamos. Desde ese momento la sangre no cesa de burbujear”.

Navuzradán sentenció: “¡Yo la calmaré!”.

Trajo a los jueces del Sanhedrín (Tribunal) Mayor y también a los del Menor, y los mató en ese lugar. Las sangres derramadas formaron un río que llegó hasta donde se encontraba la de Zejariá. Después de eso, aun la sangre del profeta seguía burbujeando.

Por eso Navuzradán trajo varones y mujeres adolescentes de entre los hijos de Israel, y los asesinó en ese lugar. Pero la sangre de Zejariá no cesaba de burbujear.

El jefe del ejército trajo entonces niños pequeños judíos y los mató allí. Sin embargo la sangre de Zejariá no se calmaba.

Trajo a continuación ochenta mil jóvenes Kohanim y también los liquidó en ese lugar. Pero la sangre proseguía ardiente.

Finalmente Navuzradán dijo: “Zejariá, Zejariá: a todos los mejores de ellos he matado, ¿deseas que los extermine a todos?”.

En ese momento la sangre cesó de burbujear y se calmó totalmente.

Luego de contemplar esta escena, Navuzradán reflexionó sobre todo lo que había acontecido y se le cruzó por la mente la idea de convertirse al judaísmo. Pensó: “Si por una sola persona que estos mataron, el castigo resultó tan severo, respecto a ‘este hombre’ (refiriéndose a él mismo), que mató todas estas personas, ¡cuanto más grave será la pena!”.

Tras esta reflexión Navuzradán huyó del frente de ataque, y del ejército que comandaba, envió un presente a su casa, y se convirtió al judaísmo.

No obstante, fue nombrado un reemplazante y este sí cumplió la ordenanza de destruir el Templo Sagrado y exiliar por completo al pueblo de Israel. 

  • 1 – Dibrei Haiamim B 24: 17 a 21

  • 2 – Midrash Rabá Eijá, Petijá 23

  • 3 – Midrash Rabá Eijá, Petijá 30

  • 4 – Midrash Rabá Eijá, 5: 5

  • 5 - Midrash Rabá Amebuar. Eijá, 5: 5, ver la explicación que comienza con las palabras “Hu Erioj”.

En el futuro

Estas maldades propinadas por Asiria -Ashur- en el pasado al pueblo elegido, serán cobradas por El Eterno en el futuro.

Muy pronto, la tierra de Israel volverá a ser habitada por el pueblo judío, y vivirán seguros.

En esos momentos de la redención final -declaran los versículos- nuevamente se reunirán las naciones para batallar. Esta contienda se denominará: la guerra de Gog, el rey de Magog, quien se sabe, será un incircunciso.

La misma presentará dos grandes bandos que guerrearán en torno a Jerusalen, por un lado, estarán los Ishamelitas, (Egipto, Ashur y Eilam), y por el otro, Meshej, Tuval, Edom y los reyes del norte (Gog es el rey de Meshej y Tuval).

En esa contienda se matarán los unos a los otros, y cuando ingresen a Jerusalén, Hashem peleará con ellos por nosotros, y se producirá una gran salvación, como aconteció en Egipto.

Entonces habitaremos definitivamente en paz, será reconstruida Jerusalén y el Tercer Templo Sagrado, Hashem será nuestro Rey, y nosotros Su pueblo.

Pero para que este gran momento llegue pronto, hace falta que demos un último paso, se requiere de nosotros que nos juguemos por Hashem para demostrar que deseamos Su salvación, y eso se logra a través del cumplimiento de Sus preceptos y el estudio de Su Torá. (Ver Malbi”m en Iejezkel 38: 2)

 

Shalom vehatzlaja

R' David ben Israel  

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