|
Las
Preguntas
de la gente.

Respuesta
número:
1845
Pregunta
enviada por: Raquel
Tema:
Concepto de alma
Hola:
Me invitaron a dar una conferencia sobre el concepto de "alma" dentro del judaísmo.
¿Me podrían recomendar que leer?
Gracias de antemano.
Raquel
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Raquel:
Aquí
tiene un interesante material sobre el
tema solicitado:
La sección de la Torá intitulada Tazría, habla del proceso previo al embarazo, el período de gestación del bebé y el parto (Levítico 12: 2): “Una mujer cuando eyaculare, y pariere un varón..”.
Rabí Aja preguntó: -¿Por qué no dice: “la mujer que engendrare y pariere”?.
Rabí Iosei respondió: -Aprendemos del versículo que, si ella eyacula antes que su marido, entonces le nacerá un varón. Y si él lo hace primero, en ese caso la madre dará a luz una a nena.
Rabí Aja le preguntó: -Según lo que dices, el sexo del hijo depende de la acción de los padres. Sin embargo, hemos estudiado exactamente lo opuesto (Tanjuma Pecudei 3): “el Todopoderoso decreta sobre “la gota esa”, que es el resultado de la unión entre el hombre y la mujer, y decreta sobre ella si será macho o hembra”. ¿Cómo tú dices que el sexo depende de la eyaculación del padre y la madre, y no es un decreto del Creador?.
Rabí Iosei respondió: -Lo que sucede es, que el Todopoderoso ciertamente distingue en la “gota esa” cual de los padres eyaculó primero, a pesar que la misma está formada por el producto de ambos que se ha fusionado completamente. Esta razón, hace que el ángel se vea imposibilitado de reconocer su origen, y traiga el producto al Creador, para que distinga la procedencia y decrete el sexo.
El Todopoderoso sentencia si será varón o mujer, más todos los parámetros de este ser humano que se ha gestado. Determina si será obeso o delgado, esbelto o petiso, inteligente o tonto, etc.
Luego Di-s solicita al ángel que se dirija al depósito donde se encuentran las almas que han sido preparadas para descender al mundo. Ese depósito se llama “Guf”. En él, se hallan todas las almas, investidas en lo que es llamado la “imagen” que tendrá cuando baje al mundo. Esta imagen tiene la misma forma y rasgos que tendrá la persona cuando nazca, y el material de su composición, es un intermedio entre el alma espiritual, y el cuerpo material.
El Creador ordena al ángel que traiga al alma elegida, con su vestimenta, (que es la imagen antes descripta). Además, para que no se equivoque, y reconozca fehacientemente al alma solicitada, le entrega todos los detalles y rasgos de la misma.
El alma es localizada por el ángel y traída frente a Di-s. Se para frente a El, y le ordena cual será su función que deberá cumplir en el mundo. Tras esas instrucciones, el Todopoderoso le hace jurar que, en su descenso a la tierra, se ocupará en el estudio y profundización de la Torá y el cumplimiento de los preceptos.
Rabí Aja quedó muy satisfecho por la respuesta, y formuló otra pregunta concerniente al tema: “¿Por qué el versículo dice ‘una mujer cuando eyaculare y pariere un varón’?. ¿Acaso queda preñada y lo pare inmediatamente?. ¿Por qué el versículo no habla nada de los meses de embarazo?”.
Rabí Iose respondió: -Lo que sucede es, que desde el día de quedar preñada hasta que se produzca el parto, la mujer habla todo el tiempo de su hijo, repitiendo sin cesar: ‘¿Será varón el bebé que llevo en mi vientre?’. Por lo tanto, desde ese día en que quedó preñada, en el pensamiento de ella y en su boca, ya ha nacido un varón.
La respuesta deleitó a Rabí Aja, y fue el punto de partida para proseguir hablando sobre el tema. Ya que a continuación ingresaron más sabios, y continuaron con este asunto.
Los sabios retomaron el tema del alma cuando se retira de delante del Creador, tras juramentarle que en su descenso a la tierra se ocupará de la Torá y los preceptos. Preguntaron que sucede después de eso.
Explicaron entonces, que antes de ingresar al cuerpo que le será asignado, el ángel la lleva a pasear por el Jardín del Eden que está en la tierra. Allí, contempla el honor de los sabios, y la enorme recompensa que ellos reciben, por el buen cometido que tuvieron en su descenso al mundo. Luego, el ángel la lleva al Gueinom (Infierno) y allí aprecia las penumbras de los que en su estadía en la tierra, infringieron la Torá del Todopoderoso.
En ambos lugares donde estuvo, el alma ha podido escuchar muchos testimonios, y todos le recomendaron seguir el camino de la Torá y los preceptos, cuando se invista en un cuerpo.
El mentado alma, investido en la “imágen” que presenta los rasgos del futuro ser humano que encarnará, ingresa al vientre de la madre, para permanecer junto al cuerpo del bebé hasta el día del nacimiento.
Durante el proceso de embarazo, el engendro estudia Torá con un ángel (Talmud Nida 31)
SUCESO ALUSIVO
Rabí Jía y Rabí Iosei iban por el camino, montando sobre sus burros. En un tramo del mismo, se toparon con un hombre, cuyo rostro estaba lleno de llagas. El individuo se hallaba parado debajo de un árbol. Los dos sabios centraron sus miradas en él, y advirtieron que su rostro, se encuentra totalmente enrojecido, a causa del flagelo que lo aquejaba.
Rabí Jia se acercó y preguntó al hombre: “¿quién eres?”.
El sujeto respondió: “Soy un judío”.
Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: “Ese hombre es un pecador. Pues si no fuere así, su cara no estaría llena de esas terribles llagas. Ese flagelo, no es un castigo por amor. Pues los isurim (flagelos) por amor, que son enviados a la persona por el Todopoderoso, para poder incrementarle el pago, son encubiertos. El motivo es, para que no sea profanado el nombre de Di-s y digan: ¡Así acontece al que hace su voluntad!. En cambio los isurim que sobrevienen por los pecados e iniquidades, son a la vista, para que el rebelde se avergüence, y arrepienta de su perversa conducta, siendo de esta forma perdonado”.
Rabí Jía consintió y proclamó: “Seguro que es como dices”.
El sabio (Rabí Jía) prosiguió explicando: “En la sección de la Torá llamada Tazría, está escrito (Vaykrá 13: 2-3): El hombre que tenga en la piel de su carne, seet, o sapajat, o baeret (son nombre de afecciones), será en la piel de su carne llaga tzaraat (así se la llamará). La traerá a Aharón el Kohen (oficiante), o a uno de sus hijos Kohanim. Verá el Kohen la llaga en la piel de la carne, y si un pelo en la llaga se volvió blanco, y el aspecto de la llaga es más profundo que la piel de su carne, es una llaga de tzaraat. Lo verá el Kohen, y lo declarará impuro”.
- En el texto, son nombradas tres clases de afecciones, y todas son llamadas “tzaraat”, tal como lo declara el mismo versículo al final. ¿Cuál es el significado de este concepto?.
-Significa que está encubierta de la vista de todos, y ningún hombre las ve, ni siquiera él mismo que la padece (solo siente el dolor que se manifiesta en uno de sus miembros interiores). En ese caso, está escrito: “La traerá a Aharón el Kohen, o a uno de sus hijos Kohanim”
- Lo que está escrito a continuación “Verá el Kohen la llaga en la piel de la carne”, se refiere a una llaga que es posible verla por cualquier persona, (si se la muestra, pues se encuentra en zonas que son cubiertas por las ropas).
En estos dos casos, es posible decir que esta clase de tzaraat, son flagelos del Todopoderoso, por amor, pues no son vistas por los demás. Pero lo que consta a continuación: “Lo verá el Kohen, y lo declarará impuro”. Se trata de aflicciones en zonas que no son tapadas por la ropa, y en ese caso, seguro que no son flagelos por amor, y provienen del lado de la impureza”.
Dijo Rabí Iosei a Rabí Jía: “¿De dónde se sabe que las aflicciones por amor están ocultas de las personas?.”
El mismo Rabí Iosei explicó: “Lo sabemos de lo declarado por el versículo (Proverbios 27: 5): Es bueno un reproche revelado. Pero el que es por amor, es oculto”. Analizando el texto, deducimos: ¿Encima que le reprocha, lo hace en forma revelada, frente a los demás?. Esa es una señal que no es por amor, pues lo avergüenza delante de otros. De todos modos, es algo bueno, ya que finalmente el infractor recapacitará, y su falta resultará expiada. Pero cuando el reproche es por amor, se lo hace en forma oculta, o sea, en privado, para no humillar al individuo”.
El erudito prosiguió: “Similar a este caso de un individuo que reprocha a otro, Hashem actúa con las personas. Primeramente con amor, propinándole dolores internos en su cuerpo, que solo el individuo siente. En caso de que este hombre reflexione y comprenda por que causa le sobreviene tal dolencia, podrá recapacitar y arrepentirse por lo hecho, en ese caso es perdonado. De no suceder así, el Todopoderoso, flagela su cuerpo en forma visible, pero en zonas que se encuentran debajo de la ropa. Si este hombre a través de esto, se arrepiente y corrige su andar, será perdonado. Hasta aquí son flagelos por amor
En caso de que este sujeto permanezca en su estado de rebeldía, el Creador lo flagela directamente con dolencias que no son por amor, sino a causa del pecado. Esta vez, será afectado directamente el rostro del impío, delante de todos, para que la gente se fije en él, sepa que es un pecador, y comprenda que no es de los amados por Di-s”.
El individuo que estaba parado debajo del árbol, y tenía su rostro plagado de llagas, había escuchado a los eruditos sin interrumpirles sus comentarios. Pero tras estas últimas palabras, estalló de furia, y se quejó por la dureza de ellos ante él. Les dijo: “¿Juntos vinieron para humillarme y hacerme sufrir?. Seguro que son ustedes de aquellos sabios que se sientan en la academia de estudios de Rabí Shimón bar Iojai, los cuales no tienen miedo de nada, (es como decir: ‘hacen lo que les viene en gana’).”.
El sujeto prosiguió su descarga: “Si vinieren mis hijos, os enfrentarían, y reprocharían a vosotros por haberme humillado y tratado de pecador. ¿Cómo es posible que hayan hablado abierta y públicamente, sin ningún tipo de reparo, y no pensaron que pueden venir mis hijos y reprocharles por esa actitud?”.
Los sabios le respondieron: “La Torá debe decirse abiertamente. En el lugar donde hay tumulto de personas, allí se deben pronunciar las palabras de la Torá. En los sitios donde las personas entran y salen, en cada poblado y ciudad, allí deben declararse abiertamente las enseñanzas de la Torá, a la vista de todos. ¿Acaso por las palabras de la Torá vamos a temer de ti?. Eso sería una vergüenza delante del Todopoderoso. Ya que mostraríamos mayor temor por un simple ser humano, que ante el Creador del universo, Quien nos dijo que enseñemos la Torá”.
Los eruditos agregaron: “Además, la Torá requiere transparencia. Esto significa, que la persona debe pensar interiormente lo mismo que expresa exteriormente, a través de sus palabras y actos. No debe el individuo decir a su prójimo ‘¡Qué inteligente eres!’, y por dentro piensa: ‘¡Es un hipócrita!’. La persona debe ser sincera, genuina y auténtica. Necesita el individuo hablar sus asuntos en forma abierta y clara”.
El hombre flagelado por las llagas se dio cuenta de la certeza de las palabras de los sabios, quienes tuvieron la capacidad de ver de antemano, que este sujeto no escuchará términos amables, al estar convencido que actuó correctamente en su vida. Por eso debieron utilizar terminología severa, para de este modo, poder penetrar en su corazón, y hacerle ver la realidad.
El individuo, gracias a las palabras de los eruditos recapacitó, y reconoció su falta. De inmediato pronunció los trece atributos de misericordia escritos en el libro de la Torá (Shemot 34: 6-7): “Pasó Di-s frente a su rostro (de Moshé), y proclamó: ¡Di-s, Di-s!. ¡Di-s piadoso y misericordioso, lento para la ira, y de inmensa bondad y verdad. Mantiene la bondad por dos mil de generaciones, perdonando iniquidad, transgresión y pecado ...! ”
El hombre, conmovido, luego de pronunciar la alabanza anterior, comenzó a confesar: “¡He pecado, he transgredido...!”. Luego alzó sus brazos al cielo y lloró. Se arrepintió totalmente por su mala conducta.
Entretanto, sus hijos llegaron, y cuando el más pequeño vio a su padre llorando, comprendió que los sabios lo habían afligido por causa de los visibles flagelos de su rostro.
El pequeño se acercó y comenzó a decir: “Mi padre ha recibido ayuda del Cielo en este sitio, pues con certeza se ha percatado aquí por su pecado de no haber reprochado a los pobladores de la ciudad. Ahora, seguro que se arrepentirá por ello, y será sanado”.
El muchacho, luego de esta aseveración, comenzó a explicar un versículo del libro Kohelet (el Predicador) (7: 15): “Existe el justo que se pierde en su justicia, y el malvado que prolonga su maldad”.
La explicación de “Existe el justo que se pierde en su justicia” es, que cuando hay muchos pecadores en el mundo, y el dictamen que recaerá sobre la población es, por el efecto de los pecados de ellos, entonces el justo resulta flagelado, si es que no les reprocha. Tal como aconteció a mi padre, quien fue flagelado por no reprochar a la gente de la ciudad. Ya que todos eran atrevidos e insolentes frente a él, y él no les recriminó, ni les advirtió nada, porque jamás quiso avergonzarlos. Además, nos reprochaba a nosotros, para que no riñamos con esos malvados, y nos citaba lo que está escrito en el libro de los Salmos: (37: 1): “No te entrometas con los malvados”.
El chico prosiguió: “Mi padre, pensaba que está cumpliendo un precepto a partir de este versículo, por ello, en el libro de Kohelet antes mencionado, consta ““Existe el justo que se pierde en su justicia”. Esto significa, que él pensaba que está realizando un acto de bien, pero en verdad, la explicación del versículo “No te entremezcles con los malvados” es, “No seas como ellos”, es decir, “No te entremezcles con los actos realizados por los malvados”.
El padre del joven consintió plenamente con las palabras de su hijo y dijo a los sabios: “Seguro que Di-s me castigó por eso, pues tuve la posibilidad de reprocharles a los malvados de mi ciudad, y no lo hice, tanto en manera pública, ni en privado”.
La fuerza que tienen las palabras, es muy grande, tal como lo vimos en este caso, por eso, el hijo de este hombre, siguió explicado referente a este tema:
El hombre es llamado “espíritu parlante”, tal como traduce el erudito Onkelus en el Pentateuco, quien atribuye el término que mencionamos a las palabras “alma viviente”. El versículo donde acontece esto es (Bereshit 2: 7): “Creó Di-s al hombre, del polvo de la tierra, e insufló en sus narices espíritu de vida, y fue el hombre un alma viviente”.
Esto no quiere decir – prosiguió el chico – que la diferencia con los otros seres sea la capacidad de hablar, ya que todas las especies se comunican entre ellos. La sentencia se refiere a que el alma del individuo tiene la posibilidad de ascender y hablar delante del Todopoderoso, ingresando a todos los compartimentos del “Palacio”, sin que nadie se lo impida.
Es ese el motivo por el cual la Torá advierte: “Salmos 34: 14”: “Cuida tu lengua de hablar mal”. Además, consta en el libro de los Proverbios (21: 23): “Quien cuida su boca y su lengua, protege de aflicciones a su alma”.
La primera parte del versículo “Quien cuida su boca y su lengua” es, porque si sus labios y lengua hablan palabras malas, las mismas ascienden a las alturas celestiales. En el momento de ellas subir, todos en el Cielo pregonan: “¡Apártense del entorno de la mala palabra de fulano!. –y dicen- ¡Hagan lugar, para que pasen, porque esas palabras van camino a la serpiente malvada (la misma que tentó a Javá, la esposa de Adam, a pecar y comer del fruto del árbol prohibido)!. ¡Dejen pasar a esa palabra, pues al lado de la serpiente es el lugar del lashón hará (términos inicuos)!.
En el instante de producirse esto, el nivel más alto del alma, llamado “neshamá”, y del cual no todos gozan el mérito de tener, se aparta de la persona, ingresando en su reemplazo, un espíritu de impureza. Y desde ese momento, su alma ya no podrá atravesar todos los compartimentos del “Palacio”, y volver a hablar delante del Creador como antes.
Lo expuesto es a lo que se refiere el versículo: (Salmos 39: 3): “Callé silenciosamente, callé de pronunciar el bien”.
El alma de aquel que profirió palabras obscenas, asciende con vergüenza y apremio a todos lados, ya que todos la afligen, y no le dan lugar como antes, para subir libremente. Es acerca de este suceso, lo expresado por el versículo antes citado del libro de los Proverbios: “Quien cuida su boca y su lengua, protege de aflicciones a su alma”.
Aquella alma, que otrora hablaba libremente delante del Todopoderoso, va enmudeciendo, por causa de esa mala palabra pronunciada. En ese momento, la serpiente antigua se aparece para tomar esa palabra, por razón que todo regresa a su lugar. Y la mala palabra, debe retornar al lugar malo, al lado de la serpiente, pues allí es su lugar.
En el momento en que la mala palabra sube, a través de los caminos que conducen al sitio mencionado, en el instante de llegar, se posa delante de la serpiente. Entonces, simultáneamente en el mundo se despiertan muchos malos espíritus, y uno que se encuentra al lado de la serpiente desciende, y se posa sobre el individuo que profirió la mala palabra. Ingresa a él, tomando el lugar que había dejado el alma santa, y lo impurifica. Es entonces, cuando la persona se torna “metzorá” (afectado por las llagas mencionadas en nuestra parashá).
1 - Tratado talmúdico de Nidá 31ª -Zohar parashá Tazría
2 - Zohar parashá Terumá 161ª - Zohar parashat Tazría 43 a 46 – Explicaciones de Ramak y Ariza”l.
Shalom
vehatzlaja
R'
David ben Israel
|