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Las Preguntas de la gente.

Pregunta enviada por:  Beto

Superación, Plegaria y Kadish:

Tengo 41 años, Casado con dos hijas y desde hace 2 meses (25 elul) que fallecio mi papá estoy tratando de cumplir cada vez un poco mas. Me estoy poniendo los tefilim, con shajrit en el templo asi puedo hacer KADISH,voy a la tarde a Minja y Arbit 

Y ESTOY MUY CONTENTO . Me resulta muy bueno y me aclara mucho leer las preguntas y respuestas que leeo en su pagina muchas gracias y le pido que cuando puedan realizen un reso en memoria de mi papá z"l ELIAU ben ZELHA. y que D"s los acompañen en todas sus mitzvot

Respuesta a cargo de R' David ben Israel:

Shalom Beto:  

Ese es efectivamente el camino a seguir, crecer cada día un poco más, básicamente en el aspecto espiritual, lo cual sin lugar a dudas afectará también en lo material.

El rezo en minián, es decir, en grupo, es siempre escuchado por el Todopoderoso, y las plegarias que se recitan no retornan vacías.

Además, al rezar diez o más hombres juntos, es posible recitar el kadish, que es una alabanza elevadísima que se realiza en memoria de los difuntos.

Esta alabanza tiene un poder extraordinario, y puede elevar el alma del fallecido a niveles y mundos elevadísimos.

Para comprender más acerca de ello, narraremos este suceso acontecido con el famosísimo Rabí Yosef Jaim Zonenfeld.

El relato:

Una señora muy honorable, cuyo esposo era un exitoso comerciante, acostumbraba desde hace varios años acercar cada tanto su donación a la academia de estudios de Torá (Ieshivá). Solo que ponía una condición a su contribución: que los alumnos de la Ieshivá reciten kadish para todas aquellas almas que abandonaron este mundo y no tienen quién recite por ellos kadish. Para satisfacer el petitorio de la dama, el director de la Ieshivá designó un muchacho  que se ocupe especialmente de esta tarea en beneficio de estas almas solitarias.

Cierto día, el marido de esta señora abandona este mundo, y al ser que él dirija los negocios conjuntamente con su esposa, su desaparecimiento perjudicó las utilidades de las empresas que tenían en común, hasta que finalmente se produjo la quiebra, quedando la señora en una situación económica muy precaria.

Al cabo de un tiempo, además de esta mujer tener que soportar ahora la pobreza en la que se hallaba inmersa, se le sumó una nueva carga: sus dos hijas habían llegado a la edad de contraer enlace, y el dinero para casarlas ¿de dónde?. Sin embargo, la señora afrontó el destino que le había tocado con amor, teniendo en cuenta que lo que le toca vivir es también parte de los designios del Creador y no protestó por su suerte.

Solo había una cosa a la que no podía rehusar, por la cual su corazón estaba angustiado y le dolía en gran manera, se trataba del asunto del kadish por las almas solitarias que al haber cesado sus contribuciones a la Ieshivá para este fin, indefectiblemente se interrumpiría.

Decidió con su espíritu repleto de amargura, dirigirse a los directivos de la Ieshivá y solicitarles que pese a que ahora no puede continuar aportando los fondos necesarios para que se continúe con el recitado del kadish por las almas solitarias, que de todos modos prosigan con esto hasta que Hashem le otorgue nuevamente dinero para poder reanudar la obra.

Los directivos de la Ieshivá se conmovieron en gran manera por la integridad de corazón y el alma maravillosa que lleva en su interior esta señora viuda, y le aseguraron que actuarían acorde a su voluntad, es decir, continuarían con el recitado de kadish por las almas solitarias.

Estas palabras llenaron su espíritu de felicidad, y sus ojos parecían emanar centellas relampagueantes por su dicha, así, se despidió de los dirigentes.

Mientras regresaba a su casa, cuando hubo salido a la calle, se aparece frente a ella un anciano desconocido de barba blanca como la nieve que la saluda y comienza a interiorizarse en sus asuntos y la situación de sus hijas.

La señora suspiró y relató al anciano su amarga suerte que se hizo presa de ella, y la estrepitosa caída de su situación económica. Le contó lo que sentía al pasar de ser una mujer rica y luego llegar a una posición catastrófica, que además no tiene los medios necesarios para ocuparse del casamiento de sus hijas que ya llegaron a edad de contraer enlace.

El anciano le preguntó: "¿Cuánto necesitas para casar  a tus dos hijas?"

"¿Para qué deseas saber?" - pregunta la mujer con sorpresa, y luego le dijo cual era la suma requerida.

El anciano extrajo un papel y escribió una orden para el banco local, indicando que le abonen a la señora la suma fijada.

Solo que antes de firmar, pidió que por tratarse de una cifra muy elevada, es conveniente que testigos presencien el momento de la validación de la documentación, y que ellos también estampen sus firmas en el papel.

Totalmente conmovida, la señora subió a la Ieshivá y pidió a dos de los jóvenes que allí estudiaban que la acompañen. 

Cuando el anciano los hubo visto, les indicó que presten suma atención en el momento que estampa su firma en el documento. Y para mayor seguridad, solicitó a los jóvenes una hoja de papel y dibujó allí su firma para que comprueben que la que escribirá ahora en el documento es auténticamente la suya.

Luego ordenó a la mujer que vaya a buscar la suma al banco por la mañana del día siguiente.

Todo esto pareió a la mujer, que se mostraba anonadada, raro y extraño. Pensó: "¿Qué cosa vio este extraño anciano en ella para hacerle todas estas bondades, a tal punto de cubrir completamente los gastos del casamiento de sus dos hijas?".

Así, aguardó hasta el día siguiente con su corazón agitado hasta la apertura del banco y probar suerte con el papel que el longevo hombre le había entregado.

Cuando el empleado bancario recibió la orden de pago, dirigió su mirada hacia la mujer una y otra vez, observaba la orden nuevamente, y mostraba signos de estar desconcertado. 

Pidió a la señora que aguarde e ingresó con la orden a la oficina del director del banco que además era su dueño.

En ese momento, ocurrió algo un tanto dramático, pues al ver la orden, el dueño del banco cayó de su silla y se desmayó.

Los empleados de la institución escucharon lo que sucedió, y tomaron la decisión de encerrar a la mujer en una de las salas laterales, disponiendo un guardia para que cuide que no huya, pensando que podía tratarse de algún acto de estafa o algo similar.

Cuando se hubo recuperado el director del banco, pidió ver a la mujer que trajo la orden de pago.

Una vez que la dama hubo ingresado a su despacho, el dueño le pregunta "¿Cómo y cuando consiguió esta orden?"

La mujer responde: "Ayer la recibí de un judío honorable de una larga barba blanca, y hay dos muchachos de la Ieshivá que pueden atestiguar, ya que estuvieron presentes y contemplaron el momento en el cual quién escribió la orden firmó sobre la misma".

El director del banco le preguntó: "¿Podría reconocer al anciano si le muestro una foto?"

La señora respondió: "Seguro que si!. Y no me cabe ninguna duda que también los dos muchachos de la Ieshivá lo pueden identificar!" 

El dueño del banco ordenó traer fotos de su padre. Y cuando extendió las imágenes delante de la señora, la dama lo señaló como el hombre que le entregó la orden.

El dueño del banco ordenó que le paguen lo que dice en el documento y la dejen ir.

Cuando la mujer se hubo retirado, el dueño del banco relató a los presentes acerca de lo que había sucedido frente a sus ojos: "El anciano que le entregó la orden no es sino mi que abandonó este mundo hace ya diez años"

La noche anterior a este suceso, se presentó mi progenitor en medio del sueño y me dijo: "Has de saber que desde el momento en el que te apartaste del camino recto casándote con una no judía, y dejaste de cuidar el recitado del kadish, mi alma no hallaba descanso, hasta que vino la señora viuda (aquí mencionó el nombre de ella) y ordenó recitar kadish por las almas que no tienen quién recite kadish por ellas. Y tuve el mérito que me alcance ese kadish que recitaron en la Ieshivá por orden de la mujer, y eso provocó que mi alma se eleve y halle reposo. Mañana por la mañana, se presentará esa señora en tu banco con una orden donde escribí una suma que costeará los gastos de casamiento de sus dos hijas".

"Cuando desperté - relata el dueño del banco - exaltado por el sueño, lo conté a mi esposa que se burló de todo este asunto. Pero desde el momento en que se presentó la mujer con la orden supe que el sueño era verdad"

Al finalizar este relato el Rab Zonenfeld dijo: "¿Saben quiénes eran los dos muchachos que presenciaron el hecho e hicieron las veces de testigos?: Yo y mi amigo, el Rab Grinvaldt"

Finalmente, el dueño del banco volvió en teshubá (retomó la buena senda), y su esposa se convirtió al judaismo de acuerdo a las leyes de la Torá, y tuvieron el mérito de construir una casa fiel a la Torá y sus mandamientos.

Shalom y buena suerte

R' David ben Israel.

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