Hola
la verdad es que tengo esta duda hace mucho tiempo y quería
aclararla...
Es
una pregunta que me esta preocupando hace bastante tiempo.
Yo soy una adolescente de 18 años, que cumplo Torá
y mitzvot –los preceptos-, pero, hay algo que no lo
entiendo.
Según
la Torá un iehudi -judío- tiene que estar
alegre, y para eso algo muy importante es utilizar el máximo
potencial de cada uno. Así también todas las
herramientas que Hashem -Dios- le otorgó. ¡Pero
hay cosas que una chica de Israel no puede hacer! Por ejemplo,
bailar, o patinar sobre hielo, o muchísimas cosas,
que la verdad me gustan, pero como soy iehudia -judía-
no puedo hacerlas, entonces parecería que uno se
inhibe y se mete para dentro porque hay cosas que la Torá
no permite, pero son tendencias que Hashem le dio a uno...
Entonces
no entiendo ¿No es que la Torá quiere desarrollar
lo máximo de cada uno? ¿Y como hacerlo si
hay veces que no se puede?
Muchas
gracias
Shira
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Shira::
Me
es muy grato escuchar que una adolescente de 18 años
se encuentra en el camino de los preceptos y se esfuerza
por cumplirlos mejor.
Pasemos
directamente al asunto consultado. Usted me informa poseer
tentaciones características de una joven de 18 años,
como ir a bailar o patinar sobre hielo, y piensa que está
prohibido por la Torá. Pero en realidad en la Torá
no hay ninguna prohibición de ese tipo. Y tampoco
los sabios han impuesto dictámenes contra esas prácticas.
Es más, existen muchas jóvenes judías
religiosas que asisten a academias de baile y se divierten
mucho con sus danzas. Y posiblemente existan también
academias de patinaje sobre hielo. Nadie prohibió
esas actividades. Lo que sí se evita es un mal entorno.
Por eso muchos padres y educadores instruyen a los jóvenes
religiosos con celo, advirtiéndoles que no vayan
a sitios que no son adecuados para su desarrollo.
Ahora
bien, supongamos que en su pregunta no se refiere precisamente
a la actividad de patinar sobre hielo o bailar, sino al
goce que se experimenta asistiendo a las grandes pistas
de patinaje o a las discotecas a las que concurren multitudes
con el fin de pasar un buen rato y divertirse. En ese caso,
el problema radica en el origen del deseo. Pues se trata
de otro tipo de ambiente, y de otras formas de llevar a
cabo esas actividades, donde las mismas ni siquiera están
en un primer plano en muchas ocasiones.
Si
la situación real es esta, muy posiblemente pretende
hacer esto porque tiene amigas que le han contado acerca
de estas actividades. Y como ellas lo hacen, tratan de convencerla
para que también usted vaya y se divierta con ellas.
Hemos
llegado a una gran disyuntiva, por un lado están
sus amigas y su forma de vida, y por otro lado sus padres
y la forma de vida de ellos. Y cada uno intenta llevarla
por el camino trazado por sus principios.
Ahora
bien, debido a la confusión, tal vez no esté
segura cuál camino tomar. Y en un caso así
es muy difícil satisfacer a ambas partes. Pues la
conducta de las personas que asisten a las discotecas se
pega muy rápidamente, y cuando quiera compartir la
mesa o cualquier otra actividad con sus padres, no podrá
evitar expresar modismos que habrá adquirido en aquellos
sitios y molestarán a sus progenitores y hermanos
que siguen la línea de ellos. Y recíprocamente
le sucederá en las discotecas, donde a los demás
jóvenes les molestará su actitud moderada
y reservada.
Como
lo ve, es un caso difícil de resolver. Aunque yo
pienso que al analizarlo fríamente se inclinará
por el camino que le enseñaron sus padres. Al menos
eso intuyo del modo en que se expresó al redactar
la carta que me envió. Por tal razón, trataré
de ofrecerle razones valederas y objetivas, con el fin de
acelerar esa toma de decisión y evitar que se genere
un resquicio dentro del núcleo familiar.
Considere
que una persona observante de los preceptos, si va a bailar
a una discoteca, seguramente conocerá a un joven
con el que primero bailará y después tranzará
una amistad. Tal como sucede con sus amigas y demás
jóvenes que van a bailar a esos lugares. Después,
muy posiblemente comenzará una amistad con el joven
que conoció, y lo más probable es que en un
futuro próximo llegarán a tocarse y besarse.
Esto
conllevará a una relación que por lo general
durará unos meses y acabará. Sólo que
muy posiblemente entre tanto usted habrá perdido
su virginidad y su dignidad moral.
Esta
es la causa por la cual en el mundo libre, de aquellos que
no observan los preceptos, hay un margen tan alto de divorcios.
Es porque aprendieron a que una relación empieza
y termina cuando se desgasta. Pero el judaísmo no
es así. El judaísmo se preocupa en educar
y forjar a sus jóvenes para que conozcan a su pareja
mediante presentaciones, elijan y recién allí
se casarán y mantendrán relaciones con el
objetivo de formar una familia unida, noble y alegre. Sólo
en casos extremos se consumas divorcios, tal como lo ordena
la Torá para un caso de convivencia inllevable, pero
la mayoría de las parejas perduran unidas hasta que
la muerte los separa.
Personalmente
he recibido innumerables consultas de hijos provenientes
de matrimonios divorciados, o amigos o allegados que se
interesan por ellos y pretenden ayudarles. Es realmente
estremecedor escuchar sus testimonios y enterarse del tremendo
vacío que sienten esos jóvenes, causado por
la falta de un hogar familiar. Muchos de esos chicos acaban
en la drogadicción, en la delincuencia, o en la prostitución.
Ellos toman esos caminos porque se sienten incomprendidos,
y necesitan encontrar un medio que les permita deshacerse
de sus cargas emocionales acumuladas durante tantos momentos
de angustia, sensación de impotencia e incomprensión.
Este
terrible desenlace ¿donde se originó? En esa
discoteca a la que los padres asistieron veinte años
atrás. Allí se conocieron, comenzaron a salir,
y formaron una pareja, tras lo cuál engendraron a
este niño. Actuaron tal como lo habían aprendido,
vivir la vida y disfrutar hasta que la relación acabe.
Pero
usted no debe cometer este mismo error que tantos cometieron.
Usted debe analizar que sucederá en el futuro con
lo que hará ahora y recién entonces decidir.
Tal como lo enseñaron los sabios de Israel: ¿Quién
es sabio? El que ve el origen de las cosas. Es decir, el
que ve lo que sucederá en el futuro con lo que hace
en este momento (Tratado de Avot)
Recuerde
que no solo usted tiene tentaciones de probar los deleites
del mundo. Cada uno de acuerdo a su situación, tiene
los mismos deseos que usted. Por ejemplo, un diabético
tiene deseos de beber café con azúcar, pero
analiza y deduce, que si lo hace, su salud se perjudicará.
Así usted, debe analizar y ver que sucederá
con lo que hace ahora.
Y
recuerde, que el mal instinto fue puesto en la persona para
que lo venza y reciba en el Mundo Venidero el pago por haberlo
derrotado.
En
el Talmud se enseña, que a cada instante debemos
soportar el acoso del mal instinto, el cual pretende tentarnos
para que cometamos infracciones y hagamos inversamente a
la voluntad de Dios. Pero eso es ahora, en el futuro, el
mal instinto será degollado delante de los justos
y también ante la presencia de aquellos que se comportaron
inadecuadamente.
Después
de este suceso, los justos verán al mal instinto
que yace inerte frente a ellos y tiene el tamaño
semejante al de una gran montaña; mientras a los
que se condujeron yendo detrás de sus placeres mundanos
y tentaciones inicuas en su pasaje por este mundo, les parecerá
tan pequeño como el tamaño de un cabello.
Ante
esta imagen del mal instinto caído, los justos llorarán
y los malvados llorarán. Los justos dirán:
¿Cómo puede con una montaña tan grande
como esta?. Y los pecadores, también en medio de
su sollozo dirán: ¿Tan pequeño que
era y no pude con él? (Talmud Sucá 52).
Uno
se pregunta: ¿Por qué llorarán los
justos ante la muerte del mal instinto? Su llanto se debe
a que ya no podrán vencerlo, y obtener más
paga por derrotarlo y disfrutar de esa retribución
en el Mundo Venidero. Es por esta razón, que mientras
el mal instinto está en nuestro interior, debemos
luchar contra él y doblegarlo, para poder vivir felices
y placenteramente en el Mundo Venidero.
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