Le
escribo pues quisiera pedirle su consejo y a su vez ver
que opina una persona ajena a mi problema.
Resulta
que hace aprox un año vine a Nueva Zelandia con una
perspectiva de
cambiar de aire (soy de Argentina), limpiar la mente en
tierras nuevas, trabajar
y hacer negocios y de alguna manera empezar una nueva vida.
Hoy
luego 1 año aquí siento que no logre lo que
me propuse y eso en alguna
manera me frustra.
Siento
que no me afiance en muchas cosas que pensaba afianzarme
y que cometí muchos de los mismo errores que cometí
en Argentina. Por otro lado, vine a mejorar y superarme.
Tengo
25 años y aquí vine solo y eso no es fácil.
En
cierto sentido muchas cosas y forma de vivir de acá
realmente me gustan
mucho.
Pero
por otro no estoy con la comunidad judía de acá
(que la note muy fría y no hospitalaria) y eso me
genera dolor, no estar con gente como uno.
Ayer
leí un art. En una revista que se llama The Economist
y había un articulo
de como está floreciendo la comunidad judía
en Alemania y veía una foto de unos rabinos, y para
serle sincero y con el perdón de la expresión
nunca pensé que iba extrañar tanto a los barbudos
y religiosos.
Siento
que podria instalarme bien aqui pero por otro no siento
buen feeling con la comunidad y extraño demasiado
ir al Beit Hakneset -Sinagoga- o escuchar shiurim –clases
de Torá- o pensar en conjunto con gente que estudia
Tora.
Si
bien leo articulos, no es lo mismo.
Por
otro lado, al alejarme de la comunidad me junté con
gente que no es como yo, en cuanto a tradiciones y valores
y por ej hace dos Shabat me encontraba trabajando y de repente
cuando me di cuenta no lo podía creer, que estaba
haciendo? Y realmente me hizo sentir mal con mi conciencia.
En otro sentido, empecé a tomar trabajos casuales
que no tienen nada que ver con mi preparacion ni capacidad
(no tengo prob en trabajar en lo que sea mientras sea digno)
pero por otro siento que seria mas productivo en otras áreas,
pero ese tipo de trabajos en donde si podría ser
productivo no me dan la oportunidad de demostrarlo trabajando
ahí. El único que me dio la oportunidad al
mes me ascendió a gerente, pero renuncie hace una
semana pues habia que trabajar en Shabat y habia muchas
cosas que estaban en contra de mis creencias.
Ahora
tengo que volver nuevamente a los trabajos básicos
(para los que tengo que moverme de ciudad donde no hay yehudim
-judíos), pero no quiero eso para mi futuro, ni tampoco
vivir sin una vida yehudi o formar una linda familia (que
ya quisiera formar). Siento que doy para muchísimo
mas y soy una persona que constantemente quiere aprender
y mejorar, pero hoy no veo bien la luz en el fondo del túnel.
Con
respecto a volver a Argentina, no me gustaría pues
hay muchas cosas de allá que me desagradan y a la
hora de formar un mejor futuro, no lo veo por alla, aunque
si podria forjarse. Y en otro sentido tanto Nueva Zelandia
como Australia me parecen países con gran perspectiva
y buena calidad de vida. Pero, rebobinando mi mente cuando
puse mi pie en el avion, aca vine a hacer algo interesante
y bueno, no a dar vueltas de un lado para el otro y no generar
resultados.
Quiero
ayudar, realmente quiero ayudar a mucha gente que conozco
y que no conozco tambien, pero aun no encuentro el camino.
Que
me aconseja querido Rabbi? Que hiciera ud si fuera yo?
Muchas
gracias por leer la carta un tanto extendida y tomarse las
molestias.
Shavua
tov!!!
Mauricio
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Mauricio:
Creo
comprender perfectamente su situación. A mi criterio,
los síntomas que evidencia son claros y altamente
positivos. Se encuentra en estos momentos en una etapa clave
de su vida en la que reina cierta confusión, mas
percibe con claridad una voz interior que le reclama tomar
una decisión que le permita dar el paso correcto
para sentirse feliz, sosegado y con paz interior.
Para
esclarecer este asunto es necesario considerar que en una
etapa previa, no muy lejana, nutrió a su alma con
las mejores delicias, suministrándole estudio, compartiéndolo
con otras personas, observando y poniendo en práctica
lo que aprendía. Luego, fue en busca de una apertura
económica más aliviada que le permita forjar
su provenir. En esta nueva etapa trabaja y logra metas importantes,
aunque no totales. Ya que se contraponen con los principios
que atesoró en el pasado y no está dispuesto
a perderlos tan fácilmente. Siente la presión
interior de su alma que le reclama el alimento espiritual
que ingería hasta no hace mucho y donde se encuentra
actualmente no tiene posibilidades concretas de conseguir.
La
decisión que hay que tomar es clara, algo hay que
sacrificar y debe decidirse qué, si la aspiración
por intentar un crecimiento económico inmediato,
o el desarrollo de los valores espirituales en un entorno
que no es el más adecuado.
Para
ayudarle en esta difícil decisión, es propicio
observar una situación idéntica que aconteció
con dos eruditos de Israel, quedando este suceso registrado
en el Talmud.
Ilfa y Rabí Iojanán estudiaban Torá
en la Academia -Ieshivá. Cierta vez se encontraron
apretados económicamente y uno dijo al otro: salgamos
para emprender un negocio. De este modo cumpliremos con
el versículo que declara: “No habrá
indigentes entre vosotros” (Deuteronomio 15:4)
Los
hombres abandonaron el lugar y fueron en busca de su propósito.
En el camino se sentaron bajo un muro tambaleante. Allí
desenvolvieron un emparedado para almorzar y comenzaron
a ingerirlo.
Mientras
esto ocurría se aparecieron dos ángeles que
se ubicaron cerca del lugar.
Rabí
Iojanán escuchó que uno decía al otro:
echemos sorbe ellos el muro. El otro respondió: no
lo hagamos, pues uno de ellos triunfará.
Rabí
Iojanán le dijo a Ilfa: ¿Maestro, ha escuchado
usted algo?
Ilfa
le respondió: ¡No!
Rabí
Iojanán consideró: dado que él no escuchó
y yo sí, seguramente se refirió a mí.
Rabí
Iojanán decidió volverse, por eso le dijo
a Ilfa: regresaré para cumplir con el versículo
que declara: “Pues los indigentes no dejarán
de existir en la Tierra”. (Deuteronomio 15:11)
Rabí
Iojanán regresó a la Academia a seguir estudiando
e Ilfa no regresó.
El
tiempo pasó, y cuando finalmente Ilfa retornó
a la ciudad, se encontró con que Rabí Iojanán
era el Director Principal de la Academia.
Los
lugareños le dijeron a Ilfa: si usted, maestro, hubiera
permanecido en la academia estudiando, el maestro –Rabí
Iojanán- no sería en estos momentos el Director.
(Observad que Rabí Iojanán lo llamó
maestro cuando se dirigió a él en momentos
en que habían partido, evidenciando la gran capacidad
y nivel de conocimientos que poseía Ilfa) (Taanit
21a)
Considero
que existe una gran similitud en lo que le ocurre personalmente
y lo narrado en este suceso talmúdico. Por eso le
sugiero, en caso en que crea indispensable seguir los pasos
de Ilfa e ir en busca de un porvenir económico mejor,
hágalo, pero siempre y cuando sea en un sitio donde
pueda compartir al menos algunas horas de estudio con otras
personas que siguen los mismos objetivos. Sin embargo, si
considera que puede hacerlo, regrese a la Academia y siga
los pasos de Rabí Iojanán. En la carta que
me envió se nota la gran capacidad que posee y la
alta sensibilidad con la que cuenta para tratar con las
personas. Creo que tiene todo el potencial necesario para
convertirse en un verdadero líder comunitario, crecer
como persona y ayudar a mucha gente a superarse.
Cabe
señalar que los exegetas talmúdicos acotan,
que Rabí Iojanán fue nombrado Director de
la Academia, y cuando eso ocurrió, su situación
económica se tornó inmejorable. Ya que era
costumbre del lugar que el Director era enriquecido de la
misma forma como lo hacía el pueblo con el Sacerdote
Principal –Cohen Gadol. Tal como lo enseña
el Talmud: si bien un Gran Sacerdote debe ser más
grande que sus hermanos en fuerza, belleza, sabiduría
y riqueza, si no poseía riqueza, sus hermanos, el
resto de los sacerdotes, lo engrandecían y lo enriquecían,
tal como está escrito (Levítico 21:10): “Y
el sacerdote, el grande de sus hermanos”, lo cual
es explicado como: “lo engrandecían de sus
hermanos”. (Iomá 18:1)
Le deseo éxitos en todo y que tome la decisión
adecuada.
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