Preguntas y respuestas

Respuesta número: 2029

Pregunta enviada por: Xitlalita

Tema: ¿Cómo encontrar a Dios?

Hola, buenas tardes.

Me cuesta trabajo comenzar a expresar lo que me angustia, dado que me avergüenza.

Pero en fin. mi novio y yo estamos proximos a casarnos el mes que entra, y hemos estado muy interesados en el judaismo como forma de vida.
lo que me preocupa es que siento que estamos mas ilusionados con la imagen del ser judios que mas por el amor a Dios, creo que no estamos informados para nada sobre lo que el ser judio es.

Yo por mi parte deseo formar un hogar que siga los preceptos de Dios y poder ser
una mujer que le agrade a Dios por mis acciones, y me da mucho temor que mis
constantes deseos a la conversión del judaísmo ofendan a Dios.
Mi novio no esta para nada comprometido a conocer la palabra de Dios ni por el
hecho de su deseo de conversión.

¿Como puedo hacer para convencerlo de que primero tiene que amar y respetar a
Dios para poder despues pensar en el judaismo?

¿Y como puedo hacer yo, para conocer los preceptos de Dios y así poder pensar en la conversión?.

De antemano muchas gracias.

La pregunta en concreto es: ¿cómo podemos hacer mi novio y yo para crecer en nuestra fe en Dios?

Xitlalita

Respuesta a cargo de R' David ben Israel:  

Shalom Xitlalita:

Muchas de las cosas que plantea se las respondí en el mensaje anterior ( respuesta 2028).

En esta oportunidad sólo aclararé una cuestión de las que propone aquí, la cual no aparece en el texto anterior que me envió y es totalmente válida y bella: ¿Y como puedo hacer yo, para conocer los preceptos de Dios y así poder pensar en la conversión?.

Le contaré brevemente lo que sucedió con un hombre que se encontraba en una situación muy similar a la suya y comprenderá perfectamente como deberá actuar en caso de desear hacerlo.

Este suceso aconteció con Rabí Eliezer, el hijo de Hurkenus. Su padre tenía operarios que araban en los surcos, y él araba en suelo pedregoso. Se sentó y lloraba. Su padre le preguntó: ¿por qué lloras?, ¿quizá te apenas porque trabajas en suelo pedregoso?. ¡Ahora ararás en los surcos!.

Pero su hijo se sentó sobre los surcos y lloraba. Le preguntó: ¿por qué lloras? ¿Quizá porque trabajas en los surcos?.

Le dijo: ¡No!. ¿Y por qué lloras?. Porque deseo estudiar Torá.

Le dijo: ¡Tienes ya veintiocho años ¿y pretendes estudiar Torá?; más bien toma para ti una mujer, que te sea por esposa, te dará hijos y los llevarás a la escuela para que estudien.

Transcurrieron dos Shabat sin que pruebe bocado, hasta que se le reveló el profeta Elías, quién le dijo:

"¡Hijo de Hurkenus!, ¿Por qué lloras?".

Le dijo: "Porque quiero estudiar Torá".

Le dijo el profeta: "Si pretendes estudiar Torá, sube a Jerusalén y ve a lo de Rabí Iojanán hijo de Zakai.

Se levantó y se encaminó hacia lo de Rabí Iojanán hijo de Zakai.

Cuando llegó, se sentó y lloraba.

Rabí Iojanán ben Zacai le preguntó: ¿Por qué lloras?.

Le dijo: Porque deseo estudiar Torá.

Le preguntó Rabí Iojanán ben Zacai: ¿De quién eres hijo?.

El joven no respondió.

Rabí Iojanán ben Zacai le preguntó: "¿No has estudiado el recitado de la oración denominada "Shemá Isarel", ni como recitar la plegaria ni la bendición para después de las comidas?".

Le dijo: ¡No!.

Le dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "¡Levántate que te enseñaré las tres!".

Se sentó y lloraba.

Le dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "Hijo mío ¿Por qué lloras?".

Le dijo: ¡Porque quiero estudiar Torá!.

Rabí Iojanán ben Zacai le solía enseñar dos leyes cada día de la semana;

El muchacho las repetía y se apegaba a las enseñanzas.

De todos modos transcurrieron ocho días que no probó bocado, hasta tal punto que salió un feo olor de su boca delante de Rabí Iojanán hijo de Zakai, quién se levantó de delante de su presencia.

El joven se sentó y lloraba.

Le dijo Rabí Iojanán ben Zacai "¿Por qué lloras?".

El joven respondió: ¿Por qué usted se paró de ante mí como un hombre que se levanta delante de un apestado.

Le dijo: ¡Hijo mío, así como salió olor de ti, de esa misma manera que suba el aroma de las leyes de la Torá de tu boca hasta el cielo!.

Le dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "¿De quién eres hijo?".

Respondió: "soy hijo de Hurkaenus".

Le dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "Eres hijo de uno de los hombres más poderosos, y no me lo querías decir. Le dijo, ¡hoy comes en mi casa!".

Le dijo: "Ya comí en lo de mis anfitriones".

Le preguntó Rabí Iojanán ben Zacai: "¿Quiénes son tus anfitriones?".

Le dijo: "Rabí Ieoshúa hijo de Jananiá y Rabí Iosei el Cohen".

Envió por sus anfitriones y el enviado les consultó: "¿Comió en vuestra casa Eliezer el día de hoy?".

Le dijeron: "!No!, ¡Y ya hace ocho días que no come nada!".

Luego de este suceso Rabí Ieoshúa hijo de Jananiá y Rabí Iosei el Cohen se dirigieron a Rabí Iojanán hijo de Zakai y le informaron que hace ocho días que no come nada.

Entretanto, los otros hijos de Hurkenus, dijeron a su padre, ¡Sube a Jerusalén, para desheredar a tu hijo Eliezer de tus propiedades!.

Subió a Jerusalén y se encontró con que era el día de cumpleaños de Rabí Iojanán hijo de Zakai. Se hallaban allí presentes las personalidades más distinguidas del país, comiendo, participando del banquete. Entre ellos los acaudalados: "Ben Tzitzit Hakeset", "Nakdimón hijo de Gurión", y "Ben Calva Sabúa".

En ese momento Rabí Iojanán hijo de Zakai puso sus ojos sobre Rabí Eliezer y le dijo "!Dinos alguna enseñanza de la Torá!".

Rabí Eliezer respondió: "¡Maestro, te daré un ejemplo a que se parece esto!, a un pozo del que no se puede extraer más agua del que en él ingresamos; así yo no puedo decir palabras de la Torá más de lo que recibí de ti"

Le dijo Rabí Iojanán hijo de Zakai: "Te daré un ejemplo a que se parece esto, a un manantial surgente, el cual tiene poder para sacar agua más de lo que se le ingresa, así tú puedes sacar más Torá de la que se recibió en el Monte Sinaí. Agregó Rabí Iojanán ben Zakai, ¿Quizá por mi presencia te avergüenzas?; en ese caso me retiraré de tu lado.

Se paró Rabí Iojanán hijo de Zakai y se retiró afuera, y Rabí Eliezer estaba sentado y disertaba. Su rostro resplandecía como la luz del sol, y emitía una irradiación como la de Moshé después de haber descendido del Monte Sainaí, y los presentes no sabían si era día o noche (estaban muy impactados).

Se apareció Rabí Iojanán ben Zakai por detrás y lo besó en su cabeza. Le dijo: "Bienaventurados Abraham, Izjak y Iaakov, que éste salió de ellos"

Dijo Hurkenus: "¿A quién le dijo así?".

Le dijeron: "A tu hijo Eliezer".

Hurkenus le dijo: "¡No tenía que decir así, sino bienaventurado ‘yo’, que salió que salió éste de mi".

Rabí Eliezer estaba sentado y disertaba, y su padre estaba parado a sus pies. se estremeció y le dijo: "padre, siéntate que no puedo pronunciar palabras de Torá y tu estás parado".

Le dijo su padre: "Hijo mío, no para esto vine, sino para desheredarte de mis propiedades, y ahora que te veo y aprecio toda esta alabanza, he aquí tus hermanos son desheredados y todas las propiedades son dadas a ti como obsequio".

Le dijo Eliezer: "Yo soy como uno de ellos, si hubiera pedido tierras a Dios, Él me las daría, como está escrito: ‘De El Eterno es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y los que en él habitan’. Si hubiera pedido plata y oro, me daría, como está escrito: "Mía es la plata y mío es el oro, dijo El Eterno de los ejércitos". Pero no pedí ante Dios sino solamente Torá, como está escrito: "Por eso en todos Tus preceptos me mantuve con rectitud, y todo sendero de la mentira odié".

Este relato consta en el inicio del libro "Pirkei de Rabí Eliezer".

Shalom Vehatzlaja

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