Me cuesta trabajo comenzar a expresar lo que me angustia,
dado que me avergüenza.
Pero en fin. mi novio y yo estamos proximos a casarnos el
mes que entra, y hemos estado muy interesados en el judaismo
como forma de vida.
lo que me preocupa es que siento que estamos mas ilusionados
con la imagen del ser judios que mas por el amor a Dios,
creo que no estamos informados para nada sobre lo que el
ser judio es.
Yo
por mi parte deseo formar un hogar que siga los preceptos
de Dios y poder ser
una mujer que le agrade a Dios por mis acciones, y me da
mucho temor que mis
constantes deseos a la conversión del judaísmo
ofendan a Dios.
Mi novio no esta para nada comprometido a conocer la palabra
de Dios ni por el
hecho de su deseo de conversión.
¿Como
puedo hacer para convencerlo de que primero tiene que amar
y respetar a
Dios para poder despues pensar en el judaismo?
¿Y
como puedo hacer yo, para conocer los preceptos de Dios
y así poder pensar en la conversión?.
De antemano muchas gracias.
La pregunta en concreto es: ¿cómo podemos
hacer mi novio y yo para crecer en nuestra fe en Dios?
Xitlalita
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Xitlalita:
Muchas
de las cosas que plantea se las respondí en el mensaje
anterior ( respuesta 2028).
En
esta oportunidad sólo aclararé una cuestión
de las que propone aquí, la cual no aparece en el
texto anterior que me envió y es totalmente válida
y bella: ¿Y como puedo hacer yo, para conocer los
preceptos de Dios y así poder pensar en la conversión?.
Le
contaré brevemente lo que sucedió con un hombre
que se encontraba en una situación muy similar a
la suya y comprenderá perfectamente como deberá
actuar en caso de desear hacerlo.
Este
suceso aconteció con Rabí Eliezer, el hijo
de Hurkenus. Su padre tenía operarios que araban
en los surcos, y él araba en suelo pedregoso. Se
sentó y lloraba. Su padre le preguntó: ¿por
qué lloras?, ¿quizá te apenas porque
trabajas en suelo pedregoso?. ¡Ahora ararás
en los surcos!.
Pero
su hijo se sentó sobre los surcos y lloraba. Le preguntó:
¿por qué lloras? ¿Quizá porque
trabajas en los surcos?.
Le
dijo: ¡No!. ¿Y por qué lloras?. Porque
deseo estudiar Torá.
Le
dijo: ¡Tienes ya veintiocho años ¿y
pretendes estudiar Torá?; más bien toma para
ti una mujer, que te sea por esposa, te dará hijos
y los llevarás a la escuela para que estudien.
Transcurrieron
dos Shabat sin que pruebe bocado, hasta que se le reveló
el profeta Elías, quién le dijo:
"¡Hijo
de Hurkenus!, ¿Por qué lloras?".
Le
dijo: "Porque quiero estudiar Torá".
Le
dijo el profeta: "Si pretendes estudiar Torá,
sube a Jerusalén y ve a lo de Rabí Iojanán
hijo de Zakai.
Se
levantó y se encaminó hacia lo de Rabí
Iojanán hijo de Zakai.
Cuando
llegó, se sentó y lloraba.
Rabí
Iojanán ben Zacai le preguntó: ¿Por
qué lloras?.
Le
dijo: Porque deseo estudiar Torá.
Le
preguntó Rabí Iojanán ben Zacai: ¿De
quién eres hijo?.
El
joven no respondió.
Rabí
Iojanán ben Zacai le preguntó: "¿No
has estudiado el recitado de la oración denominada
"Shemá Isarel", ni como recitar la plegaria
ni la bendición para después de las comidas?".
Le
dijo: ¡No!.
Le
dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "¡Levántate
que te enseñaré las tres!".
Se
sentó y lloraba.
Le
dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "Hijo mío
¿Por qué lloras?".
Le
dijo: ¡Porque quiero estudiar Torá!.
Rabí
Iojanán ben Zacai le solía enseñar
dos leyes cada día de la semana;
El
muchacho las repetía y se apegaba a las enseñanzas.
De
todos modos transcurrieron ocho días que no probó
bocado, hasta tal punto que salió un feo olor de
su boca delante de Rabí Iojanán hijo de Zakai,
quién se levantó de delante de su presencia.
El
joven se sentó y lloraba.
Le
dijo Rabí Iojanán ben Zacai "¿Por
qué lloras?".
El
joven respondió: ¿Por qué usted se
paró de ante mí como un hombre que se levanta
delante de un apestado.
Le
dijo: ¡Hijo mío, así como salió
olor de ti, de esa misma manera que suba el aroma de las
leyes de la Torá de tu boca hasta el cielo!.
Le
dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "¿De
quién eres hijo?".
Respondió:
"soy hijo de Hurkaenus".
Le
dijo Rabí Iojanán ben Zacai: "Eres hijo
de uno de los hombres más poderosos, y no me lo querías
decir. Le dijo, ¡hoy comes en mi casa!".
Le
dijo: "Ya comí en lo de mis anfitriones".
Le
preguntó Rabí Iojanán ben Zacai: "¿Quiénes
son tus anfitriones?".
Le
dijo: "Rabí Ieoshúa hijo de Jananiá
y Rabí Iosei el Cohen".
Envió
por sus anfitriones y el enviado les consultó: "¿Comió
en vuestra casa Eliezer el día de hoy?".
Le
dijeron: "!No!, ¡Y ya hace ocho días que
no come nada!".
Luego
de este suceso Rabí Ieoshúa hijo de Jananiá
y Rabí Iosei el Cohen se dirigieron a Rabí
Iojanán hijo de Zakai y le informaron que hace ocho
días que no come nada.
Entretanto,
los otros hijos de Hurkenus, dijeron a su padre, ¡Sube
a Jerusalén, para desheredar a tu hijo Eliezer de
tus propiedades!.
Subió
a Jerusalén y se encontró con que era el día
de cumpleaños de Rabí Iojanán hijo
de Zakai. Se hallaban allí presentes las personalidades
más distinguidas del país, comiendo, participando
del banquete. Entre ellos los acaudalados: "Ben Tzitzit
Hakeset", "Nakdimón hijo de Gurión",
y "Ben Calva Sabúa".
En
ese momento Rabí Iojanán hijo de Zakai puso
sus ojos sobre Rabí Eliezer y le dijo "!Dinos
alguna enseñanza de la Torá!".
Rabí
Eliezer respondió: "¡Maestro, te daré
un ejemplo a que se parece esto!, a un pozo del que no se
puede extraer más agua del que en él ingresamos;
así yo no puedo decir palabras de la Torá
más de lo que recibí de ti"
Le
dijo Rabí Iojanán hijo de Zakai: "Te
daré un ejemplo a que se parece esto, a un manantial
surgente, el cual tiene poder para sacar agua más
de lo que se le ingresa, así tú puedes sacar
más Torá de la que se recibió en el
Monte Sinaí. Agregó Rabí Iojanán
ben Zakai, ¿Quizá por mi presencia te avergüenzas?;
en ese caso me retiraré de tu lado.
Se
paró Rabí Iojanán hijo de Zakai y se
retiró afuera, y Rabí Eliezer estaba sentado
y disertaba. Su rostro resplandecía como la luz del
sol, y emitía una irradiación como la de Moshé
después de haber descendido del Monte Sainaí,
y los presentes no sabían si era día o noche
(estaban muy impactados).
Se
apareció Rabí Iojanán ben Zakai por
detrás y lo besó en su cabeza. Le dijo: "Bienaventurados
Abraham, Izjak y Iaakov, que éste salió de
ellos"
Dijo
Hurkenus: "¿A quién le dijo así?".
Le
dijeron: "A tu hijo Eliezer".
Hurkenus
le dijo: "¡No tenía que decir así,
sino bienaventurado ‘yo’, que salió que
salió éste de mi".
Rabí
Eliezer estaba sentado y disertaba, y su padre estaba parado
a sus pies. se estremeció y le dijo: "padre,
siéntate que no puedo pronunciar palabras de Torá
y tu estás parado".
Le
dijo su padre: "Hijo mío, no para esto vine,
sino para desheredarte de mis propiedades, y ahora que te
veo y aprecio toda esta alabanza, he aquí tus hermanos
son desheredados y todas las propiedades son dadas a ti
como obsequio".
Le
dijo Eliezer: "Yo soy como uno de ellos, si hubiera
pedido tierras a Dios, Él me las daría, como
está escrito: ‘De El Eterno es la tierra y
todo lo que hay en ella, el mundo y los que en él
habitan’. Si hubiera pedido plata y oro, me daría,
como está escrito: "Mía es la plata y
mío es el oro, dijo El Eterno de los ejércitos".
Pero no pedí ante Dios sino solamente Torá,
como está escrito: "Por eso en todos Tus preceptos
me mantuve con rectitud, y todo sendero de la mentira odié".
Este
relato consta en el inicio del libro "Pirkei de Rabí
Eliezer".
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