Preguntas y respuestas

Respuesta número: 1975

Pregunta enviada por: Rodrigo

Tema: Como se debe ver a Di-s

Querido Rabino, yo no soy judio, pero respeto las creencias del pueblo de Dios, ya que compartimos ciertas partes en la religion. Necesito saber algunas
cuestiones sobre la fe importantes, acerca del judaismo.

¿Desde que punto exactamente se ve exactamente a Dios en el judaísmo? y ¿en que parte de la Biblia podemos ver eso?

Muchas gracias por su atención

Rodrigo

Respuesta a cargo de R' David ben Israel:  

Shalom Rodrigo

Lo que desea saber es muy importante, y se encuentra detallado en la enciclopedia compilada por el famoso sabio Maimónides. Aquí copio un trozo de la misma, que se halla en el inicio del compendio intitulado "sefer Amadá" -El libro del Saber-. Este pasaje le permitirá esclarecer su pregunta y meditar profundamente sobre el tema.

El texto que trascribo pertenece a la edición en español del citado libro, publicado por Editorial Obelisco, y que puede conseguir en cualquier librería o en el Club Hebreo del Libro.

El texto

Sobre la idolatría, su doctrina y método.

[1] En tiempos de Enosh la humanidad cometió un grave error y la inteligencia de los sabios de aquella generación se volvió ignorancia, e incluso el propio Enosh fue uno de los equivocados. Este fue su error: ellos pensaron que por cuanto que Dios creó a las estrellas y a las órbitas para conducir el mundo físico, las ubicó en el cielo y les rindió honor - siendo ellos servidores que tienen por función servir delante del Creador- es apropiado alabarlos, ensalzarlos y rendirles también honor. También supusieron que ciertamente es esta la voluntad de Dios, engrandecer y honrar a aquellos que Él engrandeció y honró, así como el rey quiere honrar a los siervos que están presentes frente a él y este es sin duda el honor del propio rey.

Por cuanto que ellos pensaron de tal modo, comenzaron a construir templos para los astros y a presentar sacrificios delante de ellos, los alabaron y los ensalzaron con hermosas palabras además de prosternarse frente a ellos, y- todo lo hicieron con intención de alcanzar la simpatía del Creador a través de sus confundidas opiniones. Este fue el principio y el fundamento de la idolatría, y así sostenían sus servidores que conocían su principio: no que no existía Dios sino un astro. Así declaró Jeremías: "¿Quién no Te temerá, Rey de los pueblos? Porque a Ti te reverencian, no existe entre los sabios de los pueblos ni entre sus reinados nada como Tú, todos son torpes e insensatos a la vez. Un reproche de vanidad es el ídolo de madera" (10:7-8) Es decir, todos sabían que Tú eres único, pero su error y su torpeza fue pensar que honrar a esta vanidad es Tu voluntad.

[2] Con el paso del tiempo, aparecieron entre los pueblos profetas falsos los cuales comenzaron a predicar que un dios les había mandado decir: "¡Hagan culto a tal astro o a todos los astros y presenten sacrificios delante de él!, ¡construyan un templo para él y hagan una imagen suya para que todo el pueblo pueda prosternarse, incluso mujeres y niños!" Estos falsos profetas les mostraban alguna imagen que habían inventado diciendo: "Esta es la imagen de este astro que me fue comunicada por profecía". De esta manera comenzaron a introducir imágenes en los templos y a ponerlas bajo los árboles y sobre las cumbres de las montañas y las colinas. Se reunían y se postraban frente a ellas diciendo a todos: "Esta imagen beneficia o perjudica, y por eso conviene rendirle culto y tenerle miedo". Los sacerdotes de la idolatría predicaban a todos que con este culto serían fecundos y tendrían éxito, y que debían actuar de tal modo y no de otro.

Luego se presentaron otro tipo de embaucadores que afirmaban que el propio astro, o una esfera o un ángel había hablado con ellos y les había dicho: "¡Ríndanme culto de tal o cual manera! y les informaban el sistema de su culto: "¡Hagan de este modo y no de otro!". Esto comenzó a extenderse por todo el mundo y se masificó la adoración a las imágenes y todo tipo de cultos diferentes entre sí, incluyendo el ofrecimiento de sacrificios y las prosternaciones.

Con el paso del tiempo se olvidó el magno Nombre divino y no hubo quien lo conociera sobre la superficie de la tierra. Era frecuente que todos los pueblos del mundo, incluso mujeres y niños, no reconocían como divinidad sino a la imagen de madera o de piedra, y no tenían como templo sino aquel lugar donde habían sido educados desde infantes a arrodillarse, a rendir culto y a jurar en su nombre. Los sabios que hubo entre ellos, por ejemplo, los sacerdotes, llegaron a pensar que no hay otra divinidad sino los astros y demás cuerpos celestes de los cuales hicieron imágenes según sus apariencias.

No obstante, al Creador del mundo nadie lo conocía ni lo reconocía sino algunos pocos individuos que había en el mundo, por ejemplo Janoj, Metushelaj, Nóaj, Shem y Ever. Según las conductas anteriormente mencionadas el mundo se desenvolvía hasta que nació la columna del mundo: nuestro patriarca Abraham.

[3] Cuando este vigoroso fue destetado [a los tres años] comenzó a profundizar, siendo pequeño, y pensaba de día y de noche maravillándose: ¿Cómo es posible que esta órbita gire constantemente sin tener algo que la haga girar? ¿Quién la hace girar?, por cuanto que es imposible que se mueva a si misma... No tenía entonces ni maestro ni quien le informara nada, sino que estaba inmerso en Ur de los caldeos, entre necios idólatras; su padre y su madre y todo el pueblo que lo rodeaba practicaban la idolatría, y él la practicaba con ellos. Sin embargo su profundizaba y trataba de entender, hasta que encontró el camino de la verdad y entendió la conducta de la justicia a partir de su correcta comprensión. Entonces supo que existe sólo un Dios y él es el que mueve las órbitas, él lo ha creado todo, y no hay entre todo lo que creado Dios fuera de Él mismo. Entonces comprendió que todo el mundo estaba equivocado, y comprendió cuál fue el motivo que causó esta equivocación de idolatrar a las estrellas y a las imágenes hasta perderse la verdad del pensamiento humano.

Tenía entonces cuarenta años cuando conoció Abraham a su Creador. Cuando lo conoció, comenzó a cuestionar a los habitantes de Ur de los caldeos y a discutir con ellos, diciéndoles: "No es un sendero verídico por el que ustedes transitan", quebró los ídolos y comenzó a enseñar al pueblo que no es apropiado servir sino al Dios del mundo y que a él corresponde prosternarse y sacrificar y libar, para que lo reconozcan todos las personas que vendrán en el futuro. Por lo tanto es propio destruir y eliminar todas las imágenes para que no se equivoque con ellas el mundo, como aquellos que suponen que no existe Dios sino aquellas imágenes. Por cuanto que Abraham los venció con sus argumentos, quiso el rey (Nimrod) matarlo, sin embargo El Eterno le hizo un milagro y se escapó a Jarán.

Y comenzó a incorporarse y a proclamar a viva voz a todo el mundo para enseñarles que no existe sino un Dios en todo el universo, y a Él es propio adorar. Solía viajar y proclamar y reunir a la gente de una ciudad a otra y de un estado a otro, hasta que llegó a la tierra de Canaán, donde también proclamó este mensaje, como se declara: "Y proclamó allí en nombre de El Eterno" (Génesis 21:33). Y por cuanto que la gente se reunía donde él y le preguntaban sobre lo que decía, le informaba a cada uno según su nivel de comprensión hasta hacerlo volver al camino de la verdad, hasta que se unieron a él miles y cientos de miles, y ellos son las personas que componen la casa de Abraham. Enseñó a todos ellos este gran principio, escribió libros sobre el mismo y le comunicó el mensaje a Isaac, su hijo. Así también Isaac enseñaba y hacía volver a las gentes al camino de la verdad, y él le enseñó a Jacob y lo designó como maestro, y toda su vida se dedicó a enseñar a todos aquellos que lo acompañaron. Nuestro patriarca Jacob enseñó a todos sus hijos, separando a Leví, a quien designó como maestro y lo hizo director de la Ieshivá para que enseñe el camino de El Eterno y guarde los preceptos de Abraham. Y ordenó a sus hijos que jamás se interrumpa de los hijos de Leví, maestro tras maestro, para que no se olvidase el estudio. Y este mensaje se extendía entre los hijos de Jacob y entre todos aquellos que los acompañaban, y así se fundó en el mundo una nación que conoce a El Eterno.

Shalom Vehatzlaja

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