Querido
Rabino, yo no soy judio, pero respeto las creencias del
pueblo de Dios, ya que compartimos ciertas partes en la
religion. Necesito saber algunas
cuestiones sobre la fe importantes, acerca del judaismo.
¿Desde
que punto exactamente se ve exactamente a Dios en el judaísmo?
y ¿en que parte de la Biblia podemos ver eso?
Muchas
gracias por su atención
Rodrigo
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Rodrigo
Lo que
desea saber es muy importante, y se encuentra detallado
en la enciclopedia compilada por el famoso sabio Maimónides.
Aquí copio un trozo de la misma, que se halla en
el inicio del compendio intitulado "sefer Amadá"
-El libro del Saber-. Este pasaje le permitirá esclarecer
su pregunta y meditar profundamente sobre el tema.
El texto
que trascribo pertenece a la edición en español
del citado libro, publicado por Editorial Obelisco, y que
puede conseguir en cualquier librería o en el Club
Hebreo del Libro.
El
texto
Sobre
la idolatría, su doctrina y método.
[1]
En tiempos de Enosh la humanidad cometió un grave
error y la inteligencia de los sabios de aquella generación
se volvió ignorancia, e incluso el propio Enosh fue
uno de los equivocados. Este fue su error: ellos pensaron
que por cuanto que Dios creó a las estrellas y a
las órbitas para conducir el mundo físico,
las ubicó en el cielo y les rindió honor -
siendo ellos servidores que tienen por función servir
delante del Creador- es apropiado alabarlos, ensalzarlos
y rendirles también honor. También supusieron
que ciertamente es esta la voluntad de Dios, engrandecer
y honrar a aquellos que Él engrandeció y honró,
así como el rey quiere honrar a los siervos que están
presentes frente a él y este es sin duda el honor
del propio rey.
Por
cuanto que ellos pensaron de tal modo, comenzaron a construir
templos para los astros y a presentar sacrificios delante
de ellos, los alabaron y los ensalzaron con hermosas palabras
además de prosternarse frente a ellos, y- todo lo
hicieron con intención de alcanzar la simpatía
del Creador a través de sus confundidas opiniones.
Este fue el principio y el fundamento de la idolatría,
y así sostenían sus servidores que conocían
su principio: no que no existía Dios sino un astro.
Así declaró Jeremías: "¿Quién
no Te temerá, Rey de los pueblos? Porque a Ti te
reverencian, no existe entre los sabios de los pueblos ni
entre sus reinados nada como Tú, todos son torpes
e insensatos a la vez. Un reproche de vanidad es el ídolo
de madera" (10:7-8) Es decir, todos sabían que
Tú eres único, pero su error y su torpeza
fue pensar que honrar a esta vanidad es Tu voluntad.
[2]
Con el paso del tiempo, aparecieron entre los pueblos profetas
falsos los cuales comenzaron a predicar que un dios les
había mandado decir: "¡Hagan culto a tal
astro o a todos los astros y presenten sacrificios delante
de él!, ¡construyan un templo para él
y hagan una imagen suya para que todo el pueblo pueda prosternarse,
incluso mujeres y niños!" Estos falsos profetas
les mostraban alguna imagen que habían inventado
diciendo: "Esta es la imagen de este astro que me fue
comunicada por profecía". De esta manera comenzaron
a introducir imágenes en los templos y a ponerlas
bajo los árboles y sobre las cumbres de las montañas
y las colinas. Se reunían y se postraban frente a
ellas diciendo a todos: "Esta imagen beneficia o perjudica,
y por eso conviene rendirle culto y tenerle miedo".
Los sacerdotes de la idolatría predicaban a todos
que con este culto serían fecundos y tendrían
éxito, y que debían actuar de tal modo y no
de otro.
Luego
se presentaron otro tipo de embaucadores que afirmaban que
el propio astro, o una esfera o un ángel había
hablado con ellos y les había dicho: "¡Ríndanme
culto de tal o cual manera! y les informaban el sistema
de su culto: "¡Hagan de este modo y no de otro!".
Esto comenzó a extenderse por todo el mundo y se
masificó la adoración a las imágenes
y todo tipo de cultos diferentes entre sí, incluyendo
el ofrecimiento de sacrificios y las prosternaciones.
Con
el paso del tiempo se olvidó el magno Nombre divino
y no hubo quien lo conociera sobre la superficie de la tierra.
Era frecuente que todos los pueblos del mundo, incluso mujeres
y niños, no reconocían como divinidad sino
a la imagen de madera o de piedra, y no tenían como
templo sino aquel lugar donde habían sido educados
desde infantes a arrodillarse, a rendir culto y a jurar
en su nombre. Los sabios que hubo entre ellos, por ejemplo,
los sacerdotes, llegaron a pensar que no hay otra divinidad
sino los astros y demás cuerpos celestes de los cuales
hicieron imágenes según sus apariencias.
No obstante,
al Creador del mundo nadie lo conocía ni lo reconocía
sino algunos pocos individuos que había en el mundo,
por ejemplo Janoj, Metushelaj, Nóaj, Shem y Ever.
Según las conductas anteriormente mencionadas el
mundo se desenvolvía hasta que nació la columna
del mundo: nuestro patriarca Abraham.
[3]
Cuando este vigoroso fue destetado [a los tres años]
comenzó a profundizar, siendo pequeño, y pensaba
de día y de noche maravillándose: ¿Cómo
es posible que esta órbita gire constantemente sin
tener algo que la haga girar? ¿Quién la hace
girar?, por cuanto que es imposible que se mueva a si misma...
No tenía entonces ni maestro ni quien le informara
nada, sino que estaba inmerso en Ur de los caldeos, entre
necios idólatras; su padre y su madre y todo el pueblo
que lo rodeaba practicaban la idolatría, y él
la practicaba con ellos. Sin embargo su profundizaba y trataba
de entender, hasta que encontró el camino de la verdad
y entendió la conducta de la justicia a partir de
su correcta comprensión. Entonces supo que existe
sólo un Dios y él es el que mueve las órbitas,
él lo ha creado todo, y no hay entre todo lo que
creado Dios fuera de Él mismo. Entonces comprendió
que todo el mundo estaba equivocado, y comprendió
cuál fue el motivo que causó esta equivocación
de idolatrar a las estrellas y a las imágenes hasta
perderse la verdad del pensamiento humano.
Tenía
entonces cuarenta años cuando conoció Abraham
a su Creador. Cuando lo conoció, comenzó a
cuestionar a los habitantes de Ur de los caldeos y a discutir
con ellos, diciéndoles: "No es un sendero verídico
por el que ustedes transitan", quebró los ídolos
y comenzó a enseñar al pueblo que no es apropiado
servir sino al Dios del mundo y que a él corresponde
prosternarse y sacrificar y libar, para que lo reconozcan
todos las personas que vendrán en el futuro. Por
lo tanto es propio destruir y eliminar todas las imágenes
para que no se equivoque con ellas el mundo, como aquellos
que suponen que no existe Dios sino aquellas imágenes.
Por cuanto que Abraham los venció con sus argumentos,
quiso el rey (Nimrod) matarlo, sin embargo El Eterno le
hizo un milagro y se escapó a Jarán.
Y comenzó
a incorporarse y a proclamar a viva voz a todo el mundo
para enseñarles que no existe sino un Dios en todo
el universo, y a Él es propio adorar. Solía
viajar y proclamar y reunir a la gente de una ciudad a otra
y de un estado a otro, hasta que llegó a la tierra
de Canaán, donde también proclamó este
mensaje, como se declara: "Y proclamó allí
en nombre de El Eterno" (Génesis 21:33). Y por
cuanto que la gente se reunía donde él y le
preguntaban sobre lo que decía, le informaba a cada
uno según su nivel de comprensión hasta hacerlo
volver al camino de la verdad, hasta que se unieron a él
miles y cientos de miles, y ellos son las personas que componen
la casa de Abraham. Enseñó a todos ellos este
gran principio, escribió libros sobre el mismo y
le comunicó el mensaje a Isaac, su hijo. Así
también Isaac enseñaba y hacía volver
a las gentes al camino de la verdad, y él le enseñó
a Jacob y lo designó como maestro, y toda su vida
se dedicó a enseñar a todos aquellos que lo
acompañaron. Nuestro patriarca Jacob enseñó
a todos sus hijos, separando a Leví, a quien designó
como maestro y lo hizo director de la Ieshivá para
que enseñe el camino de El Eterno y guarde los preceptos
de Abraham. Y ordenó a sus hijos que jamás
se interrumpa de los hijos de Leví, maestro tras
maestro, para que no se olvidase el estudio. Y este mensaje
se extendía entre los hijos de Jacob y entre todos
aquellos que los acompañaban, y así se fundó
en el mundo una nación que conoce a El Eterno.
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