Sección de la Torá de esta semana 

La acción que provocará el gran milagro

En la sección de la Torá denominada Miketz –el final- se habla de José y sus hermanos. José se encontraba en pena, tras haber sido vendido por sus hermanos a Egipto y posteriormente, en ese lugar, había sido acusado de acoso sexual contra la mujer de su amo, y puesto en la cárcel. Por sus parte, los hermanos de José vivían plácidamente en la tierra de Kanán.

Doce años estuvo José en la cárcel. Pero después de ese lapso, su fortuna dio un vuelco rotundo. Debido a unos sueños que había interpretado mientras estaba en prisión a dos de los ministros del Faraón, fue recordado por uno de éstos para interpretar un sueño que desvelaba al primer mandatario. José pronosticaba a través de esos sueños del Faraón, siete años de abundancia y siete años de hambruna. El Faraón estuvo de acuerdo con la interpretación, y nombró a José Virrey de Egipto, para que se encargase entre otras cosas, de administrar la economía del país. De este modo se dispuso a acopiar el grano de los siete años de abundancia, y guardar para los años de hambruna.

Tal como José lo había dicho, sobrevinieron siete años fructíferos, en los cuales hubo mucha abundancia. Como está escrito: “La tierra produjo montones durante los siete años de abundancia. Él reunió toda la comida de los siete años que hubo en la tierra de Egipto y depositó los alimentos en las ciudades; la comida de los campos alrededor de cada ciudad la depositó dentro de ella. José acumuló granos en gran abundancia, como la arena del mar, hasta que dejó de contar, pues ya no había número” (Génesis 41:47-49).

Al acabarse los siete años de abundancia, sobrevino la escasez. Como está escrito: “Los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto llegaron a su fin. Y los siete años de hambre comenzaron a acercarse, tal como había dicho José. Hubo hambruna en todos los territorios, pero en toda la tierra de Egipto había pan” (Génesis 41:53-54).

Como consecuencia de esta crisis: “Cuando la hambruna se expandió por toda la faz de la tierra, José abrió todos los graneros y vendió provisiones a Egipto; y el hambre se fortificó en la tierra de Egipto. Toda la tierra llegó a Egipto a comprar provisiones de José, pues el hambre se había fortificado en toda la tierra (Génesis 41:56-57).

Todos se vieron afectados por este flagelo, también los moradores de la tierra de Kenán. Como está escrito: Jacob vio que había provisiones en Egipto; y Jacob les dijo a sus hijos: «¿Por qué os miráis?». Y él dijo: «He aquí que he oído que hay provisiones en Egipto; bajad allí y comprad para nosotros de allí, para que vivamos y no muramos». Los hermanos de José, los diez, bajaron a comprar granos de Egipto. Mas a Benjamín, el hermano de José, Jacob no lo envió junto con sus hermanos, pues dijo: «Que no le suceda una desgracia». Y los hijos de Israel llegaron a comprar provisiones entre los recién llegados, pues había hambre en la tierra de Kenán” (42:1-5).

La rueda del destino comienza a girar. José, que antes estaba abajo, ahora se encontraba arriba; y sus hermanos, que estaban arriba, ahora se encontraban abajo. Ellos necesitaban ahora de la ayuda de José, a quien habían maltratado, humillado y vendido como esclavo. ¿Quién podía suponer que algo así acontecería cuando lo vendieron?

Esta era la realidad, y ellos no lo sabían. Pues desconocían que el Virrey de Egipto era su propio hermano. Así fue como: “José, él era el mandatario sobre la tierra, él era el proveedor de toda la gente de la tierra. Los hermanos de José llegaron y se prosternaron ante él, con los rostros sobre tierra. José vio a sus hermanos y los reconoció, mas actuó como un extraño con ellos y les habló con dureza. Les preguntó: «¿De dónde venís?». Y ellos dijeron: «De la tierra de Kenán, a comprar comida». José reconoció a sus hermanos, mas ellos no lo reconocieron a él” (Génesis 42:6-8).

Uno al leer este texto bíblico llanamente podría pensar que José deseaba vengarse de su hermanos por lo que le habían hecho en el pasado. Sin embargo, no era así. José no les guardaba rencor. Sólo deseaba que ellos expiasen su pecado y se reuniesen todos con él y vivieren juntos y en paz.

Antes bien, ¿cómo lograr este objetivo tan complicado? Considerad entre otras cosas, que Jacob no permitía a Benjamín ir a Egipto, como se dijo anteriormente. Debido a ello José debía conseguir primeramente que sus hermanos confesasen que poseían un hermano más en Kenán, y después idear la manera de hacerlo venir. Evidentemente era necesario elaborar un plan certero y valerse de estratagemas astutamente planeadas. Por eso José utilizó en muchas oportunidades su copa, como se explica en el Midrash:

Está escrito: “Los hermanos de José, los diez, bajaron a comprar granos de Egipto”. ¿Por qué está escrito de este modo? Debería decir: “Los hijos de Israel...”, y no: “Los hermanos de José...”. Pues el linaje se atribuye al padre, y no a un hermano.

Esta modificación en el texto enseña, que en un principio no demostraron hermandad con José, y lo vendieron. Pero finalmente se arrepintieron de ello y decían: ¿Cuándo descenderemos a Egipto para que encontremos a José y lo rescatemos para devolverlo a nuestro padre? Y ahora, cuando su padre les dijo que descendiesen a Egipto, todos concordaron en que buscarían a su hermano para restituirlo a su hogar (Midrash Raba Bereshit 91:6).

La idea de José estaba comenzando a cumplirse. Sus hermanos se arrepentían de lo que habían hecho y pretendían rectificarse. Su plan marchaba sobre rieles. Ahora debía provocar que ellos declarasen poseer un hermano más, para después requerir que lo trajesen.

En el Midrash se revelan los pormenores de este nuevo paso dado por José: Dijo Rabí Iehuda bar Simón: También José sabía que sus hermanos descenderían a Egipto en busca de provisiones. Pero deseaba que vinieren todos para descubrirse. Pues tenía presente el sueño que había tenido cuando vivía con ellos, antes de que lo vendiesen. Y en el mismo José había visto que todos se prosternarían ante él.

¿Qué hizo José para provocar que todos viniesen a él? Sentenció decretos en Egipto, los cuales fueron astutamente planeados. Además, dispuso guardias en todos los accesos de entrada a la nación. Y les comunicó a los guardias: observad a todo el que entrare en busca de alimentos. Tomad nota del nombre de él, y el de su padre. Por la tarde, me traeréis todas las listas en las cuales constarán esos datos.

Esta estrategia demostraba aparentemente intención de ser equitativo y justo en el reparto de las provisiones. Para eso requería los datos de todo el que ingresare. Para comprobar que ninguno llevase más de lo debido, ni especulase ingresando varias veces. Mas internamente José pensaba a través de ese plan, descubrir a sus hermanos, cuando viniesen.

Los hombres acataron la ordenanza al pie de la letra. Y cuando los hermanos de José llegaron a Egipto, ingresaron cada uno por una entrada diferente, tal les había ordenado su propio padre, para cuidarse del mal de ojo, debido a su hermosura y esbeltez. Los hombres de la guardia registraron los datos de todos y por la tarde les fueron enviados al virrey.

Los encargados comenzaron a pasar el parte. Uno, el guardia de una entrada, leyó: “Rubén, hijo de Jacob...”. Otro guardia, que estaba a cargo de otra entrada, leyó: “Shimón, hijo de Jacob...”. Otro guardia leyó: “Levi, hijo de Jacob...”. Y así aconteció con los demás.

José tras escuchar esto ordenó: ¡Cerrad los depósitos! Pues si varios depósitos permanecieren abiertos, sus hermanos se esparcirían, dirigiéndose cada uno a otro sitio, como les había encomendado su padre. Por eso hizo abrir un solo depósito, y le entregó los nombres al encargado de vender el producto del mismo. le comunicó: Presta atención, cuando vinieren estos hombres, atrápalos y envíamelos.

Transcurrieron tres días, y ellos no venían al depósito. Pues se ocupaban de la principal causa que los había traído hasta ese lugar, buscar a su hermano José para rescatarlo y devolverlo a su padre.

El virrey -José-, inmediatamente hizo venir setenta guerreros selectos de la casa real, y envió por ellos –sus hermanos-, para que los buscasen en las calles de Egipto. Los hombres cumplieron su misión y los hallaron en una feria de meretrices. Ellos estaban allí porque habían considerado: “nuestro hermano de hermoso aspecto y bella semblante, tal vez su amo lo hubiese puesto aquí para que prestase servicio”. Los hombre enviados por el virrey los detuvieron al encontrarlos en ese lugar, y se los llevaron al mandatario.

Cuando los hombres de la guardia real trajeron a los individuos apresados ante el mandatario, aconteció que: “José vio a sus hermanos y los reconoció, mas actuó como un extraño con ellos y les habló con dureza” (Génesis 42:7). Se mostró ante ellos como un adivino, y no como un hijo de Jacob. Tomó su copa y la golpeó con su dedo, aparentemente, para que le revelase los secretos de estos hombres. Les dijo: “Yo veo en mi copa que sois espías. Por eso habéis entrado cada uno por una entrada diferente. Para no despertar sospechas. Y además, para investigar la seguridad de cada entrada”.

“Ellos le respondieron: «¡No es así, señor mío! Pues vuestros sirvientes han venido a comprar alimento. Todos nosotros, hijos de un mismo hombre somos; somos gente honesta; vuestros sirvientes jamás fueron espías»” (Génesis 42:10-11). Y agregaron: Ingresamos por entradas diferentes por ordenanza de nuestro padre, quien nos dijo: “No ingreséis por una misma entrada”.

El virrey les dijo: «¡No, la desnudez de la tierra habéis venido a ver!» (Génesis 42:10-12). Y agregó: “Si fuese como decís, ¿qué hacías en un antro de meretrices? Allí fuisteis hallados todos juntos. ¿Acaso en ese lugar no temíais del mal de ojo? ¿Y cómo puede ser, si habéis dicho que vuestro padre os ordenó no detenerse en un lugar por temor al mal de ojo?”

A través de esta estrategia los obligaba a revelar que poseían otro hermano. Le dijeron al virrey: “Se nos ha extraviado algo, y la buscábamos en ese lugar, donde frecuentan los delincuentes”.

El virrey les dijo: “¿Qué habéis perdido exactamente?”. Un momento: “Veo en mi copa que dos de vosotros habéis destruido una gran ciudad, Shjem” (en alusión a lo que había acontecido, cuando dos hijos de Jacob vengaron la violación de su hermana. Como está escrito: “Y sucedió que al tercer día, cuando sentían más dolor –por la circuncisión practicada-, dos de los hijos de Jacob, Shimón y Levi, hermanos de Dina, tomó cada uno su espada y llegaron confiados a la ciudad, y mataron a todos los varones. Y a Jamor y a su hijo Shejem los mataron a punta de espada. Tomaron a Dina de la casa de Shejem, y se fueron” Génesis 34:25-26). El virrey agregó: “Y después vendisteis a vuestro hermano a los árabes. Por eso lo buscáis aquí, pues pensáis que ha sido atrapado y se encuentra en este sitio, y deseáis hacer lo mismo que en Shejem, por la misma causa”.

Ellos vieron que conocía muchos de sus secretos, entonces se atemorizaron: “Y ellos respondieron: «Nosotros, tus sirvientes, somos doce hermanos, hijos de un hombre de la tierra de Kenán»” (Génesis 42:13).

El virrey les dijo: “¿Dónde están esos dos que faltan?”.

Le dijeron: “uno falta” (Ibíd.), es decir, ha muerto. Pues no lo encontramos ni escuchamos nada de él. Suponemos que está muerto. “Y he aquí que el más pequeño está hoy con nuestro padre” (Ibíd.).

José había logrado que le revelasen los datos que necesitaba. Por eso les dijo: «Es tal como he declarado: ¡Sois espías! Así seréis puestos a prueba: Por la vida del Faraón, no os iréis de aquí a menos que venga aquí vuestro hermano menor. Enviad a uno de vosotros y que él traiga a vuestro hermano, mientras vosotros permanecéis encarcelados, para que vuestras palabras puedan ser puestas a prueba, para ver si la verdad está con vosotros; pero si no, por la vida del Faraón, ¡ciertamente que sois espías!». Y los reunió bajo custodia por un lapso de tres días (Génesis 42:14-17).

Después de esto envió a los Hijos de Israel para que buscasen a su hermano menor, pero: “Tomó a Shimón de entre ellos y lo encarceló ante sus ojos” (Génesis 42:24). Era porque Shimón lo había arrojado a José al pozo antes de que lo vendiesen, y ahora le hacía pagar por ello, para que expiase por esa falta. Además, aun debía temer de que quien se había fortificado más en su odio contra él. Por eso lo apartó de Levi, para que no tramasen un plan contra él, y pretendiesen matarlo, como había acontecido el día en que lo vendieron.

Después de encarcelar a Shimón: “José ordenó que llenaran sus vasijas con granos y que devolviesen su dinero al costal de cada uno, y que les dieran provisiones para el camino. Y así hizo por ellos” (Génesis 42:25). Los hermanos volvieron a su tierra y se dirigieron a su padre, y le contaron todo lo que había acontecido. Jacob les preguntó: “¿Y dónde está Shimón?”. Ellos le respondieron: el mandatario lo tomó en garantía por nuestro hermano menor. En ese momento: “Su padre Jacob les dijo: «Yo soy aquel al que habéis privado de hijos. José ya no está, Shimón ya no está, ¿y ahora queréis llevaros a Benjamín? ¡Sobre mí ha caído todo!» “Entonces Rubén le dijo a su padre, diciendo: «Puedes matar a mis dos hijos si no lo traigo de regreso contigo. Ponlo bajo mi cuidado y yo te lo devolveré» (Génesis 42:37-38).

Jacob le dijo a Rubén: ¿Acaso tus hijos no son mis hijos? ¿Por qué pretendes ponerlos como garantía? La muerte de ellos no aplacaría mi dolor, sino que lo incrementaría.

Iehuda les dijo a sus hermanos: “dejad al anciano hasta que se acabe el pan, -y él mismo nos enviará-”. Y efectivamente, aconteció que: “El hambre era grave en la tierra. Cuando terminaron de comer las provisiones que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Regresad, compradnos un poco de comida»” (Génesis 43:1-2).

Iehuda le dijo a su progenitor: “Padre, si Benjamín viene con nosotros, existe la probabilidad de que lo atrapen. Pero es ello algo dudoso, y no seguro. Pero si no viniere con nosotros, seguro que todos seremos atrapados por el hambre y pereceremos. Es mejor que dejes la duda y tomes lo seguro”. Es decir, es preferible que una vida se exponga al peligro y no todos mueran con seguridad.

Jacob le dijo: “¿Quién será el garante?”. Y Iehuda dijo: “¡Yo!”. Como está escrito: “Yo lo garantizaré; de mi propia mano puedes exigirlo. Si no lo traigo de regreso contigo y lo presento ante ti, entonces habré pecado contigo por toda la eternidad” (Génesis 43:9). (Midrash Raba Génesis 91:6).

El plan de José estaba funcionando a la perfección. Ya estaba en camino su hermano menor, y faltaría traer sólo al padre. Aunque al mismo tiempo, todo este doloroso proceso permitía que ellos expiasen por las faltas que habían cometido en el pasado. Así todos podrían reunirse y vivir juntos, en paz y hermandad, venciendo todas las sombras del pasado, cuando existía entre ellos distanciamiento y enemistad. Como está escrito: “José ya no pudo contenerse en presencia de todos los que estaban ante él y exclamó: “¡Que todos sean sacados de mi presencia!”. Y así no quedó nadie con él cuando José se hizo conocer a sus hermanos. Elevó su voz en llanto. Egipto lo oyó, y la casa del Faraón lo oyó. Y José les dijo a sus hermanos: «Yo soy José. ¿Acaso mi padre sigue con vida?». Mas sus hermanos no pudieron responderle, pues se quedaron perplejos ante él. Entonces José les dijo a sus hermanos: «Por favor, acercaos a mí», y ellos se acercaron. Y él dijo: «Yo soy José, vuestro hermano, soy yo a quien vendieron a Egipto. Y ahora, no estéis tristes, no os reprochéis el haberme vendido aquí, pues para que sirviese de sustento Dios me envió antes que a vosotros. Pues éstos han sido dos de los años de hambruna de la tierra y todavía faltan cinco años, en los que no habrá siembra ni cosecha. Por eso Dios me ha enviado antes que a vosotros, para asegurar vuestra supervivencia en la tierra y para sustentaros para una gran supervivencia (Génesis 45:1-7).

Una reflexión muy propicia

Se ha apreciado en todo este suceso, la oscuridad del enfrentamiento y la enemistad, y la luz de la esperanza y la hermandad. Mientras había desentendimiento y odio, no eran felices. Por el contrario, esa falta de amor mutuo les provocó a todos sufrimiento y aflicción. Sin embargo, finalmente hubo rectificación y llegó la luz. Cuando los Hijos de Israel se reunieron y estuvieron en paz, se interrumpió la hambruna y comenzó a surgir la abundancia.

Este hecho nos conecta con una situación atravesada por los Hijos de Israel en la que también hubo oscuridad y después volvió la luz. El acontecimiento de Jánuca, que no por casualidad se celebra exactamente en estos días que leemos la sección de la Torá denominada Miketz. En aquella época de Jánuca, la luz de la Menorá, que era el candelabro del Templo Sagrado, había dejado de iluminar. El aceite fue impurificado por individuos que pretendieron apartar la fe del pueblo. Pero la hermandad y la unión pudo más que la fuerza, e Israel venció al enemigo que lo superaba varias veces en número. Como se lo insinúa en el sueño del Faraón, donde las vacas flacas engullían a las robustas, y las espigas débiles devoraban a las voluminosas. En Jánuca se celebra el triunfo de la fe y la hermandad, sobre la crueldad y la arrogancia.

Veamos más profundamente la relación de lo descrito en nuestra sección con el mencionado candelabro del Templo Sagrado y Jánuca.

Recordemos que José estaba preso en la cárcel. Allí pasó doce años de su vida. Después de ese lapso de tiempo, el Faraón tuvo un sueño que nadie le podía interpretar correctamente. Por eso fue convocado José, para que se lo interpretase. Y éste lo hizo correctamente, derivando en su nombramiento como virrey de Egipto.

Ahora bien, en este sueño del Faraón, que fue doble, aparecían primeramente vacas, y posteriormente, espigas. Respecto a las mismas está dicho: “Se durmió y soñó por segunda vez y he aquí que siete espigas florecían de una misma caña, fuertes y buenas” (Génesis 41:5).

Observamos que las siete espigas surgían de una misma caña. ¿Y dónde hallamos en la Torá este mismo concepto? En el candelabro del Templo Sagrado, denominado Menorá, que estaba compuesto de siete brazos que salían de una misma caña. Como está escrito: “Tres cálices tallados como almendras de una caña, una esfera y una flor; y tres cálices tallados como almendras de una caña, una esfera y una flor, y así con las seis cañas que emergen de la Menorá” (Éxodo 37:19).

Esta relación de las espigas con la Menorá enseña que la abundancia representa luz para el mundo (Baal Haturim Génesis 41:5). Y la luz de la Menorá traerá la abundancia definitiva al mundo.

Observad: el candelabro de Jánuca, tiene relación directa no sólo con el sueño del Faraón, que significó la luz para José, sino con la luz de todo el pueblo. Pues la victoria de Jánuca va más allá de un triunfo físico contra el enemigo. Es un triunfo que conlleva a la obtención de la paz, y la redención final, que sobrevendrá con la llegada del Mesías.

Ahora bien, en Midrash Talpiot está escrito: Mesías contiene las iniciales de: “se encienden las velas los ocho días de Jánuca”.

Veámoslo gráficamente:

Se aprecia que mediante el encendido de las velas de Jánuca, se producirá la llegada del Mesías, mediante lo cual sobrevendrá la abundancia y la paz definitiva al mundo.

Asimismo, en la misma cita del libro Midrash Talpiot, se señala otra enseñanza trascendental relacionada con Jánuca. Las letras de la expresión Jánuca corresponden con las iniciales de las palabras que forman la frase: “ocho velas, y la ley es como la academia de Hilel”. Veámoslo gráficamente:


Una enseñanza profunda

Examinemos estos dos conceptos citados, que fueron hallados en el Midrash. Comencemos por la ley de encendido de las velas de Jánuca, de acuerdo a lo estipulado por la academia de Hilel.

En el Talmud consta un estudio que fue llevado a cabo por los sabios con el fin de establecer cómo cumplir adecuadamente el precepto de encender las velas de Jánuca. Este es el desarrollo de la cita: el dueño de casa enciende una vela, y de este modo todos los habitantes de la morada cumplen con el precepto.

Existe además un segundo modo, apropiado para aquellos individuos que desearen cumplir el precepto de manera sobresaliente -mehadrín-. En este caso, el dueño de la casa encenderá cada noche, una vela por cada uno de los miembros de la morada.

Hay una nueva posibilidad, propicia para aquellos que desearen cumplir el precepto de modo óptimo. ¿Cómo se lleva a cabo esta forma magistral? Al respecto existe discrepancia entre las academias de Shamai y Hilel.

Los sabios de la academia de Shamai sostienen que el primer día de Jánuca se encienden ocho velas. El segundo día se encienden siete velas. Y así sucesivamente. Se disminuye en orden gradual, hasta que el octavo día de Jánuca se enciende una sola vela.

Los sabios de la academia de Beit Hilel sostienen que el primer día de Jánuca se enciende una vela. El segundo día se encienden dos velas. Y así sucesivamente. Se aumenta en orden gradual, hasta que el octavo día de Jánuca se encienden ocho velas.

Manos a la obra

Uno obviamente, desea cumplir de la mejor manera el precepto de encender las velas de Jánuca. Por eso lo hace de acuerdo al modo óptimo señalado. Y como la ley se establece siempre –salvo contadas excepciones- como la academia de Hilel, habrá que encender las velas ene l orden por ellos enseñado.

Aunque esto no será tan sencillo. Pues no sabemos si los sabios de esta academia tomaron en cuenta el nivel intermedio y sobre el mismo aumentaron. Es decir, el nivel de encendido de manera sobresaliente -mehadrín-. Donde el dueño de la casa encenderá cada noche, una vela por cada uno de los miembros de la morada.

Ahora bien, si la academia de Hilel determinó que cada noche de Jánuca se ha de incrementar una vela. En el caso de tomarse en cuenta el modo sobresaliente -mehadrín-, acontecerá lo siguiente: si la familia está integrada de tres individuos, el primer día se encenderán en esa casa tres velas. El segundo día seis velas, el tercero nueve. Hasta que en el octavo día sean encendidas allí veinticuatro velas.

Aunque existe la posibilidad de interpretar la determinación de la academia de Hilel de modo independiente. Es decir, no tomando en cuenta la manera sobresaliente -mehadrín-. Pues si fuere así, y cada día se incrementase una vela por cada miembro de la familia, no se sabrá que día de Jánuca se celebra. Mas bien, ha de encenderse en el orden establecido por la academia de Hilel, pero un solo candelabro, independientemente de la cantidad de miembros que hubiere en la familia.

Conclusión: De acuerdo con la academia de Hilel:

1. Se incrementa una vela por cada día de Jánuca, sumando a esa cantidad, de acuerdo a los miembros que hubiere en la casa.
2. Se incrementa una vela cada día de Jánuca, en un único candelabro.

¿Qué hacer? ¿Ha de procederse cómo la primera opción o cómo la segunda? Para resolver este asunto, ha de tenerse en cuenta el modo de interpretar la ley de acuerdo con los legisladores del lugar de origen de cada uno. Pues en el pueblo de Israel existen dos grandes grupos, divididos de acuerdo con el lugar de origen ancestral: los sefaraditas y los ashkentzitas. Esta división comenzó a originarse con la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el año 70 de la era común.

Los sefaraditas son descendientes de judíos que emigraron a la península Ibérica y Portugal, hasta que se produjo la expulsión de 1492. Los descendientes de los judíos sefaraditas conservan hasta el día de hoy la tradición de sus ancestros. Los ashkentzitas son descendientes de judíos que emigraron a los países germanos y las ciudades vecinas del este de Europa. Los descendientes de los judíos ashkentzitas conservan hasta el día de hoy la tradición de sus ancestros.

Los judíos de procedencia sefaradita, se basan en sus leyes principalmente de acuerdo a la interpretación de Maimónides. Y los judíos de procedencia ashkenzita, se basan en sus leyes principalmente de acuerdo a la interpretación de Tosafot.

Un enfoque místico

Ahora que contamos con todos estos datos, resulta posible esclarecer la ley para encender las luminarias de Jánuca. Sólo habría que considerar la proveniencia de uno, y la determinación legal del sabio que corresponde con nuestra tradición. Sin embargo, en Jánuca acontece algo fuera de lo común. Un hecho que tal vez podría considerarse un nuevo milagro.

Vayamos paso a paso para esclarecer este asunto y su enseñanza. En primer lugar partamos de la base: la ley se establece como la academia de Hilel. Uno pregunta: ¿A qué se debe? ¿Acaso los miembros de la academia de Shamai eran inferiores? En el Talmud enseña que no eran inferiores, por el contrario, eran tan eruditos como los miembros de la academia de Hilel. ¿Y por qué la ley se establece como la academia de Hilel? Porque ellos analizaban su punto de vista, y después analizaban minuciosamente el punto de vista de los otros sabios. Cotejaban las conjeturas, y si veían que tenían razón, determinaban la ley como lo habían deducido. Pero si se percataban que la razón la llevaban los otros sabios, dejaban de lado su resolución, y adoptaban la de los otros. En cambio la academia de Shamai se mantenían firmes en la decisión legal que habían tomado.

Hemos apreciado que los miembros de la academia de Hilel poseían una base abierta y amplia; siempre consideraban lo que pensaban los demás antes de tomar una resolución. Por eso se establece la ley de acuerdo con ellos. Y se deja de lado la resolución de la academia de Shamai.

Se trata de una enseñanza fundamental: ha de considerarse el pensamiento de los demás. Obsérvese que es esta una de las bases para conseguir la paz.

¿Qué sucedería si aplicásemos esto mismo a nuestras propias vidas, a nuestras vivencias diarias? Seguro que entenderíamos mucho mejor a nuestro prójimo y podríamos compartir muchas más cosas.

Obsérvese que esto mismo aconteció en lo relacionado con las luminarias de Jánuca. El legislador sefaradita Maimónides, determinó de acuerdo con la interpretación de que se aumenta una vela cada día de Jánuca, y se incrementas velas de acuerdo a los miembros de la casa. Es decir, si en la vivienda hay tres personas, la primera noche de Jánuca se encienden tres velas, la segunda seis, la tercera nueve, y sucesivamente. El legislador ashkenatzita, o sea, los miembros de Tosafot, determinaron que se encienda un solo candelabro, porque si se encienden más, no se distinguiría el día de Jánuca correspondiente.

Observad que curioso, en esta ley de Jánuca acontece una situación inédita que no se ha hallado en ningún otro precepto. La comunidad ashkenatzita sigue al legislador sefaradita, y la comunidad sefaradita sigue al legislador ashkenatzita. Es decir, la comunidad sefaradita enciende un solo candelabro, no importando la cantidad de miembros que hubiere en la casa; y la comunidad ashkenatzita enciende candelabros de acuerdo a la cantidad de miembros que hubieren en la casa, cada uno enciende el suyo propio (Shulján Aruj Oraj Jaim 671:2; Shaj).

¿Se aprecia por qué encendiendo las velas de Jánuca se logra atraer al Mesías? Porque al hacerlo, uno se compenetra con lo del otro. Uno considera lo del otro y lo toma en cuenta. Es un signo de hermandad, una señal de paz y armonía. La clave para que se produzca la llegada del Mesías y la paz y la felicidad reinen en el mundo por siempre.

Indice de la Parasha  
 
 

 


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