Sección de la Torá de esta semana 

Parashat "Jukat"

El misterio de la vaca roja 

En la sección de la Torá denominada “Jukat” se habla de la ordenanza de preparar una vaca roja, como está escrito: “El Eterno les habló a Moshé y a Aharón, diciendo: Éste es el decreto de la Torá que El Eterno ha ordenado, diciendo: Háblales a los Hijos de Israel y ellos tomarán para ti una vaca completamente roja, que no tiene mácula, y sobre la cual no se ha ceñido yugo”. (Números 19:1-2) Esta vaca roja debe ser sacrificada y preparada tal como lo ordena la Biblia en los versículos subsiguientes. Finalmente: “Un hombre puro reunirá la ceniza de la vaca y la colocará fuera del campamento, en un lugar puro. Para la asamblea de Israel será un recordatorio para el agua del rociado; es para purificación”. (Números 19:9)

Ahora bien, históricamente se realizaron un total de nueve vacas rojas. La primera fue preparada por Moshé, y la segunda por Ezra el escriba, que es quien volvió con el pueblo de Israel después del exilio babilónico y reconstruyó el Templo Sagrado. Posteriormente, otras siete vacas rojas fueron preparadas en el tiempo comprendido desde después de Ezra hasta la destrucción del Templo Sagrado. Aunque se espera que sea preparada una décima vaca roja, de la cual se ocupará el Mesías. (Maimónides leyes de la vaca roja 3:12)

Venida del Mesías

Para que esta última vaca roja sea preparada, obviamente se requiere que se produzca la venida del Mesías. Por tal razón, para observar los pormenores de este asunto nos introduciremos en lo que se augura para la era mesiánica. De este modo podremos conocer detalles de este fenómeno, que dicho sea de paso, aguardamos se produzca pronto, en nuestros días.

Cuando el Mesías venga a redimir a los Hijos de Israel y a rectificar el mundo, construirá el Templo Sagrado en su sitio original, reunirá a todos los dispersos de Israel, y acondicionará al mundo entero para que sirvan a Dios todos unidos. Como está escrito: "Porque entonces dispondré para los pueblos una lengua clara, para que invoquen todos en el nombre de Dios, y le sirvan unidos (Sofonías 3:9).

Antes bien, si en la era del Mesías todos vendrán a morar a la Tierra de Israel ¿dónde habrá lugar y comida para todos?

Todos estos inconvenientes fueron previstos por El Eterno junto con su solución, la cual se encuentra implícita en la sección de la Torá que estamos tratando: “Jukat”.

Veamos: en el compendio denominado Mishné Torá está escrito, que en ese tiempo no habrá hambre ni guerras, como tampoco envidia ni disputas. Esto es así porque en aquel entonces el bien fluirá abundantemente y todas las delicias se hallarán como el polvo de la tierra (Maimónides, reyes 12:5).

Reflexionamos pues y deducimos: si no habrá envidia ni disputas, quiere decir que cada uno dispondrá de los bienes necesarios para vivir digna y honradamente. Siendo así ¿de dónde surgirá el espacio requerido para edificar tantas residencias?

Viviendas para todos

Observad un detalle trascendental que nos aclarará este misterio: la gente que asistía al Templo Sagrado en las festividades, lo hacía en forma masiva. La tremenda concurrencia provocaba que en muchos casos los pies de los congregados no tocaban el suelo. Pues como causa de los apretujones las personas quedaban suspendidas en el aire sin poder apoyar sus pies en tierra firme. Sin embargo, pese a esta situación, cuando llegaba el momento de prosternarse a tierra, durante el servicio, cada uno lo hacía cómodamente, abriéndose milagrosamente un espacio de cuatro codos para cada individuo. (Mishná, tratado de Avot 5:5)

Es decir, en el Templo Sagrado existía otra dimensión. Un mínimo espacio podía contener en su interior un volumen mucho mayor que el que su capacidad natural permitía.

El misterio de las Arcas

Un ejemplo de similares características lo hallamos en el Arca del Pacto y también en el Arca de Noé.

Respecto al Arca del Pacto está escrito que no ocupaba lugar físico. Como lo dilucida el Talmud: dijo Rabí Levi: lo relacionado con este asunto es una tradición que hay en nuestro poder, la cual proviene de nuestros antepasados. El lugar del Arca del Pacto que se hallaba en el lugar santísimo denominado Kodesh Hakodashim, no era parte de la medida. Es decir, no disminuía en absoluto el espacio del lugar santísimo denominado Kodesh Hakodashim. Pues así fue estudiado: el Arca del Pacto que hizo Moshé para el Tabernáculo poesía diez codos de espacio libre en el lugar santísimo denominado Kodesh Hakodashim, con respecto al que hizo Salomón, hacia todo flanco en derredor.

Para probarlo se cita un versículo, está escrito: “Aconteció en el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel habían salido de la Tierra de Egipto, el cuarto año, en el mes del resplandor, que es el mes segundo, del principio del reinado de Salomón sobre Israel, que edificó la casa de El Eterno. La casa que el rey Salomón edificó para El Eterno tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto... y delante de la división que separaba el lugar santo denominado Eijal del lugar santísimo denominado Kodesh Hakodashim, había veinte codos de longitud, veinte codos de ancho, y veinte codos de altura” (I Reyes 6:1-20). Y aunque así era, había un espacio libre de diez codos hacia todo flanco, a pesar que todo el lugar no superaba los veinte codos.

Resulta que el Arca del Pacto no disminuía las medidas del lugar santísimo denominado Kodesh Hakodashim en absoluto, como si no ocupara ningún espacio. (Talmud, Meguilá 10b)

El Arca de Noé

Respecto al Arca de Noé, está escrito: “Dios le dijo a Noé... Hazte un Arca de madera de ciprés; hazle compartimentos y cúbrela por afuera y por dentro con brea. Así es como deberás hacerla: trescientos codos de longitud; cincuenta codos de ancho y treinta codos de altura” (Génesis 6:13-15).

Teniendo en cuenta que un codo equivale a aproximadamente medio metro, resulta que las medidas del Arca eran: su longitud: 150 metros, su ancho: 25 metros, su alto: 15 metros.

Y a continuación está escrito: “Pero he de establecer contigo Mi pacto y entrarás al Arca, tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos junto a ti. Y de todo lo que vive, de toda la carne, dos de cada uno llevarás al Arca para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra” (Génesis 6:18-19).

Reflexionando brevemente sobre esto que ha sido expuesto uno se plantea: ¿cómo es posible que haya ingresado al Arca un par de toda especie de ser vivo que moraba sobre la faz de la Tierra? De modo natural es imposible que suceda algo así. Observemos la cantidad de animales que moran sobre la superficie de la Tierra sólo en la actualidad: monos, tigres, búfalos, leones, perros, bueyes, osos, hipopótamos, jirafas, antílopes, cabras, cocodrilos, e infinidad de especies más. Para albergar a un par de cada especie se requeriría un inmenso espacio. Y con más razón en el pasado, ya que había muchas más especies que luego se extinguieron. Siendo así, es imposible suponer que en un espacio tan reducido como el señalado ingresen todas las especies que poblaban la Tierra.

Aunque esto que hemos dicho no es lo único que sorprende, pues posteriormente está escrito en la Biblia que el Arca permaneció flotando sobre las aguas un año entero. Quiere decir que sumado a los animales mismos, Noé debía haber almacenado en el Arca alimentos suficientes para nutrir a todos los seres que había en el interior de la nave durante un año entero. Y eso es prácticamente imposible suponerlo. Por eso decimos que en este caso: Un mínimo espacio podía contener en su interior un volumen mucho mayor que el que su capacidad natural permitía (Rabeino Bejaie, Najmánides, Kli Yakar).

Ya vemos que el asunto de la vivienda no es ningún problema para Dios. Él ejerce dominio sobre todas las dimensiones y puede hacer que donde cabe una sala vivienda, sean construidas miles y todos los moradores que las habiten vivan cómodos, felices y contentos.

Reciprocidad de dimensiones

Este hecho citado está aludido en la sección de la Torá denominada Jukat. Observemos lo declarado por los versículos: “Los Hijos de Israel, toda la asamblea, llegaron al Desierto de Tzin en el mes primero, y el pueblo se estableció en Kadesh. Miriam murió allí y fue enterrada allí. No había agua para la asamblea, y se reunieron en contra de Moshé y Aarón. El pueblo tuvo una disputa con Moshé y habló, diciendo: ¡Si tan sólo hubiéramos perecido como perecieron nuestros hermanos ante El Eterno! ¿Por qué trajisteis a la congregación de El Eterno a este desierto para que muramos allí, nosotros y nuestros animales? ¿Y por qué nos hiciste ascender de Egipto para traernos a este lugar malo? No es un lugar de semilla, ni higo, ni uva, ni granada; ¡y no hay agua para beber!. Moshé y Aarón llegaron de ante la presencia de la congregación hacia la entrada de la Tienda de la Reunión y cayeron sobre sus rostros. La Gloria de El Eterno apareció ante ellos. El Eterno habló a Moshé, diciendo: Toma la vara y reúne a la asamblea; tú y Aarón, tu hermano, y háblale a la roca ante sus ojos y dará sus aguas. Sacaréis para ellos agua de la roca y daréis de beber a la asamblea y a sus animales. Moshé tomó la vara de ante El Eterno, tal como Él le había ordenado. Moshé y Aarón reunieron a la congregación ante la roca y le dijeron: Escuchad ahora, rebeldes, ¿acaso sacaremos agua para vosotros de esta roca?». Entonces Moshé alzó su brazo y golpeó la roca con su vara, dos veces; surgió agua en abundancia y bebieron la asamblea y sus animales”. (Números 20:1-11)

Lo que sucedió parecería estar claro, aunque considerando que en la Torá existen infinidad de misterios ocultos, observaremos algo realmente interesante. En el Midrash Rabá se declara:

Lo natural en el mundo es que el individuo vierta el contenido de un recipiente lleno dentro de un recipiente vacío. Ahora bien ¿acaso es posible suponer que un ser humano vierta el contenido de un recipiente lleno dentro de un recipiente lleno? ¿Es imposible suponerlo verdad? Sin embargo en el principio de la creación el mundo estaba lleno en su totalidad de agua en agua. Es decir, tanto el sitio en el cual hoy se encuentran las aguas como el sitio donde se encuentra la tierra firme y habitable, todo se encontraba en un principio absolutamente lleno de agua. ¿Y tú dices: "Dijo Dios: Que las aguas debajo de los Cielos se reúnan en un área, y que se vea la Tierra seca. Y así fue"? (Génesis 1:9). Se aprende de aquí que El Creador hizo que un mínimo espacio contuviera en su interior un volumen mucho mayor que el que su capacidad natural permitía.

Además, existe en la Biblia un hecho similar al que acabamos de mencionar, el cual se aprende del versículo: "Moisés y Aarón reunieron a toda la congregación ante la roca y le dijeron: Escuchad ahora, oh rebeldes, ¿sacaremos agua para vosotros de esta roca?" (Números 20:10).

Al respecto dijo Rabí Janina: la boca de la abertura de esa roca era del tamaño de uno de los agujeros de un tamiz, y de allí surgía agua. ¿Y todo Israel estaban parados allí? Sino, se aprende de aquí que ocurrió un milagro, donde el Creador hizo que un mínimo espacio contuviera en su interior un volumen mucho mayor que el que su capacidad natural permitía. (Midrash Raba, Génesis 5:7)

Surge de aquí que todos los miembros de Israel se encontraban alrededor de la roca contemplando el extraño suceso. En un lugar tan reducido se ubicaban tres millones de personas. (Pues teniendo en cuenta que el pueblo cuando salió de Egipto estaba integrado por seiscientos mil hombres de entre veinte y sesenta años, como está escrito en la Biblia, debe sumarse una cantidad proporcional de mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas).

Una alusión

El sabio Iaakov Baal Haturim hace mención a esta declaración del Midrash e informa que también se encuentra implícita a modo de insinuación en el valor numérico de la expresión “ante” de la roca.

Veamos:

Ante en el lenguaje original hebreo se dice “pnei”, y su valor numérico es este:

Resulta que el valor numérico de “ante” la roca –pnei- es igual a 140. Y si le sumamos la voz de la pronunciación de la palabra -kolel- resulta:
140 + 1 = 141

Ahora calculamos el valor de “kefulá”, que significa “plegada”. Veamos:

Esta relación indica que todos los Hijos de Israel estaban ante la roca rostro con rostro, tal lo señala el Midrash Tanjuma (Jukat 9). Alude a lo que está escrito en Midrash Rabá: “Un mínimo espacio contuvo en su interior un volumen mucho mayor que el que su capacidad natural permitía” (Baal Haturim).

Surge de lo expuesto que en la sección Jukat se indica la solución al problema del espacio requerido para albergar a un numero de personas tan alto como el que acogerá la Tierra de Israel con la llegada del Mesías.

El problema de la alimentación

Una piensa: Está bien, viviendas habrá para todos porque se vivirá en otra dimensión. Pero ¿de dónde habrá alimento para todos los millones de personas que residirán en la Tierra de Israel en esa época?

Este tampoco será un gran problema, pues El Eterno tiene todo previsto y lo anunció en la sección Jukat.

Está escrito acerca de los Hijos de Israel: “Se trasladaron del Monte Hor por la ruta del Mar de Cañas para circundar la tierra de Edom y el espíritu del pueblo se impacientó en el camino. El pueblo habló en contra de Dios y de Moshé: «¿Por qué nos hicisteis ascender de Egipto para morir en el Desierto? Pues no hay pan ni hay agua, y nuestra alma está hastiada de este pan sin sustancia -kelokel-» (Números 21:4-5).

Surge aquí un interrogante esencial: ¿Por qué hablaron mal de este alimento celestial magnifico que los nutría perfectamente?

Rashi explica que los Hijos de Israel veían que comían el maná y no iban a deponer. Por eso se asustaban y temían. Pues decían que finalmente sus vientres se hincharían y reventarían. Ya que no habían visto jamás un ser humano que ingresa a su cuerpo alimento y no excreta nada. Por eso difamaron al maná.

Pero en realidad no sabían que el maná era un producto celestial que se introducía en los miembros del cuerpo y no dejaba desperdicio. Nutría a cada órgano de acuerdo a su propia necesidad y no había ningún excedente. Por eso no deponían.

Acerca de esta notable propiedad del maná, Baal Haturim revela: Observad la palabra “kelokel”, que define al maná y calculad su valor numérico:

Ahora observad el valor numérico de “esto en los 248” que en hebreo se diría –ze remaj-.

Observamos claramente la relación entre el maná y los 248 miembros que hay en el cuerpo y eran nutridos de forma perfectamente balanceada por el alimento celestial.

Rokeaj agrega que “hakelokel”, incluyendo el artículo “ha”, tiene relación con los miembros del cuerpo a los cuales el maná nutría. Observad:

Y ahora observad el valor numérico de “en los miembros”:

Resulta aquí una nueva evidencia que revela que el maná se introducía en los miembros y los nutría perfectamente.

Y si uno dijere, este alimento existió en la antigüedad, pero en la actualidad ¿de dónde lo obtendríamos?. Esta objeción no debe considerarse una dificultad. Pues en el Talmud se revela que hay siete niveles de Cielos, y el tercer nivel de Cielos es denominado “Shejakim”, que es donde se procesa el maná para los justos. (Jaguigá 12b)

Y como si esto fuera poco, en el Talmud consta una enseñanza expuesta por Rabán Gamliel, quien dilucidó que en el futuro los árboles producirán frutos todos los días. Como está escrito: “En el monte alto de Israel lo plantaré, y producirá rama, y dará fruto” (Ezequiel 17:23) Así como la rama crece cada días, también dará fruto cada día. Pero un alumno rió de lo dicho por el sabio y dijo: ¿y esto que está escrito: “No hay nada nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1:9)? Rabán Gamliel le dijo: “Ven y te mostraré un ejemplo que existe en este mundo” Rabán Gamliel le enseñó un árbol denominado “tzlaf” -alcaparra-. El mismo no mostraba señales de brote de ningún fruto, y en ese mismo sector después de tres días había frutos. (Véase Rashi, Baba Batra 28b)

Otra vez Rabán Gamliel dilucidó que en el futuro la Tierra de Israel producirá pan horneado y ropas de lana terminadas. Como está escrito: “Será echado un puñado de grano –pisat bar- en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y del lugar brotarán como la hierba de la tierra” (Salmos 72:16). La expresión “pisat” significa literalmente “palma“ indicando que serán del ancho de la palma de la mano. Y la expresión “bar” significa “alimento” y también “prendas de vestir”, tal como consta en el Pentateuco: “túnica de listones” -ketonet pasim- (Génesis 37:3)

Sin embargo un alumno rió de lo expuesto por el sabio y dijo: ¿y esto que está escrito: “No hay nada nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1:9)? Rabán Gamliel le dijo: “Ven y te mostraré un ejemplo que existe en este mundo”. Rabán Gamliel le enseñó unos hongos y champiñones, los cuales crecen una gran cantidad de ellos en una sola noche, grandes y redondeados, como panes. Y respecto a las prendas de vestir, le mostró una fibra que crece alrededor de la rama de la palmera y la reviste. (Talmud, tratado de Shabat 30b)

En suma

Ya vemos que el problema de la vivienda y el sustento está todo arreglado. Sólo falta que venga el Mesías y nos lleve de la mano a disfrutar de todos esos bienes. Y para que llegue antes, nada mejor que hacer las paces con nuestros semejantes y estar unidos. Como está dicho: “no se crean que la redención final va a llegar por causa de vuestras aflicciones, tampoco por vuestras angustias, ni siquiera por los desconsuelos, las congojas, las consternaciones, las desesperaciones, las agresiones que sufren, los padecimientos, las tristezas, y ni los pesares. Por nada de eso se van a liberar de todos los flagelos que los acosan, sino por el estudio de la Torá practicado por diez personas que se encuentran juntos y que se llevan bien. Esto significa que debe haber armonía entre ellos, que no se peleen, y que no haya disputas, sino que aceptan lo que dicen los demás y aprenden uno del otro de una manera pacífica. De esa manera va a llegar la redención y no por todo lo que padecen” (Tana Dbei Eliahu 14:5).

Indice de la Parasha  
 
 

 


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