Sección de la Torá de esta semana 


Parashat "Mishpatim"

En esta ocasión: “Lo importante”.

La sección de la Torá Mishpatim, es la continuación de la anterior, o sea, Itró, y son en ella mencionadas varias leyes que fueron enseñadas por Moshé al pueblo después del mediodía, pues a la mañana habían escuchado los diez mandamientos, y ahora prosigue, especificando primeramente las condiciones de los siervos, o sea, aquellos individuos judíos que robaron, y no tienen para pagar, en ese caso, el tribunal los vende por un lapso máximo de seis años, ya que en el año séptimo saldrán libres.

A continuación se explica el caso de aquel que tras los seis años, desea seguir en condición de siervo, alegando que ama a su patrón, su mujer (una sierva kenanita) que él le dio, y sus hijos que le nacieron, en ese caso, su amo debe traerlo a los jueces, para luego acercarlo a la jamba de la puerta, y con una lezna, perforarle el lóbulo de la oreja, tras lo cual le servirá hasta el Jubileo (ceremonia que se celebraba cada cincuenta años).
1El motivo de la sanción a este miembro específico, que es la oreja, se debe a que con ese órgano escuchó los diez mandamientos en el Monte Sinaí, en los cuales consta "No robarás", y a pesar de ello, ¿él fue y robó?.

Y en el caso que un individuo se venda a él mismo como siervo, a causa de haber empobrecido, en ese caso, el motivo de la incisión luego de los seis años, es porque: aquel oído que oyó en el Monte Sinaí: 'Para Mi son los hijos de Israel siervos', ¿y pese a ello adquirió para él otro amo?, por tal razón, que sea perforada su oreja contra la puerta.

El motivo de hacérselo en este sitio se debe a que cuando Hashem salteó las casas de los Hebreos en Egipto, durante la matanza de los primogénitos, tras Ver que los hijos de Israel colocaron allí, en las jambas y en el dintel, sangre del sacrificio de Pesaj, tal cual fue ordenado por Di-s, por eso, al ser que ellos (las jambas y el dintel) fueron testigos en ese momento, y también cuando el Creador Dijo que los hijos de Israel son para El siervos, liberándolos de la esclavitud, que sean ahora testigos de la perforación de la oreja de este sujeto que adquirió un amo para él, pues Di-s Dijo sean "para Mi siervos", y no "siervos de siervos".

Prosiguió Moshé explicando leyes concernientes a este tema, para luego abocarse al detalle de la penalización correspondiente por daños físicos causados por el individuo a su semejante, asesinatos, raptos, indemnización a terceras personas afectadas por la acción de aquellos que reñían, etc.
2Luego de transmitir a los hijos de Israel todas estas leyes, la Torá relata que Hashem convocó a Moshé, indicándole que ascienda al Monte Sinaí, para entregarle las tablas de la ley y todas las enseñanzas y los preceptos en forma escrita, para que sean enseñados.
Y efectivamente, tras el llamado del Creador, Moshé subió al monte, y permaneció en las Alturas cuarenta días y cuarenta noches.

Es decir, el Todopoderoso condujo al pueblo de Israel de manera progresiva, primeramente, Mostró Su gran poder en Egipto, para que Sus hijos se sientan seguros, confiados y protegidos. Luego les solicitó la observancia de algunos pocos preceptos, para conducirlos inmediatamente a la liberación. Una vez dado este paso, Alimentó a todos en medio del desierto Haciendo llover del cielo el "maná", y cuando ya estuvieron bien fortalecidos, tanto físicamente, como en el plano espiritual, evidenciando completa fe en el Creador, entonces entregó a Su pueblo los diez mandamientos, y todas las leyes antes citadas.
O sea, se Condujo similar a un hombre cuando planta un árbol, quien los primeros tiempos riega la tierra, para humectarla y de este modo se den las condiciones ideales como para que pueda germinar la semilla que depositó en ese lugar, hasta que emerja el primer brote. Luego proseguirá alimentando a la pequeña planta, hasta que se forme el tallo, a la vez que irá quitando las malezas que crezcan a su alrededor, para que no perjudiquen el desarrollo del vegetal, y cuando el tierno tallo comience a endurecer, adoptando forma de tronco, recién en ese momento, realizará la primera poda, para que el árbol crezca robusto y fuerte, y de en el futuro abundantes y buenos frutos.

Así actuó el Creador con nuestros antecesores, y del mismo modo debemos proceder con nuestros hijos, dedicándonos a su cuidado y educación desde el momento de su nacimiento, en forma paulatina, y de acuerdo a las posibilidades del pequeño, hasta que se convierta en un ser adulto y pueda dar muchos y buenos frutos gracias a la dedicación que les prestamos desde un primer momento.

Y es este el motivo por el cual la Torá compara a la persona al árbol: (Devarim 20: 19): "Porque el hombre es un árbol... ". Y al ser que con respecto a ellos, se dijo: (Vaikrá 19: 23): "Cuando viniereis a la tierra (Israel), y sembrareis todo árbol frutal, su fruto permanecerá cubierto durante tres años, (todo lo que produzca en ese tiempo), no será comido". 4Esta es la razón de la tan popular costumbre de dejar al niño crecer su cabello durante los tres primeros años, y luego de ese lapso, se realiza una ceremonia festiva, donde su cabellera será cortada por primera vez.
3Con respecto al motivo de este precepto desde un punto de vista natural, es posible decir que las frutas producidas por los árboles en sus primeros tres años de vida, causan trastornos al aparato digestivo, pues aun permanece en ellos un marcado estado de humectancia, causado por la absorción de sustancias proteicas de la tierra y líquidos, necesarios para su desarrollo, sin que aun los rayos solares y el efecto del aire hayan podido inducirse, infiltrando en ellos calor suficiente para secar esa acuosidad, por lo que los frutos producidos por el árbol en ese estado, serán acuosos y arenosos, hecho similar al que acontece con los peces que no tienen escamas, los cuales al no contar con esa protección ante el agua que choca contra sus cuerpos en forma permanente, manifiestan en la carne de ellos, un predominio sustancial de acuosidad.

Por lo tanto, tal como lo expresamos, al compararse al ser humano con el árbol, el cual hasta la edad de tres años, tampoco puede dar sus frutos en forma óptima y provechosa, como ser, hablar, comprender, discernir entre el bien y el mal, etc. por tal razón, la citada costumbre de dejar crecer su cabello hasta ese entonces, y a partir de ese momento se inicia una instrucción seria a través de docentes profesionales, llevándolo a un jardín de infantes competente, en el cual el niño aprenderá las letras, luego a leer, y recibirá una orientación espiritual adecuada que le permita la posibilidad de seguir desarrollándose en el futuro, y poder producir buenos y abundantes frutos.

5Este momento, es muy importante, a tal punto que los sabios dijeron: "Cuando llega el tiempo de enviar al chico al colegio, debe el padre madrugar, despertar al niño, y llevarlo a su maestro. Y es correcto que él mismo lo haga, aunque se trate de un individuo importante, acaudalado, o sea rabino, no debe sentir ningún tipo de vergüenza por llevar a su hijo la primera vez ante el maestro, tras lo cual corresponde que agradezca al Creador por haberle adjudicado un hijo, y la posibilidad de hacerlo ingresar "debajo de las alas de la presencia Divina"
Y todo este esfuerzo que el padre realiza para que su hijo crezca en un entorno acorde, estará permanentemente presente frente al Creador, Quien en mérito de la acción de este progenitor, Velará por ese niño, y lo Protegerá.
6Había un hombre mayor, de setenta años de edad, que no tenía hijos, aunque dinero si poseía, y mucho. Este individuo, día tras día asistía a la Sinagoga a derramar sus plegarias delante del Creador.

Además, cuando los niños salían del colegio, solía abrazarlos y besarlos, y les decía: "Díganme un versículo que hayan estudiado".

Cada chico le decía su versículo, y el hombre lloraba y exclamaba: "Dichosos vosotros (los padres) que obtuvisteis el mérito de tener hijos que se abocan al estudio de la Torá".

Y también mencionaba: "Uy de mi vida, porque todas mis propiedades serán heredadas por ajenos".

El individuo decidió por tal razón, repartir todo su dinero entre los estudiosos de la Torá. Lo hizo y pensó: "Quizá, a través de esto, tenga una parte en el mundo venidero con ellos".
Inmediatamente, luego de este suceso, la misericordia del Creador no tardó en llegar, y le Otorgó un hijo a la edad de setenta años.
Cuando el niño cumplió cinco años, lo colocó sobre sus hombros, para llevarlo al colegio. Allí, dijo al maestro: "¿Qué libro comenzará a estudiar mi hijo?".

El docente respondió: "El tercer libro de Moshé: 'Vaikrá'".
Pero el padre le dijo: "Que comience por Bereshit (Génesis), pues es este una alabanza al Creador".
Así fue que el maestro comenzó a estudiar con el chico el primer libro de la Torá, o sea: Bereshit.
Cierto día, el pequeño propone a su progenitor: "¿Hasta cuándo me llevarás sobre tus hombros?. ¡Déjame caminar, conozco el camino e iré solo!.".
El padre le respondió: "¡Ve!".
El chico comienza a transitar el trayecto que conduce al colegio, pero a mitad de camino, es visto por uno de los enviados del rey, quien al apreciar que era muy hermoso, lo raptó, y llevó a su casa.
Cuando cayó la tarde, el padre del niño al ver que su hijo no regresa, se dirige hacia lo del maestro para saber que sucede. Cuando llegó le preguntó: "¿Mi hijo que he enviado a ti, dónde está?".

El docente le responde: "Lo desconozco, pues no ha asistido a la clase el día de hoy".
Al escuchar esto, el padre gritó, lloró, y salió por los caminos para tratar de averiguar si alguien ha visto a su hijo. Pero todos le respondían: "No hemos visto un niño como el que describes".
Al escuchar esta respuesta, tanto él, como la madre del pequeño, clamaban, lloraban y colocaban ceniza sobre sus cabezas, hasta que el llanto de ellos ascendió a las Alturas Celestiales.
En ese instante, la misericordia del Todopoderoso no se hizo esperar, y Provocó que el rey enferme, motivo por el cual solicitó a sus siervos: "Tráiganme el libro de las curaciones".
Ellos se dieron prisa a acatar la orden del mandatario, pero el Creador Hizo que sea el libro de Bereshit el traído por los asistentes.
Los siervos lo abrieron, pero nadie podía comprender lo que allí estaba escrito, por lo que dijeron: "Nos parece que es este un libro de los Hebreos".

Buscaron algún judío, pero no hallaron ninguno. En ese momento, el enviado menciona al rey: "Cuando pasé por una aldea judía, rapté de allí un chico, quizá él sabe leer lo que aquí está escrito".
El monarca ordenó: "¡Tráelo de inmediato!".
La solicitud fue satisfecha al instante, y cuando lo tuvo frente a él, el monarca dijo al pequeño: "Hijo mío: ¿Sabes leer lo que aquí está escrito?".
Al ver el libro, el niño irrumpió en llanto, y se arrojó al suelo.
El rey le dijo: "Creo que sientes temor de mi persona".
Sin embargo, el muchacho le comunicó: "No es que siento temor de ti, sucede que soy el hijo único de mi madre, y me ha dado el Creador a mi padre a los setenta años de edad, quien me envió a aprender este libro, por eso puedo leer muy bien lo que en él está escrito".
El joven leyó desde la primer palabra: "En el comienzo... ", hasta "y Culminó ("Di-s") los cielos y la tierra... ".
El monarca le preguntó: "¿Sabes explicar lo que has leído?".
El niño respondió afirmativamente, y en ese momento, el Todopoderoso le Otorgó sabiduría y entendimiento, para que pueda dar una explicación convincente.

Cuando el rey hubo oído acerca del poder del Creador, de inmediato se reincorporó, levantándose de su cama, y sentándose en su trono, hasta que el niño acabó de explicar la totalidad de lo leído.
El rey sentenció: "La curación me ha venido a través de ti. Pide lo que quieras y te lo daré".
El pequeño respondió: "No solicito de ti ninguna cosa, solo devuélveme a mi padre y madre".
Sin perder tiempo, el mandatario ordenó entregarle plata, oro, piedras preciosas, y lo llevaron de regreso a sus progenitores.
Cuando sus padres lo vieron, agradecieron al Creador, y se alegraron enormemente.

Por eso, es de relevante importancia hacer mucho hincapié en este punto, y elegir un buen maestro, o jardín de infantes, para enviar al niño, ni bien alcanza la edad de poder captar las enseñanzas, pues si hacemos la voluntad de Hashem, y nos abocamos a que nuestros hijos también lo hagan, el Creador nos protegerá, y también a nuestros chicos, como apreciamos en el citado caso.
Pero simultáneamente, la misión de los padres como educadores también debe proseguir, tal como aconteció antes de esta etapa, donde le enseñaron a pronunciar las primeras palabras, a caminar, etc. Ahora esta labor debe ser realizada a un nivel más avanzado, pues pese a que a medida que la criatura vaya creciendo, en la escuela le enseñarán temas más complejos, el deber de los progenitores es trabajar en conjunto con los maestros, y preguntar asiduamente a los hijos acerca del tema estudiado, para comprobar el avance periódico del joven.
Además, queda claro que no es suficiente, que el chico aprenda en la escuela, por ejemplo, las leyes concernientes a la conducta que se debe asumir durante el tiempo que se está sentado a la mesa, donde la ley estipula que cuando alguien tomó un trozo de alimento, y lo mordió, ya no puede colocar el pedazo nuevamente sobre el sitio del cual todos toman lo que hay dispuesto para servirse, sino que lo deberá colocar exclusivamente en su propio plato, pues no todas las personas son iguales, y existen aquellos que no toleran esta acción. Esta es una de las tantas leyes al respecto que constan en los compendios, y seguramente los chicos aprenderán, pero la labor como padre consiste, en primer lugar, en averiguar si su hijo estudió tal norma de conducta, y el segundo paso es lograr que la lleve a la práctica, pues ¿qué sentido tiene incorporar cada vez más conocimiento, si no se hace nada positivo con ello?.

O sea, la labor del padre debe proseguir, en conjunto con la tarea desempeñada por los maestros, en todo lugar, y en todo momento, pues la Torá enseña como comportarse en cada circunstancia, y es precisamente eso lo que los docentes transmiten a los alumnos, para que puedan actuar acertadamente dentro del ámbito donde se moverán, y ser personas correctas, debidamente insertadas en la sociedad, aunque esa teoría, aprendida por ellos, es menester que los padres constaten y se esfuercen en que su hijo la practique certeramente.

Y mucho hay que prestar atención a los valores espirituales, que como ya hemos mencionado en otras oportunidades, nos han mantenido vivos como pueblo desde tiempos de antaño, pese a que sufrimos permanentemente persecuciones y tentativas de exterminio, tal como no hace mucho, pretendió llevar a cabo el malvado Hitler, pero siempre el Creador actuó en nuestra defensa, e Israel sigue con vida, por ello, debemos dar el último paso para que el Todopoderoso nos redima definitivamente, y Reconstruya la ciudad de Jerusalem y el Tercer Templo Sagrado.
¿Que es lo más preciado para el Creador, y tiene la fuerza suficiente para aprontar ese preciado momento?. Eso lo veremos enseguida.
Sabido es, que la mayoría de los hijos de Israel asisten al Beit Hakneset (Sinagoga) para orar, muchos lo hacen a diario, otros de tanto en tanto, y están aquellos que concurren solo en Rosh Hashaná y Iom Kipur. Por su puesto que lo correcto es que la totalidad de la gente sana lo haga a diario, y ese es el ejemplo que hay que tomar, pero hemos citado también a los otros grupos, porque seguramente vieron lo que allí acontece, y podrán comprender el tema que abordaremos de inmediato, pues, es precisamente en la Sinagoga, donde se reza al Creador en conjunto, todos juntos, y cuando se lo hace de esa manera, la plegaria derramada por la congregación no retorna vacía, sino que es Escuchada por el Todopoderoso.

Los rezos básicos que se recitan están escritas en un libro que ha sido llamado "Sidur", lo demás, es adicionado por cada uno en forma particular, de acuerdo a lo que desea pedir al Creador, cuando culmina el recitado de las dieciocho oraciones, (o existe la posibilidad de hacerlo en el medio, en la oración en que se solicita la audiencia por parte del Todopoderoso de nuestra plegaria). La totalidad de estas oraciones son pronunciadas en forma silenciosa, y no se debe interrumpir en el medio, hablando ni haciendo gestos de ningún tipo a otra persona, pues es el momento en que uno habla directamente con Di-s, ya que las alabanzas anteriores que se estilan, son preparativos y conductos para llegar a este instante tan elevado.
Luego de la culminación de esta plegaria, el oficiante, que es llamado "Jazán" o "Sheliaj Tzibur" (Representante de la congregación), repite en voz alta este rezo, y los presentes responden tras cada bendición "Amen". Solo que durante la reiteración de la segunda, antes de la finalización de la misma, el "Jazán", se detiene por un momento, pronuncia un breve enunciado, y todos responden al unísono "Kadosh, Kadosh, Kadosh..." ("Santo, Santo, Santo..."), en referencia al Creador, y es esta una alabanza muy preciada por Di-s, la cual es proferida por los ángeles en las Alturas del Cielo.
7Por eso, durante su recitado, cada presente junta ambos pies, de manera que parezcan uno solo, similar a los ángeles, 8y en mérito de esta acción, "el Creador hace posar Su Divinidad sobre la persona que obra así".

También, se alza los talones en ese momento, de manera que parezca como si uno vuela, con el fin de realizar un acto similar al de los ángeles, sobre quienes el versículo declara (Ishaia 6): "con dos (alas) vuelan". Y también los ojos son dirigidos en ese momento al cielo, pues en el libro "Sefer Heijalot" consta: "Benditos vosotros, cielos y huestes celestiales, si dijeren a Mis hijos que es lo que Yo Hago en el momento en que pronuncian 'Kadosh, Kadosh, Kadosh...', y les enseñaren a tener los ojos en dirección hacia las Alturas, pues no existe para Mi un placer mayor en el mundo, como ese instante en el que los ojos de ellos están en dirección a los Míos, y los Míos en dirección a los de ellos, en ese momento Tomo Mi Trono de Gloria, donde se halla el aspecto de Iaakov, lo Abrazo y Beso, Recuerdo los méritos de ellos, y Acelero la Redención".

Sabiendo esto, lógico sería que cada uno corra a la Sinagoga a responder "Kadosh, Kadosh, Kadosh...", pues si eso acelera la Redención, no habiendo en el mundo algo que provoca al Todopoderoso mayor placer, entonces, eso es a lo que hay que abocarse con todas las fuerzas y el alma. Y efectivamente, cada uno puede comprobar fácilmente, que en el momento de recitarse estas santas palabras, todos interrumpen lo que estaban haciendo, y la totalidad de los presentes cesan de hablar por completo, reinado en ese instante un silencio total, y cuando oyen del Jazán el enunciado, inmediatamente a continuación, estalla toda la congregación al unísono en un solo clamor: "Kadosh, Kadosh, Kadosh...".
Y después de saber esta verdadera clave para lograr que el Creador apronte la redención final que tanto aguardamos y anhelamos, ¿qué ocurre ahora, si les informamos que existe algo más poderoso aun que esta sagrada alabanza, y más fácil de realizar?. Seguro que aun antes de oír, de que se trata, habrán resuelto que tras escuchar, correrán a cristalizar en el mundo el Deseo del Todopoderoso.

9Aquí va el dato: Existe una alabanza cuyo inicio fue compuesto en base al versículo que consta en el profeta Iejezkel 38, y habla acerca de la guerra de Gog y Magog, tras lo cual será engrandecido el nombre de Di-s, y "en ese día, El será Uno y Su nombre Uno", allí en Iejezkel 38: 23, versa: "hitgadalti ve hitkadashti" (Engrandeceré y Seré Santificado), de allí provienen las dos primeras palabras de esta alabanza tan poderosa llamada "kadish", ya que la misma comienza con los términos antes citados: "itgadal veitkadash".

Resulta entonces, que el Kadish es algo extremadamente santo y tiene una fuerza tan grande que puede revertir malos decretos, inclusive si fue sentenciado que sobre la persona recaerá tal o cual cosa desagradable durante mucho tiempo, a través de responder "Amén" ante el recitado del Kadish, es posible anular tal decreto.
Tal es la magnitud que alcanza, que supera a la "kedushá" (así se llama a la alabanza que comienza con "Kadosh, Kadosh, Kadosh...".), y si uno ingresa a la Sinagoga, y escucha que en dos salas diferentes están recitando plegarias, en una de ellas, se escucha "Kadish", y en la otra "Kedushá", en ese caso, debe ingresarse a la sala donde se recita el "Kadish", pues como dijimos, es algo tan elevado, que supera a todas las demás alabanzas que existen, debiéndose interrumpir inclusive el recitado de las dieciocho bendiciones, manteniendo silencio hasta que culminen la parte principal del Kadish, y luego se prosigue.
10La fuerza del Kadish es tan grande, que hasta los ángeles celestiales sentirían envidia en caso de enterarse que los seres humanos recitan una alabanza semejante, por eso, fue compuesto en lengua aramea, que es la que se hablaba en Babilonia, nación donde sufrió el pueblo judío el exilio luego de la destrucción del Primer Templo Sagrado, no siendo este lenguaje comprendido por los ángeles.

Por lo tanto, al poseer en nuestras manos algo tan santo, sagrado y poderoso, debemos hacer uso correcto de él, respondiendo "Amén" cada vez que lo escuchamos, y dejando de hacer todo lo que estamos ejecutando en ese instante (su recitación puede durar un minuto), pues la ley estipula que no está permitido en ese momento cumbre, en el que se recita el "Kadish", siquiera "pensar" en algún tema de estudio, menos aun hablar o interrumpir de algún modo, pues a través de esta alabanza, es posible revertir todos los malos decretos y lograr la paz, felicidad y dicha de todo el mundo, aconteciendo exactamente lo contrario, si a alguien se le ocurre interrumpir de algún modo en ese momento tan relevante.

R’ Aharon David Shlezinger

1 - Rashi Shemot 21: 6
2 - Shemot 24: 12
3 - Rabino Bejaie Kedoshim 19: 23
4 - Ver Shulján Aruj, Oreaj Jaim 531: 7, Shaarei Teshuba
5 - Kav Haiashar 72
6 - Midrash Haseret Adivrot
7 - Oreaj Jaim 94: 1
8 - Mishná Brurá Oreaj Jaim 125: 2
9 - Mishná Brurá Oreaj Jaim 56: 1
10 - Tur Shulján Aruj 56

Indice de la Parasha  

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