Sección de la Torá de esta semana 


Parashat "Ekev"

En esta ocasión: "Los últimos tiempos"

Esta semana leemos la sección de la Torá llamada "Ekev". En la misma encontramos el siguiente versículo (Devarim 7: 12): "Será, por causa de que escucharen estas ordenanzas y las guardaren e hicieren a ellas, cuidará Hashem tu Di-s el pacto y la benevolencia que juró a vuestros padres".

La expresión mencionada "por causa", en el original en hebreo es “ekev”. Respecto a la interpretación de este término, hay algunas variantes. Una de ellas consiste en darle el sentido que le dimos en la traducción del versículo aquí arriba. Otra posibilidad es interpretar la sentencia “ekev” como "talón", o "final". Si utilizamos esta última variante, el versículo nos quedaría de la siguiente manera:

"Será, si al final escucharen estas ordenanzas y las guardaren e hicieren a ellas, cuidará Hashem tu Di-s el pacto y la benevolencia que juró a vuestros padres".

Los sabios dijeron, que toda vez que en la Torá dice "será", se refiere a una expresión de alegría.

Ahora que tenemos conocimiento de esta regla, la aplicaremos a nuestro versículo, y nos queda así:

1"Será" - una gran alegría en el Cielo, si "al final" - cuando sean los últimos días del exilio, es decir, en la época de "los talones mesiánicos", en la cual fue profetizado que sobrevendrán sobre los integrantes del pueblo de Israel pruebas durísimas y amargas (como las que estamos atravesando), y con todo eso "escucharen" - la voz de Di-s y guardaren Su Torá, entonces sin lugar a dudas, habrá una gran alegría en todo el mundo por la redención final, que llegará para terminar con todas las aflicciones y angustias, y trocar esos disgustos por bienestar y placer verdaderos. 

Lo que sucederá en esta época:

En esta época de “los talones mesiánicos”, que es la actual en la que vivimos, un pequeño acto que realicemos haciendo la voluntad de Di-s, alcanza una fuerza muy grande, a tal punto que el mismo puede revertir situaciones netamente adversas. Ya que, como es sabido, vivimos en un tiempo donde los sinsabores se multiplican, y pereciera no haber salida. Por eso, si nos sobreponemos a esto, y pese a los contratiempos cumplimos con la voluntad de Di-s, entonces, con una acción muy pequeña, podemos contrarrestar enorme cantidad de desdichas. No en vano consta en los escritos sagrados que el décimo periodo de hambre que habrá en el mundo (ya hubo nueve) no será de escasez de alimento, sino de la palabra de Di-s. 

En la actualidad, pese a que hay energía eléctrica por todas partes, y por esa causa el mundo está alumbrado a toda hora, con todo eso, vivimos en la oscuridad. La luz que tenemos es solo material, pero espiritualmente hablando, no tenemos mucha luz, y por eso somos llamados la generación huérfana (así consta en el libro Leb Eliahu y otros). Por eso, al ser que con todo eso nosotros seguimos adelante y nos esforzamos en cumplir los preceptos de Di-s, por esa causa, en mérito de este gran esfuerzo, la retribución será muy grande, acorde a nuestro proceder.

En la época del Talmud ya había claros ejemplos de situaciones como las que mencionamos. Por citar alguno de ellos, diremos que en el tratado de Taanit 21b, se narran varios sucesos que muestran como por el mérito de un pequeño acto de una persona se anularon graves decretos. 

Algunos ejemplos:

Por ejemplo, cierta ocasión hubo un incendio que se propagó por toda la ciudad de Drokart, aunque un barrio de la misma no fue afectado en lo más mínimo. Al contemplar ese milagro, los sabios se preguntaban por que causa sobrevino. La respuesta a esta cuestión les fue revelada a través de un sueño. En el mismo les dijeron que la salvación de esa vecindad ocurrió por causa de cierta señora que vive en esa vecindad y cada víspera de Shabat calienta su horno para que sus vecinas carentes vengan a su casa y horneen en forma gratuita su pan para la comida del Shabat.

Otro suceso similar aconteció en Sura, donde se propagó una terrible epidemia que afectó a toda la ciudad. Sin embargo, había un barrio que milagrosamente no contrajo la enfermedad. Los sabios al ver este acontecimiento sobrenatural se preguntaban por que causa esta zona barrial había sido protegida de tal flagelo, no siendo afectada en lo más mínimo. La respuesta a esta cuestión la obtuvieron a través de un sueño. En el mismo les fue revelado que se debe a cierto individuo que vive allí, y acostumbra prestar su pico y pala cada vez que dichas herramientas son requeridas para enterrar a los difuntos en ese lugar.

Actos aparentemente tan pequeños, alcanzaron para salvar a un barrio entero. Tengamos en cuenta que en la actualidad, a causa de las duras pruebas que atravesamos, es mucho más difícil realizar este tipo de actos como los mencionados. Además, sumemos a ello que el Todopoderoso otorga la recompensa de acuerdo al esfuerzo de la persona, y no solo por el resultado de lo que hizo, llegamos a la conclusión que el pago por hacer alguna cosa acorde a la voluntad del Eterno debe ser muchas veces mayor al recibido por aquellas personas que lo hicieron en épocas de antaño, cuando las tentaciones a pecar eran menores. Por eso, multipliquemos el pago que ellos recibieron varias veces, y llegamos a la conclusión de que el efecto de nuestras buenas acciones puede terminar con la dura situación que atravesamos, logrando que llegue la redención final. Y no olvidemos, que los sabios han dicho que falta muy poco, por lo que si perseveramos, seguramente lo lograremos.

Por la razón expuesta, ante la notable trascendencia que puede alcanzar cada acción por nosotros realizada, es necesario saber que es lo principal y prioritario, y en que debemos trabajar en nosotros mismos para poder triunfar y alcanzar el éxito:

Analizando:

Si bien todos los preceptos son de vital importancia, hay algunos que sobresalen. Examinemos para dilucidar esto, el momento en el cual Di-s entregó la Torá a Israel: 

Inmediatamente de sacar al pueblo judío de Mitzraim (Egipto), era intención de Di-s hacerlos ingresar a la Tierra Prometida. Pero ¿qué pasó?. En el trayecto hacia Israel, cada vez que acampaban y también cuando emprendían la marcha, los hijos de Israel no se comportaban de la mejor manera, y eso causó una demora de cuarenta años en el desierto. 

Enseguida uno se hace una pregunta lógica ¿cómo sabemos esto y qué es lo que hicieron para merecer un castigo semejante?. La respuesta la obtenemos en los versículos de la sección de la Torá llamada “Masaei”. Allí consta claramente el comportamiento del pueblo de Israel durante el viaje, pues los versículos anuncian "acamparon en...", "marcharon..." siempre en plural, lo que demuestra que no eran un pueblo, sino varias individualidades que lo componían y las marchas se desarrollaban en medio de permanentes discusiones. 

Esta situación prosiguió así, hasta que llegaron al Monte Sinaí. En ese sitio todos se unieron y ya no discutían entre ellos, por eso el versículo declara (Shemot 19: 2): "Acampó allí Israel", en singular, demostrando que estaban todos unidos y ya no había discusiones.
Al ver esto Di-s dijo: "Ha llegado la hora de entregar la Torá a Mis hijos". (Midrash Eijá: petijá 20)

Resulta de aquí, que la unión (o sea, el cese de las discusiones) fue el motivo de la construcción (la entrega de la Torá que derivaría en la construcción del Templo Sagrado permitiendo así la proyección de la Divinidad en el mundo). Aunque esta época de esplendor no duró mucho, ya que el pueblo comenzó a desobedecer al Todopoderoso. Los hijos de Israel cometían con asiduidad actos idólatras, derramaban sangre, y cometían adulterio. Por eso, el pueblo judío fue desterrado brutalmente, y tras 410 años de estar en pie, el Primer Templo Sagrado fue destruido por el rey Navujadnetzar (Nabucodonosor).

Pero fue reconstruido:

70 años más tarde, el Templo Sagrado es reconstruido. Esta vez estaría en pie por espacio de 420 años, hasta que también resultaría quebrantado. Pero luego de esta última destrucción, han pasado 70 años, luego otros 70, y otros 70 más. Sin embargo, la espera prosigue, y mientras tanto, debemos soportar este duro exilio en el que nos hallamos inmersos. 

Al contemplar la tan larga espera para que el Templo sea reconstruido nuevamente y la paz vuelva a reinar en el mundo, uno se pregunta ¿cuál fue la causa tan terrible de la destrucción de este Segundo Templo Sagrado? ¿Hay acaso algo más grave que las razones que llevaron a la caída del Primer Templo?. ¿Existe un pecado peor que matar a otro ser humano, practicar la idolatría, o mantener relaciones prohibidas?. Pues si en el segundo Templo Sagrado el pueblo hizo eso, y tras 70 años el mismo fue reconstruido ¿por qué tras la destrucción del segundo debemos esperar tanto? ¿Qué es eso tan grave que hemos hecho para merecer semejante castigo?.

Sucedió que las discusiones entre los integrantes del pueblo judío que mantuvieron entre ellos hasta que llegaron al monte Sinaí y les habían impedido recibir la Torá hasta ese momento, las mismas volvieron a las bocas de los Hebreos causando la destrucción del Templo Sagrado. Este daño es muy difícil de reparar, y por eso hace tanto tiempo que aguardamos por la reconstrucción del Templo Sagrado.

Los sabios revelaron que: “el último Templo Sagrado se destruyó por causa de odio gratuito”. (Es decir, debido a la falta de comprensión entre uno y otro, lo cual derivó en discusiones fatales, como la narrada por el Talmud en el tratado de Guitin 58, donde se produjo una riña a causa de odio y resquemor entre Kamtza y Bar Kamtza. Pues un sujeto organizó una fiesta, y mandó a invitar a su amigo Kamtza, sin embargo, el mensajero se equivocó e invitó a Bar Kamtza. Este último se sorprendió por el convite, pero de todos modos fue. Cuando llegó, el anfitrión lo expulsó de la velada aludiendo de que no era su intención invitarlo. Bar Kamtza pidió clemencia, para no pasar vergüenza yéndose de ese modo y ofreció pagar hasta la mitad de los gastos totales de la fiesta. Pero el anfitrión no le permitió quedarse. Por eso Bar Kamtza se enojó y tramó una gran mentira, fue y comunicó al gobierno romano que “los judíos se revelan contra el régimen romano”. Por eso, estos últimos se enfadaron con los hijos de Israel y destruyeron el segundo Templo Sagrado. 

Si Kamtza hubiera dejado de lado su odio, rencor y resquemores por no haber recibido la invitación para la fiesta de su amigo, y hubiese ido a preguntar que sucedió, se hubiera ahorrado esta discusión entre Bar Kamtza con el anfitrión, evitándose así un hecho tan grave como el que finalmente aconteció. 

Esto es lo que debemos saber:

Queda claro que debemos trabajar mucho en nosotros para no discutir, pues de esta manera construiremos nuestro hogar, que a su vez afectará a los demás hogares, y al mundo entero. Así se producirá una unión total, como la que hubo en el monte Sinaí, y a través de ello, demostraremos al Todopoderoso que estamos en condiciones de vivir como pueblo unido, posibilitando de ese modo la construcción del Tercer y definitivo Templo Sagrado. 

La eficacia y consecuencias de la realización de un pequeño acto que provocará una reacción en cadena afectando a nuestro entorno, luego al de los demás, y finalmente al mundo entero, es algo que podemos encontrar con lujo de detalles en el Talmud, precisamente en el tratado de Kidushin 40. Allí se explica que debemos considerar a nuestros actos y los del mundo entero, como que se encuentran sobre una gran balanza. La misma contiene en uno de los platillos a los pecados realizados, y en el otro a las obras de bien efectuadas, estando ambos platillos en perfecto equilibrio. Haciendo una sola obra de bien producimos indefectiblemente el desequilibrio, que afectará tanto a nosotros, como al mundo entero.

Es por lo que hemos mencionado, que nuestra misión que debemos realizar es clara, solo hace falta poner un poco de buena voluntad y el estado del mundo puede revertirse por completo. Todo está en nuestras manos y en la manera en la que nos conduzcamos en nuestros hogares, pues eso se reflejará también fuera de ellos. 

De todos modos, cabe aclarar que pese a lograr el objetivo de mantener la paz en nuestras casas y fuera de ellas, igualmente es menester esforzarnos al máximo posible en no cometer otras infracciones que arruinen todas estas obras buenas que hacemos con tanto empeño, dedicación y esmero.

Como lograrlo:

Para lograr lo que hemos expuesto, hemos de tener siempre presente aquel versículo que declara (Devarim 11: 14): "Recolectarás tu cereal, tu vino y tu aceite". 

Este versículo ha sido explicado magníficamente por nuestros sabios en el Talmud, más precisamente en el tratado de Berajot 36: 

Allí mencionaron lo expresado por el versículo "Recolectarás tu cereal...", y preguntaron al respecto ¿qué es lo que estas palabras pretenden enseñar?.

Luego respondieron, es por lo que está escrito en el libro del profeta (Yoshúa 1: 8): "No se aparte el libro este de la Torá de tu boca". Preguntaron entonces ¿Es posible tomar las palabras en forma textual, tal como están escritas, o hace falta interpretarlas?. Y respondieron, ¡Seguro que hace falta interpretar esto!. Pues si no se aparta el libro de la Torá de tu boca en ningún momento, ¿Cómo cumples con el versículo que declara que debes recolectar tu cereal?.

Luego de presentada esta aparente contradicción entre los versículos, resolvieron brillantemente la cuestión: “La explicación es, que debes recolectar tu cereal cuando llega el momento de ello, pero mientras trabajas debes conducirte según las normas de la Torá, esto es "no se aparte el libro este de la Torá de tu boca", inclusive cuando haces tu labor. (Rabí Yshmael).

Conclusión:

Resulta de aquí, que debemos vivir permanentemente con las palabras de la Torá y aplicarlas a nuestra vida a cada momento, ya que si el Talmud nos recuerda que lo hagamos mientras trabajamos, que es la actividad básica necesaria para poder subsistir, siendo necesario concentrarse totalmente en ello,(como Aba Jilkía que se compenetraba totalmente en su trabajo, tal como consta en el Talmd, tratado de Taanit 23) más aun cuando desarrollamos actividades de otro tipo que no son esenciales para sobrevivir.

Donde vayamos, tenemos que llevar con nosotros las palabras de la Torá. Si pasamos por un comercio que expende dulces, y vemos allí una oferta de deliciosos alfajores, pero los mismos no tienen un certificado de aprobación “Kosher” (aptos según las leyes de la Torá), en ese caso debemos abstenernos de consumirlos. Eso es llevar la Torá con nosotros a todos lados.

Asimismo, cuando asistimos a un lugar sagrado, como ser una sinagoga para recitar nuestras plegarias, es necesario llevar hasta allí la Torá con nosotros. Pues es posible caer en la tentación de pensar que al uno estar en un lugar sagrado, con eso ya es suficiente para hacer la voluntad de Di-s, y por eso es permitido dar rienda suelta a todos los deseos que uno tiene en ese momento, como ser, hablar con el compañero de lo que no sucedió durante el día mientras las plegarias son recitadas por la congregación, etc. Errores como este es posible evitarlos llevando siempre con nosotros las palabras de Torá que aprendimos, inclusive a la sinagoga. 

De esta manera, por citar un ejemplo, si estamos recitando una alabanza y comienzan a decir "kadish" (alabanza muy elevada que se recita en varias ocasiones, y también como homenaje por las almas de los difuntos), si hemos llevado las palabras de la Torá aprendidas con nosotros, sabremos que debemos interrumpir nuestra alabanza para prestar atención y contestar “amén” tras el recitado del “kadish”, y no continuaremos con lo nuestro hasta que el recitado del “kadish” concluya. De esta manera honraremos a una alabanza pública y grupal, dejando de lado la nuestra particular, y a través de esta unión alcanzada a través de prestar la totalidad de la congregación atención a una misma cuestión, en mérito de ello, el Todopoderoso atenderá a cada alabanza de cada uno en particular.

También debemos actuar del mismo modo cuando asistimos a una clase de Torá, allí es necesario tratar de absorber conocimientos para luego aplicarlos a nuestra vida cotidiana, evitando distraer al disertante o a los demás participantes de la clase con acotaciones que no tienen relación con lo que se está enseñando. Por lo tanto, es menester saber, que es necesario llevar con nosotros la Torá hasta a la casa de estudios.

Veamos una nueva variante:

Este asunto es abordado por el libro Hor Hatzadikim, donde se lo relaciona con nuestra sección semanal que leemos esta semana:

Allí se cita el versículo (Devarim 7: 12): "Será, por causa de que escucharen estas ordenanzas y las guardaren e hicieren a ellas, cuidará Hashem tu Di-s el pacto y la benevolencia que juró a vuestros padres".

El concepto, "por causa...", en Hebreo, se dice "ekev", y nosotros lo tradujimos como "por causa", pero pero tal como dijimos al comienzo, hay otras explicaciones, por ejemplo también se lo puede interpretar como "talón".

Lo mismo acontece con "escucharen", que en Hebreo se dice "tishmeún", también existe la posibilidad de interpretar este concepto como "entendieren":

Tomando estas dos últimas interpretaciones llegaremos a una extraordinaria conclusión. Para ello tengamos en cuenta que el talón es el primer sector del pie que se apoya tras dar un paso. Entonces, aplicando al versículo estas variantes resulta del mismo esta interesante enseñanza:

Antes de cada paso que el individuo se dispone a dar, debe antes "escuchar" y "entender", si con ese paso hará la voluntad de Di-s o no. 

¡Si ve que efectivamente hará la voluntad de Di-s, que de ese paso, y de lo contrario, que no lo de!.

El Eterno ayude a cada uno a dar los pasos correctos para lograr la unión que hace falta para que volvamos a ser todos un solo pueblo, y no muchos integrantes que lo componen. Logrando este objetivo, seguramente podremos gozar nuevamente de las bendiciones y beneficios del Templo Sagrado, permitiendo que la paz y felicidad regresen a Israel. 

Shabat Shalom.

R' David ben Israel

1-Maianá shel Torá

Indice de la Parasha  
 
 

 

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