...Y Dios creó al hombre a Su imagen, a semejanza
de Dios lo creó, macho y hembra lo creó”...
(Gen. 1,27)
“Este es el libro de las generaciones del hombre.
El día que creó Dios al hombre a imagen de
Dios lo hizo, macho y hembra los creó y los bendijo,
y les puso por nombre Adam” (Gen 5,1-2)
“...Y Dios creó a la mujer...””Y
fueron una sola carne” (Gen 2,24)
Hoy en día se suelen hacer análisis de las
culturas del pasado como si los hombres y mujeres de entonces
tuvieran la mentalidad de hoy. La Biblia y como consecuencia
la cultura judía, es un constante objeto de esa crítica
intelectual y moralista, pero dicha crítica es aún
mucho más infundada si tenemos en cuenta dos razones
esenciales:
La primera, es que la mayor parte de dichas posiciones parten
de una profunda ignorancia y ausencia de rigor, ya que no
pasan del nivel de simples opiniones que están basadas
en los prejuicios religiosos y rechazo ante las diferentes
Iglesias y no en un auténtico conocimiento de las
fuentes y los contenidos originales del Libro y la amplitud
de la Torá Oral que no depende, ni en ningún
caso puede depender, de interpretaciones que provienen de
campos religiosos ajenos.
La segunda, es que aquel que conoce aunque solo sea una
mínima parte de dichos contenidos de La Torá,
verá que muchos de los conceptos, valores acerca
del sujeto y la comunidad, reglamentaciones legales en torno
al matrimonio etc. son mucho más actuales si se lo
compara con otros textos religiosos o filosóficos
del mismo período. Al igual que en otros campos,
el código moral de la Torá aportó un
ideal de futuro en la cuestión de los sexos y en
la visión de la mujer.
El Judaismo constituye una corriente espiritual que propicia
el estudio de la Torá y la aplicación práctica
de dichos contenidos en el que está inscrita la llamada
a la responsabilidad existencial por la propia educación
y sin duda una parte fundamental de la educación
religiosa judía es la que concierne al tema de los
sexos.
Este
proceso de estudio, conciencia y aplicación en un
constante aprendizaje activo se arraiga en el encuentro
entre unos y otros para interpretar, ajustar y profundizar
en la interpretación y esclarecimiento de la revelación
y hacerla descender al orden de lo humano.
Un
hecho asombroso, es que en las generaciones inmediatamente
posteriores al Hecho del Sinaí que aporta directamente
al ser humano el código ético que había
de regir a partir de entonces a la humanidad, toda la comunidad
conocía el significado e intención de cada
afirmación que además era transmitida de padres
a hijos, pero posteriormente se profundizó en la
necesidad objetiva de la educación de tal manera
que los jóvenes aprendían de los ancianos
y los maestros.
De este modo vemos que el código de la Torá
necesitó de unas estructuras en cuyo interior se
pudieran abordar los problemas, una tradición viva
que los sabios tanto de la ley oral como de la ley escrita,
estaban autorizados y cualificados para transmitirla a otros.
La misma Torá advierte específicamente de
la necesidad de un conocimiento más “especializado”
y profundo y la cuestión de la mujer no escapa a
esta consideración.
A diferencia de otras culturas, se tiene que matizar que
la conciencia de tipo patriarcal no fue en el caso del pueblo
judío una fórmula de anulación para
las mujeres, sino que aquella percepción de la realidad
que hace referencia al arquetipo masculino del Padre con
sus funciones de límite, ordenamiento, diferenciación
y aplicación de la Ley, fue beneficioso para ellas,
puesto que la interpretación de las escrituras tomó
una tendencia muy a favor de la comprensión de los
aspectos femeninos de la realidad y de la mujer en particular,
que desde un principio fue profundamente considerada y respetada.
Ya con el patriarca Abraham, el cambio de la conciencia
politeísta a la conciencia monoteísta reordenó
el mundo de forma que la humanidad dejó de sacrificar
a sus hijos. En lugar del sacrificio del hijo nace una religión
de tipo simbólico y se abandona la literalidad de
las culturas idolátricas y sacrificiales algunas
de ellas con deidades también femeninas.
El
Pueblo de Israel receptor de la Revelación bíblica
luchó y guerreó físicamente contra
estos pueblos que aun sacrificaban a los seres humanos,
mujeres, niños y niñas a sus terribles ídolos-dioses
como el caso de Baal y Moloch por ejemplo.
En este sentido, la Torá generó una cultura
de la liberación, que igualó a los seres humanos
entre sí y los puso en relación directa y
sin intermediarios con el propio D´s devolviéndolos
a su auténtico hogar que es el Mundo Espiritual del
cual provenimos.
D´s, manifestándose a través de sus
distintos Nombres, crea un orden en el que NO exige sacrificios
humanos a los hombres, sino actitudes éticas a través
de un pacto que no puede romperse. En este sentido, la diferencia
entre politeísmo y monoteísmo no significa
simplemente la existencia de un solo dios o dioses múltiples,
sino otra forma de relación con el mundo divino-espiritual
y otro tipo de conciencia en relación a los otros
y más específicamente entre el hombre y la
mujer.
COSTILLA-COSTADO
Pero la gran diferencia cultural y espiritual de la Torá,
es que la Tora trata de equiparar al hombre y la mujer no
solo en su dignidad esencial sino en su papel de responsabilidad
en la comunidad.“El Santo Bendito sea, ha creado dos
rostros en el primer hombre...” (Rabí Yirmiya
ben Elazar)
En la gran obra Mística del Zohar, el Libro del Resplandor
se dice lo siguiente:
“Varón y hembra los creó...”.
R. Simeón dice al respecto: “Misterios profundos
se hallan revelados en estos dos versículos. Estas
palabras hacen conocer la alta dignidad del hombre, la doctrina
mística de su creación. En la misma manera
que fueron creados el cielo y la tierra, también
fue creado el hombre.
De esto aprendemos que toda figura que no comprende elementos
masculinos y femeninos, no es una verdadera y propia figura.
Observad lo siguiente: D´os no coloca Su Morada en
ningún lugar en que no se encuentren juntos varón
y hembra, ni se hallan bendiciones en tal lugar, como está
escrito, y los bendijo y llamó el nombre de ellos
“hombre” el día en que fueron creados.
Observad que dice “ellos” y el nombre de “ellos”
y no “él” y el nombre de “él”.
El varón no es llamado “hombre” hasta
que no está unido con la mujer”.
Si observamos bien este maravilloso y “misterioso”
texto, el sabio R. Simón ya nos reclama la atención
acerca de los “misterios profundos” que se hallan
contenidos en la frase “varón y hembra los
creó” y destaca en primer lugar que el nombre
“Adam”, “hombre”, no tiene acepción
exclusivamente de “varón”, sino que contiene
también el elemento “hembra”. Hemos de
poder despertar en nosotros ni siquiera por breves instantes,
la sensación de que nos aproximamos a un recinto
misterioso cuando nos enfrentamos a estas cuestiones de
la mujer y del tema femenino, porque ellas constituyen los
principios de la creación del mundo. (“En la
misma manera que fueron creados el cielo y la tierra, también
fue creado el hombre...”) .Sin esa percepción
del misterio, no podemos aproximarnos a la Torá.
El Rav. Simon nos dice que el“ser humano completo,
solo es posible en la unión de los dos principios
masculino y femenino para lo cual se hace necesario e indispensable
la unión de los sexos, del hombre con la mujer y
solo la armonía de esta unión convoca a la
Presencia de D´os. Nada puede haber más sagrado.
Hay que resaltar dos aspectos en relación a lo masculino
y lo femenino altamente importantes tanto desde el punto
de vista anímico y psicológico como Espiritual.
Estos dos aspectos que regulan en una gran parte el camino
de “entrenamiento espiritual” hebreo, aparecen
también con las palabras “recuerda” y
“guarda” específicamente en la prescripción
del shabat. Según los “misterios de la Torá”,
ambas se aplican igualmente al día y a la noche y
al hombre y la mujer en correspondencia.
“Recuerda” tiene una aplicación más
especial al hombre y a lo diurno, a los aspectos de la conciencia
vigílica y por tanto al mundo de lo consciente, mientras
que “guarda” va dirigido específicamente
a la mujer, cuya observancia principal es la noche y el
mundo de lo inconsciente. Ella se convierte de esta forma
en “guardiana” de las fuerzas que rigen el lugar
de lo inconsciente, de las fuerzas profundas del alma, del
mundo de la luna y de lo nocturno.
Cada uno es designado para cuidar “el otro lado”
de la realidad que viene descrito en el Génesis como:
“Y el Señor D´os construyó el
costado que había tomado del hombre”. Pero
muy significativamente, en el Zohar se indica ademas que
la palabra “costado” es de hecho “el lado”
que significa también “camino”...
Estas fascinantes correspondencias se extienden a su vez
sobre la Ley Escrita y La ley Oral, ya que la Ley Oral de
cualidad femenina, surge de la Ley Escrita de cualidad masculina.
Una sin la otra no tendrían sentido y separarlas
o disociarlas, sería como dejar una pareja partida
por la mitad. Así las correspondencias entre los
pares de opuestos: cielo-tierra, masculino-femenino, hombre-mujer,
Torá escrita-Torá Oral...recuerda-guarda...son
parejas esenciales cuya relación sigue tejiendo la
vida del mundo. Mantenerlas unidas es la gran misión
del hombre y la mujer.
De esta forma, el camino espiritual del alma humana se completa
desde los dos aspectos que se reintegran cada uno desde
“su lado” en la unidad común que rectificará
el mundo de lo creado y el universo mismo. Este es el camino
de la rectificación que dará lugar a la redención
final...
Continuará...
1
de Adar del 5770
Malka González Bayo psicóloga-psicoanalista
miembro de la International Asociation for Analitical Psichology
de Zürich
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