La gran mayoría de las veces, para no decir siempre,
somos prolijos en verbalizar nuestras plegarias al Eterno.
Rogamos y Le clamamos con palabras, a veces floridas y escogidas
con cuidado, dejando de lado una manera mucho más
práctica de elevar plegaria fragante ante nuestros
Di-s. El Tehilim 65 nos da la clave para ello y nos indica
una manera distinta de que nuestras súplicas y ruegos
puedan ascender de manera directa y en distinto tono. “Para
Ti el silencio es alabanza” Cuando el hombre se pone
de pie y se para delante de su Creador en silencio, sin
pronunciar palabra alguna, sin elaborar plegarias complejas,
está implícitamente reconociendo su tremenda
incapacidad, aceptando de manera abierta, llana y sincera
su pequeñez y estrechez ante el Santo Bendito Sea.
Este acto de silencio es una extraordinaria prueba de humildad
al estar de pie sin pronunciar palabra alguna con los labios,
sino permitiendo abiertamente que sean el corazón
y el alma de cada uno los que más bien se expresen.
Viene el silencio a constituir la máxima alabanza
al Eterno ya que cualquier palabra de salga por nuestros
labios, vendría a limitar la grandeza y magnificencia
de El ya que las palabras como tales no pueden expresar
por si solas todo el esplendor del Santo. Como bien lo acota
Rashi y parafraseándolo, cualquier intento nuestro
por contar las virtudes del Eterno son absolutamente inútiles
ya que sus atributos son infinitos.
Por eso cuando deseemos intensamente alabarlo, exaltar sus
bondades y misericordias, las palabras nos quedan cortas
y lo mejor es optar por lo más simple. Ponernos ante
Su presencia con humildad, cerrar nuestros ojos, tomar una
profunda respiración y permitir sea el silencio el
que exprese todo aquello que llevamos dentro y deseamos
manifestarle a nuestro amado Creador. Quizás a muchos
de nosotros nos pueda parecer extraño que tan solo
un silencio pueda expresar mucho más que un centenar
de palabras, incluso nos puede saltar una duda al respecto.
Más sin embargo nuestra confianza debe ser plena
en las palabras del salmista, ya que de seguido en el mismo
Tehilim, se nos da la clave y la respuesta esperada, restableciendo
nuestra confianza que seremos escuchados. “Tu escuchas
la plegaria” De manera que aunque nuestra plegaria
sea el más absoluto silencio, aunque nuestros labios
enmudezcan, nuestro corazón clama y rasga ese silencio
con sensaciones y prorrumpe en grandes alabanzas al Creador,
de manera que es conveniente ejercitarnos, con base en lo
dicho, en este tipo de plegaria silenciosa, la cual sin
temor alguno, igualmente nos será respondida por
el Eterno Silente.
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