Cada
mañana que el Eterno nos regala la invaluable dicha
de experimentar un nuevo día, es para nosotros un
reto, una oportunidad de poder promocionarnos como seres
humanos y como mejores judíos. Cada mañana
al despertar tenemos una motivación para seguir adelante.
Primero que nada porque el Eterno con su infinita misericordia
nos permitió un día más de vida y también
porque tenemos frente a nosotros una nueva ocasión
para hacer bien las cosas y si es del caso, enmendar nuestros
yerros. Cada día debe ser para nosotros algo nuevo,
una renovada posibilidad de formarnos como personas, de
promocionarnos como tales, pero lo que es más importante,
tener la bondad del Eterno, de ser Sus mejores servidores.
Nuestra
vida judía debe estar sustentada sobre la base de
la experiencia, no de pesados textos que siquiera a veces
comprendemos, sino más bien de hechos concretos que
nos acerquen al Eterno. Recordando palabras del Rav Najman
de Breslov, acotamos que es importante la Avoda Hashem empero
es igualmente importante hablar y conversar con El, decirle
como nos sentimos, vaciar nuestro contenido de cosas en
Sus manos, propiciar ese diálogo matutino y diario
con el “Eterno Silente”. Estos dos elementos
combinados son una extraordinaria herramienta para elevarnos
espiritualmente. El cumplimiento de las mitzvot debe ser
una disciplina que tenemos que tomar con alegría,
no con pereza y mucho menos con desgano.
Una
vez a William James el nombrado sicólogo y filósofo
norteamericano le preguntaron una vez en la Universidad
de Harvard que cuál consideraba él que era
el descubrimiento más importante en el campo del
desarrollo humano en los últimos cien años,
a lo cual sin duda alguna de inmediato respondió:
“Hasta ahora se pensaba que para actuar había
que sentir. Hoy se sabe que el sentimiento aparece cuando
empezamos a actuar. Este es para mi el descubrimiento más
grande del siglo en el campo del desarrollo humano”
En otras palabras lo podemos resumir como sigue: “El
pájaro no canta porque esté feliz, es feliz
porque canta” Esta mis estimados compañeros
de sendero, es la diferencia. Esto quiere decir, según
James, que aunque uno esté triste, abatido o deprimido,
si empieza a actuar como si fuera feliz, acabará
sintiéndose feliz. Contrario sensu si uno empieza
a actuar como persona triste, bajando la mirada, bajando
los hombros y lo que es igual, sientiéndose triste,
logrará estarlo sin duda alguna en breve.
Y
por qué traemos a colación todo esto se preguntarán
los acuciosos , el punto es que si nosotros logramos hacer
de nuestro judaísmo una motivación en si misma
en nuestra vidas, tendremos el punto de apoyo como decía
Arquímedes, para mover el mundo. ¿Y cuál
mundo moveríamos? El espiritual desde luego y el
que más nos interesa, ya que como sabemos y hemos
aprendido de nuestros sabios, todos de bendita memoria,
las cosas materiales se concretizan en la realidad porque
antes lo han sido en el mundo espiritual. De manera que
no debemos cumplir las mitzvot para ser felices, sino porque
somos felices cumpliéndolas! Esa es la diferencia.
Nuestro
judaísmo nos debe hacer felices, no por cumplirlo
sino porque somos felices cumpliéndolo. Los rezos,
las fiestas, el kashrut, la modestia y el Shabat entre otros
nos deben motivar en demasía para hacernos felices
cuando los cumplimos. La alegría y el gozo deben
ser nuestro norte para poder llevar a cabo nuestro judaísmo.
No celebramos Shabat porque hay que hacerlo, porque es una
mitzva hacerlo, porque llegó ya el sétimo
día y no podemos saltárnoslo, o porque se
nos hace tan largo que no podemos ver la televisión
o navegar por Internet o porque tenemos que rezar el Musaf
alargando un poco más los rezos regulares. No, la
respuesta no la podemos encontrar ahí, la respuesta
está en la alegría que nos da cumplir con
todo ello. Nos debe dar gozo y extremo contentamiento el
celebrar un Shabat más, no es que el Shabat nos haga
felices, -aunque en realidad debería- sino nosotros
debemos estar felices para celebrarlo. Este ha sido el éxito
del pueblo judío, que pese a todos sus sufrimientos
y pesares, es feliz siendo judío y ello le ha permitido
mantener su judeidad incólume por miles y miles de
años a pesar de todo, solo así se han logrado
mantener sus instituciones.
Gran
razón tenía James en su adagio ya que lo que
nos hace felices no es sentir sino el actuar es lo que verdaderamente
nos lleva a la felicidad.
A manera de conclusión, debemos actuar y ponernos
en marcha para encontrar en nuestro judaísmo una
judeidad real, es decir, una alegría y felicidad
en ser judíos y no que somos felices por ser judíos,
que son dos cosas muy distintas. Ahora bien, el quid del
asunto estará en descubrir que es lo que le pueda
complacer más al Santo, si motivarnos para ser felices
siendo judíos o estar felices porque somos judíos.
Creo que la segunda opción es la respuesta, igual
a lo que líneas arriba indicábamos acerca
del canto del ave.
Parafraseando
la cita podemos decir: “El judío no reza para
ser feliz, sino que es feliz porque reza” “El
judío no celebra Shabat para ser feliz, sino que
es feliz porque celebra el Shabat” y así sucesivamente.
Entonces,
lo que debemos buscar es precisamente ese punto de equilibrio,
esa “piedra roseta” que nos descifre la manera
correcta de actuar y hacer catapultar la alegría
de nuestro ser hacia la ejecución de los actos concretos,,
porque el hacerlos, es lo que realmente me hace feliz.
Yo,
gabriel, no soy judío para ser feliz, sino que soy
feliz porque soy judío!!!!!
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