“Junto
a los ríos de Bavel, allí nos sentamos y también
lloramos acordándonos de Tzión. Sobre los
sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas pues allí
nuestros captores nos pedían canciones y nuestros
opresores nos pedían música alegre: ¡Canten
para nosotros unas de las canciones de Tzion! ¿Pero
cómo podemos cantar canción de Hashem en suelo
extraño? (Tehilim 137)
Este
Tehilim ha sido conocido por muchos desde hace ya muchos
siglos como “Balada del desterrado”implicando
per se un título asaz sugestivo. Este Tehilim nos
recuerda amargamente la inexorable caída de la ciudad
eterna de Ierushaláim acaecida el año 587
antes de la era común y de su consecuente destierro
en Bavel. Para otros como Nacar Colunga este Tehilim es
llamado “El amor de los cautivos por Sión”.
Sin embargo, cualesquiera que sea su nombre, su mensaje
es sumamente claro y sus palabras nos llegan de manera directa
al corazón. Es un tehilim imprecatorio, compuesto
en Bavel para algunos, obviamente durante el cautiverio
o quizás bajo la impresión producida por el
cautiverio. Para otros, Hashem otorgó a Melej David
una visión profética de la destrucción
de los dos templos y este lo consignó de una manera
absolutamente descriptiva. El salmista expresa maravillosamente
su entrañable amor a Jerusalén. Recuerda,
como lo hacen también algunos profetas, la alegría
con que los hijos de Edom vieron la ruina de Jerusalén
y su templo, y pide para ellos el castigo divino; pero,
sobre todo, su ánimo se vuelve contra Bavel, la ciudad
devastadora, que, según los vaticinios de los profetas,
está a su vez destinada a la ruina y a la devastación.
Este
Tehilim es un canto de amor nostálgico arrancado
de las sedientas gargantas de los cautivos de Tzion que
siquiera tienen fuerzas para hablar.
Para
los judíos, la tierra patria era la única
tierra sagrada del orbe, porque en ella tenía su
morada el Di-s de Israel. Todos los otros territorios resultaban
profanos. Por eso, la ausencia de la tierra santa producía
una nostalgia irreprimible entre los fieles israelitas.
El salmista se considera morando en las tierras del opresor
babilónico, y, por eso, su lengua enmudece en espera
de poder reanudar las alabanzas de Hashem en la tierra sagrada
de sus antepasados.
En los versículos 1 al 4 vemos como el salmista se
traslada mentalmente a su antigua estancia junto a los ríos
o canales del Eufrates, en cuya orilla se asentaba la odiada
Bavel. Para un israelita procedente del territorio calcinado,
seco y lleno de colinas, lo que más le impresionaba
era la llanura feraz de Babilonia, con sus múltiples
canales de regadío, pero sin embargo a pesar de este
cambio en el paisaje, quizás más atractivo
que de donde venían, no deja de lamentarse y dolerse
por su amada Ierushaláim que no cambia por nada por
ser la morada de Hashem. A la sombra de los sauces se reunían
los deportados judíos, con sus corazones desgarrados
y recordando tristes y melancólicos, a su tierra
nativa y los trágicos sucesos que los habían
llevado a aquellas lejanas tierras producto como sabemos
de su misma desobediencia e irreverente conducta ante el
Santo Bendito Uno.
En
los árboles colgaban sus instrumentos que otrora
tocaban con tanta alegría y alborozo y hoy día
solo les sirven para meditar sobre el triste pasado y lo
que dejaron atrás. Los soldados babilonios que los
vigilaban les invitaban con sorna a entonar sus canciones
patrias y sus himnos cantados en las solemnidades litúrgicas
del templo. La petición resultaba asaz sarcástica
y de muy mal gusto en labios de sus opresores. La reacción
de los cautivos es el silencio sistemático y desgarrador
que carcomía sus almas : no podían entonar
sus cánticos sagrados en tierra extraña y
profana (v. 4). Hubiera sido traicionar a sus amores patrios
y a su religión. La nostalgia, ese recuerdo quemante
de su amada tierra les impedía casi llegando a la
melancolía, bajar sus instrumentos de los árboles
y tocarlos con diestra alegría como en el pasado
otrora lo habían hecho. Más bien en vez de
canto, sus lágrimas y dolorosos recuerdos afloraban
prestos a sus ojos y a sus labios.
Estos
primeros versos de este Tehilim recogen un momento doloroso
y triste de nuestra historia pero pletórico de un
realismo salvaje. Sentados y llorando no apreciaban la belleza
del paisaje sino contemplaban la amargura de la desolación
que llevaban dentro y eso les quemaba el alma y les hacía
sentirse culpables. Por eso ellos respondieron a la imprecación
de sus captores que no lo podían hacer ya que los
cantos eran para alegrarse y ellos no podían cantar
primero porque estaban tristes y segundo porque de esa manera
podrían olvidar a Tzión y no deseaban hacerlo,
preferían más bien que se fuera su fuerza
de su mano derecha antes que olvidar a Ierushaláim.
Este
Tehilim es muy actual ya que muchas veces nos encontramos
en situaciones similares en nuestras vidas, sentados meditabundos,
cavilando y medio discurriendo acerca de nuestro destino,
acerca de nuestro mañana que pareciese nada halagüeño.
Sin embargo, en medio de todas nuestras vicisitudes podemos
sacar provecho de las cosas y de alguna manera, sin olvidarnos
de Tzión como lo decían nuestro antepasados,
poder ver con mejores ojos las maravillas de Hashem. Sea
como fuese, nuestros antepasados en este Tehilim tenían
ante si un lindo paisaje, una exuberante naturaleza pletórica
de aguas dulces, de ríos caudalosos y serenos y fuertes
árboles pero su amor a Ierushaláim les impedía
disfrutarlos. Esta fidelidad es previsible pero quizás
no sea sana ya que no toda la vida podemos pasarnos lamentándonos
de lo que hemos hecho, de lo pasado, de nuestro errores,
sino que tenemos que levantarnos del suelo, sacudirnos las
vestiduras, quitarnos el polvo de los zapatos y seguir adelante.
Quizás, más bien, bajando los instrumentos
de los árboles y volviendo a tocarlos de nuevo, logremos
la inspiración y el gozo interno para seguir adelante
muy a pesar de todas las vicisitudes, muy a pesar de todo
lo duro que nos parezca la vida, muy a pesar de los ríos
de lágrimas que hayamos derramado. Siempre hay una
esperanza porque Hashem mismo es esperanza, El no se place
de todas estas desgracias, sino que nos desea enseñar
Su camino. Ante la Torá siempre tenemos dos caminos
frente a los cuales Hashem nos dice: “Hijos míos
¿como deseáis las cosas, con amor o con dolor?”
Lamentablemente todos sabemos las respuestas.
Decía
que Hashem es un Di-s de la esperanza, decenas o quizás
centenares de veces lo dice por medio de la boca de sus
profetas y la verdad debemos creerle ya que no solo nos
llevará de nuevo a nuestra amada Iersushalayim sino
que nos restaurará de todo lo que hemos hecho mal
y en respuesta al sufrimiento expresado en este Tehilim
por los cautivos de Tzión, Hashem tuvo y tiene su
respuesta: “Yo he alzado Mi mano, he jurado que las
naciones que están a vuestro alrededor han de llevar
su afrenta . Más vosotros oh montes de Israel, daréis
vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi
pueblo Israel: porque cerca están para venir...Y
Yo os tomaré de entre las naciones y os recogeré
de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.
Esparciré sobre vosotros agua limpia y seréis
limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros
ídolos os limpiare. Os daré un corazón
nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros
y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne... Y el día
que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré
también que sean habitadas las ciudades y las ruinas
serán reedificadas. Y la tierra asolada será
labrada en lugar de haber permanecido asolada a ojos de
todos los que pasaron” (Ezequiel 36: 7-34).
Alegrémonos
más bien nosotros amados de Hashem y compañeros
de sendero de estas preciosas palabras del Santo, bajemos
los instrumentos de los árboles y cantemos cantos
de alegría y de gozo al Santo, no lloremos por lo
pasado sino guardemos estas lágrimas para el gozo
que nos espera, que Hashem peleará por nosotros todas
las batallas, peleará por nosotros la “Madre
de todas las batallas”.
Finalmente,
los primeros versos de este tehilim fueron recogidos en
una canción popular por un grupo de música
popular de los años 70’. En 1978 Boney M sacó
un disco que se llamó “Por los ríos
de Babilonia” donde canta estos versos, desde luego
con un ritmo absolutamente pop, como sobreviviente de los
años 70, recuerdo aún dicha canción
que cantaba en tiempos del colegio y repetía una
y otra vez con mis compañeros en los recreos, sin
saber que años más tarde andarían en
vez de “por los ríos de Bavel”: “por
los caminos de Hashem”!!! BH!!!
Para
los que no la conocen a no la recuerdan la pueden escuchar
en este enlace tipo karaoke para que puedan igualmente ver
la letra, para las personas que no leen el inglés,
este otro enlace con la traducción, no es muy feliz
que digamos pero se entiende bastante bien lo que quiere
decir:
Para
los amantes, ya no tanto de la música popular, igualmente
adjunto la exquisita obra de Verdi conocida como el Nabuco,
que dicho sea de paso, cada vez que la escucho, hace brotar
sendas lágrimas de mis ojos ya cansinos, cuando su
coro evoca esos momentos difíciles de nuestro amado
pueblo cuando se vieron de la noche al día despojados
de todo y llevados en cautiverio a una tierra extraña,
de ahí que Verdi de manera magistral logró
captar estos momentos y plasmarlo en un angelical coro pero
con el lamento que desgarra el alma. El “Coro de los
esclavos hebreos” como se le ha llamado ilustra de
manera asaz diáfana lo que sintieron nuestros antepasados
en un día como hoy 17 de Tamuz.
Todos
hemos aprendido que el que guarda siempre tiene refiriéndose
sobre todo a los bienes materiales. Aquella persona que
es precavida y siempre dispone alguna suma para ahorrar
y no la gasta, es persona sabia ya que siempre tendrá
para el futuro. Sin embargo en cuanto al o a los pecados
o faltas se refiere, no opera la misma norma. Esta máxima
fracasa cuando el pecado se encubre o se trata de olvidar
o bien recordar de vez en vez con algún grado de
gozo. Todos somos pecadores y ninguno de nosotros está
exento de ello, sin embargo lo que nos exime de una culpa
latente, de una culpa que nos pueda causar un fuerte decreto
en el cielo es precisamente la “teshuvá”
o arrepentimiento sincero. Este diálogo interno con
Hashem donde le expresamos de nuestros propios labios nuestros
errores y trasgresiones de manera pura y simple, con un
corazón arrepentido y con el mejor de los deseos
de no volver a pecar más, es camino seguro a que
seremos objeto de la misericordia de Hashem.
Hay ciertos pasos que debemos seguir para que se de una
verdadera teshuvá, veamos brevemente algunos de ellos.
1.- Reconocer el pecado. Este es uno de los puntos fundamentales
de este ejercicio
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