“El
mundo podría ser dividido en dos tipos de gente:
1) aquellos que conquistan la vida y 2) aquellos que son
vencidos por la vida. Los que superan las dificultades de
la vida son aquellos que lo hacen primero en el pensamiento.
Si este último no ha practicado deliberadamente el
vigilar los pensamientos desagradables en un intento poco
placentero de seguir la forma del pensamiento erróneo
en el cual equivocadamente creía que era recto pensar,
todavía están en el aspecto pasivo; esto es,
fracasará en su intento de vencer, en el pensamiento,
tarde o temprano, la dificultad que se le presenta en la
vida real.
El
secreto de vencer está en lograr la victoria antes
en el pensamiento. Si continuamente vencemos en el pensamiento
desarrollamos una mente llena de firmeza. Sin una mente
fuerte es imposible salir victorioso en la batalla de la
vida. Por otra parte, no hay dificultad, que tenga solución
humana, que no pueda ser vencida por una mente firme. Ciertamente,
si una mente fuerte es dirigida hacia cierto objetivo, no
solo tendrá éxito, sino que, también
podrá ocurrir o realizarse cosas de las más
notables superando todo lo que pudo haberse previsto o esperado.
La
mente se vuelve poderosa, aumentando en fortaleza continuamente,
por medio del método de ir al encuentro de la dificultad
en el pensamiento; enfrentando decididamente las dificultades
en el pensamiento; y luego poniendo el peso de la mente
y la voluntad detrás para apoyarse. Entonces, el
“hombre todo” avanza, atravesando la dificultad
y llegando al otro lado victoriosamente. Esto genera poder
interno, que es acumulativo, y el cual, cuando nos vemos
enfrentado con la dificultad del diario vivir nos ayuda
para lograr el éxito.
Todo
eso es muy diferente, desde luego, que atormentarse por
las cosas. Atormentarse es destructivo. Afligidos por nuestras
dificultades no solo estimulamos el temor, una de las emociones
más destructivas, sino que creamos hábitos
en el cerebro alrededor de los cuales nuestros pensamientos
giran en interminable repetición; es decir, que tan
pronto como hace aparición un pensamiento de alguna
amenazante preocupación, o algo no marcha bien en
nuestra vida o trabajo, o nosotros pensamos que alguna cosa
ha ido mal o saldrá mal, o tememos de que pueda resultar
perjudicial, entonces, inmediatamente las células
utilizadas para la aflicción completamente cargadas
de energía nerviosa, esperan para explotar y los
pensamientos van y retornan alrededor de esos hábitos
creados por nosotros,. Por lo tanto, se produce el adiós
de nuestra paz mental; adiós al sueño, y a
veces, adiós a nuestra salud”. (HENRY THOMAS
HAMBLIN “El poder del pensamiento”, pag 30-31)
Ni
un solo punto o coma se puede adicionar o restar a las sabias
palabras del autor. Lo dicho por Hamblin hace más
de un siglo, es una absoluta verdad ya que lamentablemente
nosotros hemos hecho del espacio mente que el Boré
OLAM nos regaló, un espacio de batalla, un campo
donde libramos una guerra desigual, donde peleamos de la
manera más salvaje posible… con nosotros mismos.
Aquí reside justamente el “quid” del
asunto ya que muchas veces las cosas que tememos nunca llegan
a producirse. Sin embargo hay dos factores que debemos tomar
en cuenta. Uno el esfuerzo que todo ser humano tiene, y
está obligado a hacer para que las cosas funcionen
y segundo, el “empujoncito” que el Eterno nos
da para hacerlas posibles.
Moshé
Raveinu al ver al pueblo de Israel frente al Iam Suf, poco
antes de Kriat Iam Suf, y al divisar ya no en la lejanía,
sino más bien en la cercanía, el ejército
élite de Paró, casi escuchando la agitada
respiración de los caballos e inhalando el polvo
que levantaban los corceles, Moshé empezó
temeroso a clamar al Eterno. Sin embargo el Midrash nos
ilustra acerca de lo que acontecía en esos cruciales
momentos y nos dice: “A pesar de que el mar aún
no se había partido, los Benei Israel continuaron
avanzando dentro de las aguas del mar, luchando contra las
poderosas olas. El agua ya alcanzaba sus cuellos”
(Shemot Rabba 69:9) Mientras por otro lado Samael intentó
persuadir al Angel del Mar de ahogar a los Benei Israel
arguyendo con Hashem que los Benei Isral no merecían
ser salvados. (Ilkut Shmoini T 1-263). Por otro lado mientras
los Bnei Israel se lanzaban al agua y tenían literalmente
el “agua hasta el cuello”, Moshé Raveinu
clamaba y clamaba a Di-s, y como sabemos, la respuesta por
parte del Eterno no se hizo esperar; le respondió:
“¿Por qué clamas a Mi?” (Shemot
14:15) “… ¿Qué me cuentas a Mi?
Le dijo Di-s diles a los hijos de Israel que se muevan,
que no se queden ahí de brazos cruzados; que se lancen
al mar y aquí estoy Yo. Que ellos hagan lo suyo y
Yo haré lo mío. Ahora no es el momento para
extenderse en largas oraciones, puesto que el pueblo se
encuentra en una situación de emergencia. Sobre Mi
recae la responsabilidad y no sobre ti. De aquí aprendieron
los jajamín que en momentos de apuro no se debe alargar
en rezos, sino hacer lo que corresponda y El se apiadará”
(Rav Jacobo Benzaquen, de grata memoria, comentario al verso
15 del Cap 14 de Shemot)
Ahora
bien, haciendo una exégesis de lo que dicho por Henri
Thomas Hamblin y las citas del Midrash y lo que nos dice
el Rab Benzaquen, hallamos una gran similitud y un complemento
perfecto. Hamblin lo que nos dice en síntesis es
que no podemos evadir la realidad, que no podemos apartar
los pensamientos negativos y dejarlos guardados para que
nos dañen, sino por el contrario enfrentarlos y debilitarlos
para evitar que se produzca el quebrantamiento de nuestra
amada paz mental. Entonces resumiendo, no debemos temer
sino más bien actuar ante los retos de la vida, ante
las adversidades porque las circunstancias así lo
demandan. Sin embargo, no podemos dejar de lado, que primero
que nada tenemos que hacer del conocimiento, tenemos que
participar al Santo Bendito Sea de lo que nos ocurre, de
la mejor manera le decimos en el rezo, le pedimos su ayuda,
que vaya delante de nosotros y nos lanzamos al mar como
hizo nuestro pueblo hace ya más o menos 3335 años.
Los
obstáculos de la vida no nos pueden ganar la batalla,
no deben quitarnos la paz y mucho menos permitir que nuestra
mente se debilite, nos pongamos tristes y caigamos en una
depresión. Por el contrario,Di-s nos manda a estar
siempre alegres, lo tenemos a El, ¿qué temor
podemos tener?
Cuando
los pensamientos negativos motivados por las circunstancias
y nuestros errores en gran parte nos aquejen, doblemos rodillas
pero actuemos. No es tiempo de largos rezos sino de acción.
Tenemos que actuar confiados en Hashem, rezar si, pero actuar
también. “Eterno, por la mañana escucharás
mi voz. Por la mañana te imploro y espero expectante…”
(Tehilim 5:4)
“Por
la noche uno se retira a dormir llorando, pero por la mañana
surge la alegría” (Tehilim 30:6)
Estos
dos Tehilim son exquisitos en su contenido, el primero nos
ratifica la confianza que tenemos que tener en Di-s por
cuanto nos dice: “escucharás mi voz”,
esto quiere decir que estamos confiados de manera plena
que el Boré Olam nos va a oir y que luego de escucharnos,
nuestro rezo no queda en el aire, en el vacío, sino
que se le presta atención pero además de eso,
termina el salmo dándonos la clave de todo esto:
“y espero expectante” ¿qué nos
quiere decir esto? Pues nada más y nada menos que
con alegría, con gozo y no con sufrimiento, ni depresión,
ni miedo ni lágrimas vanas, esperamos con gran deseo,
con gran alerta y confianza y entonces ACTUAMOS, hacemos
que las cosas sucedan en la realidad pero con la venia del
Santo. Finalmente el segundo Salmo nos dice que luego de
los ríos de lágrimas que derramamos, que luego
de toda tristeza, siempre al otro día surge la esperanza
que sale luminosa igual que los primeros rayos del sol que
el Eterno nos da.
De
manera que, mis amados del Eterno, no nos detengamos a esperar
que la misericordia de Di-s caiga del cielo sin esfuerzo
alguno, tampoco a clamar a lo alto cuando es tiempo de actuar,
sino que perdamos el miedo a las cosas y tengamos confianza
que el Eterno nos va a sacar adelante en todo, pero primero,
tenemos necesariamente que actuar para que los milagros
ocurran, como dice el refrán. “A Di-s rogando
pero con el mazo dando”
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