El
mes de Elul es el último mes del año judío
y como sabemos precede a Rosh HaShaná, que es el
Día de Juicio para todos los habitantes y criaturas
del mundo, es el día en que el Eterno hace pasar
frente a Su trono a todo ser creado para que rinda cuentas
de sus actos, de ahí que este tiempo que da inicio
desde el primero de Elul y finaliza el día de Yom
Kipur, es un tiempo destinado al arrepentimiento, al análisis
y a la introspección de nuestra conducta, a valorar
lo que hemos hecho y dejado de hacer que de alguna manera
pueda incidir de forma directa sobre nuestras vidas. Es
tiempo de oración, de momentos a solas con el Creador,
es momento de ver nuestro espejo interior y atisbar que
vemos en él. Es tiempo de penitencia, es tiempo de
solicitar con humildad el perdón de Di-s con todas
nuestras fuerzas. Es tiempo de humildad.
Si
bien es cierto que el Santo Bendito Uno escucha toda plegaria
en cualquier momento del año, este tiempo es especialmente
propicio para ello ya que el Eterno presta especial atención
a este tiempo y a los rezos que elevemos hacia El. Estos
son días de gracia y de misericordia ya que en este
mes de Elul hace tres mil trescientos y resto de años,
Moshé subió al Monte Sinai a recibir las segundas
Tablas de la Ley, demorándose ahí 40 días,
descendiendo el 10 del mes de Tishrei que es precisamente
el día de YOM KIPUR. Desde entonces estos cuarenta
días se les conoce como DIAS DE GRACIA y el 10 de
Tishrei como IOM KIPUR.
Durante
todo este tiempo requerimos fortalecer sobremanera, más
que cualquier otro tiempo del año, la Avoda al Creador,
es decir el servicio al Creador precisamente en tres planos
a saber: Torá, Tefilá (plegaria) y Tzedaká
(caridad) y como fundamento de las tres, la TESHUVA (arrepentimiento)
Por
lo anterior en este mes de Elul, requerimos de un balance
espiritual objetivo, prestando especial atención
a nuestros pensamientos, a las palabras y a las acciones
ocurridas durante todo este año y enmendando todos
aquellos yerros en los cuales hemos incurrido en este último
año, que dicho sea de paso –no se en su caso-
pero en el mío, son demasiados.
Desde
la antigüedad, estos tiempos son de meditación,
de reflexión pero especialmente de reconciliación
entre Di-s y el pueblo de Israel. Cuando nuestros antepasados
cometieron el craso error
de
sucumbir ante el pecado de crear y adorar un becerro de
oro durante su travesía por el desierto y Moshé
rompió las Tablas de la Ley originales, escritas
por el dedo de Di-s, éste se vió obligado
a ascender nuevamente al Monte Sinaí para suplicar
perdón y misericordia al Eterno por tan letales actos.
Fue entonces cuando Di-s en su infinita misericordia aceptó
la súplica de Moshé Rabeinu y le ordenó:
“Esculpe para ti dos Tablas como las primeras”
(Shemot/ Exodo 34:1) Moshé Rabeinu ascendió
al Monte Sinaí precisamente el Rosh Jodesh Elul y
permaneció en dicho Monte por un lapso de cuarenta
días, culminando su plegaria y súplica precisamente
el día 10 de Tishrei, día en el cual descendió
con las segundas tablas que el Eterno le había ordenado
escribir, de manera tal que este período de cuarenta
días que como vimos va desde Rosh Jodesh Elul hasta
Iom Kipur, fue establecido para todas las futuras generaciones
como un tiempo especial de reflexión, de introspección,
de análisis de nuestros actos, de reconciliación,
de efectivo arrepentimiento y de perdón sincero,
que nazca y provenga de lo más profundo de nuestro
corazón. Como vimos líneas atrás, cualquier
momento es bueno para acercarse a Di-s y pedirle y rogarle
por su Misericordia pero este tiempo es asaz especial para
ello, ya que es durante este tiempo que se despierta más
intensamente la Misericordia Divina y la mano de Di- s se
abre y extiende para recibir con amor a todas aquellas personas
que de manera sincera decidan acercarse con humildad y temor
al Creador.
Vimos
líneas atrás que durante este tiempo hay que
ejercitarse especialmente en: Torá, Tefilá
(plegaria) y Tzedaká (caridad) y como fundamento
de las tres, la TESHUVA (arrepentimiento), veamos más
en detalle cada uno de estos.
Torá:
el estudio de la Torá siempre alegrará nuestro
espíritu y llenará de sabiduría nuestra
alma. Además nos enseñará directamente
de la mano de Di-s lo que es bueno y lo que no, así
como cuáles son los mandamientos o preceptos que
tenemos que cumplir para servirle de la mejor manera. La
Torá es fuente de vida, de agua fresca que se derrama
a raudales sobre nosotros y a la cual debemos acudir día
a día.
Tefilá:
la plegaria o rezo diario es el medio que tenemos para comunicarnos
con El, es la línea telefónica directa con
la cual contamos para hacerle llegar nuestras necesidades,
nuestros deseos y la caridad siempre debe ser entendida
como la manera justa en que nuestras súplicas, quizás
valiéndonos de la tecnología diríamos
mejor que es el email con que contamos para hacerle llegar
la información que deseamos hacer de Su conocimiento.
De ahí que los tiempos de las tefilot se incrementen
y se perfeccionen especialmente en este tiempo, haciendo
de ellas, el canal, el conducto que nos comunicará
de manera directa y segura con El.
Tzedaká:
debe ser entendida como la forma en que retribuimos a los
demás lo que el Eterno de manera generosa y misericordiosa
nos ha dado. Es nuestro deber ejercer la caridad con los
demás, la cual podemos hacer de muchas maneras, hay
demasiadas necesidades y personas necesitadas en el mundo
a las cuales podemos bendecir y a la vez bendecirnos, con
esta práctica. El corazón del Eterno se ablanda
y conquista cuando hacemos una tzedaká sincera, una
tzedaka que nos salga del corazón y que hagamos con
amor. El ejercitar la Tzedaka en este tiempo es especialmente
valiosa, sobre todo que necesitamos llamar la atención
del Santo hacia nuestras buenas acciones y no hacia el cúmulo
de pecados que se desbordan en nuestra vida.
Finalmente
la Teshuva es la llave, por decirlo de alguna manera, que
abre las puertas de la misericordia Divina. Toda persona
que haga Teshuvá debe ser de naturaleza humilde y
modesta, no podemos presentarnos ante el Santo Bendito Uno
de manera altiva y demandando Su perdón, tenemos
que doblar rodillas y bajar nuestra cabeza, un amigo mío
me decía un día que en tiempos difíciles
o de clamor, “hay que hacerse pequeño ante
Di-s”. Además tenemos que reconocer que nuestros
pecados deben atraer hacia nosotros la vergüenza de
haber cometidos actos contrarios a los mandatos del Eterno.
Esta vergüenza hacia nuestros pecados nos da más
méritos ante el Santo
Las
condiciones para una TESHUVA. verdadera son las siguientes:
1.-
Reconocer que hemos pecado: este es el inicio de una verdadera
teshuvá, ser sinceros y reconocer con hidalguía
que hemos caído, que hemos pecado, que hemos cometido
actos contra el “ordenamiento jurídico divino”,
que hemos transgredido es el primer pasa para un sincero
arrepentimiento
2.-
arrepentirse del pecado cometido: esto significa que luego
de un estudio de nuestros actos, concluimos que nuestros
actos eran errados y que hicimos mal ante los ojos del Eterno,
que sentimos un gran dolor por lo que hicimos y nos arrepentimos
de corazón por la afrenta que le causamos, pero especialmente
por el daño que nos hemos infringido nosotros mismos.
3.-
confesar verbalmente el pecado: este es un acto precioso
del cual podemos echar garra, Melej David nos lo ilustra
bellamente en un Tehilim, veamos: “Feliz de aquel
cuya rebelión es perdonada; absuelto está
su error… Mientras callé se consumieron mis
huesos, por mi angustioso gemido, todo el día. Porque
de día y de noche tu mano calló sobre mi pesadamente,
y mi vigor se transformó en sequedad de verano. Sela.
Mi pecado te revelé y no oculté mi culpa.
Me dije: “Confesaré mis trasgresiones al Eterno”,
y Tu perdonaste la culpa de mi error. Sela. Por eso, que
todo piadoso a Ti te rece, al descubrir (sus trasgresiones);
que las poderosas corrientes de agua a él no lo alcancen”
Tehilim 32:1- 6) Como podemos ver muy claramente, el silencio
y la no confesión de nuestros yerros solo aumenta
nuestro dolor y sufrimiento, de ahí que debemos de
manera verbal dirigirnos al Creador y vaciar nuestra alma,
confesar nuestros errores, nuestros pecados y dejar ese
lastre bien atrás, entregarlo todo a El y quedarnos
nosotros LIGEROS DE
EQUIPAJE.
4.-
no volverlo a hacer, no volver a pecar. Esta disposición
de no repetir dicho pecado, quizás devenga en una
de las cosas más difíciles de lograr pero
a la cual debemos dedicar todo nuestro empeño. No
podemos pasar toda la vida pidiendo perdón al Eterno
por estar cometiendo día a día un mismo pecado,
sino que por el contrario tenemos que hacer un esfuerzo
y una vez, como vimos líneas atrás, que hayamos
reconocido y confesado el pecado, todo nuestro esfuerzo
debe ser dirigido y enfocado hacia una sola meta:
NO
VOLVERLO A HACER.
Finalmente
solo me resta reiterar lo que dije al inicio: A pesar de
que la TESHUVA tiene valor en cada momento, es más
rápidamente aceptada en los 10 días de TESHUVA
entre Rosh Hashana y Kipur. Recordemos las palabras del
profeta Isaías 55:6: “Procurad a Di-s mientras
El pueda ser hallado, llamadlo en tanto esté cerca”
Este es precisamente este tiempo que está por venir,
aprovechémoslo.
Mis
estimados compañeros de sendero, llegamos a los tiempos
de preparación, a los tiempos de limpiarnos de nuestra
maleza espiritual, clamar, arrepentirnos, pedir perdón
y hacer caridad con los demás; de esta manera estaremos
cimentando de manera segura un buen comienzo para este Nuevo
Año 5772 que se avecina. Mis mejores deseos para
el nuevo año que se acerca.
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