“Todo
exilio judío fue seguido de una revelación
de Torá. Luego de la redención de Egipto vino
la revelación en el Sinai. Luego del exilio de Babilonia
vino la revelación en tiempos de Mordejai y Ester.
Y así será luego del presente exilio. Entonces
recibiremos la revelación más grande de todas
porque la principal revelación de la Torá
esta destinada para cuando llegue el Mesías. Es a
través del mismo exilio entre las naciones-en los
lugares inmundos-que somos llevados a buscar. “Y ustedes
buscarán al Señor, vuestro Di-s desde allí”
(Devarim 4:29). La misma búsqueda nos llevará
hacia el más elevado ascenso de todos: hacia el nivel
de la misma raíz de la Torá.
Hoy
día, al término de este exilio final, el ocultamiento
se ha hecho más profundo que nunca. El Santo, bendito
sea, está oculto de nosotros en el “ocultamiento
dentro del ocultamiento” (Likutey Moharán I,
56:3). Nuestra única esperanza es hacer todo lo que
esté en nuestro poder por buscarLO, suspirando y
anhelando por la libertad espiritual. De hecho la intensidad
del exilio tiene este mismo propósito: hacernos buscar.
Pues ahora debemos elevarnos al nivel más alto de
todos, para lograr así la redención final.
Es por eso que este exilio ha sido el más largo y
doloroso, al punto en que todos se preguntan dónde
está la promesa del Santo, bendito sea, y cuando
llegará el final tanto tiempo esperado. Mediante
la búsqueda llegaremos a encontrarlo y alcanzaremos
la redención final. Es imposible comunicar por escrito
cuan firme y persistente debes ser. No te dejes desanimar.
Aunque sientas que has caído al más bajo de
los infiernos, no abandones. Aún eres capaz de hacer
algo bueno. No te desanimes pues de lo contrario no harás
ni siquiera aquello que aún puedes. El Rebe enfatizó
esto una y otra vez. Muchas de sus enseñanzas más
maravillosas se centran en esta idea. Pero este punto debe
ser repetido una y otra vez pues la gente se desanima una
y otra vez. Cada uno piensa que su propia situación
es tan grave, que sus deseos físicos son tan fuertes
y que los obstáculos son tan grandes que nunca podrá
acercarse al Santo, bendito sea. El Rebe negó esto
con vehemencia y clamó: “Guivald” ¡Nunca
te desanimes! Busca de una y otra vez de todas las maneras
que puedas. Eventualmente alcanzarás el éxito
y entonces verás que ningún esfuerzo se pierde
jamás. Hasta el más leve gesto es precioso
a los ojos del Santo, bendito sea. Cada pequeño movimiento
es una parte del remedio... hasta que al final te elevarás
a las alturas más grandes”. (¿AIE? Cuatro
lecciones del Rabi Najman de Breslov, pag. 90)
Este
exquisito texto del Rabi Najman me recuerda en su parte
in fine un mandato de Hashem que ya nosotros conocemos y
que lo hallamos en el Sefer Iehoshúa: “Acaso
no te mandé se fuerte y se valiente y que no tengas
miedo y no te acobardes porque contigo está Hashem
tu Di-s en todo lo que te vaya?” (Iehoshua 1:9) Nos
quiere decir aquí Hashem que el ser fuertes, valientes
y no acobardarnos no es una simple prerrogativa que podemos
darnos, sino por el contrario es todo un mandato, es una
orden divina para mantenernos, erguidos no con aires de
derrota sino por el contrario, sacar fuerzas extras de donde
no tenemos ya que se hacemos nuestro mejor esfuerzo, Hashem
nos recompensará estando con nosotros y dándonos
de esa fortaleza que requerimos para hacerle frente a las
adversidades y a las aflicciones que día a día
nos asechan. Sin embargo y volviendo al comienzo de la cita
de Rab. Najman, este precioso texto nos trae muy buenas
noticias ya que nos dice que todo exilio fue seguido de
una revelación de Torá pero que la mejor de
todas las revelaciones de Torá, se nos ha reservado
para cuando venga nuestro ansiado Meshíaj. Estas
palabras del hombre de Breslov nos trae una luz de esperanza
a nuestras vidas, nos llena de ese bálsamo que requerimos
para aliviarnos del diario trajín y llevar un poco
de consuelo y aliento a nuestras vidas. Nos llena de energía
de ese brío que reconforta el alma, ya que nos hace
ver hacia un futuro no de manera catastrófica, en
espera de la tan manoseada hecatombe que dicen que vendrá,
sino más bien de un proceso de revelación
de Torá que será único en la historia
de la humanidad, acercándonos como dice Najman “hacia
el nivel de la misma raíz de la Torá”
Debemos
elevarnos por encima de todas las cosas, no cejar en nuestro
esfuerzo por lograr lo mejor, por tratar de elevarnos espiritualmente
y mejorarnos día a día, con esfuerzo si, pero
con alegría también; sirviendo a Hashem de
la mejor manera, de la manera que merece el Boré
Olam que ha creado un universo para nosotros para que nos
gocemos y lo dominemos con Su palabra, con Su Torá.
Lo más importante es como dice el Rebe NO DESANIMARSE,
resistiendo a cada minuto, a cada instante y cumpliendo
lo que nos legó y transcribió Iehoshua. Nunca
es tarde para empezar a modificar nuestra vida y ponerle
empeño y entusiasmo a las cosas que hacemos, con
amor, con gozo, con alegría pero sobre todo obedientes
a las mitzvot, y con pleno conocimiento de nuestro papel
el la redención final, atrayendo cada día
por medio de nuestros rezos y actitudes esa tan ansiada
redención que nos sacará ya de manera definitiva
del más largo de todos los exilios, pero que al final
del camino y cuando todas las profecías se cumplan,
levantaremos nuestros rostros hacia el cielo, levantaremos
nuestras manos y por nuestras mejillas correrán ríos
de lágrimas, no de tristeza, sino de la más
pura de las alegrías le diremos al Santo Bendito
Uno: “¡ Abba valió la pena!” solo
así nos convertiremos en guerreros de la luz!
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