¿Cuál
es tu milagro? El Eterno espera por ti para cumplírtelo!!!
La gran mayoría de nosotros en uno u otro momento
de nuestras vidas, demandamos de un verdadero milagro. Unos
porque tienen problemas de salud, otros porque sus finanzas
no andan bien, otros por otras razones no menos atendibles
pero coincidimos todos en que requerimos que en lo físico,
que en la realidad opere un cambio que modifique nuestro
entorno vital. Convencidos estamos que únicamente
el Eterno puede hacerlo, solo El puede modificar las cosas
y las situaciones de la mejor manera, en eso estamos todos
de acuerdo.
Sin embargo, no es tan sencillo como parece, no es solo
pedirle al Eterno que modifique las leyes de la física
por ejemplo y opere una sanación completa en una
persona, hay requisitos que nosotros tenemos que cumplir
de manera satisfactoria que cumplir para que ello se de.
En un primer momento podemos detener nuestra atención
en algo básico y es que muchas veces ante una determinada
situación y un problema concreto, pensamos y creemos
que no tenemos una salida viable, que todas las oportunidades
están cerradas y que no tenemos siquiera las fuerzas
para seguir adelante. Sin embargo es importante destacar
que esta conciencia de derrota, de sentirnos vencidos antes
de iniciar la batalla, muchas veces es el impedimento que
se nos pone por delante e impide el milagro que tanto deseamos
opere en nuestra vida. Esa desesperación y frustración
generan vibraciones contrarias cuyo resultado será
acrecentar mucho más nuestro pesimismo. Creamos espacios
en nosotros que se alimentan de la duda, el escepticismo,
la desconfianza y generamos sentimientos y sensaciones afines
a lo que estamos generando, incrementando la situación
de crisis y alejándonos sobremanera del milagro que
esperamos ocurra.
El Eterno demanda de nosotros que hagamos algo, que no nos
alimentemos con el “Pan de la vergüenza”
Para aclarar este término diremos que pan de la vergüenza
es todo aquello que recibes sin habértelo ganado,
esa sensación de carencia que percibes cuando recibes
algo por nada; todo lo que se recibe sin merecerlo que nos
induce a esa vergüenza de no ser merecedores de algo
por no haber empeñado suficiente esfuerzo para ganarlo,
bendiciones sin esfuerzo o de cosas que no nos han costado
nada, o dicho de otra manera, que el milagro nos “caiga
del cielo” sin hacer nosotros nada, más que
estar sentados esperando. Requerimos movernos y hacer cosas
para que el milagro opere. Aclarado el punto continuamos
con el tema de fondo.
En
Reyes 2, capítulo 4, versículos del 1 al 7
encontramos un relato interesante que vale la pena que transcriba:
“Y la mujer de uno de los profetas llamó a
Eliseo y le dijo: “Tu siervo, mi marido ha muerto
y tu sabes que tu siervo era temeroso del Eterno. Ahora
un acreedor suyo ha venido para tomar a mis dos hijos como
esclavos en pago de la deuda.” Y le respondió
Eliseo: “Que puedo hacer por ti? Dime que tienes en
tu casa?” Y ella dijo: “Tu sierva no tiene en
su casa más que una vasija de aceite” Y dijo
él: “Vete a pedir vasijas a todos los vecinos,
vasijas vacías pero no pidas pocas vasijas. Y entrarás,
cerrarás la puerta tras de ti y tras de tus hijos,
echarás el aceite en todas estas vasijas y separarás
las que estén llenas” Se fue y cerró
la puerta tras de ella y tras de sus hijos. Le trajeron
las vasijas y ella echó el aceite. Y sucedió,
cuando las vasijas estuvieron llenas, que ella le dijo a
su hijo: “Tráeme todavía otra vasija”
Y le respondió: “No hay ni una sola vasija
más” Y el aceite dejó de fluir. Y ella
vino y le dijo al hombre de Di-s. y le contestó:
“Vete, vende el aceite y paga tu deuda y tu y tus
hijos viviréis de lo que sobra” Precioso relato
de este tremendo milagro que operó el Santo Bendito
Uno a través del profeta Eliseo.
La mujer en referencia era la esposa de Obadía, y
ella estaba a pesar de su apremio por su reciente estado
de viudez, ante una amenaza de que sus hijos por una deuda
de su difunto marido, fueran esclavos del acreedor. Ella
sin nada, sin bienes y sin un marido que la respalde se
hallaba, como muchos de nosotros, ante una situación
límite, frente a una pared, frente a algo insalvable
de manera física, de manera natural, que únicamente
puede ser resuelto por medio de la intervención divina.
Es decir, ella requería un milagro. Como todo en
la Biblia, las cosas son directas, sin mucho rodeo, no vemos
al profeta respondiendo, si mi estimada amiga vamos a ver
que podemos hacer, hay que pedirle a Di-s a ver si nos ayuda.
No, simplemente al grano. El le pregunta como vimos “Qué
tienes en tu casa” Esto significa, “con qué
cuentas”, “¿Qué aportas?”,
“¿Qué tienes que dar?” Estas en
el fondo son las interrogantes que el profeta demanda.
Ahora bien, para ir hilando esta situación, sabemos
por nuestros sabios dos cosas, primero como indicamos líneas
atrás que nadie debe “comer del pan de la vergüenza”,
es decir ser merecedor de cosas del cielo sin esfuerzo y
lo segundo, como aprendemos del Zohar, “una bendición
no recae sobre una mesa vacía” Es decir: “Las
bendiciones de arriba descansarán en un lugar con
sustancia, no en un lugar vacío. Sabemos esto de
la esposa de Ovadía a quien Elishá (Eliseo)
dijo: “Dime, ¿Qué tienes en la casa?”
Pregunto por esto porque las bendiciones de arriba no descansan
en una mesa vacía, ni en un lugar vacío. Ella
respondió: “Tu sirvienta no tiene nada en la
casa sino una vasija con aceite” Con referencia a
esto Rav Yehudá preguntó: ¿Cuánto
había en la vasija? Había sólo suficiente
aceite para untar en el dedo meñique”
Elishá dijo: “Me has tranquilizado. No sabía
como las bendiciones de arriba descansarían en un
lugar vacío. Pero ahora que tienes algo de aceite,
este es el lugar donde las bendiciones descansarán.”
(Zohar Lej Leja verso 216)
Ahora bien, con estos dos elementos podemos ir construyendo
nuestra fórmula para hacer milagros, por ahora tenemos:
” no comer pan de la verguenza + una bendición
no recae sobre un espacio vacío”
Hay otros elementos que iremos adicionando conforme nos
vayan quedando asaz claro los ingredientes de esta fórmula.
De lo visto hasta el momento, para que el milagro se vaya
dando, hay que esforzarse para ello, que hay que luchar
para ser merecedores del milagro que estamos pidiendo, no
cruzándonos de brazos y esperando que nos caiga del
cielo. En segundo término que las bendiciones del
cielo no caen en suelo infértil, sobre mesa vacía,
sino que se requiere un mínimo de esfuerzo para que
se genere. En el caso de la viuda de Obadía ella
tenía un poco de aceite, ella aunque tenía
una cantidad exigua del preciado aceite, algo tenía,
ese era el elemento inicial sobre el cual recaería
la bendición y la agrandaría. Había
un aporte inicial de su parte para que recayera la bendición
y se hiciera realidad el milagro.
En la vida real y ubicándonos en nuestra realidad,
nosotros tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr
atraer a nosotros las bendiciones de lo Alto y hacer posible
que los milagros operen, ES NECESARIO CREAR UN ESPACIO,
UN SITIO EN NUESTRA VIDA, UN NIDO (POR DECIRLO DE ALGUNA
MANERA) DONDE EL MILAGRO VA A TENER ECO. Hay que tener un
sitio donde el milagro vaya a reposar, de la misma manera
como vimos en la cita del Zohar: porque las bendiciones
de arriba no descansan en una mesa vacía, ni en un
lugar vacío. El espacio debe o estar lleno o medio
lleno pero no vacío.
Este fue el secreto del éxito del milagro que el
Eterno le hizo a la esposa de Obadía, nada más
tenía un poco de aceite, una pequeña cantidad
y el Eterno se lo derramó en abundancia. Esto mismo
es lo que tenemos que hacer nosotros en nuestras vidas.
Primero aportar nosotros, dar de nosotros algo y empezar
a llenar ese espacio que estaba vacío con elementos
para que luego dicho espacio sea llenado a plenitud.
Ahora bien hay otros elementos que pueden ayudarnos a llenar
este espacio que todos tenemos vacío.
1.- Deseo: este elemento es básico, nada hacemos
en la vida que no deseemos con fervor, con intensidad. Tenemos
que desear las cosas con fuerza, nada que no deseemos de
esta manera se hará realidad. Nada que no hayamos
logrado en nuestras vidas fue sin un deseo ardiente de lograrlo.
Primero deseamos algo, primero lo visualizamos en la mente,
le damos forma y a esa imagen le adicionamos ese deseo de
tenerlo, de hacerlo realidad. En la medida en que más
lo deseemos, en esa misma medida estamos empezando a llenar
este espacio al cual nos estamos refiriendo aquí.
2.- Creencia: este otro elemento que viene a adicionar algo
muy importante. Nunca podremos lograr nada en la vida si
no creemos de verdad en ello, por más deseo que tengamos
si no creemos que se llegue a dar, nunca lo conseguiremos.
Podemos desear ardientemente por ejemplo, que podamos tener
un coche nuevo de paquete, pero si no creemos que eso sea
posible, nunca lo conseguiremos. Si introducimos la duda
o algún elemento de incertidumbre en nuestro deseo,
el espacio que pretendemos llenar se desborda y perdemos
el contenido del mismo, es como si el espacio o la “vasija”
que pretendemos llenar contenga un agujero.
No solo debemos creer sino tenemos que creer, es imperativo
que enfoquemos nuestra energía en no solo desear
sino en creer lo que estamos deseando. Aquí la fe
juega un papel preponderante que viene a moldear esta creencia
de manera plena, no solo creemos intensamente sino que tenemos
la fe, la confianza que se va a dar.
3- El tercer elemento no menos importante es la Expectación:
este elemento moldea los dos anteriores y nos da esa sensación
que ya todo ha sido dicho, y que tenemos que esperar expectantes
a que simplemente suceda. “Espera al Eterno en silencio”
(Tehilim 37:7) Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo, hemos
creado ese espacio donde se van a dar las bendiciones, hemos
pedido, hemos aportado lo mejor de nosotros, hemos agotado
todas nuestras fuerzas, hemos doblado rodilla y clamado
en bastante, hemos aprovechado sobremanera el espacio que
tenemos. Es momento entonces de esperar, de estar expectante
a que el milagro se de con la confianza absoluta en El.
Ya todo lo que teníamos que hacer está hecho,
nuestro espacio fue llenado de elementos necesarios para
generar el milagro. “estad quietos y sabrás
que Yo soy Di-s” (Tehilim 46:10), más sin embargo
en este interim podemos adicionarle dos elementos más:
una real Teshuvá y una buena Tzedaká, ingredientes
que nunca están de más en nuestra vida con
Di-s
Finalmente, el Eterno escucha todos los rezos, ninguno queda
sin prestarle atención pero la realización
de los mismos ya depende única y absolutamente de
Su misericordia y de Su soberanía, pero igualmente
debemos confiar que Su misericordia siempre nos va a alcanzar
y que en lo físico se va a plasmar lo divino, lo
espiritual y lograremos nuestro milagro.
A manera de síntesis, tenemos que hacer nuestro mejor
esfuerzo, preparar nuestro sitio, nuestro espacio, llenarlo
de luz para que sobre él recaigan las bendiciones,
con un intenso deseo, una infinita creencia en la misericordia
de El y un reposo en Su silencio, podremos mover la Santa
Piedad para que decrete en los cielos que lo que pedimos
sea cumplido de inmediato, que las leyes de la naturaleza
se quiebren y en su lugar se acomoden de otra manera, a
la manera que El disponga y cree una nueva realidad para
nosotros.
Una vez cumplido nuestro milagro, no nos olvidemos de agradecer
al Eterno con un gran banquete pletórico de manjares
y exquisitos vinos y postres por el gran favor concedido
que nada ni nadie pudo haberlo hecho realidad sino solo
la mano Poderosa del Santo pero antes no demoremos en comunicar
a los demás nuestro milagro. Hay que proclamar la
misericordia del Eterno a los cuatro vientos, ello ayudará
a fortalecer la confianza y la fe de otras personas ya que
como bien dicen nuestros sabios todos de bendita memoria
“No se puede guardar la gratitud a Di-s en secreto”
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