En
este caminar en que vamos, nos acercamos ya a conmemorar
una vez más Purim. Fecha asaz importante para nuestro
pueblo y digna de ser recordada por todas las generaciones.
Muchos de nosotros vemos a veces con ligereza los verdaderos
motivos que llevaron a Hashem a enojarse contra Israel y
a permitir que el rashá Hamán, que su nombre
sea olvidado, fuese la persona sobre la cual recayese la
responsabilidad de ejecutar el decreto de exterminio que
había proferido Hashem, exaltado sea su Santo Nombre,
producto de las irreverencias mismas del pueblo. Como veremos
no fue antojadizo que Hamán el rashá se ensañara
contra Israel, sino que los pecados, las trasgresiones e
irreverencias de Israel, motivaron el enojo de HaKadosh
Baruj Hu y en los cielos El, exaltado sea su Santo Nombre,
decidió decretar el exterminio de Israel, utilizando,
de por si, a un enemigo jurado del pueblo para ejecutar
Su decreto. Pero veamos esto más en detalle.
La
Meguilá de Ester da inicio precisamente reconociendo
que Ajashverosh, rey de Media y Persia y de todo lo conocido,
que gobernaba sobre 127 naciones, realmente tenía
el reinado más poderoso que se conociese en el momento,
no había rey más poderoso que él. Llegaba
a su tercer año en el trono al cual había
ascendido desde las cuadras de los caballos, ya que su esposa,
la reina Vashti, era la que tenía linaje real por
ser ella bisnieta de Nabujadnezer (Nabucodonosor) y no Ajashverosh
que se casó con ella cuando cuidaba los caballos
reales.
Para celebrar ese tercer año en el trono, el Rey
Ajashverosh dio un gran banquete, organizó una grandísima
fiesta para llenar y exaltar su vanidad y consolidar su
poder. Precisamente en ese tercer año de su reinado,
se cumplen los 70 años que predijo el profeta Jeremías
y pletórico de altivez se dijo a sí mismo:
Mi antecesor erró en el conteo de los 70 años
que dijo Jeremías y es ahora hoy, cuando la profecía
se cumplió y nada pasó, nada de lo que dijo
el profeta Jeremías se dio, por lo que: “He
aquí que soy más poderoso que el Elohim de
Israel, que puedo hacer cuanto deseo y que no hay nadie
más poderoso que yo”. Azuzado por su esposa
Vashti fue cuando decidió hacer este gran banquete
en su honor, una fiesta de idolatría para denigrar
la Torá, al pueblo de Israel y desde luego a Hashem
mismo, a Quien tontamente creyó haber vencido.!!!
Su
fiesta fue peor, más grave, más pavorosa que
su antecesor, Belshatzar nieto de Nabujadnezer, quien había
dado años atrás una fiesta parecida, empleando
en ella, los utensilios que los babilonios había
saqueado del templo, copas, vasos, vestiduras de los cohanim,
etc. De igual manera el Rey Ajasherosh saco todos los utensilios
saqueados y robados del Templo, todo para idolatría.
Supo porque así le dijeron los consejeros que si
lograba hacer que el pueblo de Israel mismo pecara contra
Hashem, nada los salvaría, caerían y si Di-s
se enojara con el pueblo, de seguro los mataría a
todos. Esa era su lógica. Pero una cosa es lo que
piensa el hombre y otra la que determina Di-s.
Las
vestiduras del sumo sacerdote del templo decidió
usarlas él mismo para mayor degradación y
para vergüenza de Israel. En ese momento en lo alto
se firmo su sentencia, la sentencia que hacía que
su reino también sucumbiera.
Esta
fiesta tuvo como invitados, nada más y nada menos
que a todos los judíos de la comarca!. El los invitó
para que participaran de su irreverencia, de la profanación
de los utensilios del templo y para que lo vieran con las
vestiduras del Cohen Hagadol!!!. Sin embargo, no todos cayeron
en su trampa. Había entre ellos uno de los más
grandes sabios de Israel, se llamaba Mordejai. El se dio
cuenta de la trampa que les ponía el rey, de que
eso no se podía hacer ya que son cosas sagradas a
Hashem y que no se podían profanar.
Lamentablemente
el pueblo no escuchó y Ajashverosh con toda la mala
fe los invitó para que profanaran a Hashem. Fue así
como lamentablemente 18.500 judíos asistieron al
banquete en honor a la derrota de Hashem y al no cumplimiento
de la profecía de Jeremías de los 70 años
y comieron y bebieron con gran regocijo. Y fue así,
como en ese momento en el cielo el acusador que vigila los
actos de Israel le dice a Hashem lo que sucede y el Eterno
se da cuenta que ha habido profanación, que Israel
se había aliado al rey Ajashverosh en su degenerada
fiesta y que el pueblo debía ser exterminado.
Como
vemos, Am Israel fue el único responsable del decreto
de exterminio sobre ellos, ya que incitaron la ira del Santo
al compartir con el rey una celebración pagana, evidenciando
el irrespeto, la irreverencia y la rebelión que prevaleció
contra Hashem. Sin embargo, y dichosamente como suele ocurrir,
hubo una persona temerosa del Eterno, que vio la trampa
del rey, como tzadik que era, se percató del decreto
de los cielos y más bien en vez de ir a la fiesta,
se reunió con los sabios para orar, clamar y ayunar
para que el decreto fuera invalidado. Se trató de
Mordejai el judío. Eso fue en domingo, seis días
más duraron los sabios y Mordejai, orando, rezando,
ayunando y clamando a Hashem para que revocara su decreto,
hasta que al fin cuando llega el sétimo día,
que era Shabat, Hashem tuvo misericordia de su pueblo, acogió
los rezos y revocó el decreto que pesaba sobre Israel,
tomando en cuenta la teshuvá del pueblo entero y
del papel fundamental que tuvo la reina Ester, de quien
comentaremos más en detalle en entregas futuras.
Este
brevísimo comentario de los hechos que se conmemoran
en pocos días, nos deben llamar a reflexión
ya que como vimos, no fue por gusto o porque no tenia nada
que hacer Hashem en los cielos que se le ocurrió
aniquilar y exterminar a Israel, sino que fueron las irreverencias,
las trasgresiones, el irrespeto y la insujeción,
las que llevaron al pueblo de Israel a colmar la paciencia
del Santo para que tomara la decisión de aniquilarlos.
Son nuestros actos, nuestras irreverencias y el alejamiento
de los preceptos y de la Torá, lo que hace venir
sobre nosotros tantas y tantas desgracias, tantos y tantos
sufrimientos como un efecto ineludible, de las causas que
nosotros mismos hemos originado. Toda acción genera
una reacción, de manera que si hemos llevado a cabo
actos correctos, recogeremos resultados correctos, pero
si por el contrario hemos sembrado rebeldía, insujeción,
desprecio a la Torá y a Hashem mismo, dichos actos
tienen que ser corregidos, tienen que acomodarse de nuevo
a los designios de Hashem para que Su plan continúe,
lastimosamente, siempre esta corrección para nosotros,
es harto dolorosa. Así mismo le sucedió al
pueblo de Israel en ese entonces, comieron y bebieron y
celebraron en una grande fiesta de siete días el
tercer año del reinado de Ajashverosh y lo que llevaba
implícita dicha celebración como vimos.
Como
nos queda demostrado, nuestras trasgresiones, así
como las del pueblo de Israel, siempre serán llevadas
al trono del Santo por medio de nuestros acusadores, de
manera tal que una vez decretada la sentencia en nuestra
contra o contra el mismo pueblo de Israel, siempre habrá
algo o alguien que se encargue de ejecutarla con mucho dolor
para nosotros, como fue el caso de Hamán, que su
nombre sea olvidado, sobre quien recayó la responsabilidad
de dar ejecución al decreto de Hashem, pero que dichosamente
al ruego, ayuno, clamor y llanto del resto del pueblo y
a la reina Ester, finalmente Hashem tuvo misericordia de
ellos y decidió no destruirlos. Esto nos demuestra
que muchos decretos pueden ser perdonados, muchas de nuestras
faltas Hashem puede hacerlas pasar por alto, pero previo
a ello hay que quebrarse en llanto, arrepentimiento genuino,
solicitar perdón, clamar gemir, humillarse y reconocer
de manera absoluta la responsabilidad de nuestros actos,
para mover Su Jesed y hacer que borre la trasgresión,
si ello está dentro de Sus planes. Nunca es suficientemente
tarde para arrepentirse de los pecados cometidos, cualquier
momento es bueno y como bien dice Rab Najman, el Eterno
nos recoge ahí donde estemos, en cualquier estado
en que estemos, siempre y cuando hagamos una verdadera y
legítima teshuvá y nuestros deseos de perdón
sean genuinos.
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