El
fundamento de nuestra causa futura nace precisamente en
el presente, en el hoy. La dirección que demos a
nuestros pensamientos y acciones hoy, determinarán
indefectiblemente nuestro futuro. De manera que es sumamente
importante que seamos conscientes de nuestros actos, de
la energía que pongamos en ellos y de la manera en
que nos comportemos. De ahí que no debemos preocuparnos
mucho por nuestra suerte futura ya que si hacemos las cosas
bien en el presente, en el aquí y en el ahora, de
seguro todo marchará bien el día de mañana,
sin dejar de lado desde luego, el ser vigilantes de nuestros
pensamientos y acciones que necesariamente determinarán,
como vimos, el día de pasado mañana. De esta
manera cuando los primeros rayos del sol empiezan a iluminar
la tierra, el nuevo día nos encontrará bien
dispuestos, preparados para enfrentar el nuevo día
de manera correcta, para trabajar, para estudiar, para relacionarnos,
para estar contentos y de esa manera toda nuestra vida tomará
un matiz de alegría y felicidad y no habrá
espacio alguno para la tristeza, la nostalgia, la melancolía
y el suspiro.
Lo importante pues es no pensar en el mañana con
temor, con aprehensión sino por el contrario de manera
positiva y alegre. EL Tehilim 30:6 … nos ilustra de
manera asaz diáfana cuando nos dice: …”Por
la noche dormirá llorando y a la mañana vendrá
la alegría” Esto es que si nuestros yerros
fueron en bastante el día de hoy es muy posible que
nos acostemos tristes o llorando, pero si antes de dormirnos
rectificamos nuestra manera de pensar, de actuar para el
nuevo día, de seguro por la mañana nos sobrevendrá
la alegría y estaremos poniendo las bases para un
mejor día y un mejor mañana.
Nuestra prueba de fuego da inicio al amanecer, cuando abrimos
nuestros ojos y nos enfrentamos al nuevo día, de
esos primeros instantes dependerá el resto del día.
Si nos incorporamos alegres, contentos, pletóricos
de vigor y de inmediato nos conectamos con el Eterno por
medio de la tefilá Modé Ani, de seguro no
habrá espacio en nuestra mente para cargarla con
pensamientos negativos, muy por el contrario, daremos inicio
a un día espléndido y lleno de Luz. Pruebe
esto, pruebe vivir un solo día de esta manera y se
dará cuenta que este solo día arrastrará
a todos los demás. El quid de este asunto es estar
continuamente observando nuestros pensamientos, a qué
es lo que prestamos atención, a qué dirigimos
toda esa energía del cerebro. Este es el centro del
futuro éxito, si tenemos una mente ordenada y clara,
nuestros pensamientos se sucederán en orden uno a
uno y no de manera descontrolada. Si prestamos atención
a lo que pensamos, podemos corregir nuestra manera de pensar
y de actuar y ello nos llevará poco a poco hacia
un mejor mañana. Pero eso no sucede solo, hay que
poner esfuerzo en ello. Muchas veces nos preguntan “En
qué estás pensando” siempre, lamentablemente
respondemos igual: “En nada” Eso significa que
no prestamos atención a la sustancia pensante, a
esa energía tan poderosa que es el pensamiento y
si ni siquiera sabemos lo que pensamos, ¿cómo
vamos a esforzarnos por ser mejores personas y corregir
nuestros pensamientos?
Hay que estar atentos, vigilarse a si mismo, estar despierto
para darse cuenta que es lo que sucede dentro de nosotros,
que clase de pensamientos, qué clase de sensaciones
y deseos corren por el torrente del pensamiento. Esto es
tener control sobre lo que pensamos.
Una vez que con la práctica hayamos alcanzado alguna
destreza en el análisis de nuestros pensamientos,
daremos inicio a la segunda parte que es precisamente como
podemos nosotros espiritualizar nuestros actos. Muchas personas
entienden por espiritualizar, el estar rezando todo el día
o volverse piadosos o dedicarse al ejercicio de la meditación,
la verdad no. Cualquier actividad que llevemos a cabo durante
el día debe llevar implícita una idea sublime,
una idea superior que nos permita elevarnos. Debemos estar
conscientes en cada instante que lo que hacemos es por única
misericordia del Santo y no por méritos propios,
que nuestras fuerzas físicas y espirituales provienen
de la Fuente inagotable que es el Creador y no de nuestros
músculos o pensamientos. Espiritualizar nuestro día,
espiritualizar nuestro trabajo es saber perfectamente utilizar
cualquier trabajo por sencillo que sea para elevarnos y
armonizarnos y entonarnos con Di-s. Ese es el verdadero
sentido de “espiritualizar nuestro día”.
Esta unión con Di-s nunca debe romperse, se debe
mantener a toda costa incluso en momentos difíciles
porque recordemos que “todo es para bien”. Muchas
veces en nuestra negativa manera de pensar, llegamos a la
conclusión que cuando nos está yendo mal en
tal o cual cosa, las cosas no se pueden poner peor. Craso
error mi estimado compañero de sendero, si no damos
gracias al Eterno a cada instante por todo, incluso por
las alegrías tanto como por las tristezas, por las
cosas que El nos dio y luego quizás nos pidió,
entramos en un proceso de rebelión contra el Santo
ya que no estamos contentos de como nos tiene y cometemos
el error de afirmar que si las cosas están mal no
se pueden poner peor. Nunca olvidemos que por más
mal que ande nuestra vida, por más mal que nos esté
yendo en alguna área de la misma, tenemos que tener
sumo cuidado porque siempre las cosas se pueden poner peor
de como están, nunca olvidemos eso, ya que si renegamos
de como estamos, las consecuencias pueden ser más
dolorosas y lastimarnos más.
Si nos conectamos con el Eterno antes de cada trabajo antes
de cualquier cosa que hagamos, nuestro trabajo o actividad
o día llevará el sello implícito del
Santo Bendito Uno en todo y de seguro nuestro día
será alegre, esplendoroso y tremendamente provechoso,
por eso podemos decir que con “Di-s es más
fácil vivir”
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