La
construcción del Templo comenzó durante el
cuarto año del gobierno de Salomón. Se tardó
en construirlo aproximadamente 7 años, lo que implica
que debió de terminarse en el año 961 antes
era común. El Templo propiamente dicho debió
ser un edificio largo y bastante estrecho, orientado sobre
un eje longitudinal en dirección Este-Oeste. El edificio
debió tener una longitud de aproximadamente 30 metros,
9 metros de ancho y una altura de casi 3 metros. En la fachada
oriental se construyó una escalera, junto a la puerta
de la entrada. A ambos lados de ésta se erigieron
dos columnas, llamadas Jaquim y Boaz, la primera a mano
derecha de la entrada y la segunda a su izquierda. Los sacerdotes
y el rey entraban en el Templo a través de una gran
puerta chapada de oro, de aproximadamente 10 metros de alto
y 4 de ancho. Trás de esa puerta se encontraba el
vestíbulo de entrada, el «Ulam». Después
de este vestíbulo, se encontraba la estacia principal,
el «Hekal» o Santo, iluminado a través
de unas ventanas altas. Después de la muerte de Salomón,
el templo sufrió profanaciones no sólo con
las invasiones sino con la introducción de deidades
siro-fenicias en ciertos periodos y sólo se restauró
en varias ocasiones como en los reinados de Ezequías
y Josías. Finalmente fue destruido por el rey babilónico
Nabucodonosor II en 587 antes de la era común, que
además llevó cautiva a una gran parte de los
habitantes del Reino de Judá hacia tierras caldeas.
El
Segundo Templo
Después
del cautiverio en Babilonia, en 517 antes era común,
los persas autorizaron a los judíos a reconstruir
el templo. Alrededor del 19 antes era común, Herodes
el Grande comenzó una masiva renovación y
expansión del templo. Éste fue demolido y
se construyó uno nuevo en su lugar. La nueva estructura
es referido algunas veces como el Templo de Herodes, pero
también se le sigue llamando Segundo Templo ya que
los rituales de sacrificios continuaban sin disminución
durante todo el proceso de construcción. En el 66
de esta era, la población judía se rebeló
en contra del Imperio Romano. Cuatro años después,
el año 70 de esta era, las legiones romanas bajo
las órdenes de Tito reconquistaron y luego destruyeron
la mayor parte de Jerusalén y el Segundo Templo.
El arco de Tito, localizado en Roma fue construido para
conmemorar la victoria de Tito en Judea representa los soldados
romanos llevándose el Menorah del templo. Jerusalen
fue arrasada por el Emperador Adriano nuevamente en el año
135 de esta era.
El relato de Flavio Josefo
¿Quién
fue Flavio Josefo?
Flavio
Josefo (en griego antiguo ??s?p?? / I?sêpos, en hebreo
??? ?? ?????? / Yosef bar Mattityahu o Yossef ben Matityahou,
es decir, hijo de Matías), historiador judío,
nació alrededor del año 37 d.C, en el seno
de una familia sacerdotal de Judea ligada a la monarquía
de los asmoneos. Es decir era judío. Fue testigo
presencial de los acontecimientos que se produjeron antes,
durante y tiempo después de la destrucción
del Segundo Templo por parte de Tito.
De:
“La Guerra de los judíos”
“CAPITULO
V 1.- Como dije, el templo estaba edificado sobre una colina
muy fuerte. Al principio la parte llana de su cumbre apenas
bastaba para el santuario y al altar, ya que los alrededores
eran abruptos y escabrosos. EL rey Salomón, que fue
el constructor, lo protegió con una muralla por el
lado oriental y añadió un claustro sobre un
terraplén preparado con tal fin, permaneciendo la
casa santa desnuda por las otras partes. Pero se añadieron
nuevos terraplenes en los siglos siguientes, aumentando
la extensión plana. Después se derribó
el muro por el norte y se aumentó el espacio suficiente
para dar cabida a todo el templo. Cuando se hubo elevado
murallas en sus tres lados, desde el pie de la colina, y
se hubo llevado a cabo una tarea mucho mayor de lo que era
de esperar ( en la que se invirtieran muchísimos
años y los tesoros sagrados, que, en cuanto quedaban
exhausto, volvían a henchirse con los tributos enviados
a Dios desde todos los lugares de la tierra habitable),
se rodeó de claustros los patios superiores, y después
el patio inferior del templo. Su parte más baja se
levantó hasta una altura de trescientos codos y en
ocasiones más , pero no se veía la hondura
de los fundamentos, pues se llenaron los valles cn tierra,
con el deseo de que estuvieran al mismo nivel que las callejas
de la ciudad; también se emplearon piedras de cuarenta
codos. La abundancia de recursos y la liberalidad del pueblo
llevaron a emprender unas obras superiores a cuanto pueda
decirse, mientras que con tesón y esfuerzo se llevaron
a cabo una empresa de la que ni siquiera se esperaba el
fin.
2.-
Dignos de tales fundamentos era las edificaciones levantadas
sobre ellos. Los claustros eran dobles y los soportaban
columnas de veinticinco codos de alto, de una sola pieza
de mármol blanco; los techos se componían
de cedro delicadamente tallados. La natural magnificencia,
el excelente pulimento y la armonía de las juntas
de estos claustros ofrecían una perspectiva notabilísima;
en la fachada no tenían adorno alguno de pintor ni
entallador. Los pórticos del patio exterior, tenían
una anchura de treinta codos y su circuito, que incluía
la torre Antonia, era de seis estadios. Los patios el aire
libre estaban pavimentados con gran diversidad de piedras.
En el tránsito desde estos primeros claustros el
segundo patio de templo, había una diversidad de
piedra alta de tres codos, muy elegante. Había en
ella pilares equidistantes declarando en letras griegas
y romanos que ningún extranjero debía penetrar
en el santuario, pues el segundo patio del templo llamábase
el Santuario. Se subía a él por catorce gradas.
Este patio era cuadrado y tenía un muro privativo.
La altura de sus edificios pasaba por fuera de los cuarenta
codos, pero la ocultaba una escalinata; en el interior quedaba
reducida a veinticinco. Construido escalonadamente en la
parte más alta de la colina, no se pía ver
todo lo de dentro, cubierto por la misma colina. Más
allá de las catorce gradas había un espacio
plano de diez codos; después venían más
escalones, cada uno de ellos de cinco codos, que llevaban
a las puertas, ocho por el norte, y por el sur, cuatro a
cada lado y dos necesariamente por el Este. En este sitio
las mujeres tenían un lugar privado para rezar, de
aquí que su hubo de practicar una segunda entrada
para ellas en el muro frente a la primera. También
había una en el lado septentrional y otra en el meridional,
por las cuales se pasaba al patio de las mujeres, que no
podían cruzar las otras puertas: no siquiera podían
traspasar su propio muro. Este reciento se reservaba a las
hembras de nuestra patria y a las de otras naciones, siempre
y cuando fuesen del mismo pueblo. La porción occidental
de este patio carecía de puerta. La muralla era continua
y fuerte. Los claustros que mediaban entre las puertas se
dirigían hacia las cámaras sustentados por
hermosas y grandes columnas; eran sencillos y no diferían
más que en la grandeza de los del patio inferior.
…4.-
El lugar más sagrado de todo el templo estaba en
medio y se llega a él por doce gradas. De frente,
la altura y la anchura era de cien codos, y por detrás
tenía cuarenta codos menos, porque la fachada se
alargaba como dos hombros, veinte codos por cada lado…
La fachada estaba cubierta de oro, que relucía también
en cuanto había en esta primera porción de
la casa, de modo que todo en ella parecía brillar
a ojos de los recién llegados. .. Como ya hemos comentado…la
entrada que se hallaba en esta primera parte de la casa,
lo mismo que su pared, estaba forrada de oro: en lo alto
tenía pámpanos dorados, cuyos racimos poseían
las dimensiones de un hombre.
…CAPITULO
VI 1.- Los hombres belicosos de la ciudad y los revoltosos
partidarios de Shimón ascendían, descontados
los idumeos, a diez mil, mandados por cincuenta jefes, de
los cuales Shimón era el supremo. Los idumeos que
la ayudaban eran cinco mil, con ocho capitanes, siendo los
más famosos de ellos, Iaacov, hijo de Sosas y Shimón
hijo de Cathla. Juan que dominaba el templo, tenía
seis mil guerreros a las órdenes de veinte jefes,
más dos mil cuatrocientos zelotes, pasados a su bando,
dirigidos por su anterior cabecilla Eleazar y Shimón,
hijo de Arino. Como ya indicamos, el pueblo era la presa
que se disputaban estas facciones, que robaban a los que
no se sumaban a sus maldades. Shimón era duelo de
la ciudad alta, de la gran muralla hasta el Cedrón,
de gran parte del viejo muro hasta donde dobla en Siloé
hacia el Oriente, en el palacio de Monobazo, rey de los
adiabenos allende el Eufrates, de la fuente, del Acra, que
no es más que la ciudad inferior, e, incluso, del
palacio de Elenam madre de Ofla y del valle de Cedrón.
Los contendientes habían quemado los lugares
interpuestos, transformándolos en campo de batalla,
pues sus diferencias no concluyeron siquiera cuando los
romanos acamparon muy cerca de las murallas, Poco duró
la duda que despertó el primer ataque de los romanos,
pues volviendo a su anterior demencia, se separaron, pelearon
y, en fin hicieron cuanto los sitiadores podían hacer.
Pero los sufrimientos que debidos a los romanos no tuvieron
tanta monta como los que ellos mismos se produjeron. Todas
las calamidades que se abatieron sobre la ciudad después
de su mando no pudieron estimarse inauditas, porque fue
más desdichada antes de la conquista que cuando entraron
en ella los conquistadores. En una palabra afirmo que la
revolución destruyó la ciudad y que los romanos
destruyeron la revolución, hazaña ciertamente
más difícil que tomar y abrir los muros. Por
tanto, se podrán atribuir, con razón, a los
de casa la parte odiosa de los acontecimientos y a los romanos
la parte justa. Cada cual lo considere pues, según
le den a entender los hechos.
2.- Estando los asuntos internos en dicha situación,
Tito recorrió todo el exterior de Jerusalén
con un cuerpo de caballería escogido buscando el
sitio más adecuado para atacar. Comprendiendo que
no podía dar el salto por la parte de
los valles, casi inaccesible, o batir la primera y sólida
muralla con la máquina de guerra, decidió
acometer por el sepulcro de Yohanan, el sumo sacerdote,
donde era más baja y el segundo muro se no se unía
con ella a causa de que la ciudad nueva estaba habitada.
Desde allí tendría fácil entrada hacia
el tercero, por el cual pensaba poder conquistar la población
superior y, a través de la torre
Antonia, el templo…
… Las armas ofensivas de las legiones eran maravillosas,
las más extraordinarias eran las de la décima,
que arrojaban dardos y piedras a mayor distancia que las
demás, rechazando no solo a los judíos que
salían sino a los que se guarnecían en
las murallas. Las piedras lanzadas pesaban u talento y cubrían
una trayectoria de dos o más estadios. Nada aguantaba
su empuje; caían tanto los primeros con quienes chocaban
como los que se hallaban detrás…
…LIBRO
SEXTO: CAPITULO I: Los acontecimientos de Jerusalén
iban de mal en peor cada día, irritando a los sediciosos
pues hacía presa en ellos la misma hambre que atormentaba
al pueblo. Los cadáveres amontonados constituían
una visión espantosa y emanaba un hedor horrible
que detenía a los deseosos de salir a luchar con
el enemigo. Pero los autores de diez mil asesinatos, que
marchaban en orden de batalla, no se asustaban ni se compadecían
cuando marchaban pisoteándolos; ni aún tenían
por mal agüero maltratar a los muertos. Con las mismas
manos manchadas de sangre de sus compatriotas, se aprestaban
a abalanzarse sobre sus enemigos los romanos.
5.-
Tito se retiró a la torre Antonia, resuelto a asaltar
el templo a primeras horas de la mañana siguiente,
embistiendo el santuario desde todos los ángulos.
Hacía mucho que Dio lo había condenado al
fuego. Sonó la hora fatal, tras el correr de los
siglos: fue el décimo día de Loos, el mismo
día en que fue también incendiado por el rey
de Babilonia… Uno de ellos sin que nadie se lo mandase
y sin vergüenza ni temor de su proeza tan enorme, cogió
una madera encendida y aupado por un
compañero, prendió fuego a una ventana de
oro, por la cual era posible entrar en las estancias de
la parte septentrional del santuario. Las llamas se propagaron.
Los judíos se desesperaron a tal grado que ya no
les importaba sus mismas vidas ni de reservar sus fuerzas,
puesto que iba a desaparecer lo que hasta entonces había
sido el objeto de su máxima vigilancia.
CAPITULO
V: 1.- Mientras el templo ardía ocurrió el
saqueo de cuanto se hallaba a mano y la matanza de todos
los que eran presos fue inmensa. No hubo misericordia para
la edad ni respeto para la dignidad: niños, ancianos,
gente profana y sacerdotes perecieron de igual modo. EL
fragor del incendio era tal, que de lejos parecía
que toda la ciudad estaba en llamas. Nadie imaginaba algo
tan sublime o más espantoso que aquel estruendo producto
de las llamas que lo devoraban todo…
CAPITULO VI: 1.- Tras la huida de los sediciosos a la ciudad,
la quema del santuario y el incendio de los edificios contiguos,
los romanos plantaron sus estandartes en la puerta oriental
del templo y luego de ofrecerles sacrificios a sus dioses,
proclamaron con grandes aclamaciones de júbilo emperador
a Tito. Los romanos habían reunido tanto botín
en los saqueos, que el peso de otro se vendió en
Siria en la mitad de su valor anterior. Finalmente el templo
había sido quemado en su totalidad.” (Flavio
Josefo: La Guerra de los judíos)
Como podemos apreciar en extensu, este historiador, aunque
tengo muy serias dudas acerca de su objetividad como tal,
de alguna manera y muy a pesar del sesgo, nos legó
acontecimientos que sucedieron horas y minutos antes de
la gran tragedia de la destrucción de nuestro segundo
templo, describiendo crudamente todo lo que sucedía
en esos momentos. Deseo también aportar de nuestras
fuentes legítimas, otro punto de vista para que tengamos
una visión global de lo ocurrido y que cada uno de
nosotros podamos sacar nuestras propias conclusiones.
“Los
siguientes párrafos, extraídos de “La
Odisea del Tercer Templo”, escrito por el Rabino Israel
Ariel y el Rabino Jaim Richman de El Instituto del Templo,
(Copyright en el registro de la propiedad literaria 1993,
ya no disponible en impresión), narra el cuento de
una nación que se enfrenta a la destrucción
y que, con gran fuerza de voluntad, dirige cada pensamiento
y acción hacia el día cuando esa tragedia
se convertirá en alegría - con la reconstrucción
del Gran Templo de Jerusalem.
El
Templo Sagrado Está en Ruinas
El poderoso Imperio romano, que gobernó sobre gran
territorio del mundo antiguo, enroló las fuerzas
más finas de la élite de legiones en Judea.
No se puso ningún esfuerzo en recobrar el honor perdido
en la rebelión que se arrojó en Jerusalén
contra la ocupación de los Cesares. La campaña
tenía un único
objetivo: la rebelión debe ser apagada.
La
ciudad fue sitiada por muchos largos meses. La población,
que seguía combatiendo, pero ahora muriéndose
lentamente por el hambre, todavía se negaba a rendirse
ante los conquistadores romanos. Con sus últimas
fuerzas, los héroes de Judea lucharon para proteger
al Templo. Cuando la destrucción estaba cada vez
mas cerca y ya era inevitable, los sacerdotes ocultaron
muchas de las vasijas sagradas en varias ubicaciones a través
del Templo y Jerusalem.
Los
Últimos Momentos del Templo
Hasta los últimos minutos de la guerra, los sacerdotes
siguieron llevando a cabo sus tareas sagradas, incluso que
los patios del Templo fluían con la sangre de los
asesinados y el fuego rugía en las entradas. El alcance
de la tragedia es registrado en las palabras de los rabinos:
"El día en el que el Templo fue destruido era
el noveno día del mes de Av. era la conclusión
del Shabat, y el fin del ciclo del séptimo año.
Era durante el tiempo del (cambio sacerdotal) de Yehoyiriv".
"Los sacerdotes y los levitas se pararon en la plataforma
y continuaron cantando... y no dejaron de hacerlo hasta
que el enemigo entró y los subyugó".
(BT Erjin 11: B)
"Cuando
el Sumo Sacerdote vio que el Templo Sagrado estaba en llamas,
él subió al techo del Santuario junto con
un grupo de jóvenes sacerdotes. Ellos sostenían
las llaves del Templo en sus manos y hablaron ante el Santo,
Bendito es El:
¡”Maestro del Universo! Parece que nosotros
no fuimos dignos de ser fieles servidores hacia Ti- toma
de regreso las llaves a Tu casa'! Seguidamente, ellos tiraron
las llaves hacia arriba. La imagen de una mano pareció
en los cielos y las
tomó... "" Y cuando los sacerdotes y los
levitas vieron que el Templo Sagrado era consumido verdaderamente
por las llamas, ellos tomaron las liras y las trompetas...
y se hundieron en el fuego". (Eija Rabtai)
El
servicio del Templo se cortó durante el progreso
de la destrucción – ya que su interrupción
nunca puede ser imaginada; ni en la guerra, ni en la destrucción.
Ni siquiera mientras el fuego ardía dentro del Templo
mismo. El Talmud y el Midrash presentan una descripción
detallada de cada etapa de la destrucción. Las imágenes
vívidas también son proporcionadas por Flavio
Josefo, un testigo ocular de la destrucción y el
desfile de victoria en Roma. Los sabios describen la jornada
recorrida por Tito en su retorno a Roma desde Jerusalem:
" Tito quitó el velo (que separaba entre el
Santuario y el Kodesh Kodashim) y lo esparció como
si fuera una red. El reunió todas las vasijas sagrados
y las colocó adentro, y entonces se embarcó
hacia Roma, para jactarse y buscar honor". (BT Gittin
56)
Aunque
a niveles simplemente políticos y militares hubo
muchas victorias más significativas para el Imperio
romano que la destrucción de Judea, ellos decidieron
conmemorar este acontecimiento y preservarlo para futuras
generaciones - el monumento célebre, el "Arco
de Tito". Aquí la captura de Judea es celebrada,
y el desfile de la victoria del saqueo de las vasijas del
Templo que llegan a Roma, pueden ser vistas incluso hoy
mismo. Durante largos y amargos años, esta escena
llegó a ser el símbolo del exilio judío,
pero la esperanza nace en los momentos más oscuros...
(En este relieve se aprecia la Menorah del Templo, llevada
por los romanos,
celebrando su triunfo luego de la destrucción del
Segundo Templo)
"El
Día que el Templo Fue Destruido - El Mesías
nació"
Los romanos tenían la convicción de que la
saga de la historia judía había terminado.
Según su comprensión, el pueblo judío
seria dispersado y asimilado, y desaparecería de
escena.
Pero
en realidad, ocurrió todo lo contrario: el pueblo
judío junto fuerza interior y se prepararon para
el largo exilio, acompañado de sufrimiento y persecución.
Un
nuevo centro espiritual fue establecido en la tierra de
Israel por el Rabino Iojanan ben Zakai, en un modesto asentamiento
llamado Kerem. Pero el símbolo y bandera de la nación
permaneció el mismo, dondequiera que viajar…el
Templo Sagrado. La nación no se sometió a
la derrota espiritual, ni dudaron por un minuto de que el
Templo debía ser reconstruido:” El mismo día
(en el que el Templo fue destruido), Menajem (el Mesías)
nació” (JT Berajot 2:4).
Esta
hermosa declaración del Midrash expresa el corazón
y conciencia del pueblo judío y la experiencia colectiva
judía: esperanza y renacimiento nacen en la misma
tragedia. La promesa de la eventual redención estaba
presente en el mismísimo momento de la destrucción.
Los peores momentos del final parecen únicamente
reforzar el cumplimiento de la promesa del regreso al servicio
Divino
– la reconstrucción del Templo Sagrado.
Ya
en el momento de la destrucción, los sabios de Israel
tomaron precauciones y arreglos fueron hechos para preparar
a la nación para reedificar el Templo en el primer
momento posible. Hubo también varias tentativas históricas
a través del exilio de erigir el Templo y renovar
el servicio – ya que los rabinos plantaron estas semillas
profundamente, inmediatamente cuando el Templo fue destruido.
Ellos sabían que estas semillas crecerían
finalmente y darían resultado... la hora del establecimiento
del Tercer Templo.
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