El
término "malsindad" proviene del verbo
"malsinar" que conforme el Diccionario de la Real
Academia Española de la Lengua significa: "Acusar,
incriminar a alguien, o hablar mal de algo con dañina
intención".
Establecida la premisa entremos en el fondo del tema. La
vida que llevamos es única, no tenemos más
que una por lo que deberíamos esforzarnos en hacerla
dichosa. Una vida dichosa está pletórica de
ambición sana y de esperanza positiva encarada hacia
un mejor mañana. De ahí que vida y felicidad,
unidas, conforman uno de los dones más preciados
y bellos que pueda tener ser humano alguno. Sin embargo
esta presea está rodeada de arteros enemigos que
la corrompen no con poco denuedo. Me refiero a las guerras,
enfermedades, descontentos y decepciones y otros males que
tienen sin cura aparente a nuestra ya, con todo respecto,
roída sociedad.
Un enemigo pertinaz que podemos sin mala intención,
adicionar a la ya triste lista anterior, es precisamente
una mala costumbre casi patológica en nosotros conocida
como MALSINDAD. La lengua maliciosa que difama a las personas,
que divulga falsos rumores acerca de otros, que tuerce de
mala fe la realidad para hacer parecer a otros disonantes,
que incita a unos en contra de los otros, que divide familias
enteras y que exacerba nuestros ánimos hasta límites
inimaginables. A causa de esta malsindad se han derramado
ríos de lágrimas dejando una estela de dolor
y rencor por doquiera que ella pase. De la misma manera
que un tornado deja su huella donde pasa de igual manera
la malsindad deja una herida abierta y difícil de
curar. Una vez leí algo que no puedo citar textualmente
porque ni siquiera recuerdo de quien era, pero en mi media
memoria decía que cuando una persona echa a volar
un chisme o difama a otro, es como si soltara al viento
una almohada repleta de plumas a los cuatro vientos: nunca
será posible recoger todas las plumas. Un ligero
soplo de la malsindad es capaz de apagar la llama más
sólida, la flama más fuerte que ha resistido
tempestades. Unas cuantas palabras bastan para destruir
por completo una vida y arruinar la reputación que
tiene una persona como su joya más valiosa. No por
algo nuestro primer pecado fue por la lengua maliciosa y
mentirosa de una víbora que sedujo la candidez de
Java, logrando quedarse esa serpiente de malsindad en nosotros
desde entonces, causando daño gratuito sin cesar
y de manera indiscriminada. El Talmud se refiere de manera
mordaz al pequeño miembro prisionero per se, que
causa tanto daño. "Vean esta lengua, que en
cambio que los demás miembros humanos, dice Hashem,
que se encuentran fuera, expuestos al frío, al calor
y a muchas otras dificultades, ésta se encuentra
colocada dentro de la boca humana, doblemente protegida
por los labios y los dientes, debía ella estar contenta
y portarse bien, sin embargo causa más daño,
que todos los miembros en conjunto"
Cuenta también el Talmud que una vez pasaron todos
los animales frente a la serpiente. El león, de manera
artera y directa le dijo: sabes, yo mato por hambre, nunca
gasto energías matando más ella de lo que
pueda comer, pero tu en cambio clavas tu veneno en los demás
y luego te marchas tranquila, sin aprovechar las víctimas,
eres una asesina cruel. Uno a uno pasaron todos los animales
y le dijeron cada uno casi lo mismo. Al final ella inmutable
y descarada les dijo: es cierto lo que dicen, pero pregúntenle
también al hombre quien posee un veneno más
poderosos que el mío, ya que el mío mata a
los pocos segundos y no aflige a la víctima con una
larga muerte, pero el del hombre que produce su lengua,
asesina poco a poco hasta que al cabo del tiempo, años
quizás, termina por matar en vida a una persona.
Tampoco saca provecho el hombre de sus víctimas,
lo hace por puro placer...
Finalmente debemos reconocer de igual forma que no solo
el que ejercita el detestable y cruel ejercicio de malsinar
es responsable de serio reproche divino, sino también
el que presta oídos a la difamia de otros y además
debemos reconocer que aquella persona que malsina a otros
en nuestra presencia y que se place haciéndolo, de
igual manera lo hará con otros con respecto de nosotros.
En estos días que aún tenemos tiempo para
arrepentirnos de manera efectiva y clamar por perdón
y misericordia ante el Soberano Juez, tengamos en cuenta
esto muy en serio y si en algún momento hemos malsinado
en contra de nuestro prójimo, es un grave pecado
que debemos expiar antes del Día Temible y que debemos
hacerlo de forma directa, frente a frente si es posible
con aquel o aquellos con los cuales de manera injusta hemos
hablado de manera indebida y sin razón, solo por
puro placer de dañar.
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