Mucho tiempo antes de siquiera concebirse la idea de un
mabul, el hombre vivía de manera cómoda, su
vida era simple, tranquila, apacible y no requería
de mayor esfuerzo para vivir. El Eterno se había
encargado de facilitarles en demasía su manera de
vida. En el Midrash Bereshit Rabá se nos dice que
tanto la concepción como el nacimiento de un pequeño
se llevaban acabo el mismo día y que además
de ello, los niños recién nacidos tenían
la capacidad de ponerse de pie, caminar y hablar inmediatamente
después del parto. (1) Además estas personas
contaban con una fuerza física extraordinaria ni
siquiera se veía mermada en tiempos de vejez, sino
que más bien, se volvían más fuertes
poderosos con los años.(2) Además como si
esto fuese poco, no conocían sufrimiento de clase
alguna (3) Ellos sembraban para su subsistencia solamente
una vez cada cuarenta años y esta cosecha les era
en bastante para los siguientes cuarenta años que
seguían. (4) El tiempo les era favorable por completo,
no había como hoy, estaciones marcadas sino que vivían
en una constante primavera. (5)
Todas estas comodidades les fueron más bien en perjuicio.
El hombre cuando todo lo tiene olvida siempre a Quien le
provee de toda su comodidad y necesidad y más bien
suele alejarse de su Creador. Debido a todas estas prerrogativas
el hombre antediluviano menospreció al Eterno y más
bien proclamaron: “¿Para qué lo seguimos
necesitando? Ni siquiera necesitamos su ayuda para conseguir
agua ya que no necesitamos de la lluvia. Estamos absolutamente
provistos de agua de diferentes fuentes: tenemos los ríos
y los pozos de la tierra.” El Eterno les respondió:
“¿Es justamente con la misma generosidad que
les otorgué, que se revelan contra Mi? Los castigaré
con la misma sustancia, agua de lluvia, y por lo tanto:
“Y he aquí, que yo traigo el diluvio (6:17)
(6)
Como vemos la comodidad y el extraordinario trato que les
había dado el Eterno no les fue suficiente sino que
además fueron mal agradecidos y se dieron, debido
a su ocio y poco esfuerzo, producto como vimos de la Misericordia
del Eterno, a la tarea de dedicarse al mal y fue así
como en dicha época antediluviana se incrementó
en demasía la idolatría, el derramamiento
de sangre y la inmoralidad. (7)
A pesar de todo ello, el Eterno seguía manteniendo
hacia ellos una actitud de benevolencia y misericordia como
pocas veces, sin embargo a lo anterior se adicionó
a la conducta de las gentes de ese tiempo, otro elemento
que fue el que sobrepasó la Santa Paciencia y provocó
la ira del Santo. Me refiero al “robo” Se convirtieron
en ladrones consuetudinarios , ya no sembraban sino que
le robaban al vecino su cosecha, se robaban los animales
y si veían un burro o un buey en manos de un huérfano,
un desamparado o una viuda igualmente se lo quietaban. La
gente estaba tan temerosa incluso de que los despojaran
de sus vestimentas que preferían andar desnudos por
temor a ser robados de lo único que les quedaba.
(8)
El robo entonces fue la gota que derramó la copa
y por qué? Por qué no la idolatría,
el derramamiento de sangre y la inmoralidad? El robo socaba
la misma estructura de la sociedad, socaba el respeto por
lo ajeno y lleva al hombre al límite de la barbarie
al no esforzarse por sus cosas sino que más bien
prefiere quitárselas a los demás, fomentando
una forma de vida vergonzosa y antinatural donde el hombre
llegó a vivir del “pan de la vergüenza”
Por lo anterior la ira del Eterno se encendió y proclamó:
“El fin de toda carne llegó ante Mi”
(Bereshit 6:13)
Fue así como el día 17 de Jeshván del
año 1656 el Eterno concretó su decreto y los
cielos reventaron empezando el mayor y único diluvio
que ha habido en toda la historia de la humanidad. (9)
Desde el momento que el Eterno le comunica a Noaj su propósito
transcurrieron 120 años, tiempo extra que el Santo
le dio de más a la humanidad para que reflexionara
y se arrepintiera de sus actos y volviera a los caminos
del bien y dejara detrás su malsindad. Concluidos
estos 120 años, el Eterno le concedió al hombre
siete días más, durante los cuales Sus manifestaciones
se tornaron asaz conspicuas y de manera alguna podían
ser pasadas por alto. El sol salía por el poniente
y se ponía por el este, tiempo que aprovechó
el Santo para que el hombre tomara conciencia del mundo
que tenía, se los hizo placentero, lindo y agradable
similar al Gan Eden pero lamentablemente todo esfuerzo fue
inútil y las aguas tanto el cielo como de las profundidades
irrumpieron sobre la generación de Noaj. (10)
Iniciado el Mabul las aguas no se detuvieron y llovió
como nunca antes por cuarenta días pero no solo del
agua de lluvia se inundaba la tierra y tampoco la aguas
que estaban llenando la tierra eran frías. Dice el
Midrash que cada gota que Hashem enviaba había sido
primero hervida en el Gehinom. (11) Además la lluvia
era tan tremendamente caliente que la piel se pelaba (12).
Además del agua de arriba se abrieron todos los pozos
y las respectivas fuentes de los cuales emanaban aguas hirvientes.
(13) Me imagino que muy posiblemente por los conos volcánicos
y las grietas profundas y las fisuras en los límites
de las placas marinas emanaban mantos de lava hirviente
que calentaban las aguas al extremo. Imagino con horror
el hedor de la carne caliente e hirviente tanto de los seres
humanos como de los animales, realmente el panorama no podía
ser peor.
“Los malvados fueron exterminados a la vista de todos.
Su muerte fue de la siguiente manera: agua caliente brotaba
del abismo, y cuando alcanzaba la piel de la carne, y luego
la carne de los huesos; entonces los huesos se desmembraron,
no quedando dos juntos, y asi fueron completamente borrados
y eliminados”. ( Zohar Ha Kadosh, Parasha Noaj)
El Mabul continuó hasta el día 27 de Kislev,
duró 150 días, sin embargo a pesar de que
cesaron las lluvias del cielo, de las profundidades continuaba
saliendo agua e inundando la tierra, y no fue hasta el día
1ro de Siván que el Eterno recordó los méritos
de Noaj y decidió cerrar las fuentes abiertas de
la tierra y mandó al viento para que se dispersaran
las aguas. (14)
La Torá siempre se refiere a Noaj como un hombre
justo, sin embargo nuestros sabios han aclarado siempre
esto en el sentido que él fue el más justo
de “su” generación y nos cabe la pregunta,
muy válida por cierto, “Por qué Noaj,
siendo un hombre justo, no hizo desaparecer la muerte del
mundo? La razón es que la escoria de la serpiente
aún no había sido apartada del mundo, y además,
su generación no creyó en el Santo, Bendito
Sea, y todos ellos se inclinaban a las “hojas inferiores
del árbol” y se vestían con un espíritu
impuro. Además persistieron en sus pecados y seguían
su mala inclinación como antes, y aún no había
sido traída a la tierra la Santa Torá, que
es el Arbol de la Vida. Más aún Noaj mismo
trajo muerte al mundo, por su propio pecado, acerca del
cual está escrito: “Y él bebió
del vino y estuvo ebrio, y estaba sin cubrirse dentro de
la tienda” (Bereshit 9:21) (15)
Como vemos de la cita del Zohar HaKadosh, la razones que
mediaron para semejante juicio sobre la humanidad definitivamente
abundaron.
Hoy día lamentablemente las cosas no distan mucho
del panorama de entonces y como vimos el robo fue la causa
final que colmó la Santa Paciencia. Si echamos un
vistazo a la realidad de nuestros países, de manera
clara sin duda alguna podemos comprobar en un instante que
hoy día los índices de criminalidad han aumentado
de manera alarmante, especialmente el robo. Cada día
hay más delincuentes y todo tipo de ladrones, desde
el simple ratero al gran señor de “cuello blanco”
A manera de corolario y de reflexión, si bien es
cierto el Santo, Bendito Sea empeñó su palabra
en no mandar un castigo semejante sobre la tierra de manera
general, (Bereshit 8:21) si podemos apreciar muy fácilmente
que las lluvias no cesan, que las inundaciones están
a flor de piel y las muertes por deslaves y cabezas de agua
son cosa de todos los días. Aquí mismo en
Centro América, por solo citar un área geográfica
determinada, al momento de escribir este breve artículo,
tenemos más de dos semanas de no ver el sol y tormenta
tropical tras tormenta tropical y huracán tras huracán,
no nos dan tregua, acumulando en nuestros países
muerte, desolación, hambre y más pobreza.
Tenemos que tomar muy en serio todo esto y hacer caso de
las advertencias de nuestro amado Padre.
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