Los
acontecimientos mundiales por todos nosotros conocidos,
nos deben llamar a una franca reflexión y apuntar
tanto nuestra más elemental inteligencia como nuestros
actos hacia un sitio concreto y ese destino siempre tiene
y debe ser la Torá. Solo el cumplimiento de la Torá
nos permitirá hacer a nuestro alrededor una aureola
de protección que nos brindará una seguridad
respaldada por la palabra del Eterno, quien, como sobradamente
sabemos, no es hombre para que mienta o se equivoque. Sin
embargo para que esto se cumpla tenemos que “jugar”
bajo sus mismas reglas, bajo sus mandatos y no salirnos
de ellos ni un ápice.
Muchas personas, lamentablemente, prefieren otros senderos
más tortuosos, que los llevarán indefectiblemente
al sufrimiento y al dolor, destinando sus actos a cosas
absolutamente superfluas verbigracia actos de consumo masivo
que no son otra cosa más que supercherías,
escapismos en el alcohol o las drogas, así como la
“recreación” mediante el sexo desenfrenado
que se parece más al simple apareamiento que practican,
por instinto, los animales, que un acto lícito entre
dos personas que se aman. La tónica hoy día
pareciera ser ”vivir el momento y más tarde
veremos”, lo que la gran mayoría deja pasar
por alto y no toman en cuenta de manera seria es que si
bien es cierto hoy podemos estar gozando de una posición
económica holgada, confortable, es absolutamente
para nosotros desconocido si más tarde o mañana
igualmente vamos a tenerla. No sabemos. De igual modo sucede
a la inversa, si estamos transitando por una situación
asaz rauda, no necesariamente mañana tenemos que
estar igual. El Eterno Santo Bendito Uno hace que el destino
del hombre cambie y ni siquiera los tzadikim están
libres de estos cambios, sino como sobradamente podemos
comprobar en la Torá, ellos, como por ejemplo Abraham,
Itzaj, Iacov y el mismo Moshé solo para citar unos
cuantos, fueron un claro paradigma de ello. De manera tal
que nuestra situación puede cambiar de un momento
a otro para nuestro beneficio o nuestro perjuicio pero siempre
bajo la máxima divina que “todo es para bien”.
Llamo a colación y muy a propósito de Purim
que recién terminó ha unos pocos días,
el tremendo revés que sufrió el rashá
de Haman, cuando contando con todo el apoyo del Rey Ajashverosh,
uno de los monarcas más poderosos que haya habido
sobre la faz del planeta, de un momento a otro las cosas
en su vida tomaron un revés lesivo a sus intereses
culminando con la muerte de su descendencia y la suya misma.
Otro cuidadoso ejemplo podemos sacarlo de la vida de Moshé
quien por todo lo que hizo por el pueblo de Israel, sería
titular de grandes reconocimientos pero especialmente el
de ingresar a la tierra prometida, hecho que como sabemos
todos, no ocurrió. El mismo Salomón con toda
y su sabiduría sufrió, por su desobediencia,
los embates de un cambio de situación de la noche
al día. Finalmente, y como dije, solo para citar
unos ejemplos, recordamos al Rey Shaúl que por desobedecer
las órdenes expresas del Eterno, fue apercibido severamente
por el profeta Samuel y arrebatado su trono de la noche
al día, “Y le dijo Samuel: ‘El Eterno
ha rasgado el reino de Israel de ti el día de hoy,
y lo ha dado a un vecino tuyo que es mejor que tu”
(Samuel 15:28)
Todo esto nos debe llamar a una atenta reflexión
especialmente hoy día donde vemos que el mundo entero
está siendo objeto de grandes catástrofes
y cosas que nunca nos imaginaríamos y no dedicarnos
a vivir el día a día obviando lo que viene,
poniendo en evidente peligro nuestro futuro en el “mundo
por venir”
“Por lo tanto, el Rey David advierte en tehilim que
uno no debe excederse en los momentos de alegría
y diversión ya que de este modo no será posible
encontrar la alegría completa en este mundo”
(Midrash Tanjuma Scmini 2 Biur Amarim)
Ahora bien: “¿Por qué el Todopoderoso
expone a la humanidad a formas de vida que se caracterizan
por experiencias de dolor y tragedia en vez de otorgarnos
una tranquilidad y un bienestar perfectos?
Las desgracias son las formas en las que el Todopoderoso
nos recuerda la naturaleza transitoria de este mundo y nuestra
tarea verdadera en él, la de servir a Hashem. Tanto
los adultos como los niños, olvidan fácilmente
la realidad. A un ser humano que recibe paz y felicidad
en forma ininterrumpida, generalmente se olvida de sí
mismo y se duerme espiritualmente, y queda totalmente absorto
por la atención a sus deseos físicos de confort
y lujo. Si no fuera por aquellos que nos hacen recordar
al Todopoderoso, seríamos arrogantes y vanidosos,
y actuaríamos como si la vida en este mundo nos duraría
por siempre. Las desgracias nos recuerdan la total fragilidad
de nuestra existencia,, y nos damos cuenta del hecho de
que le debemos al Creador cada suspiro que damos. Los tzadikim
aprovechan sus desgracias para acercarse más a Hashem”
(Mesilat Iesharim, Sifrei Musar)
Si ponemos atención al anterior texto, nos damos
cuenta de inmediato, que hoy día con tanta cosa que
está ocurriendo, es un llamado de atención
de lo Alto para que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo
y enmendemos nuestros yerros y demos un golpe de timón
hacia la Torá y hacia Su Creador. Los sufrimientos,
las aflicciones y los dolores que hoy día tenemos,
son producto directo de nuestros actos, del alejamiento
del camino santo por las cosas superfluas e inútiles
de la vida, por apartarnos del sendero que nos hará
partícipes del Olam Haba.
Empero estimo que no todo está perdido, el Eterno
se está revelando mediante su manifestación
Elokim (Elokim = 86 = hateva ("la naturaleza")
y nos está indicando sin lugar a dudas el camino
a seguir y las correcciones que tenemos que llevar a cabo.
Un cambio es debido en nuestras vidas plegándonos
a los caminos del Santo, a Su Torá, a Sus Mitzvot,
a la Tzedaká, a la Tefilá y desde luego doblando
rodillas y “haciéndonos pequeñitos ante
El” por medio de una efectiva Teshuvá.
Vale la pena amigos, vale la pena el esfuerzo de redimirnos
de nuestras viejas vidas y nacer a una nueva dimensión
de Torá y verdaderamente si así lo hacemos
estaríamos solo a MIL LAGRIMAS de hacer Su voluntad.
Vale la pena…
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