De
acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española,
la palabra idolatría se define como: adoración
que se da a los ídolos. Ahora bien esta definición
nos lleva a definir la palabra ídolo, la cual con
base en el mismo Diccionario significa: “imagen de
una deidad objeto de culto” Desde tiempos inmemorables
el hombre ha reconocido su marcada debilidad ante su entorno
vital, lo que lo ha empujado lastimosamente a depositar
su confianza en ídolos, en objetos materiales a los
cuales le rinde culto o delega cierta autoridad de protección.
Es decir, deposita su confianza en un objeto material tallado
por el hombre o bien alguna forma moldeada por la naturaleza
a la que atribuye cualidades especiales y cuyo culto le
atraerá beneficios que se manifestarán en
la vida real como abundancia, salud y muchas cosas más.
Pareciera ser una tendencia nata del hombre a buscar una
protección de las cosas que no puede manejar, en
ciertos objetos de piedra, cerámica o barro o de
algún otro material.
Esta debilidad de ser humano pierde sus orígenes
en el tiempo ya que desde entonces, el hombre ha tenido
una marcada tendencia a poner su destino en manos de este
tipo de objetos de idolatría. Sin embargo y en contra
de lo que la mayoría había tenido como una
práctica común, como un uso social muy arraigado
y convertido en algo cotidiano, un hombre rompió
con todos estos paradigmas y se atrevió a nadar corriente
arriba y a desechar lo que la mayoría aceptada como
una ineluctable realidad. A pesar de haber nacido y criado
en un hogar de idolatría, más aún en
un hogar donde se construían ídolos para la
venta, donde su manutención dependía de la
elaboración de ellos y de su venta, se atrevió
a romper con esta atadura y reconocer la falsedad de la
misma y empezar cuesta arriba a convencer a los demás
de la existencia de un solo Di-s, de un solo Creador. Me
refiero a nuestro padre Abram más tarde conocido
como Abraham.
El Midrash nos relata una preciosa anécdota de nuestro
padre Abraham donde un día fue encargado por su padre
Teraj de atender a los clientes que llegaran a la tienda
de idolatría que su padre poseía. Teraj tenía
que ausentarse de la tienda y encargó a su hijo para
que si apareciera algún cliente le vendiera uno o
los ídolos que quisiera. Se nos cuenta que un hombre
acaudalado se hizo presente en la tienda y le dijo a Abram
que le vendiera un ídolo, el más caro que
tuviese, posiblemente creyendo que en precio influía
en la calidad de sus milagros. Lo cierto es que Abram en
silencio le facilitó el más grande y caro
de los ídolos que tenían disponibles en ese
momento. El hombre se manifestó conforme a lo cual
Abram le inquirió: “Dígame señor,
cuántos años tiene usted? A lo cual el hombre
le respondió: “Tengo cincuenta”. Abram
se le quedó mirando profundamente y le dijo: “Y
no tiene vergüenza de adorar a un dios que tiene solamente
un día de vida? Mi padre lo terminó de hacer
ayer” (1) El hombre sumamente perturbado regresó
su dinero al bolsillo y se marchó.
Rato después una anciana mujer se hizo presente en
la tienda familiar. Estaba sumamente triste y abatida por
cuanto unos malhechores habían irrumpido en su casa
y se habían llevado sus dioses.
Abram con mirada desafiante volvió su rostro hacia
la anciana y de manera directa le dijo: “¿Ah
si? Si sus dioses fueron incapaces de protegerse a si mismos
de los ladrones ¿cómo pretende que la protejan
a usted?
La mujer bajó la cabeza y se quedó pensando,
al poco tiempo reflexionó e inquirió a Abram
y le dijo: “Tiene usted razón. Pero ¿a
quién hemos de servir? De inmediato Abram le respondió:
“Al Creador de los cielos y la tierra, quien nos creó
a usted y a mi” La anciana se marchó sin llevar
ningún ídolo. (2)
Más tarde se hizo presente en la tienda una mujer
quien llevaba un recipiente lleno de harina cuyo propósito
era entregarla a los dioses como ofrenda. Abram tomó
un hacha y golpeó hasta romperlos, todos los ídolos
de la tienda excepto el más grande, el de mayor tamaño
y puso el hacha recostada al ídolo. Tiempo después
su padre Teraj regresó a la tienda y al ver el desorden
le preguntó a su hijo Abram acerca de lo ocurrido.
“Qué pasó aquí? Abram con mucha
calma le respondió: “Por qué de ocultarte
la verdad?
“Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para
ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero
en recibirla. El grande recibió insultos y entonces
tomó un hacha y rompió todos los otros”
Teraj se molestó y de inmediato con voz desafiante
le respondió:”¿Qué tontería
es esa? Tu sabes perfectamente que ellos no hablan ni se
mueven” a lo cual Abram replicó de inmediato:
“¡Ah si! Te pido que pienses en lo que dices.
¿Por qué les sirves entonces?... (3)
Estas referencias del Midrash nos aclaran la manera tan
diáfana que pensaba Abraham, lo seguro que estaba
acerca del verdadero Creador y a Quien debía rendirse
el verdadero culto y la manera tan valiente y decidida que
defendió su creencia.
Hoy día que de alguna manera estamos sometidos a
muchos y muy distintos sistemas de idolatría (tv,
juegos de computo, teléfonos celulares y el internet
mismo) debemos tomar muy en cuenta las valoraciones y razonamientos
de nuestro padre Abraham esgrimidos por él hace ya
miles de años.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.