"La
fiesta de la extracción de las aguas" Simjat
Beit Hashoevá
Para
la festividad de Sucot, todos asistían al Templo
Sagrado de Jerusalén. Allí, entre otras cosas,
en los días hábiles intermedios entre el primer
y último día de la festividad, se hacía
soplar la flauta.
Esta
flauta es “la flauta de la extracción”,
que se tocaba en la celebración denominada -beit
hashoevá-, o “Sitio de la extracción
de las aguas”.
El
festejo que se realizaba para la ocasión era muy
alegre y tenía lugar en el Templo Sagrado. El homenaje
se realizaba con la flauta y también con otros instrumentos
musicales que amenizaban la celebración de la extracción
del agua y su libación.
Los
sabios dijeron: “Todo aquel que no vio la alegría
de la extracción, no vio alegría en su vida”.
En
el Talmud se explica que se llama “la alegría
de la extracción”, por lo que está escrito:
“Y extraerán agua con regocijo”. (Isaías
12:3)
Asimismo,
en el Talmud de Jerusalén explican que de allí
extraían espíritu de santidad –Ruaj
HaKodesh-. Ya que la Providencia Divina se posa en la persona
únicamente cuando se encuentra en estado de alegría.
Es posible apreciarlo a partir de lo declarado por el versículo:
“Será cuando toque el músico, que se
posará sobre él la mano de El Eterno”.
(2 Reyes 3:15)
LA ALEGRIA DE LA EXTRACCIÓN
Tras la finalización del primer día de la
fiesta los sacerdotes y los levitas descendían de
sus propios atrios, al atrio de las mujeres, y disponían
un gran ajuste.
En
el Talmud se explica, que construyeron balcones alrededor
del atrio, y decretaron que las mujeres se sienten arriba
y los hombres abajo. Era con el fin de que no se entremezclen
y alcancen un estado de disipación.
Había
allí candelabros de oro. Cuatro recipientes de oro
en la cima de cada candelabro. Asimismo, había cuatro
escaleras para cada candelabro, una escalera para cada recipiente,
y cuatro niños de los florecientes del sacerdocio,
es decir, de los jóvenes sacerdotes, sobre las escaleras,
uno sobre cada escalera, y en sus manos, portaban vasijas
de aceite de ciento veinte medidas “log”.
En
el Talmud se explica que en la totalidad de las vasijas
que portaban los cuatro niños, en conjunto, había
ciento veinte log, resultando treinta log por cada vasija
(como quince litros). Este aceite era colocado por ellos
en los los recipientes, cada uno vertía aceite de
su vasija al recipiente al que había llegado.
De los retazos de los pantalones gastados de los sacerdotes,
quienes oficiaban en el Santo Templo, y de sus cinturones
viejos, cortaban tiras para hacer mechas. Luego, con los
trozos de las vestimentas que convirtieron en mechas encendían
los candelabros.
No
había patio en Jerusalén que no era alumbrado
por la luz del sitio de la extracción. Se debía
a que los candelabros eran altos, y el Har Habait –área
donde estaba erigido el Templo- también era alto,
y la luz iluminaba en toda la ciudad (Rashi).
ACTOS
Los
hombres piadosos y los individuos de sobresaliente actitud,
es decir, quienes son meticulosos en el cumplimiento de
los preceptos y se esfuerzan en realizar muchos actos buenos,
bailaban delante del pueblo que ingresaba para ver la alegría
de la extracción, con antorchas encendidas que tenían
en sus manos. Los artistas las arrojaban hacia arriba y
las atrapaban nuevamente, haciendo malabarismo con ellas.
Asimismo,
estos individuos destacados pronunciaban delante de los
presentes cantos y alabanzas.
En
la enciclopedia de Maimónides se añade: “Es
un precepto incrementar esta alegría, la cual no
era realizada por los ignorantes o por cada uno que lo deseaba,
sino por los grandes Sabios de Israel y los directores de
las academias de estudio, los jueces del Sanedrín,
los piadosos, los ancianos y los hombres de actitud sobresaliente:
ellos eran los que bailaban, aplaudían, cantaban
y alegraban al público en el Templo Sagrado durante
los días de la Fiesta de las cabañas -Sucot-,
pero la totalidad del pueblo, tanto hombres y mujeres, venían
a ver y a escuchar” (Leyes de lulav 8:14).
Los
levitas por su parte, cantaban con sus laúdes, arpas,
címbalos, trompetas e innumerables instrumentos musicales.
Se paraban sobre los quince escalones que descendían
desde el atrio de Israel hacia el atrio de las mujeres,
los cuales son en correspondencia con los quince cánticos
de las ascensiones, los cuales están escritos en
el libro de los Salmos, desde el capítulo ciento
veinte hasta el ciento treinta y cuatro. Sobre ellos los
levitas se paraban con sus instrumentos musicales y pronunciaban
los cantos en la alegría de la extracción.
Aunque debemos aclarar que para el canto del sacrificio
se paraban sobre la tarima que estaba al lado del altar
(Rashi).
Dos
sacerdotes se paraban en el portón superior, llamado
portón de Nicanor, que desciende desde el atrio de
Israel hacia el atrio de las mujeres. Este enunciado indica
que el portón estaba por encima del atrio de las
mujeres, y por eso se llama “portón superior”
(Maimónides). Los sacerdotes portaban en sus manos
dos trompetas.
Cuando
cantaba el gallo, a la salida del alba, o cuando Guebiní
el pregonador llamaba cuando llegaba el alba clamando: “Levántense
sacerdotes para vuestro servicio...”, dos sacerdotes
con las trompetas hacían sonar con el cuerno –shofar-
el sonido de “tekiá”, “teruá”,
“tekiá”. Era en señal de que llegó
la hora de ir al manantial a extraer el agua para la libación.
En
momentos en que los dos sacerdotes llegaban al décimo
escalón, de los quince escalones que descienden desde
el atrio de Israel hacia el atrio de las mujeres, hacían
sonar con el shofar el sonido de “tekiá”
(sonido prolongado), “teruá” (sonido
entrecortado), “tekiá”.
Cuando
llegaban al atrio, es decir, al piso del atrio de las mujeres
hacían sonar: “tekiá”, “teruá”,
“tekiá”.
Tocaban
y caminaban, pues prolongaban sus últimos soplidos
(Rashi), hasta que llegaban al portón que sale hacia
el este, desde el atrio de las mujeres hasta el Har Habait.
Llegaban
al portón que sale hacia el este, en ese instante
todos los que salían volteaban sus rostros hacia
el oeste, o sea, hacia el lado del atrio y el sitio denominado
Heijal, y decían: “Nuestros antepasados que
estuvieron en este lugar -en el Primer Templo Sagrado-,
volvieron sus espaldas hacia el Heijal de El Eterno, con
sus rostros hacia el oriente, prosternándose hacia
el oriente al sol, mientras nosotros hacia El Eterno dirigimos
nuestros ojos”. Es decir, que en el Primer Templo
Sagrado los hijos de Israel dirigían sus nucas al
Heijal de El Eterno al prosternarse al sol al este, pero
nosotros dirigimos nuestros ojos hacia El Eterno.
Rabí
Iehuda dice: repetían duplicando sus palabras y decían:
“Nosotros hacia El Eterno, y hacia El Eterno se dirigen
nuestros ojos” - en la Guemará se explica que
decían “y nosotros hacia El Eterno nos prosternamos
y nuestros ojos a El Eterno aguardan”, es decir, que
agradecemos a El por el pasado, y Lo aguardamos con respecto
al porvenir (Guemará).
En el Talmud se menciona la gran algarabía que reinaba
entre los Sabios durante la alegría de la extracción
de las aguas: “Dijeron acerca de Hilel el anciano,
que cuando se regocijaba en la alegría de la extracción
cierta vez dijo: “Si yo estoy aquí, todo está
aquí, y si no estoy aquí, ¿quién
está aquí?” El mismo solía decir:
“Al lugar que yo amo, allí mis pies me conducen”.
(Y dijo El Eterno:) Si tú vienes a Mi casa, Yo iré
a tu casa; si tu no vienes a Mi casa, Yo no iré a
tu casa”, como versa (Éxodo 20:21): “En
todo lugar en que recordares Mi nombre, vendré hacia
ti y te bendeciré”.
Dijeron
acerca de Rabí Shimón ben Gamliel que, cuando
se regocijaba en la alegría de la extracción,
tomaba ocho antorchas con fuego, arrojaba una y atrapaba
otra, sin que se toquen entre si.
Rabí Iehoshúa ben Jananiá rememoró:
cuando nos regocijábamos en la alegría de
la extracción, nuestros ojos no percibían
el sueño. Pues en la primer hora se ofrecía
el Sacrificio Continuo de la mañana, de allí
nos dirigíamos a recitar la oración, de allí
a ofrecer el Sacrificio Adicional, de allí a la plegaria
adicional, de allí a la casa de estudio, de allí
a comer y beber, de allí a la plegaria vespertina,
de allí al Sacrificio Continuo del anochecer, y de
ahí en adelante a la alegría por la extracción.
(Basado en la Mishná Sucá, cap. 5, Rashi,
Bartenura, Kehaty)
De
aquí proviene la costumbre de celebrar alegremente
durante los días comprendidos entre el principio
y el final de la festividad de Sucot. Se estila cantar,
bailar, y realizar números artísticos para
deleitar a los presentes que se reúnen especialmente.
Este evento se lleva a cabo en todo el mundo.
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