Sheminí
Hatzeret y Simjat Torá ¿Por
qué son necesarias las lluvias?
Este
suceso aconteció con cierto comerciante que solía reunir
trigo durante el verano, y en invierno lo vendía, cuando
el precio de mercado era más alto.
Cierto
día este comerciante llega hasta la casa del rabino y le
hace saber que tiene una pregunta para formularle:
¿Por
qué se comienza a pedir por la caída del rocío el primer
día de la festividad (de Pesaj), y respecto a la caída de
las lluvias, recién se lo hace en la plegaria del último
día de la festividad (de Sucot)?.
El
rabino comenzó a explicar: “En la festividad de Pesaj comienza
el verano, época esta, que en la tierra de Israel no es
común que descienden lluvias, por eso, el primer día de
esta festividad se deja de pedir a Di-s por lluvia, y se
comienza a pedir por el rocío, dado que es usual que descienda
también en verano.
En
la festividad de Sucot empieza la época invernal, que es
cuando en Israel comienza a descender la lluvia, por eso
se pide por ella en ese momento. Pero pese a que el primer
día de la festividad de Sucot es el instante que marca el
inicio del tiempo de descenso de las precipitaciones, se
aguarda una semana más, hasta el último día de la festividad
para pedir al Todopoderoso que haga descender lluvia. Como
consecuencia de dilatar el pedido por la lluvia una semana,
en esos días se continúa solicitando a Di-s que haga descender
rocío.
Ahora,
para responder concretamente la pregunta que has formulado,
diremos que de acuerdo a lo que escribió el autor del libro
"Lebush", en el apartado 668: La dilatación del
pedido por lluvias en la festividad de Sucot es, para que
se retiren todas las festividades recordando el rocío, ya
que el rocío es siempre señal de bendición, mientras que
la lluvia en la fiesta es señal de maldición (pues la gente
viene de lejos a Jerusalem para las festividades, por lo
tanto, al haber lluvia, los caminos no estarían aptos y
además ellos mismos se mojarían). Es por eso que no
pedimos al Todopoderoso que haga descender lluvia hasta
la culminación de la fiesta".
El
individuo respondió al rabino: "Si yo te digo otro
motivo, el cual es muy importante: ¿lo mencionarás en tu
disertación que realizas en Shabat delante de la congregación?".
El
Rabino Le respondió: "¡Si es un motivo correcto, disertaré
sobre él!".
El
hombre le dijo: "El motivo es, porque las festividades
fueron dadas para alegría, y las lluvias no representan
alegría para todas las personas, pues están aquellos cuya
actividad consiste en guardar en silos trigo u otros cereales
en el verano, y ellos sufren con la caída de las lluvias,
ya que pretenden especular con la mercadería, resultando
que si hay escacés de lluvia en ese año, su trigo se valorizará
notablemente, pudiendo ganar mucho dinero.
El
individuo prosiguió: Yo mismo soy la prueba de ello, pues
me ocupo de eso, y en momentos en que escucho al oficiante
("jazán") en el últimodía de la festividad de Sucot, llamada Shemini Hatzeret,
recitar los himnos y poesías que recuerdan las lluvias,
y toda la congregación claman y contestan tras él a viva
voz "Di-s hace que el viento sople y caiga la lluvia",
en ese momento sufro mucho, y son esas palabras para mi
como golpes asestados a mi con espada”.
Además,
esta festividad de Sucot, se llama verdaderamente: ‘la fiesta
de la alegría’. Por eso, seguro que no sería bueno
que las personas estén tristes al recordarse la caída de
la lluvia en el inicio de la fiesta de Sucot, dado que es
la fiesta de la alegría (como relata la Mishná y el Talmud
en el tratado de Sucá capítulo 5, donde se menciona que
quién no vio la alegría de la extracción de las aguas en
Sucot, no vio alegría en toda su vida, y relata como los
sabios hacían malabarismos, danzaban y alegraban a la gente
durante el transcurso de esa celebración).
El
hombre concluyó: Fíjate rabino como este es un motivo correcto
y bello, y es apropiado para que lo digas en tu disertación
en Shabat delante de la congregación en la sinagoga".
El
sabio le dijo: "Levántate perverso, y sal de delante
de mi presencia!, ¿Acaso quieres justificar con eso a las
personas malvadas que se dedican a especular vilmente con
el trigo u otros cereales para aprovecharse de la gente
y ganar más dinero?”
El
hombre le dijo: "No te enojes rabino, dame permiso
a preguntar sobre una cuestión legal que me concierne. Pues
ya te he dicho que la petición por la lluvia va en contra
de mis ocupaciones y de mi trabajo. En cambio la multitud,
que se alegran y obtienen ganancias con la lluvia, he aquí
oran por ella en días de invierno, de acuerdo a las necesidades
de ellos, pero yo ¿cómo voy a orar por las lluvias en todos
los días del invierno, si esa va en mi contra, ya que daña
mis ocupaciones?.
Es
por eso que te consulto: si tengo permiso de decir en mi
propia plegaria, también en los días de invierno, que ‘caiga
el rocío’, pues ¿cómo va a pedir una persona en su plegaria
una cosa que le causa daño?"
El
rabino le respondió: "Tú no puedes cambiar lo que es
de la multitud, y tienes que pedir "que caiga la lluvia"
en invierno como las demás personas. Y con respecto
a eso que piensas que la caída de las lluvias va en contra
de tus ocupaciones, y pierdes con ello, te diré que eso
no es así.
Di-s
es dueño de todo, y si El decreta sobre ti bondad y ganancias,
para que te sobrevengan por tu trabajo, así será, aunque
caigan muchas lluvias y el trigo se devalúe. Ya que El enviará
la bendición a tus depósitos, y cuando vendas lo que recolectaste,
vendrá a tu mano una buena ganancia sobre el capital que
tenías en tus depósitos.
Pero
si dijeres: ¿cómo puede ser algo así?. Si piensas eso, has
de saber que el Creador tiene varias vías, y no hay impedimento
para El en enviar la salvación.
Fíjate
en aquel hombre (fulano), a quién el Eterno otorgó gran
éxito, y por eso obtiene buenas ganancias en sus ocupaciones.
En toda su vida le aconteció que vendió alguna mercadería
sin obtener ganancia. Con más razón que jamás tuvo pérdidas.
Merced
a su éxito, este sujeto se convirtió en el tema de conversación
de la gente, ya que todos se asombraban por su buenaventura.
Este
hombre, a causa de estar en boca de todos, temía que le
echen "mal de ojo", y también tenía miedo que
su vida corra peligro. ¿Qué hizo entonces para que la gente
deje de hablar de su éxito?.
Compró
dátiles por veinte mil “Dinarim” (es el nombre de una moneda
de la época), en su ciudad, en momentos en que los dátiles
se vendían allí a un precio elevado. Trasladó la mercadería
adquirida hasta el puerto, la puso en una embarcación y
la llevó al país donde se producían los dátiles. Alquiló
un puesto en el mercado mayorista, que es donde los vendedores
compran los dátiles para llevar a la ciudad donde él los
había adquirido, y allí los venden a buen precio y obtienen
excelentes ganancias.
Pensó:
"Ahora todos reconocerán y sabrán de la pérdida que
tuve, ya que el costo del flete y la diferencia de precio
que había entre un lugar y otro representarán una pérdida
considerable".
Pero
Di-s deseaba su éxito, y que también esta vez obtenga ganancias.
Cuando
el hombre llegó a la ciudad productora de dátiles, rentó
un local muy grande, e ingresó allí los dátiles. En
ese lugar vendía su mercadería a los clientes que entraban
a su negocio.
El
hombre recibía las monedas y las arrojaba a la caja que
tenía debajo del mostrador.
Luego
de un mes de trabajo, terminó de vender su mercadería, en
ese momento abrió la caja y contó las monedas, hallando
que había treinta mil Dinarim.
O
sea, que obtuvo una ganancia de diez mil Dinarim, pues su
capital invertido, incluido el transporte en la embarcación,
había sido de veinte mil Dinarim.
Además,
antes de comenzar a vender hizo el cálculo, para que la
operación le deje una pérdida de diez mil Dinarim. Para
ello había calculado el valor de costo de cada "seá"
(es una medida de capacidad antigua), resultando que él
había pagado por cada “seá” un precio de cuatro “Dinarim”,
y en el puesto vendía cada “seá” por dos “Dinarim”, por
lo que la pérdida estaba garantizada. Pero se encontró con
que al final obtuvo ganancias que ascendían a diez mil Dinarim
en vez de perder.
Esto
es producto de la bendición que le envió Di-s en el momento
de pesar los dátiles, y la bendición que el Todopoderoso
dispuso en las monedas en el momento de arrojarlas a la
caja cada día.
Este
suceso hizo que se incremente notoriamente el nombre de
este sujeto y su éxito en la boca de la gente, ya que todos
hablaban de él.
Transcurrió
todo ese año, y llegó el siguiente. Nuevamente pensó hacer
lo que había hecho el año pasado con los dátiles. Planeó
comprar en un lugar donde se venden a un precio elevado,
e ir a venderlos donde estén baratos.
El
hombre reflexionó y dedujo: "El año pasado vendí
los dátiles fraccionadamente, a cada cliente le vendí un
poco, y tomaba el dinero de la misma manera, pero esta vez
los venderé a todos juntos, de una sola vez, pesaré al comprador
todo el lote íntegro, y tomaré también el dinero de una
vez. De esta manera no recaerá sobre la mercadería la bendición
y seguro que me dará pérdida".
El
hombre procedió como el año anterior, cargó los dátiles
en un barco, y los llevó a origen, donde son producidos.
Pero cuando quiso vender todo de una vez, no halló un comprador
que esté dispuesto a adquirir toda la partida, entonces
se vio obligado a realizar un trueque por un lote de pimientos.
La
operación se realizó de este modo, pesaron los dátiles y
les dieron una cotización de dos “Dinarim” por "seá".
Teniendo en cuenta que a él cada "seá" le había
costado cuatro Dinarim, la pérdida que tuvo en esa maniobra
fue de la mitad de su capital. Ya que los pimientos,
los compró a precio real.
El
sujeto llevó los pimientos al puerto, los puso en un barco
y los trasladó a la ciudad donde él vivía.Cuando llegó, descargó su mercadería, y la llevó
a su negocio. Allí abrió uno de los sacos de pimientos para
tomar algunos para llevar a su propia casa.
Pero
la sorpresa fue grande, pues en ese momento, tras cortar
la cuerda del saco y abrirlo para sacar algunos pimientos,
halló allí adentro, un collar de perlas auténticas que tenían
un valor de cincuenta mil “Dinarim”.
Todos
los que estaban en el negocio en ese momento se sorprendieron
y quedaron atónitos. Luego ellos fueron y contaron lo que
vieron a sus amigos y conocidos, así la voz se fue corriendo,
por lo que en poco tiempo toda la gente de la ciudad sabía
acerca de lo ocurrido. Los comentarios del éxito inusual
de este hombre se quintuplicaron en ese año entre la población,
respecto a lo que hablaban el año anterior.
Al
tercer año, regresó a su mente de este sujeto la idea de
los dátiles, y adquirió como las veces anteriores un lote
en su ciudad, donde se vendían a precio elevado. La idea
era llevarlos en una embarcación a la ciudad donde los producen,
tal como había hecho en las oportunidades anteriores.
Esta
vez pensó: "Este año no realizaré trueques con mercadería
que esté puesta en sacos que vienen de la India. De este
modo evitaré encontrar un hallazgo dentro de uno de los
sacos, los cuales están cosidos y cerrados. Esta vez, procederé
de otra manera, trocaré mis dátiles por trigo a granel,
el cual se vende sin envolturas, solo lo pesan y lo vuelcan
dentro de la embarcación. De esta manera no hallaré ningún
hallazgo, y tampoco recaerá la bendición dado que pesan
y cuentan la mercadería. (Esta prevención que tomó, es por
lo que consta en el Talmud, tratado de Babá Metzía, pag.42:
la bendición recae sobre lo que uno hace, solamente cuando
está oculto del ojo, es decir, sin contarse, sin pesarse
y sin medirse. Al contarlo, pesarlo o medirlo, uno limita
a lo que ya hay, no permitiendo a la bendición actuar para
que haya más).
El
hombre hizo lo que pensó, trocó los dátiles por trigo, y
calculó la cotización de los dátiles a la mitad de lo que
los había pagado, incluido el transporte, estando seguro
que se notaría la pérdida.
Los
changarines vaciaron el trigo dentro del barco y llenaron
el contenedor. Luego que la embarcación partió de la ciudad
de los dátiles, tras alejarse seis horas de allí, se supo
que se desató una guerra entre los pueblo árabes, a la orilla
del río. Esto provocó que no se pueda salir ni entrar. A
causa de la guerra, la embarcación quedó demorada cerca
de la ciudad donde se producían los dátiles por espacio
de cinco meses.
Entretanto
llegó la noticia de que en la ciudad donde vivía este individuo
hubo una gran plaga de langostas que consumió todo el cereal.
Cuando la embarcación llegó a destino, el precio del trigo
había aumentado considerablemente, cuadriplicándose su cotización.
Por eso, al vender su partidaobtuvo grandes ganancias. Tras ello, toda la gente
hablaba cada vez más de su racha exitosa.
El
hombre, tras fracasar en sus intentos, finalmente sentenció:
"Ya no volveré a hacer una cosa así, pues no hay picardía
que valga, ni consejo útil que sirva para ir en contra de
la voluntad de Di-s, al ser que desea que yo tenga éxito
por la fuerza".
El
rabino, narró esto al hombre que había venido a preguntar
acerca de la causa por la que se piden lluvias recién el
último día de la festividad de Sucot, cuando rocío se pide
el primer día de la festividad de Pesaj. Luego del relato,
le dijo el nombre del protagonista de este suceso, y le
confesó donde vive. Luego le dijo: “Por eso, si tu oras
por la caída de las lluvias, y la lluvia viene y se incrementa
el precio del trigo, si es la voluntad de Di-s beneficiarte,
es posible que ganes, al enviar Di-s la bendición a tus
depósitos o de algún otro modo, ya que Di-s tiene varias
vías para enviar la bendición”.
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