El Shabat
que acaece entre Rosh Hashaná y Iom Kipur recibe
el nombre de “Shabat Shuba” -Shabat del retorno-.
Esta
denominación se debe a la Haftará (trozo selecto
de los libros de los profetas que se lee tras la culminación
de la sección semanal de la Torá) de esa semana.
Pues la misma comienza con las palabras “Retorna -Shuba-
Israel hasta El Eterno tu Di-s”. (Parparaot la Torá)
A modo
introductorio diremos que la lectura de la “Haftará”
de instauró por causa que en tiempos de antaño
fue sentenciado un cruel decreto en perjuicio del pueblo
de Israel. El mismo incluía la prohibición
de practicar la lectura de la Torá. Los dirigentes
espirituales de la época evaluaron la situación
y decidieron sustituir este vacío por un trozo de
los libros de los profetas cuyo contenido se asemeje a la
sección semanal de la Torá que corresponde
a esa semana. (Mishná Berurá 284: 1)
Al implantar
esta enmienda de emergencia, los sabios concordaron en emplear
para la lectura de la Haftará, el mismo sistema utilizado
para la porción semanal de la Torá. Esto equivale
a decir, serían llamados siete individuos, quienes
recitarán la bendición anterior y posterior
a la lectura. Asimismo, cada uno leerá al menos tres
versículos, como es la ley para la lectura de la
Torá.
Como consecuencia, los siete convocados leían por
lo menos un total de veintiún versículos.
Cuando el decreto que prohibía leer la Torá
fue abolido, la lectura de la Haftará no fue suprimida.
Siguió vigente y se acostumbra hasta el día
de hoy, haciéndoselo tras la lectura de la Torá.
Igualmente, se trata de no disminuir de veintiún
versículos, tal como otrora.
LA HAFTARÁ DE LA SEMANA
La “Haftará” que se lee esta semana presenta
una singularidad realmente curiosa, no tiene ningún
vínculo con la porción semanal de la Torá.
Solo se relaciona con el móvil de la fecha, es decir,
con el “Shabat del retorno”, que se encuentra
en medio de los diez días de arrepentimiento que
van desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur.
Esta relación es posible porque la palabra Shuba
representa retorno y a su vez arrepentimiento. De esta manera,
se relacionan los diez días de arrepentimiento con
el retorno hacia El Eterno.
CARACTERÍSTICAS DE
ESTE DÍA
El “Shabat Shuba” orienta a la predisposición
y preparación de todo Israel para el Día del
Perdón -Iom Kipur-. Por tal razón la gran
multitud estila en este Shabat, luego del mediodía,
ingresar a las Sinagogas y casas de estudio para escuchar
las disertaciones de los líderes espirituales de
cada comunidad. Ellos, tonificando lo requerido para este
día, ofrecen mensajes que despiertan a la multitud
de su letargo espiritual. Los estimulan a tomar decisiones
de mejorar sus conductas personales y perfeccionar sus modales,
tanto frente a su prójimo, como ante el Creador del
universo. (Parparaot la Torá)
Es de
carácter concluyente ingresar al Sagrado día
de Iom Kipur con la preparación espiritual adecuada.
Debido a ello, el relevante papel protagónico que
cobran estas disertaciones anunciadas, las cuales aportan
una gran ayuda para lograr tal preparación.
UN CASO EJEMPLAR
Rabí Iaakov Krantz, conocido popularmente como “El
predicador de Dubna”, era un erudito capaz y dotado
de condiciones innatas para llegar a lo más recóndito
de las personas y despertar sus corazones y almas.
Este
sabio era sumamente respetado, y su fama se expandió
por las congregaciones de Israel que residían en
Rusia y Polonia. Su nombre circulaba libremente y estaba
en boca de muchos. Era conocido como el “padre de
los disertantes”. Sus exposiciones eran recibidas
con cariño por los eruditos y el grueso de la población
por igual.
En cierta ocasión
“el predicador de Dubna” visitó una Sinagoga
de ‘gente descarriada’ en la ciudad de Berlín.
Este acontecimiento tuvo lugar durante el “Shabat
Shuba”, y fiel a su estilo, al culminar la plegaria,
el erudito subió a la tarima para derramar frente
a los presentes su apasionante disertación surgida
del corazón. El mensaje brindado casi siempre incluía
normas de conducta, relatos alusivos, y consejos de ética
y moral.
El sabio dio
inicio a su discurso y comenzó a expresarse como
habituaba en las demás ocasiones. Promediando la
disertación, presintió algo extraño,
sus palabras no eran recibidas por el público con
anhelo y fervor. No despertaban en ellos sentimientos austeros
y deseos de mejorar sus conductas. Intuyó que los
oyentes no prestan atención a sus palabras, demostrando
una clara falta de interés.
El “predicador de Dubna” decidió recortar
su mensaje, culminando con la siguiente parábola:
Shloime el herrero vivió toda su vida en una pequeña
aldea. Cada jornada para encender su fragua requería
un enorme esfuerzo personal de su parte. Necesitaba soplar
insistentemente, forzando y exigiendo sus pulmones hasta
lograr el fuego necesario para su labor. Lo mismo sucedía
cuando pretendía elevar la llama.
Un día,
este herrero visitó la ciudad y adquirió allí
un fuelle, que con su ayuda es posible aumentar el fuego
sin esfuerzo. El hombre se alegró en gran manera
y regresó de inmediato a su vivienda portando el
preciado hallazgo. Llegó a su casa y sin perder tiempo
se dirigió a la principal herramienta de trabajo
que poseía, la fragua.
Una vez posicionado, comenzó a arrojar aire mediante
el fuelle que adquirió, deseando encender el fuego.
Las expectativas previas eran indescriptibles, aunque grande
fue la sorpresa cuando advirtió que pese a que accionaba
con reiteración la herramienta adquirida, el fuego
no aparecía.
El individuo, totalmente sorprendido, decidió revisar
su adquisición para ver si encuentra alguna falla,
pero para su gran desazón, la misma se hallaba en
perfecto estado. A posteriori, se abocó a analizar
paso a paso que es lo que pudo haber sucedido. Finalmente,
tras un exhaustivo análisis, decide que lo han estafado
y viajará a la ciudad con el fin de presentar el
reclamo pertinente.
El hombre
marcha decidido, y llega hasta el negocio en el cual compró
la pieza. Se acerca hasta el mostrador y se queja por lo
que le han vendido y no funciona.
El vendedor
escucha atentamente el reclamo, y tras unos instantes de
reflexión sugiere al herrero: Digame una cosa, ¿encendió
usted la llama piloto antes de arrojar aire con el fuelle?
En ese
momento el individuo se percató de su error. Obvió
un detalle esencial. La herramienta no le funcionaba porque
olvidó encender una llama piloto.
Así acontece también con vosotros –concluía
el “predicador de Dubna” su disertación
en Berlín-, hace ya una hora que estoy parado sobre
la tarima, y soplo con todas mis fuerzas. Sin embargo ¿de
qué sirve el aire que exhala mi espíritu cuando
no contáis con una llama piloto encendida?”
MORALEJA
La idea resultante de esta parábola indica con suma
precisión la tarea a emprender para cumplir con la
labor que nos fue encomendada por El Eterno de encender
a nuestro prójimo apagado.
Primero
debe encenderse una chispa vital. Luego, con un par de soplidos
seguramente gozará de un alma vivificada y radiante,
pudiendo llegar a niveles trascendentales.
Además,
también él mismo podrá encender otras
almas que se están apagando, y seguro que todo esto
nos beneficiará también a nosotros. Quién
hace algo por su semejante y logra que este retome la buena
senda, se le considera como que verdaderamente ha formado
a esa persona.
Para certificarlo observemos lo declarado en el Pentateuco
(Génesis 6: 9): “Esta es la genealogía
de Noe, Noe fue un varón recto e íntegro en
su generación, con Di-s anduvo Noe”.
Al hacerse un preámbulo a la genealogía de
Noe, lo más lógico sería que a continuación
el versículo enumere a sus hijos y nietos. Sin embargo,
curiosamente el texto comienza alabar la actitud de Noe.
¿A qué se debe esto?. Enseña que lo
principal de la genealogía de los hombres rectos
consiste en sus buenas acciones. (Rashi)
LAS MUJERES
Aun es posible pensar que el rol de las mujeres no cobra
el mismo protagonismo que el de los varones, siendo el de
ellas secundario, al ser que la Torá encomendó
al hombre más preceptos que a las mujeres. Este hecho
puede inducir a figurarse, que las damas pierden posibilidades
en este aspecto y los nacidos con sexo masculino están
por sobre ellas.
Para disipar esta hipótesis fue escrito: (Éxodo
19: 3): “Así dirás a la casa de Jacob”.
Esta encomendación tiene como destinatarias a las
mujeres. Resulta que Moshé recibió la ordenanza
de transmitir en primer orden a las mujeres los principios
de los capítulos y demás enseñanzas
breves que pueden comprender.
¿Por qué fue ordenado enseñar a las
damas en primer orden?. Es porque ellas envían a
sus hijos al colegio, y atraen sus corazones a través
de palabras dulces para que estudien con alegría.
Asimismo los cuidan para que no cesen en su aprendizaje
de la Torá. Sumado a ello, les transmiten la necesidad
de respetar los preceptos desde la infancia.
Resulta que las mujeres rectas son la causa del estudio
de la Torá y el temor de El Eterno. Además,
cuando regresan los maridos de su labor, cansados y exhaustos,
les recuerdan la necesidad de destinar y conservar un tiempo
estable y predefinido al estudio de la Torá, y logran
que vayan a la casa de estudio pese a la fatiga.
Por lo tanto, la mujer debe dar siempre el buen ejemplo.
Ya que además de todas las satisfacciones que puede
obtener en este mundo por la influencia lograda en sus hijos
y esposo para que transiten por el camino del bien, cuando
le toque devolver su alma al Creador, las buenas acciones
que realizarán sus hijos que dejó aquí
en la tierra y que educó correctamente, se le contabilizarán
a esa madre como que ella misma está haciendo esa
buena obra. SE le considerará como si estuviera viva
y cumple todos los preceptos. (Reshit Jojmá, Derej
Ertetz la nashim)
Resulta que ya sea hombre o mujer, niño o anciano,
uno debe esforzarse al máximo posible en cumplir
la mayor cantidad de actos positivos que esté a su
alcance. Pues además de lo mencionado, los mismos
se convierten en un depósito a cobrar en el mundo
venidero, donde podrá disfrutarse plenamente de todo
lo logrado aquí con sudor y esfuerzo.
Asimismo es menester encender todas las almas posibles,
y alentar a los individuos a que retomen el camino del bien.
Pues nuestro Padre espera hasta el último momento
que retornemos hacia El. Y si nosotros somos el medio para
que uno de Sus hijos lo haga a través nuestro, el
bien que generaremos con esto sobre nosotros y nuestras
familias será incalculable.
Tengan todos un Día de Iom Kipur en el que las plegarias
sean aceptadas y merced a ello recibamos un año de
abundancia y paz, donde no escuchemos ya de guerras, pobreza
ni conflictos de ninguna clase. Que sea este finalmente
el año en el cual El Eterno con Su gran misericordia
nos envíe Su recto redentor para que nos saque del
exilio en el que nos hallamos inmersos y nos devuelva a
la Tierra Prometida con el Santo Templo y la ciudad de Jerusalén
reconstruidos y podamos acercar nuevamente las ofrendas
gratas a nuestro Creador.
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