Festividades Judías

Explicación de los 15 Pasos del Seder

Veamos que reflexión debemos extraer de estos quince pasos:

Respecto al primer paso "kadesh", (santificación del día), podemos deducir del mismo, que debemos santificar nuestro propio interior, del mismo modo como lo hacemos con el día de Pesaj. 

En el Talmud, tratado de Iomá 86b, se describe cual es la persona que merece llamarse "baal teshuvá", es decir, aquel individuo dueño de un arrepentimiento íntegro por lo infringido en el pasado, y que tomó la decisión de transitar de ahora en más por el sendero del bien. 

Quien se encuadra dentro de este contexto es, aquel a quien se le presenta la oportunidad de cometer la misma infracción, en el mismo lugar donde solía hacerlo, y se abstiene de ello. Con este acto, en el cual dominó su mal instinto, logra reparar el daño que había ocasionado a su alma a través del pecado cometido anteriormente. 

Al proceder de este modo, este individuo realiza dos actos al mismo tiempo. 

1 - A través de apartarse del pecado, se purifica interiormente, atrayendo mucha santidad a su alma.

2 - Limpia todas las manchas que se le habían impregnado. 

Esto equivale a decir, que tras "santificarse" (kadesh), este sujeto realiza acertadamente el segundo paso del orden de Pesaj, o sea: "urjatz", que significa lavado purificador, pues limpió y purificó totalmente su interior.

El acto realizado por este individuo, le permite alcanzar un nivel superior al que puede llegar una persona que toda su vida se condujo por el sendero del bien, sin realizar ninguna falta. Pues este hombre que siempre fue justo, pese a que la categoría a la que llegó es elevadísima, de todos modos, no puede limpiar las manchas de su interior, simplemente, porque no las tiene, cosa que si hace el "baal teshuvá".

Un relato ilustrativo

La situación mencionada se asemeja al caso de cierto médico, quien atendió a dos pacientes, uno de ellos padecía una grave enfermedad, y el otro estaba sano, pero se sentía algo débil. Al primero dio un medicamento que lo tornó sano, fuerte y vigoroso, mientras que al segundo, dio idéntico elixir provocándole mayor fortaleza y vigorosidad. ¿A través de cuál de los pacientes el medicamento resultará más alabado?. Seguro que a causa del primero, pues le solucionó dos cosas a la vez, devolviéndole su salud, y además dándole fortaleza y vitalidad, mayor a la que poseía antes de enfermar.

Por eso dijeron: "Donde un baal teshuvá" se para, los rectos y justos no pueden pararse". (Talmud, tratado de Berajot)

Prosiguiendo con el seder:

Luego de la santificación -kadesh-, y el lavado purificador -urjatz-, se prosigue con el tercer paso del orden, que es "carpás" (acto de sumergir la hierba llamada "carpás" -apio-, en agua con sal). Esta acción representa la plegaria que debemos derramar constantemente delante del Creador, para que nos ayude a continuar en este camino recto que hemos ahora decido emprender. 

La plegaria indicada en el carpás

Si leemos la palabra "carpás" en su original en hebreo, de atrás hacia adelante, quedará "sefer c", cuya traducción es "libro 20", refiriéndose claramente al vigésimo de los 24 libros sagrados que componen la Biblia -Tanaj-. 

El vigésimo libro del Tanaj es el de los Salmos. El mismo contiene alabanzas muy elevadas, indispensables para todo aquel que desea estar en comunicación permanente con el Eterno. Procediendo de esta manera, lograremos acercarnos al Eterno, y a su vez, construir una coraza protectora frente al mal instinto, el cual no podrá penetrar para tentarnos a cometer infracciones. 

Esto último que dijimos es reflejado en el cuarto paso del orden de Pesaj: "iajatz", que significa "partir" o "dividir". Es porque estas plegarias derramadas por nosotros (Salmos y demás), actúan precisamente como una división que separa entre nosotros y el mal instinto. Siendo ello necesario para paliar el acoso de éste, quien constantemente intenta tentarnos para que hagamos contrariamente a la voluntad de nuestro Padre Celestial.

El quinto paso

Llegamos al quinto paso del orden, "maguid", que significa "predicar", o "hablar". En este momento se relata la salida de Egipto. 

El vocablo citado -maguid- nos infiere, que después de haber limpiado convenientemente nuestro interior, logrando un arrepentimiento sincero, y tras obtener la protección del Eterno mediante los Salmos que recitamos, debemos "predicar" a los demás para que nos imiten y también ellos triunfen en la vida. De esta manera también ellos obtendrán pureza y santidad, medios estos, que los tornarán merecedores de heredar el mundo venidero, de la misma manera como nosotros mismos lo hicimos. 

La indicación de pregonar también a ellos, los pasos que dimos para purificarnos, es algo que está reflejado en el sexto paso del orden, que es "rojtzá" -lavado de manos purificador para comer pan-. Este lavado es similar al primero que realizamos para ingerir el vegetal, pero esta vez se recita la bendición correspondiente "Bendito eres... que nos ordenaste lo concerniente al lavado de manos". 

Esta segunda vez que nos purificamos las manos, es para enseñarnos que tras la primera vez que lo hicimos, logrando nuestra propia purificación, debemos ahora influir sobre el prójimo para que también limpie y purifique su interior. 

Avanzando en el seder

El séptimo y octavo paso, que se recitan seguidamente, son "motzí" y "matzá", "motzí" es en alusión a la bendición para comer pan, la cual proviene del término "amotzí", que significa "El que saca... el pan de la tierra". Y de inmediato, se recita la bendición estipulada para el pan ácimo, que en hebreo es "matzá", vocablo que significa además de lo mencionado, "riña".

Esto implica que para poder predicar a nuestro prójimo que limpie su interior y sea puro, antes debemos "sacar" del medio todo tipo de "riña" o disputa, pues si actuamos con soberbia, es prácticamente imposible llegar a ser escuchados.

El noveno paso del orden de Pesaj consiste en ingerir la hierba amarga -maror-, y el décimo, en hacer un sándwich con pan ácimo y hierbas amargas y comerlo -corej-. Estos dos pasos insinúan nuestros problemas y amarguras, (pues "maror" es un término que representa precisamente amargura, en mención a la que nuestros antepasados sufrieron en Egipto), y el paso siguiente muestra que es lo que debemos hacer con los mismos para triunfar en la vida: "reunirlos a todos y hacer con ellos un sándwich".

Es decir, si uno necesita adquirir ropa para sus hijos, abonar la cuota del alquiler, pagar la deuda en la despensa, etc. no hay que pensar en cada uno de estos problemas por separado, sino se debe sumar todo lo adeudado, y si llegó a dar un total de 3000 pesos, se dirá: "debo tres mil pesos". De este modo habremos minimizado nuestros flagelos, y ya no seremos acosados a cada instante por los distintas causas que no nos dejan vivir en paz. Solicitaremos el monto requerido al Eterno, y aguardaremos que se apiade de nosotros suministrándonos los medios para conseguir esa cifra. 

Otro enfoque

Podemos apreciar lo dicho, también a partir del comienzo de la "Hagadá" (libro que se lee en Pesaj y narra la salida de Egipto). Pues la misma comienza con esta declaración: "Este es el pan del pobre, que comieron nuestros padres en tierra de Egipto. Todo el que necesita, que venga y coma, todo el que precisa, que venga y haga Pesaj. Este año aquí, el año que viene en la tierra de Israel. Este año aquí esclavos, el año que viene en la tierra de Israel libres".

Apreciamos claramente que el texto menciona "Este es el pan... ", cuando en verdad debería decir "Como este pan... ", pues de lo contrario estamos proclamando que el pan ácimo que tenemos en nuestras manos es el mismo que comieron nuestros antepasados.

La respuesta a esta cuestión la hallamos remontándonos a la época de la esclavitud en Egipto, y anterior a ello. Recordemos que en Génesis 37: 28, está escrito, cómo los hermanos de José -Iosef- lo vendieron por veinte monedas, a los integrantes de una caravana que pasaba por el lugar. Esto ocasionó un gran sufrimiento a su padre, quien no vio a José -Iosef- por espacio de 22 años, durante los cuales lo consideró muerto. Esto sucedió, porque sus otros hijos, que lo habían vendido, le quitaron su túnica y la bañaron en sangre, trayéndola a su padre para que la vea y certifique si es la de su hijo. Jacob reconoció la prenda, y dedujo que una fiera salvaje lo devoró, por lo que se inmergió en duelo, que lo mantuvo angustiado por el lapso mencionado.

Esta actitud de los hermanos de José -Iosef-, causó la sanción de la sentencia que condenaba a los hijos de Israel a permanecer en la tierra de Egipto como esclavos durante 220 años. Pues fueron diez los que lo vendieron (los 10 hermanos), por lo que los 22 años que Jacob no vio a José -Iosef- deben ser multiplicados por 10, correspondientes a la cantidad de cómplices que participaron en la acción, resultando la pena dispuesta de 220 años. Solo que como causa de que los hermanos que lo vendieron fallecieron fuera de la tierra de Israel, eso fue considerado una aflicción suficiente que alcanzó para apaciguar un tanto la pena que recayó sobre los hijos de Israel de permanecer como esclavos 220 años; producto de este suceso, les fue descontado un año a cada uno, por lo que se acumularon 10, que fueron descontados a los 220, quedando 210, que fueron los que el pueblo de Israel verdaderamente permaneció en Egipto. 

Aunque en realidad, la cantidad de años que deberían haber permanecido allí, es de 410, pues a los 210 (luego del descuento), por la aflicción causada a Jacob, hay que sumar la aflicción causada a José -Iosef- por los 10 hermanos, a quien vendieron por 20 monedas. 

Si realizamos la cuenta, 20 por 10 = 200 años. Estos 200 años deberían haber sido sumados a los 210 del sufrimiento de Jacob, pero el Eterno se apiadó de ellos y consideró como si fuese que al mismo tiempo cumplen ambas penalidades. 

Una anécdota alusiva

Esto que ocurrió es similar al caso de una persona que prometió ayunar cinco días seguidos, y en medio de uno de ellos, recayó un día de ayuno público. A este individuo le sirve ese día de ayuno para saldar su promesa, y también se le cuenta como que realizó el ayuno público. Por lo tanto, realiza en un solo día, y mediante una sola acción, lo que le llevaría dos días. De esta forma consideró el Eterno la esclavitud para los hijos de Israel apiadándose de ellos, y les contabilizó ambas penalidades a la vez.

Pero si nos remontamos a los hechos, comprobaremos que ni siquiera uno solo de los periodos impuestos fue cumplimentado en su totalidad, pues de esos 210 años que el pueblo permaneció en Egipto, solo 86 fueron esclavizados, y obligados a realizar trabajos forzados. Es porque el Eterno se apiadó de ellos, y comenzó a contabilizar la pena desde el momento del fallecimiento de Jacob, que fue cuando comenzaron los egipcios a pensar en esclavizarlos (Génesis 47: 28; ver Rashi). Ese deseo fue considerado por el Eterno como acto consumado, perdonándoles así 124 años de esclavitud y trabajos forzados.

Resulta que el Eterno hizo un doble acto de bondad con su pueblo, considerando con esos 86 años, la sanción que deberían purgar de 210, por el sufrimiento de Jacob, más los 200 por la venta de Jose -Iosef-, como cumplida. 

El Eterno procedió de esta manera como causa de que los hijos de Israel se hallaban en un grado de impureza tal, que si permanecían allí unos instantes más, la purificación se tornaría para ellos inalcanzable. Por lo tanto, terminarían totalmente asimilados a la cultura pagana de aquel lugar, perdiéndose por completo de sobre la faz de la tierra. Debido a ellos, el Eterno los sacó de Egipto inmediatamente, quedando parte de la sanción que debían purgar, sin efecto. (R' Iosef Jaim)

Es decir, el exilio del pueblo fue partido como el pan ácimo que nosotros partimos en la festividad de Pesaj, en recuerdo de la esclavitud. Además, el trozo de pan ácimo que partimos, dejando una parte guardada para comer después, y sobre el otro trozo relatamos la salida de Egipto, es verdaderamente el pan de la aflicción, y no solo en recuerdo de la misma. Esto es, porque lo que quedó pendiente de aquella época, es completado por nosotros en nuestro propio exilio en el que nos hallamos inmersos. Por eso, cuando narramos la salida de Egipto, sobre el trozo de pan ácimo, no decimos "Como este es el pan que comieron nuestros antepasados...", sino "Este es el pan...".

Mensaje para tener en cuenta

Al ser que este exilio es el complemento del de Egipto, por tal razón, debemos realizar el mismo acto que permitió suspender aquella vez la sanción. Esto, para que sirva en esta época del mismo modo como lo hizo por entonces. Es decir, el pueblo de Israel no salió de Egipto hasta que pactaron entre ellos hacer el bien los unos a los otros, por eso, también nosotros debemos proceder del mismo modo para salir de este exilio. A esto se refiere el texto que sigue a continuación en la Hagadá, (libro del que leemos el relato de la salida de Egipto): "todo el que necesita, que venga y coma... ". Esto significa, que debemos hacer bondades los unos con los otros, tal como lo hicieron nuestros antepasados.

Cómo obrar

Existen innumerables maneras de cumplir con "todo el que necesita, que venga y coma... ", y  realizar bondades los unos a los otros. 

Por ejemplo, aquel hombre indigente que no tiene dinero para comprar su almuerzo, quien le suministre comida para que apacigüe su apetito, estará realizando una obra de caridad muy grande, lo estará volviendo a la vida. 

Sin embargo, este individuo necesitado se avergonzará cuando tome de manos del dueño de casa las provisiones. 

Distinto es el caso de aquel que invita un pobre a su casa, y come con él en su mesa. Si procede así, le hará dos bondades: 

1- devuelve la vida al alma del indigente a través de esa comida, 

2- no avergüenza al necesitado, cuando éste toma los alimentos, al ser que participa del almuerzo junto a él, posibilitándole que ingiera los alimentos honorablemente. 

Pues aquel convidado que come en la misma mesa que el anfitrión, a pesar de ser pobre, con todo eso, no es considerado como un mendigo del montón, y tampoco pasa vergüenza, pues muchos hombres adinerados, también son recibidos por anfitriones, y comen y beben junto a él. Sin embargo, esto no es así, si le da pan y alimentos para consumir en su hogar. Este, seguro que es un acto que de la sensación de desprecio, ya que a través del mismo, le demuestra claramente que se encuentra bajo la generalidad de menesteroso, donde existe el dueño de casa por separado, y el necesitado por separado. 

Por eso los sabios dijeron, que es tan grande el precepto de recibir huéspedes, más aun que recibir la mismísima presencia divina -Shejiná-, pues recibir huéspedes es una bondad íntegra y total.

Hemos de saber

Precisamente a través de actos generosos como este, se producirá la redención final, pues la misma contendrá también dos bondades. Se asemejará al caso de aquel sujeto poseedor de deudas, que es denunciado por el individuo a quien le debe, provocando que el deudor sea colocado en la cárcel. 

Pero, tras transcurrir cierto tiempo, el que provocó que vaya a prisión, se apiada de él, retirando la denuncia, lo cual hace que salga en libertad. Este sujeto sentirá satisfacción por haber salido de la cárcel, y gozar nuevamente de libertad pudiendo ir a su casa, pero con todo eso, aun permanece su vergüenza frente a aquel a quien le debe, dado que todavía es esclavo, a causa de su deuda que mantiene con él. Es posible apreciar esto en lo que está escrito (Proverbios 22: 7): "Quien pide prestado, es esclavo del varón que le prestó". 

En cambio, esto no es así, si quien permanecía preso consiguió el dinero suficiente para saldar la deuda, abonándola, y luego de eso abandona la cárcel, recuperando la libertad. He aquí, este hombre alcanzó dos bondades en forma conjunta: una, que antes estaba en prisión, y ahora en su vivienda, y la segunda, que antes era esclavo de quien le suministró el préstamo, y ahora es totalmente libre.

Así es respecto a la redención final, pues durante el primer Templo Sagrado, el pueblo pecó, contrayendo una enorme deuda con el Padre Celestial, por eso, Israel fue exiliado de su tierra, pasando a habitar en otros lugares fuera de la misma, siendo la estadía allí, dura y penosa en extremo, más aun que una cárcel.

Luego, cuando se produjo la redención tras ese exilio, y regresaron de las afueras de la tierra de Israel, y construyeron el segundo Templo Sagrado, no alcanzaron la bondad plena. Pues, a pesar de haber "salido de prisión" hallándose fuera de su tierra, aunque regresaron a su hogar y patria, con todo eso, aun permanecían considerándose en calidad de esclavos, al ser que temían de los reyes de Persia, que gobernaban por aquel entonces en Israel. Posteriormente,  sintieron el mismo temor respecto de los reyes griegos. Por eso, la bondad alcanzada no era íntegra, más, sabiendo que aun estaban en deuda con el Creador, pues no abonaron como corresponde lo adeudado. 

Aunque la redención futura, que pronto en nuestros días acontecerá, donde con la ayuda del Eterno se realizará un arreglo total y pleno, por entonces la liberación será íntegra, provista de dos bondades: 

1- referente a la situación en la que nos encontramos actualmente, viviendo como si fuésemos esclavos fuera de nuestra tierra, eso se revertirá, y regresaremos a nuestra patria, que es la heredad de nuestros padres.

2- ahora sentimos la sensación de ser similares a esclavos de los reyes que gobiernan el mundo, quienes aplican sobre nosotros todo tipo de decretos, en el futuro seremos verdaderamente libres, pues saldremos del dominio de los imperios que dominan el mundo, y los reyes se prosternarán a nosotros, tal como está escrito en Isaías 49: 23. 

Por eso "Este es el pan... ", es decir, en esta noche, comemos en recuerdo del pan de Egipto, y por eso debemos realizar cosas que predispongan la redención final, con el fin que se despierte la voluntad Suprema, para que sea la redención en este mismo mes, como aconteció con la de Egipto. Pues así dijeron nuestros sabios (Talmud Rosh Hashaná 11ª): "En el mes de Nisán fueron liberados, y en el mes de Nisán en el futuro serán liberados". 

Por eso, "todo el que necesita, que venga y coma, todo el que precisa, que venga y haga Pesaj". Precisamente, "que venga", que venga a comer con nosotros a la mesa, en calidad de huésped, y no que se le entregue la comida para que la ingiera en su hogar como es usual en los pobres. Y por el mérito de la bondad íntegra que hacemos, la cual está compuesta por dos bondades, por ello, sea la voluntad del Todopoderoso, que podamos acreditarnos la redención final íntegra, la cual estará compuesta de dos bondades: una "este año aquí" fuera de la tierra de Israel reconstruida, "el año próximo en la tierra de Israel". Y la segunda, "ahora aquí, en calidad de esclavos, el año próximo en la tierra de Israel libres".

Tras el emocionante relato

Tras culminar el relato que rememora la salida de Egipto, llegamos al paso once del orden de Pesaj: "shulján orej", la mesa servida. Referente a ello, cabe mencionar que la mujer es llamada por los sabios "la mesa", y la razón es, por lo que dijeron los maestros de antaño (Talmud Babá Metzía 59ª): "La bendición que sobreviene en la casa, no es sino a causa de la mujer"

Resulta pues, que "shulján", es la mujer, "servida", significa que haz de considerarla ampliamente, reconociendo todos los beneficios que recibes a través de ella. Pues te atiende honorablemente preparando la comida, la ropa, recordándote que debes ir a estudiar, cuida de los niños y mucho más. Por eso es menester honrarla como es debido, prestando mucha atención a no avergonzarla en lo más mínimo, pues al fin y al cabo, que la mesa esté servida, es por causa de ella.

También debemos considerar, que el Creador, es el motivo por el cual nuestra mesa está servida, pues es quien predispone las vías para conseguir el sustento a aquellos que confían en Él.

Narración alusiva

Esto se asemeja al caso de dos menesterosos, uno de los cuales recorría vivienda tras vivienda en búsqueda de algún alimento para saciar su hambre. Hacia esto durante diez horas al día, logrando al cabo de la jornada, solo un trozo de pan. Mientras su compañero, golpeaba las puertas en tan solo dos horas diarias, logrando reunir en ese tiempo diez veces más que el otro.

Cierta ocasión, el primero preguntó a su colega: "¿Por que razón, yo me esfuerzo mucho y consigo poco, mientras que tú te esfuerzas poco y consigues mucho?".

El menesteroso exitoso le respondió: "Sucede que yo visito las casas en momentos del almuerzo, cuando la mesa está servida, llena de pan, platos exquisitos, ensaladas, frutas y postres. Al presentarme en ese momento, se ven obligados a darme. Pero tú, lo haces en horas de la tarde, cuando ya todos acabaron su almuerzo, y los alimentos están guardados, ¿quién se va a molestar en ir a la cocina o al depósito y abrir las alacenas, para sacar las cajas y buscar algo para darte?. Por eso de las cien casas que vistas, no consigues reunir siquiera una porción de pan".

Todo esto es respecto a los seres humanos, cuyas mesas en ocasiones están servidas, y en otras no, pero el Eterno, siempre tiene Su "mesa servida", estando permanentemente todo preparado, y cada vez que alguien clama a Él, le responde inmediatamente. Esta es la "mesa servida" del orden de Pesaj, la cual debe permanecer en el pensamiento de la persona en forma constante y permanente, es decir, que la "mesa" del Eterno está siempre "servida" para todos. Y nosotros debemos copiar su ejemplo, y escuchar las solicitudes y necesidades de nuestro prójimo exactamente de ese mismo modo, pues "como nos conducimos con los demás, de idéntica manera se conducirán con nosotros en el Cielo". (Talmud)

Acercándonos al final

Llegamos al momento de "tzafún", lo oculto, es decir, debemos ahora ingerir el trozo de pan ácimo que habíamos guardado para el epílogo. Y luego recitamos la bendición final por haber comido pan "barej".

"Tzafún" representa lo oculto a nuestros ojos, es decir, todas las bondades que el Creador nos hace a cada instante pareciéndonos que es algo natural. Por ejemplo, el hecho de que el equilibrio de la naturaleza se mantenga, que haya aire para respirar, que nuestro corazón siga latiendo, son cosas a las cuales nos hemos habituado y parece como si no fueran milagros. Pero esto en verdad no es así, el hecho de que nos hayamos acostumbrado a los milagros que suceden a diario, no significa que estos dejen de serlo. Por eso, debemos considerar tanto las bondades del Creador hacia nosotros a las que ya nos hemos acostumbrado, como aquellas que nos sobrevienen en forma revelada, como salvarnos de una enfermedad grave, salir ilesos de un accidente, etc. Debemos "bendecir", o sea "barej", al Creador por todo esto, y entonces nuestra plegaria, que va acompañada a todo el trabajo que hicimos, el cual fue explicado de acuerdo a los catorce pasos del orden de Pesaj que describimos hasta el momento, será aceptado, o sea el paso número quince, llamado "nirzá", que representa la aceptación por parte del Eterno. (Hagadá de R' Iosef Jaim)

Estas son algunas de las enseñanzas que nos deja el orden de Pesaj. Sea la voluntad del Eterno que las podamos aplicar a nuestras vidas, convirtiéndonos en personas temerosas de Di-s, amando asimismo hacer Su voluntad, similar a un hijo que siente temor por su padre, cuidándose por ello de no hacerlo enojar, o causarle algún perjuicio, y al mismo tiempo lo ama apasionadamente. Pasen todos una festividad de Pesaj amena y alegre. 

Fuentes

1 - Vaikrá Rabá 7: 3
2 - Pirkei Abot
3 - Sipurei jasidim 328
4 - Talmud, tratado de Berajot 34b
5 - Rab. Iosef Jaim

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