Un joven que amaba el futbol americano tuvo la oportunidad
de asistir a su primer partido de futbol americano profesional.
Su emoción era inmensa al estar en el estadio apoyando
a todo pulmón a sus jugadores favoritos, rodeado
de miles de aficionados como él.
Después
de tal experiencia, y de pasar horas frente al televisor
siguiendo todos los partidos, su pasión por este
deporte creció y decidió que quería
involucrarse aún más con el futbol. El joven
pensó que la mejor manera de pasar la mayor parte
del tiempo hablando y pensando en su deporte favorito seria
trabajar como comentarista de deportes en la radio o televisión;
de esa manera, estaría todo el día viendo
a los jugadores correr a toda velocidad como si fueran volando,
lanzar la pelota a distancias kilométricas con precisión
sobrenatural y esquivar a los contrincantes como si las
leyes de la física no los limitaran.
Así
que el joven consiguió un trabajo como comentarista
en una pequeña estación de televisión
local. Pero debido a su amor y entrega por este deporte,
su reputación como comentarista creció hasta
convertirse a una edad aún muy joven en el comentarista
de futbol americano más famoso de su país.
Sin
embargo, aunque su pasión por el futbol se reflejaba
en sus reseñas y locuciones en los medios, su deseo
por ser parte de ese deporte se incrementaba con el tiempo.
Ver a los jugadores aplicar la fuerza de su cuerpo contra
el equipo oponente, sentirse parte de las jugadas que ya
había memorizado, escuchar al entrenador gritar ordenes
que él había aprendido a descifrar, ver el
peso de los equipos de protección rebotar contra
los golpes; todo esto era algo que él añoraba
vivir en carne propia.
Su
frustración como comentarista comenzó a crecer
hasta que un día un amigo cercano noto la preocupación
del joven y le preguntó qué era lo que pasaba.
El joven confesó que su sueño de toda la vida
siempre había sido el futbol y que verlo desde las
gradas ya no era suficiente. El amigo entendió la
necesidad del joven y le sugirió que entrenara él
mismo; seguramente todo lo que ahora sabia de ese deporte
le sería de gran utilidad en la práctica.
De esa manera, el joven comenzó a jugar futbol americano
en un equipo amateur de su ciudad. Su dedicación
e interés le ayudaron a convertirse en el mejor jugador
de su equipo. Tal era su talento que en poco tiempo un equipo
semi-profesional le invito a unírseles. También
ahí, su fama se consolidó hasta que su sueño
de vida –convertirse en un jugador profesional de
futbol americano- estuvo a un paso.
Su
capacidad, entrega y conocimiento lo hacían un candidato
ideal para jugar en la liga nacional. Hasta que el día
llegó cuando un representante de su equipo profesional
favorito lo contactó para hacerle una oferta: Contratarlo
permanentemente como jugador del equipo. Los entrenamientos
serian duros, los viajes constantes, la dieta rigurosa y
las tentaciones difíciles, pero el salario seria
increíble y la fama segura. La propuesta era simple:
entregar su vida por completo a la pasión de su vida.
Eso quedaba claro en el grueso contrato que los abogados
pusieron frente a él cuando se presentó en
las oficinas centrales del equipo. La decisión dependía
de él; no importa cuánto tiempo de su infancia
hubiera pasado viendo partidos por televisión, a
cuántos juegos hubiera asistido como aficionado,
cuántos partidos hubiera narrado en su carrera de
comentarista, cuántas horas hubiera entrenado y jugado
en las ligas locales, cuánto conociera y amara el
futbol americano; solamente sería reconocido por
la Asociación Internacional del Futbol y por la afición
como jugador profesional de futbol si firmaba ese contrato.
. .
*
* * *
De
la misma manera, la parasha Yitro nos relata la historia
de cómo el suegro de Moshe pasa de ser un espectador
aficionado al pueblo de Israel a un miembro de la nación
monoteísta. “Y escuchó Yitro el sacerdote
de Midian, suegro de Moshe, todo lo que El Eterno había
hecho con Moshe e Israel su pueblo.” La Tora misma
nos sugiere que Yitro adoptó al pueblo de Israel
como su pueblo, “Ahora sé que Hashem es más
grande que todos los otros dioses” dice Yitro. De
ahí que los comentaristas expliquen que Yitro dejó
sus prácticas paganas para creer en un solo Dios
y convertirse al Dios de Israel. Yitro no se conformó
con escuchar y celebrar las victorias del Pueblo de Israel,
Yitro se unió al equipo dejando por completo su reconocida
posición como sacerdote, abriendo así la puerta
para que Israel lograra su triunfo más grande:
la recepción de la Tora.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.