La
necesidad del otro:
sumisión dentro de endulzamiento
Ante
todo, el simple hecho de articular el problema a otra persona
lo endulza hasta cierto punto. Cuando nuestras ideas no
pueden ser expresadas, nuestro impulso básico de
mejorar nuestras vidas es frustrado. Si tenemos una idea
positiva queremos expresarla para contribuir al bienestar
propio y al de los demás; si tenemos un problema
queremos ventilarlo, para que alguien nos ayude a resolverlo.
Hablar es placentero porque relaja la tensión . El
placer de la expresión, a su vez, endulza todo aquello
acerca de lo que hablamos. Incluso si articulamos un problema,
la promesa de solución inherente a la articulación
suaviza su filo y nos permite degustar algo del remedio
anticipado.
Al articular nuestros problemas, también nos demostramos
a nosotros mismos que por más profundos y complejos
que sean nuestros problemas, es posible expresarlos, y si
es posible expresarlos, eventualmente será posible
resolverlos. La articulación también ayuda
a enfocar y definir nuestros problemas. Este es un paso
de importancia hacia la solución de los mismos, porque
conocer la enfermedad es la mitad de la cura.
Más aún, la experiencia de hablar nos enseña,
aunque más no fuere en forma subliminal, que no estamos
solos en la vida sino envueltos por la presencia y compasión
de Dios. Hablar implica un escucha y el escucha más
sensible y comprensivo es, por supuesto, Dios Mismo. La
necesidad humana de articular, no importa a quién,
puede entonces ser percibida como una expresión inconsciente
de nuestra fe en la voluntad incondicional de Dios de escucharnos.
Esta conciencia de la misericordia de Dios provee aún
más consuelo y ánimo al alma doliente, porque
nos permite permanecer cercanos y conectados a El pese a
nuestras deficiencias.
El asesor puede asistirnos en todas las etapas previas de
la terapia. Puede ayudarnos a meditar acerca de la absoluta
realidad de Dios, sentir la presencia y la misericordia
de Dios apoyándonos, evaluar nuestras vidas, enseñarnos
a ignorar nuestras ansiedades, así como enseñarnos
el arte de la plegaria meditativa, la plegaria de peticiones
y el pensamiento positivo. Aquí el placer de liberarnos
puede ser facilitado por la aseveración del asesor
que las profundas dificultades que hemos descubierto no
amenazan nuestra relación con Dios.
Al articular nuestras ansiedades, demostramos que dependemos
de que otras personas (o Dios) nos ayuden a medirnos con
ellas. Esta fase de la terapia nos produce una experiencia
de humildad, de sumisión.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.