El
profeta Isaías proclama: «Buscad a El Eterno
mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está
cercano». (Isaías 55:6). De acuerdo a los Sabios,
esto se refiere a los diez días entre Rosh Hashana
–el Año Nuevo– y Yom Kippur –el
Día del Perdón, conocidos como los Diez Días
de Arrepentimiento. En esa época del año El
Eterno está particularmente próximo. Y sin
embargo, para aclarar esto hubiera sido suficiente que el
profeta simplemente dijera: «llamadle en tanto que
está cercano». ¿Por qué entonces
era necesario anteponer las palabras «Buscad a El
Eterno mientras pueda ser hallado»?
Creo
que este versículo alude a una idea sumamente elevada.
Isaías nos dice que mientras una persona vive no
debe dejar de «buscar a El Eterno». En este
mundo es fácil «encontrar» a El Eterno.
Por ejemplo uno puede encontrar a El Eterno y hablar con
El a través de su Torá (los libros místicos
nos dicen que cuando un hombre estudia Torá literalmente
está hablando con El Eterno). Uno puede buscar a
El Eterno mediante la observación de los mandamientos
y hablar directamente con Él a través de las
bendiciones que uno recita por ellos. Advertid que en nuestras
bendiciones nos dirigimos a El Eterno en segunda persona,
como quien habla con un vecino: «Bendito Seas, El
Eterno ...»
Uno
puede también desnudar su alma en la plegaria y pedir
perdón y pedir ayuda para lograr la perfección
en el estudio de la Torá y en la observación
de los preceptos. Mediante la plegaria, uno puede llegar
a los más altos niveles posibles para un ser humano.
En resumen, mientras uno está en este mundo puede
intentar acercarse a la gloria de El Eterno. Así
está escrito: «Dondequiera que Mi Nombre es
mencionado (a través del estudio y la plegaria),
vendré a vosotros y os bendeciré».
Por
otra parte, al llegar al Mundo Venidero, uno no tendrá
oportunidad de estudiar Torá, observar los preceptos
o decir plegarias. Los Sabios dicen de ese tiempo: «Una
vez que una persona ha muerto, no se ocupa más de
estudiar la Torá y de los preceptos». En otro
lugar observan: «Este mundo se parece al viernes y
el Mundo Venidero se asemeja al Shabat. Uno debe prepararse
el viernes porque el Shabat no podrá preparar nada».
Esto
puede comprenderse mediante la siguiente parábola:
Cierto
posadero fue calumniado ante las autoridades. Su caso era
muy grave e invirtió muchos esfuerzos en limpiar
su buen nombre. Pero todo fue en vano y la situación
parecía desesperada. Sus conocidos le aconsejaron
que su única esperanza era presentar su caso ante
el mismo rey. Se sabía que el rey era benevolente;
seguramente se apiadaría de él y lo salvaría
de la muerte.
En
esos tiempos era común que el rey se disfrazara con
ropa sencilla y saliera de viaje por su reino, observando
las costumbres y la vida del pueblo. Sucedió que
el rey de ese país estaba viajando por la ciudad
en la que vivía el posadero y se alojó en
su misma posada, aunque en ese momento nadie sabía
quién era.
Después que partió, se corrió el rumor
que el rey había estado en esa ciudad y había
pernoctado en la posada. Cuando el posadero lo escuchó
se lanzó a llorar, «¡Qué mala
suerte tengo! El rey estuvo en mi propia casa y yo ni me
enteré. Me hubiera tirado a sus pies y estoy seguro
que me hubiera perdonado. ¿Ahora qué puedo
hacer? No tengo fuerzas para viajar a la capital y aunque
pudiera su ejército de guardias jamás me permitiría
acercarme a él».
El
significado de la parábola es claro. El rey en la
historia es el Rey de reyes, el Santo, Bendito Sea. Mientras
una persona está en este mundo, está constantemente
en presencia de El Eterno. Incluso si pierde su camino,
puede tirarse a los pies de El Eterno y pedir piedad y ayuda
en sus asuntos. Esto porque El Eterno está cerca
de él, como lo dice el versículo: «Cercano
está El Eterno a todos lo que Le invocan, a todos
los que Le invocan de veras» (Salmos 145:18).
Pero día a día la mayor parte de la gente
simplemente posterga la invocación a El Eterno hasta
que llega el momento en que debe dejar este mundo y entrar
en el venidero. Cuando uno llega allí encuentra el
Libro mayor abierto y todas sus acciones anotadas y firmadas.
Sabe que el destino de su cuerpo y alma depende del balance.
Debe presentar una justificación válida para
cada uno de sus actos, pero no tendrá qué
decir.
Allí
es cuando clamará: «¡Qué error
terrible he cometido! Cuando estaba en el mundo inferior,
El Eterno estaba constantemente cerca. Podía haber
rogado y llorado y El me hubiese perdonado todo. Incluso
me hubiese ayudado a comprender Su Torá y a observar
Sus mandamientos, tal como lo dicen los Sabios: «Si
uno desea purificarse, el Cielo lo ayudará».
«Pero ahora me rodea un enorme campamento de ángeles
acusadores, creado por mis transgresiones y me avergüenza
levantar la cabeza hacia Él. Miles de ángeles
a Su servicio rodean Su Trono de Gloria, impidiendo que
me acerque. Los portones del arrepentimiento están
cerrados para mí. Ya no puedo corregir nada con palabras,
ahora debo sufrir terribles castigos».
El profeta alude a esto en unas pocas palabras: «Buscad
a El Eterno (¿cuándo?) mientras pueda ser
hallado».
(Jomat Hadat, Cap. 17)
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