El
hombre perteneciente al pueblo de Israel debe afanarse por
adquirir conocimiento de la Torá de la misma manera
que otros se afanan por adquirir riquezas; como lo dice
el versículo: «Si como la plata la buscares,
y la escrudiñares como a tesoros, entonces entenderás
el temor de El Eterno y hallarás el conocimiento
de Dios» (Proverbios 2:4).
El incidente siguiente sucedió realmente hace muchos
años:
Se
corrió el rumor de que el polvo de determinado país
estaba lleno de oro y que piedras preciosas estaban allí
tiradas. Aunque el viaje era largo y arduo, miles de personas
lo emprendieron al escuchar acerca del tremendo tesoro que
sólo esperaba ser recogido. Todos se apresuraban
para ser los primeros en llegar, porque sabían que
los primeros harían fortuna en muy poco tiempo.
Si
esto ocurriera actualmente, la reacción de la gente
sería similar, apresurándose para ser los
primeros en reclamar lo suyo.
La misma regla se aplica al estudio de la Torá. Incluso
en las secciones que todos estudian se descubren constantemente
nuevas interpretaciones. Los Sabios comentan: «‘Sus
pechos calmarán tu sed en todo momento’ (Proverbios
5:19): ¿Por qué la Torá es comparada
a un pecho así? Como un infante encuentra sabor cada
vez que mama, uno también encuentra [nuevos razonamientos
en la Torá cada vez que la estudia]». Realmente
es infinito el saber que aún espera ser descubierto.
Sin embargo, en la mayor parte de la Torá sería
poco habitual que una persona pensara en una interpretación
que nunca haya sido anticipada por algún estudioso
anterior en todas las generaciones pasadas. Esto no es cierto
en lo que respecta a las leyes de sacrificios. Tan pocos
estudiosos se han concentrado en ese área, que es
posible encontrar perlas nuevas a cada paso.
El Zohar describe la recompensa que aguarda a quien descubra
una nueva percepción de la Torá:
Rabí Shimon inició su conferencia con el versículo:
«Y en tu boca he puesto Mis palabras» (Isaías
51:16). Comenta: «Qué valioso es dedicarse
al estudio de la Torá día y noche, porque
el Santo, Bendito Sea, escucha las voces de quienes lo hacen
y por cada nueva percepción se crea un nuevo firmamento
en los Cielos. Se ha enseñado que cuando una nueva
percepción es expuesta por un ser humano, sus palabras
llegan al Santo, Bendito Sea, Quien las recoge y las besa
y las adorna con setenta coronas ornamentadas.» (Tora
Or, cap. 5)
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