Mucha
gente se pregunta por qué los malvados reciben tanta
prosperidad en este mundo. Intentaré responder a
esta pregunta relacionándola a una historia acerca
de un rico aristócrata que tenía a varios
campesinos a su servicio:
Un
día llegó el momento en que este hombre rico
decidió casar a su hijo. Mientras planificaba este
asunto se le ocurrió que a menos que pensara en alguna
buena estrategia, sus groseros empleados se aparecerían
en la boda y estropearían el ambiente. Sería
de muy mal gusto mezclar a esos campesinos nada sofisticados
con sus aristocráticos amigos.
Decidió
que la mejor manera de evitar esa situación era ofrecerles
una parte del banquete antes del comienzo de las festividades.
Al fin y al cabo eso era realmente lo que querían.
Los llamó y así les dijo: «Mis leales
trabajadores, he decidido otorgaros vuestra parte del banquete
antes que a todos los demás invitados».
Así
lo hizo y puso delante de ellos una mesa llena de carne
y bebidas. Los campesinos estaban dichosos. Comieron y bebieron
acompañados por los sones de la orquesta y disfrutaron
de su buena fortuna. Así su patrón logró
cumplir con su obligación hacia ellos y seguir con
la boda de su hijo con la conciencia tranquila.
Ahora,
si alguien hubiera visto a esos campesinos comiendo, bebiendo
y celebrando cuando ninguno de los otros invitados, ni siquiera
los compañeros más cercanos del hombre rico
llegaran a la fiesta, seguramente estaría perplejo.
¿Es que el rico consideraba a esos campesinos sus
invitados más honorables? Pero quien comprendiera
las intenciones del anfitrión no se asombraría
en lo más mínimo. Hubiera entendido que esa
era simplemente una manera de sacárselos de encima.
La
lección debería ser obvia. Una idea similar
se expresa en el Sifri (Bejukotai) respecto al versículo:
«Porque Yo Me volveré a vosotros» (Levítico
26:9). Los Sabios lo explican con una analogía: un
rey tiene muchos trabajadores, muchos de los cuales han
sido recientemente contratados. Entre ellos se encuentra
uno que lleva trabajando para el rey mucho tiempo. Cuando
los trabajadores llegan a recibir su salario, el rey se
dirige a éste y le dice: «Hijo, me ocuparé
de ti cuando haya acabado con estos jóvenes. Ellos
han hecho poco trabajo para mí, por ende les pagaré
un salario menor. En tu caso, sin embrago, tengo una gran
cuenta para saldar contigo».
De
la misma forma, tanto los justos como los malvados llegan
a El Eterno a recibir sus salarios en este mundo. El Eterno
les dice a los justos: «Hijos míos, me volveré
a vosotros cuando haya terminado con estos malhechores.
Han hecho muy poco por Mí, por lo que les debo una
limitada recompensa. Pero con vosotros tengo una gran cuenta
que saldar».
Este, nos dicen los Sabios, es el significado del versículo:
«Porque Yo Me volveré a vosotros», es
decir cuando haya terminado de pagar a los malvados, Me
volveré a vosotros. (Shem Olam, cap. 12)
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