El
Talmud cuenta que el Sabio Shmuel dijo una vez acerca de
sí mismo, «Soy como el vinagre que desciende
del vino en comparación con mi padre. Mi padre solía
examinar sus haberes dos veces por día, mientras
que yo lo hago una sola vez» (Julin 105a). Como los
Sabios lo indican, esta frase está relacionada a
otra en la que Shmuel dice que quien examina sus haberes
cada día encontrará dinero.
A primera vista es difícil comprender por qué
Shmuel se refiere a sí mismo como a vinagre que desciende
del vino simplemente porque no revisa dos veces al día
sus libros de cuentas. Es evidente que aquí hay un
significado más profundo.
Cuando una persona reflexiona acerca de su estado espiritual,
se da cuenta rápidamente de que está mucho
más abajo de donde debería estar. Cada uno
de nosotros sabe, por ejemplo, que sus conocimientos de
la Torá son mucho menores que los que El Eterno espera
de él. ¿Cómo se defenderá el
Día del Juicio cuando deba rendir cuentas por ello?
El Midrash acerca de Proverbios nos cuenta en nombre de
Rabí Ishmael que el juicio final será sumamente
estricto: «Si una persona estudiara sólo la
Torá y no estudiara la Mishná, el Santo, Bendito
Sea, volteará Su rostro y dicha persona será
afligida por los tormentos del Infierno-Gehenom».
Somos también deficientes en temor al Cielo. Nos
preocupa más la pérdida de unos dólares
que decir el Divino Nombre sin la adecuada concentración.
[Este es un grave pecado, respecto al cual está escrito:
«cercano estás de sus bocas, pero lejos de
sus corazones» (Jeremías 12:2)].
Más aún ¿cuánto tiempo que podíamos
haber aprovechado para estudiar la Torá hemos dilapidado?
Al respecto los Sabios mencionan el versículo «menospreció
su mandamiento» (Números 15:31).
Esta situación se da porque hemos permitido que las
vanidades mundanales se apropien de nuestros corazones.
Somos como un paciente cuya enfermedad está tan avanzada
que ya ni es consciente de estar enfermo. Cuando el doctor
intenta medicarlo protesta sin entender: «¿Para
qué me hace falta ésto?» Así
es con nosotros. El Mal Instinto nos distrae con tantas
preocupaciones que nos olvidamos cuál es nuestro
propósito principal al venir a este mundo.
El único remedio es reservar un tiempo para la introspección
cada día, o por lo menos cada semana. Uno debe recluirse
en su habitación y hacer a un lado todas las preocupaciones.
Sólo entonces se debe contemplar el objetivo
y pensar en formas de corregir los errores cometidos. Uno
debe aprender a mantenerse firme cuando la familia lo incita
a conseguir dinero. Debe saber que si bien su esposa y su
familia lo aman más que nadie en este mundo, ese
amor lo acompañará solamente hasta los portones
de la ciudad. De ahí en adelante cada uno seguirá
su propio camino y se quedará solo.
El Día del Juicio, cada hombre rendirá cuentas
por todas las palabras que ha dicho. Así está
escrito: «y anuncia al hombre su pensamiento»
(Amós 4:13). Comentan los Sabios: «Cuando un
hombre es juzgado, le recuerdan hasta la más insignificante
conversación con su mujer». De esta misma manera
deberá rendir cuentas por cada momento de su vida.
Incluso sus buenas acciones serán examinadas con
el fin de comprobar si han sido hechas por la gloria del
Cielo o por su propio honor. [Así está escrito
en (Eclesiastés 12:14): «Porque Dios traerá
toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta,
sea buena o sea mala». Es decir que Él juzgará
también las buenas acciones, tales como el estudio
de la Torá y la plegaria, y El examinará cada
«cosa encubierta» para comprobar cuáles
fueron las intenciones de la persona.]
Por lo tanto cada uno debe llevar su contabilidad y preparar
provisiones para el camino, para no emprender el viaje final
con las manos vacías. Porque al fin y al cabo, si
él no se preocupa por su destino ¿quién
se preocupará?
A mi entender éste es el significado del pasaje talmúdico
anteriormente mencionado. Los «haberes» son
sus haberes espirituales, que son nuestras únicas
verdaderas posesiones. El padre de Shmuel, que era un hombre
excepcionalmente piadoso, acostumbraba a hacer inventario
dos veces al día, una vez a la tarde, con el fin
de comprobar si había cumplido el compromiso a los
mandamientos de El Eterno hecho esa mañana y nuevamente
por la noche. Shmuel, por su parte, que estaba en un nivel
más bajo que su padre, hacía inventario solamente
una vez al día.
Cuando Shmuel afirma que quien examina sus haberes a diario
encontrará «dinero», significa que si
uno hace inventario seguramente encontrará algo que
debe ser corregido.
El mismo Talmud narra:
Abaye
también pasaba revista de sus haberes a diario. Un
día notó que su aparcero arrastraba una carga
de leña con la clara intención de robarla.
Cuando Abaye le preguntó adónde iba con la
leña, el aparcero pretendió estar en camino
a la casa de Abaye. Abaye le respondió: «Los
Sabios se han anticipado a ti» (al instar a los propietarios
a revisar sus haberes a diario)
A
mi entender el «aparcero» simboliza la tendencia
al mal, que participa en cada una de nuestras acciones.
El «aparcero» dice que lleva la leña
a la casa de Abaye, así como la tendencia al mal
pretende que lo único que quiere es cuidar los intereses
de la persona y que sus intenciones son buenas. Abaye le
dice que los Sabios se le han anticipado al instarnos a
hacer nuestra contabilidad a diario. Como resultado Abaye
reconoce que su tendencia al mal intentaba engañarlo
y hacerle creer que lo quería ayudar cuando en realidad
quería exactamente lo contrario. De modo que la verdadera
conversación de Abaye fue con su propia tendencia
al mal.
De esta misma manera Rabí Asi solía inspeccionar
sus haberes a diario. Un día descubrió que
una corriente de agua había desbordado la ribera
y amenazaba inundar su propiedad. Después de obstruir
la corriente con sus vestimentas en forma temporaria, gritó
pidiendo ayuda y llegó gente que lo ayudó
a tapar la brecha. Puede ser que esta narración alude
a un incidente similar, narrado en el cuarto capítulo
del tratado talmúdico de Kiddushin en el que Rabí
Amram es rescatado de la transgresión por la presencia
de otra gente.
La única razón por la que estos sabios pudieron
usar estas estrategias es que acostumbraban a hacer inventario
regularmente. De este modo pudieron preparar sus defensas
contra la tendencia al mal y ésta no logró
sobreponerse a ellos.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.