En
Jeremías (31:19) dice: ¿No es Efraín
hijo precioso para Mí? ¿no es niño
en quien Me deleito? Pues desde que hablé de él
Me he acordado de él constantemente. Por eso Mis
entrañas se conmovieron por él, ciertamente
tendré de él misericordia, dice El Eterno».
A primera vista la traducción literal «niño
en quien Me deleito» no parece tener sentido, pero
puede ser entendida de alguna forma mediante la siguiente
analogía:
Uno
de los grandes estudiosos de la Torá tenía
un discípulo talentoso que había sido su alumno
durante muchos años hasta convertirse en un erudito
por derecho propio. Eventualmente el discípulo se
fue a otra ciudad donde continuó sus estudios por
un número de años hasta dominar todo el Talmud
y estar a la par de los estudiosos más eminentes
de su generación.
Un día se encontraron el maestro y su ex discípulo
en una posada. El maestro estaba alborozado y le pidió
al posadero que les trajera el mejor vino y los manjares
más delicados en honor a su ilustre discípulo.
El posadero preguntó sorprendido: «¿No
son los jóvenes quienes generalmente veneran a los
mayores y no al revés?»
El Rabí explicó: «Este joven es mi discípulo.
Yo le di las bases de su saber y le ayudé a pararse
sobre sus propios pies. Por ello su éxito me produce
una enorme alegría. Lo recordaré mientras
viva».
Cuando
una persona estudia Torá, su verdadero mentor es
El Eterno. Es Él Quien le otorga la habilidad de
comprender lo que está estudiando. Por eso nos dirigimos
a El Eterno en nuestras plegarias como: «El que enseña
Torá a Su pueblo Israel». El versículo
agrega: «Soy El Eterno Quien te enseña por
tu provecho» (Isaías 48:17). (La forma verbal
es presente: «enseña», lo que indica
que la enseñanza de El Eterno es un proceso constante).
Más aún, en el preciso instante en que una
persona pronuncia palabras de la Torá, El Eterno
pronuncia las mismas palabras en el Cielo. El Talmud (Guitin
6b) narra una disputa entre Rabí Eviatar y Rabí
Ionatan, después de la cual Rabí Eviatar se
encontró con el Profeta Eliahu –Elías.
Rabí Eviatar le preguntó qué estaba
haciendo El Eterno mientras ellos discutían. El Profeta
Eliahu respondió que El Eterno estaba absorto en
la misma controversia que ellos y decía «Mi
hijo Ionatan dice esto y Mi hijo Eviatar dice esto otro,
y ambos tienen razón». En otras palabras, en
el momento en el que argumentan, El Eterno dice las mismas
palabras.
Este es el significado del versículo en Jeremías:
Efraín es efectivamente precioso para El Eterno,
pero ¿en qué condiciones? Si es «niño
en quien Me deleito» [véase Proverbios 8:30
donde la Torá personificada aparece diciendo «Y
era Su delicia de día en día»]. En otras
palabras, si se dedica al estudio de la Torá.
Uno podría sentirse tentado de preguntar: ¿No
son todos los preceptos preciosos para El Eterno? ¿Por
qué una persona sólo es llamada «favorita»
si se dedica al estudio de la Torá? Para responder
a esta pregunta, sigue el versículo: «pues
desde que hablé de él», es decir, cuando
dicen palabras de la Torá haciendo que también
El Eterno diga las mismas palabras, es decir, cuando se
hace precioso para El Eterno al convertirse en Su discípulo.
Como resultado, El Eterno Se ha «acordado de él
constantemente». Y por eso «Mis entrañas
se conmovieron por él» y «ciertamente
tendré de él misericordia, dice El Eterno».
En otras palabras, El Eterno lo recordará y Se compadecerá
de él siempre y cada vez que esté necesitado.
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