Club Hebreo del Libro

Parábolas de Sabiduría

Bienes preciosos se guardan en las habitaciones interiores

Un simplote me preguntó una vez: «Si estudiar y cumplir con la Torá son actividades tan poderosas ¿por qué los estudiosos de la Torá no tienen más influencia en este mundo? ¿Por qué millonarios y políticos tienen tanta influencia? ¿Por qué todo el mundo está interesado en lo que hacen los ricos y los famosos y a nadie le importa de los estudiosos?»

Respondí con la siguiente parábola:

Piensa en qué forma distribuye el dueño de la mansión sus posesiones en las numerosas habitaciones. En las habitaciones interiores, que es donde él mismo reside, instala sus más preciosas posesiones. Allí encontrarás sus muebles más refinados, armarios llenos de vestimentas lujosas, etc.

En las habitaciones intermedias encontrarás posesiones menos valiosas. Y en las habitaciones exteriores encontrarás únicamente objetos de poco valor, como utensilios de cocina, etc.

Por ello, siendo que este mundo es sólo la antesala del Mundo Venidero, encontrarás aquí en abundancia sólo objetos de menor valor. Por esta razón oirás poco en este mundo acerca de los eruditos dedicados al estudio de la Torá, cuyas palabras son más preciosas que el oro. Por lo contrario, lo único que se escucha es acerca de aquellos que bregan por lograr frívolas riquezas.

El Reino de los Cielos, por otra parte, es como la habitación más recóndita de la mansión. Las únicas acciones que merecen ser recordadas en ese mundo son el estudio de la Torá, la observación de los mandamientos, el aprendizaje de un capítulo de Mishná, por ejemplo, o concentrarnos en nuestras plegarias.

Así es como están las cosas hoy. Pero un día la situación cambiará. Un día el mundo entero será purificado, como está escrito: «Y haré cortar de la Tierra al espíritu de inmundicia» (Zacarías 13:2). En otro lugar está escrito: «Porque la tierra estará llena del conocimiento de El Eterno» (Isaías 11:9). Entonces este mundo se convertirá en las habitaciones internas de la mansión, así como el Reino de los Cielos. En ese momento sólo aquellos que temen a Dios y observan sus mandamientos serán considerados importantes sobre la Tierra. La gente se dedicará a alentar a los demás sólo en lo que respecta a los asuntos espirituales (y el materialismo carecerá de todo sentido e importancia).

El rey Salomón alude a esto cuando dice: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: no tengo en ellos contentamiento» (Eclesiastés 12:1). Los Sabios explican que esto se refiere a la era mesiánica, cuando ya no habrá oportunidad de hacer méritos o desméritos (porque ya no existirá más la tendencia al mal).

El rey Salomón concluye: «El fin de todo el discurso oído es este: teme a Dios y guarda Sus mandamientos, porque esto es todo el hombre». (íbid. 12:13). Hoy se da importancia sólo a frivolidades y se difunden por todo el mundo. Pero antes del Día del Juicio solamente cosas realmente importantes se escucharán en todo pueblo y ciudad. Entonces, alentar a otros a temer a El Eterno será considerado un acto digno de alabanza.

El versículo concluye: «Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala».

¿Qué haremos entonces, llegado el momento del juicio?

(Shem Olam, Cap. 14)

Este libro integra la colección del Club Hebreo del Libro

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